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martes, 10 de agosto de 2010

22 años y 14 meses de renta


Si hay personaje universal que la gente recuerde con cariño, es a Ron Damón.

Ramón Valdez, el actor que nunca actuó cuando hacía de este personaje murió hoy hace 22 años y durante todo este tiempo no ha abandonado ni los televisores ni los recuerdos de sus muchos fanáticos, no solo en Latinoamérica.

Lastimosamente, fue el cigarrillo quien acabó con la vida de Valdez, después de haber hecho más de 50 películas y centenares de episodios junto a genios de la comedia mexicana como Cantiflas y Chespirito.

Hoy, al recodar su muerte, Santander, el hombre de las leyes, se une a la recolecta mundial para pagar la renta, que don Cenón Barriga y Pesado, ya debe haber olvidado, pero que muy seguramente nadie más lo hará.

Ramón, gracias por ese malhumor tan sano, esa eterna paciencia al recibir cachetadas de la vieja fodonga y esas ganas de no trabajar casi heróicas. Con todo esto, sabemos que siempre vamos a tener en la vecindad a este "buen" vecino.

Y como dijo Monchito...

miércoles, 19 de agosto de 2009

Menos amarillos, más ácidos


Desde hace varios años, muchos de quienes éramos fieles seguidores de uno de los programas favoritos del continente, hemos abandonado sus filas y buscado nuevas alternativas que, gracias a la oferta televisiva, no ha sido algo demasiado difícil de conseguir.

Por supuesto, me refiero a Los Simpson, que desde antes de que sus voces latinas fueran reemplazadas por burdas imitaciones faltas de identidad, perdió su sentido de humor tan bien pensado y cambió hacia algo trillado, llenos de chistes simples y hasta toscos.

Entiendo ahora la agresiva campaña de otros programas como Padre de Familia, donde arremeten -con todo, por demás - contra el otrora exitoso programa. pero ¿Qué pasó? ¿En qué punto el programa perdió su identidad?

Talvez se deba al éxito sin interrupciones que por 15 años tuvo, tanto en la televisión gringa como en el resto del mundo. De allí que el dinero que entraba a las arcas de Fox valió más que la calidad del espacio televisivo.

Aunque el programa sigue sonando y seguirá sonando por un buen tiempo, aspectos como el fracaso taquillero de la película repercute brutalmente en el ánimo del seguidor, que como yo, no se aguanta otra chanza estúpida de Homero, que pasó de ser un incomprendido a un completo retrasado mental.

Si usted como yo, piensa que el presente artículo carece de algún mínimo de importancia. Estamos de acuerdo, sólo fue escrito porque ¡No me aguanto más a Los Simpsons!

miércoles, 2 de julio de 2008

Yo conozco a Jorge Luis Pinto

Por supuesto, es simple. Hace un tiempo conocí - personalmente - a Diana Uribe, conductora de un programa radial; que conoce personalmente a Andrés Maroco, director de un programa deportivo de la misma cadena, donde muchas veces, ha sido entrevistado el director técnico de la Selección Colombia. En resumen, yo conozco a Jorge Luis Pinto en 3 grados.
En enero de 1999, en la edición en español de la revista Discover se publicó un artículo titulado El mundo es un pañuelo. Título que aparecerá en miles de blogs si ustedes lo solicitan en algún motor de búsqueda, la mayoría de esos casos referirán al tema que aquí se comenta.

En ese caso ¿Por qué leer este artículo si hay tantos? Bueno, una primera respuesta diría que si ya llegó hasta este punto, es porque el presente artículo le interesó y ya dejarlo por otros, no sería el modus operandi de muchos lectores. -Es una fidelidad que agradecemos en el alma - La segunda posible razón, es que prometo entregar un par de datos que no conseguirán en otros artículos.

Pero como se ha vuelto costumbre, me he ido por la ramas. Retomemos pues el tema.

El cuento de Los 6 grados de separación, como comúnmente se le conoce, nació aproximadamente hacia los años 60's. Primero, a partir del teatro con las obras "Seis grados de separación" de John Guare y "Pequeño mundo" de David Lodge -seguro que usted los conoce, sólo establezca relaciones- donde se trataba el tema en farsas (Pequeñas comedias) y en diferentes ámbitos. Ya después, los matemáticos Strogatz y Watts, unos muy estudiados matemáticos estadounidenses, elaboraron modelos informáticos para tratar de entender esta creencia popular y buscar posibles relaciones con la forma como funciona el cerebro, a través de las conexiones neuronales.

