martes, 8 de noviembre de 2016
La Rebelión en la Granja... y sus semejanzas eternas
sábado, 9 de enero de 2010
Farc: la farsa del siglo XXI
Nadie mejor que él, para expresar la indignación de toda una nación frente a esta basura.
viernes, 20 de marzo de 2009
Escritor invitado: Declaración Universal de los Derechos de los Niños a escuchar cuentos
Cortesía: Biblioteca Infantil "Juan Sábalo" Universidad Surcolombiana, Neiva, Huila, Colombia.
sábado, 7 de marzo de 2009
De la basura de las cadenas
Ésta es solo la primera entrega:
Es la historia de una niña.
En el funeral de su madre, vio a un hombre joven
que no conocía.Es fantástico, el hombre de sus sueños.
Es el amor a primera
vista, cae irremediablemente enamorada.Unos días más tarde, la chica mata a su
propia hermana.Pregunta: ¿Por qué razón ella mató a su hermana?
No vaya muy rápido, más abajo está la respuesta completa.
Piense en primer lugar a su respuesta de la pregunta.
Respuesta: Ella tiene la esperanza que el chico estará de nuevo en el funeral.
Si usted responde a la pregunta correcta, usted piensa como un sicópata.
Esta prueba fue utilizada por un famoso sicólogo para determinar si una persona tenía una mentalidad de asesino.
Muchos asesinos en serie han sido sometidos a esta prueba correctamente y responden a la pregunta.
Si no encuentra la respuesta correcta - tanto mejor para usted.
Si sus amigos la responden, le recomiendo los mantenga a distancia...
miércoles, 23 de julio de 2008
6 de noviembre
Aunque para el hijo de un militar no debe ser dificil el ingreso a las filas, algo hizo que el proceso esta vez se entorpeciera, un papel más y un documento que faltó, una palanca que no funcionó. En estos trámites, Carlos Mario tuvo que viajar hacia el centro de la capital, más específicamente, a la notaria tercera, en la carrera 8 con calle 12, muy cerca de la Plaza de Bolívar, una de las manzanas más históricas de la República. Una vez finalizado el proceso de sacar copias de un registro civil, Carlos Mario se dirige hacia el sur, hacia el Palacio Liévano, en la mencionada plaza, solo porque alguna vez alguien le dijo que por allí cerca vendían almuerzo corriente muy bueno y muy barato, tal como nos gusta a los colombianos.
Cuando este joven se acercó a la esquina sur occidental del Palacio de Justicia, un anciano indigente se le acerca, le pide una moneda y ante la negativa del muchacho, le dice:
Muchos podríamos pensar que personas como éstas, con sentencias como éstas, no reportan mayor importancia en una ciudad donde la población crecre en cifras alarmantes y la línea de miseria le sigue los pasos de cerca. Sin embargo, Carlos Mario notó algo raro en este sujeto... debajo de su ropa maltrecha tenía un pantalón, viejo sin igual, color caqui, como aquel que usaba su padre, pero además este pantalón venía acompañado de unas botas militares que habían perdido, hace mucho, su brillo. El joven reconoció en esas botas, unas similares que su padre guardaba como una requilia sagrada de algo que había sucedido cuando el estaba por nacer, o talvez, ya había nacido. ¿Quién podría recordarlo con exactitud?
- ¿Quién es usted? ¿Por qué usa esas botas?
- Éstas eran mis favoritas, y lo siguen siendo, las use ese día cuando tu madre te trajo al mundo, muy cerca de aquí.
- jajaja - La sonora risa del joven, le hizo entrar en confianza. - Yo nací en Pereira, mi madre vivía allá y mi papá estaba en un batallón aquí en Bogotá.
- Tu padre no lo conocí, pero sé que nunca fue militar y tu madre... tu madre fue una heroína.
El joven quedó perplejo pero en pocos segundos creyó comprender que todo era un desvarío del viejo.
- Sí, el suboficial Vega se la daba de valiente, pero nunca supo lo que fue ser un héroe.
Al escuchar el apellido de su padre y el que él mismo portaba, Carlos Mario sintió como un escalofrio hizo chocar sus piernas.
- ¿Cómo sabe de él? ¿Quién es usted? - Repitió cada vez más nervioso.
