A partir del Puerto en Inírida y hasta la comunidad de El Remanso, habría alrededor de dos horas y media en lancha rápida. Los paisajes a izquierda y derecha se veían iguales: el inmenso río Inírida -ahora crecido por el invierno que atravesaba el país- chocaba con paredes inexpugnables de árboles gigantescos; sabíamos que a lado y lado, solo había selva.
Río Inírida. Camino a la Comunidad El Remanso. Guainía, Colombia. Fuente propia.
El Remanso es un resguardo indígena Puinave, que me ofreció más comodidades de las que creí que iba a encontrar, entre ellas, electricidad durante casi todo el día. Además de esto, las personas de la comunidad nos recibieron con inmenso cariño, que casi nos hacía sentir en casa. Después de almorzar, lo que también sería una rica experiencia cultural, haríamos el primer ascenso a uno de los famosos Cerros de Mavecure, el Cerro Diablo.
Comunidad El Remanso, Guainía. Fuente propia.
El ascenso fue absolutamente emocionante. Recuerdo como lentamente nos acercábamos a la inmensa formación rocosa y que en algunos puntos, se veía más vertical y difícil y en esos puntos, una inmensa soga colgaba de la montaña para ayudar a los que como yo, no son muy experimentados en este tipo de senderismo. Del Cerro Diablo, recuerdo particularmente una caída que sufrí, apenas un resbalón de menos de un metro, pero que me dejó un pequeña herida que sangró bastante. Hoy, esa pequeña cicatriz en mi brazo derecho, es uno de los recuerdos más bonitos que traje de ese viaje.
Una pequeña caída, un gran recuerdo.
Finalmente, al lograr la cima del cerro, la vista era simplemente espectacular. Hacia el sur, se divisaban los Cerros Pajarito y Mono, y hacia el norte, la inmensa llanura que marca el punto donde se unen la Orinoquia con la Amazonia. Para ser el primer día, me sentía más que satisfecho con esta pequeña hazaña personal.
Vista desde la cima del Cerro Diablo.
Llegaba entonces el momento de descansar en unas inmensas malokas, solamente separadas por cortinas y algunos maderos. Después de un largo día, el descanso fue absolutamente reparador.
El día siguiente me presentaba una hermosa experiencia, además del necesario cambio de calzado para evitar el accidente del día anterior. Este día cruzamos el río Inírida y nos dirigimos hacia el Cerro Mavicure, el único que queda al costado oriental del río y por el que todo el conjunto rocoso recibe su nombre; su ascenso fue un poco más exigente que el del Cerro Diablo, e incluso, en algunos sectores, era necesario el uso de escaleras planas hechas en madera y sogas en algunos sectores, sin embargo, nada demasiado complejo.
Ascenso al Cerro Mavecure. Guainía, Colombia. Fuente propia.
La vista allí es espectacular -Por cierto, es donde se toman las fotos más comunes en redes sociales, ya que desde la cima de Mavecure, se ven en frente los cerros Pajarito y Mono-. El sitio es tan especial, que fue escogido por Juan David, uno de los compañeros del tour, ¡para proponerle matrimonio a su novia Liliana! ¡Bendiciones, parcero!
Acompañado de mi guía, Jesualdo.
Volviendo al tema, y como sucede con todos los sitios naturales que gozan de una belleza impresionante, su origen mítico está cargado de historias interesantes que los primeros pobladores creen. Esto mismo sucede con los Cerros de Mavecure. Aunque hay al menos unas cuatro versiones, todas coinciden en algunos elementos básicos:
Inírida era el nombre de una hermosa princesa, y la fama de su belleza llegó a otros pueblos originarios, particularmente del Vaupés, desde donde un joven guerrero llegó para enamorarla. Sin embargo, Inírida no estaba interesada en los asuntos del amor, sino que más bien, prefería disfrutar de la naturaleza: hablaba con los ríos y con los árboles. El joven, al ver que no contaba con la atención de la princesa, decidió preparar un brebaje a base de puzana, una hierba propia de esta zona, que despide un aroma delicioso, y que según dicen, hace que las personas se enamoren perdidamente. Sin embargo, tal vez debido a un mal calculo de cantidad, la princesa perdió la cordura y luego de deambular por los cerros días y noche, encontró refugio en el Cerro Pajarito, en donde ella y la montaña se hicieron uno solo. Los hilos de agua que bajan del cerro son, por supuesto, sus lágrimas, y su legado, son las hermosas flores de Inírida, endémicas de la zona.
Según los pobladores, en el Cerro Pajarito se ve una especie de ventana, que es donde mora la Princesa Inírida. Fuente propia.