Al parecer, todo este asunto surgió de un experimento que se realizó en 1967 por Harvad Stanley, un sociólogo con mucho tiempo libre, que pidió a los habitantes de Kansas y Nebraska que enviaran una carta a un desconocido en Boston, a través de personas que pudieran conocerlos o tener algún tipo de contacto. Los resultados dijeron que muchas cartas pasaron por 5 manos antes de llegar a las destinatarias, estableciendo así el promedio de la media docena mágica.

El tema renace y muere con periodicidad. Al respecto se han hecho interesantes estudios en campos como la neurociencia, como ya se mencionó; la informática, las redes eléctricas y de comunicaciones, etc. Todo esto con el fin de mostrar que no es un dato curioso, sino que alguna aplicación práctica tendrá.

Me llamó mucho la atención, haber visto recientemente, una aplicación -de las millones que circulan por la comunidad Facebook- que trata de establecer estos seis grados de separación. Hace 10 años, con la Internet en pañales, ya se vislumbraba las aplicaciones en este campo.

No más hace falta ver a los amigos de sus amigos en estas redes sociales... sin comentarios. O prenda el televisor en cualquier canal, obviamente no en Cartoon Network, y usted conocerá a una persona, que conoce a alquien, que conoce a alguien, que conoce a alguien, que conoce a ése que está en la tele.


domingo, 11 de mayo de 2008

The Biggest Loser

Montones de programas de realidad -o realities- invaden las pantallas chicas diariamente, alrededor del mundo. No es un fenómeno nuevo, ni pretendo hacer una exhaustiva lucha contra "este mal que afecta el normal desarrollo de nuestros niños y etc., etc." La verdad, sólo quiero expresar una opinión sobre uno que me encontré hace poco y que me llamó poderosamente la atención: The Biggest Loser (en español: el más grande perdedor).

Contrario a lo que puede parecer en un primer vistazo, no es un programa que promocione la decadencia en cuanto a valores ni nada por el estilo. Es simplemente un programa donde gana el que más pierde, simplemente así es. Lo importante a tener en cuenta es que lo que debe perder son kilos.

En este espacio televisivo se enfrentan dos familias con obvios problemas de obesidad (pero no lo que usted y yo conocemos por obesidad sino lo que la cultura Norteamérica define como tal, así que ya se podrán imaginar).

Por supuesto, lo que generó este artículo no es el morbo (de desencanto, por qué no) que puede producir este programa; sino la lucha que desde allí se origina directa e indirectamente sobre la sociedad en sí. Esto fue lo que vi:

Dos familias, una de tez blanca y la otra afroamericana (dato por supuesto, irrelevante) y varios miembros de éstas con severos problemas de anchura, además, el jugoso premio en dólares que estaba escondido entre mares de grasa y sudor. Después de varias semanas de estar participando, estas familias veían cómo los resultados se comenzaban a notar en la báscula y en sus cuerpos, sin embargo, el llegar hasta allí no era para nada fácil.
Lo primero que se trabaja entonces, es la fuerza de voluntad: debemos saber que no es sencillo cambiar toda una rutina de sedentarismo por ejercicio constante y ni hablar de las comidas. Después, como son familias, está el trabajo en equipo: se debe ser muy unido para dar ese apoyo que se necesita, además de la intención de no defraudar a sus parientes. De ésta misma se desprende el apoyo y la confianza, que actúan ambas en pro de la unión familiar. Ésto, para dar un pequeño vistazo en cuanto a valores.

Por otro lado, se evidencia una lucha contra uno de los flagelos de la sociedad moderna, algo que ya está siendo llamado Problema de salud pública: la obesidad. Y esta lucha, gracias al poder de la televisión (no siempre tiene que ser malo) llega a miles de espectadores que ven cómo unos cuantos son valientes y deciden a mejorar su salud y de paso, su apariencia.

La invitación es a que, a pesar de tanta televisión basura y del afán de lucro, tratemos de sacar lo positivo de lo que nos ofrecen. Sólo siendo espectadores críticos podremos vivir nuestra vida en plenitud. De pronto podemos tomar algo muy bueno para nuestras propias existencias.
Un último dato. Fue muy curioso ver cómo en los cortes comerciales apareció ese horrendo payaso de McDonald's... ¡Pero fuerza! ¡El diablo es puerco!

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