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viernes, 11 de julio de 2008

Su compañía en la más absurda soledad

Talvez no parecía más que un medio desesperado de llegar hasta ellos, pero con el paso de los años se fue demostrando que efectivamente, funcionaban. Se convertían en haces de luz traspasando la horrible oscuridad a la que sin saber por qué, habían sido condenados.

Los que volvían lo describían como un rayo de esperanza, un catéter directo a aumentar los ya bajos niveles de optimismo, simplemente, una sonrisa leve entre profundas lágrimas. Con esto, quienes se encargaban de él, seguían cumpliendo su labor con más ahínco ya que se veían resultados de su, inicialmente, increíble labor.

Con el tiempo, otras personas quisieron sumarse a esta labor y aparecieron, más que competencias, muchas más opciones.

Voces del Secuestro, y sus similares de otras cadenas radiales coparon rapidamente los espacios entre la media noche y la madugrada, llegando con su señal hasta lo más profundo de las selvas, allí donde la esperaban sus más arraigados oyentes.

Confieso que no he escuchado más que un par de horas de estos programas, sobre todo, por el horario, pero he sido "testigo auditivo" -si me es permitido usar este término- de dramas familiares interminables.

Hoy, estos programas radiales han recibido muchos premios -periodísticos, nacionales de paz, de creatividad, etc.- pero si de proponer nobeles se trata, -ahora tan en boga- sin duda, postulo a sus creadores y realizadores. Ésta es una labor pacífica de inmensas proporciones.

lunes, 2 de junio de 2008

Una tenaz historia del mundo

Definitivamente se puede afirmar que estamos en la era de los medios de comunicación e información (lo que me recuerda que prometí un artículo respecto a estos términos). Y dentro de estos medios, se podría afirmar que la televisión y, más recientemente, la Internet ocupan los puestos de honor del podio de la masificación, más ahora que las facilidades y las redes están llegando a más hogares todos los días.

Sin embargo, hay uno que ha acompañado al hombre desde los primeros albores de su vida tecnológica, cuando en el siglo de las luces, todos los años se podía contar con un invento nuevo de grandes proporciones. Así como cuando en 1894 Marconi experimentaba con ondas de radio y un par de años después ya transmitía señales hasta dos kilómetros de distancia. Así, entre muchas versiones y datos, nacería la radio.
Y es la radio ese medio nostálgico y romántico que todos disfrutan, que acompaña las largas horas laborales de cientos de empleados y sobretodo, que se convierte diariamente en la mejor compañía para todos aquellos que se sienten solos. ¡Dios bendiga la radio!

Y sin querer ahondar más en el tema, quiero referir este artículo a uno de los programas de la radio colombiana más escuchados los fines de semana: La historia del mundo, en la característica voz de Diana Uribe, que a partir de allí, ha vendido sus programas en discos compactos como cualquier hit musical del momento.

Quien dirige este programa, Diana Uribe, es una de las historiadoras más conocidas en el país y goza de gran aceptación debido a su tono de voz que sin ser melodioso, es bastante cercano a lo que maneja la gente del común. Por otro lado, es una de las referencias para cualquier programa de opinión, no solo sobre temas históricos sino también, sobre política o actualidad.

Este artículo nació del privilegio del que gocé hace unos días, al asistir a una de sus conferencias y haber cambiado un par de palabras con ella. Diana Uribe, es una de esas personas que cualquiera llega a admirar fácilmente y es debido a que su memoria, su análisis y su personalidad la preceden.

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