Ese mismo día, nos embarcamos hacia el llamado Caño San Joaquín. Este es un afluente del Río Inírida, y presenta unas aguas de tonos rojizos que se mezclan con el color negro propio de los ríos selváticos. Allí, por primera vez, vi a las famosas toninas, o delfines rosados, juguetear a unos cuantos metros. Un espectáculo de la naturaleza, y de la Orinoquia, que me permitían cerrar el día, de la mejor manera.
El Caño San Joaquín es un afluente rojizo del Río Inírida.
Aún tenemos tiempo. Veremos qué más nos depara este hermoso departamento de muchas aguas.
Un sueño hecho realidad es visitar el departamento de #Guainía, en #Colombia.
Resulta corto todo lo que se puede ver en artículos de blogs y redes sociales, videos de viajeros y reseñas de sitios turísticos especializados, para cuando se llega a pisar la pista del aeropuerto César Gaviria Trujillo de la ciudad de #Inírida, la capital departamental, y se empieza a sentir a Guainía, su naturaleza, su cultura y su gente.
Cuando una idea se mete en la cabeza y en el corazón
Aunque conocía la teoría de la organización política del país, las capitales departamentales (y los juegos de trivias que se hacían con compañeros del colegio al respecto), Guainía no despertaba un mayor interés en mí, más que por lo exótico y misterioso que pudiera resultar. Sin embargo, fue gracias a la pandemia y al confinamiento de 2020, con su consecuente crisis para empresas de ciertas áreas -entre ellas el turismo-, que tuve la oportunidad de conocer un poco más de cerca, lo que se convertiría más tarde en una obsesión: conocer el Guainía y sus principales atractivos naturales. Así que en ese marco de naciente solidaridad y resiliencia, me encontré con el anuncio de una operadora turística que, transmitiendo desde Inírida, haría un tour virtual por los majestuosos #CerrosdeMavecure y la #EstrellaFluvialDelOriente. Por supuesto, me animé a la idea, sabiendo que la inversión era corta y podría aprender mucho, y así fue.
Este tour de un par de horas, resumió con fotos, videos y narración de anécdotas en primera persona, lo que en realidad es un viaje de al menos 4 días; pero más allá de eso, me motivó -vehementemente- a conocer en persona este inmenso tesoro natural y cultural de #Colombia.
Compra vuelos... luego veremos
Así que durante un par de años, estuve acariciando la idea de realizar el viaje, con algo de temor, debo confesar, ya que el destino aún me parecía lo suficientemente incógnito. Finalmente, compré los vuelos y me contacté con la Operadora turística que se encargaría de todo allá, de esta forma, me forzaría también a cumplir este sueño.
Ya llegado el momento de viajar (y de cumplir con exacta fidelidad las recomendaciones de la agencia), llegó el esperado momento de la aventura, y mágicamente, todos los temores desaparecieron. Era solamente yo a punto de vivir una experiencia que estaba seguro, sería increíble. Efectivamente, así lo fue.
Río Guaviare, en cercanías a Inírida. Fuente propia
Y fue precisamente, antes de pisar la pista de aterrizaje del aeropuerto de Inírida, que la magia del lugar invadía el alma de quienes llegaban a ella por primera vez: inmensas extensiones de tierra forradas con un exuberante color verde, hasta donde llegaba la vista: no pueblos, no caseríos, no carreteras, solo selva. Eso sí, unos gigantescos y caudalosos cuerpos de agua, que extrañamente, algunos se veían marrón (como todos los ríos que yo conocía) y otros negros, profundamente negros, como si absorbieran la luz del sol y no la dejaran escapar. Más tarde entendería el porqué de esta diferencia.
Saluda a la "tierra de muchas aguas"
Lentamente, mientras el pequeño avión Embraer de la empresa Satena, se acercaba a la pista, ya se podía divisar las motos, los pocos carros, las casas y cuadras, que componen a la ciudad de Inírida. El capitán nos daba la bienvenida y a partir de allí, la temperatura no bajaría nunca de los 30ºC.
La pequeña aeronave que voló de Bogotá a Inírida. Fuente propia.
Allí en el aeropuerto, la encargada de la agencia turística reuniría al grupo completo (que en gran cantidad veníamos en el mismo vuelo, y en menor porcentaje, había llegado a la ciudad unos días antes), un par de arreglos con los mototaxistas (que llaman Toritos, por la referencia que usa el fabricante de estos vehículos) para que nos llevaran, en pequeños grupos, hasta el puerto sobre el #RíoInírida, en donde una pequeña lancha a motor, nos llevaría en un recorrido de un poco más de dos horas, a nuestro primer destino: Los Cerros de Mavecure.
Guainía significa "Tierra de muchas aguas", en idioma Ticuna-Yurí, y no podría pensar en otro nombre que le hiciera un mejor homenaje.