
Definitivamente se puede afirmar que estamos en la era de los medios de comunicación e información (lo que me recuerda que prometí un artículo respecto a estos términos). Y dentro de estos medios, se podría afirmar que la televisión y, más recientemente, la Internet ocupan los puestos de honor del podio de la masificación, más ahora que las facilidades y las redes están llegando a más hogares todos los días.
Sin embargo, hay uno que ha acompañado al hombre desde los primeros albores de su vida tecnológica, cuando en el siglo de las luces, todos los años se podía contar con un invento nuevo de grandes proporciones. Así como cuando en 1894 Marconi experimentaba con ondas de radio y un par d

e años después ya transmitía señales hasta dos kilómetros de distancia. Así, entre muchas versiones y datos, nacería la radio.
Y es la radio ese medio nostálgico y romántico que todos disfrutan, que acompaña las largas horas laborales de cientos de empleados y sobretodo, que se convierte diariamente en la mejor compañía para todos aquellos que se sienten solos. ¡Dios bendiga la radio!
Y sin querer ahondar más en el tema, quiero referir este artículo a uno de los programas de la radio colombiana más escuchados los fines de semana: La historia del mundo, en la característica voz de Diana Uribe, que a partir de allí, ha vendido sus programas en discos compactos como cualquier hit musical del momento.
Quien dirige este programa, Diana Uribe, es una de las historiadoras más conocidas en el país y goza de gran aceptación debido a su tono de voz que sin ser melodioso, es bastante cercano a lo que maneja la gente del común. Por otro lado, es una de las referencias para cualquier programa de opinión, no solo sobre temas históricos sino también, sobre política o actualidad.
Este artículo nació del privilegio del que gocé hace unos días, al asistir a una

de sus conferencias y haber cambiado un par de palabras con ella. Diana Uribe, es una de esas personas que cualquiera llega a admirar fácilmente y es debido a que su memoria, su análisis y su personalidad la preceden.