- Mi nombre es Fernando Gámez*, era soldado raso del Batallón Charry Solano, cuando el M-19 se tomó el Palacio, por aquí mismo entraron esos hijueputas. - Dijo señalando la entrada del sótano en el costado occidental de Palacio.
Carlos Mario no supo más que decir, con su vista pidió al anciano que continuara hablando.

- Tu madre se llamó Ana Rosa Castiblanco Torres **, era empleada de la cafeteria de Palacio, ese 6 de noviembre, día de tu cumpleaños. Yo mismo saqué a tu mamá de Palacio. Cuando salí con ella en hombros por la puerta principal, un coronel del ejército nos obligó a subirla a un camión, diciendo "Ojo, con esta malparida, ésta es especial"... Yo mismo la vi, escondida entre los baños de la cafeteria, no era especial, no era guerrillera, era una simple empleada, además, una embarazada no se mete a una toma guerrillera porque quiere. Pero no la quise dejar con ellos, se veía muy mal con esa barriga y en el mismo camión rompió fuente.
Cuando los policías y soldados están en una misión así, creen que tienen el poder de hacer cualquier cosa. Y ese suboficial, Vega... te tomó, solo porque su señora no podía tener hijos, eso dijo, aunque después nos enteramos que había tenido dos hijos más, tus hermanos.
Carlos Mario, había dejado de pensar y sentir hacía unos minutos, simplemente observaba con grandes y esféricos ojos a aquel ser entrado en desgracia. Su historia, por más loca que pudiera ser, era también posible. Su padre se decía a sí mismo, héroe de Guerra por participar en la Retoma.
-Cuando quise denunciar todo lo que estaba pasando, lo que pasó con tu mamá y con los otros desaparecidos, los de arriba me mandaron callar. Por cosas del destino pude salir, no lograron ajusticiarme y hoy, no tengo identidad, no tengo documentos, no tengo servicios de salud ni menos, una pensión de las F.F.A.A. simplemente hago lo que puedo para sobrevivir.
Sin decir una palabra, Carlos Mario sacó un billete de 20 mil pesos y se los dio a Gámez. Dio media vuelta y regresó a casa en un tiempo récord, allí saludó a su madre con un lapidario:
Se trata de Ana Rosa Castiblanco Torres, auxiliar de cocina en la cafetería del Palacio. Ella fue conducida a la Escuela de Caballería, y allí, aún en las angustias del parto, fue obligada a brincar del camión. Luego la llevaron hasta las caballerizas donde la sometieron a torturas hasta quitarle la vida. Para desaparecerla, su cadáver fue lanzado a una fosa común como una N.N (ningún nombre), a pesar de que los oficiales que la secuestraron sabían cuál era su identidad. El Ministerio de Defensa Nacional fue condenado por este crimen el 12 de diciembre del año 2007.(El Palacio sin máscara - Germán Castro Caycedo)
** Nombre real
sábado, 7 de junio de 2008
Los niños del conjunto
Fernando, en un espacio entre clases, se encontraba tomando café con la vista perdida a través de la ventana que daba al parqueadero del colegio.
-Lo más triste es que esto va a seguir – Le interrumpió la pesada voz de Justo, el profesor de sociales de bachillerato.
Al atardecer, la línea de emergencia de la policía recibía una llamada desde el conjunto cerrado contiguo al colegio, a dos y tres cuadras de las urbanizaciones donde habían sucedido los hechos hace tres y cinco días.
Flor Alba, una profesora de sesiones particulares de baile, decidió llamar a los padres de Paula Martínez, de once años de edad, porque la niña no había llegado a la clase, como acostumbraba hacer todas las tardes después del colegio.
Al no poder comunicarse, decidió ir hasta el apartamento, ubicado en el tercer piso del bloque 1. Carlos Mario entró y recorrió con la vista la sala-comedor, la cocina, los cuartos y el patio de ropas; sólo cuando llegó al baño, encontró a su pequeña hija recostada contra el inodoro, totalmente pálida y con su ropa destrozada. Su inerte rostro reflejaba una lucha desesperada contra ella misma. El interior de su estómago se dispersaba por el suelo en multicolores sustancias… apenas bañadas, de vez en cuando, con un líquido de tono ocre sanguinolento que al parecer, había perdido su capacidad de coagularse.
viernes, 30 de mayo de 2008
La noche de la Alianza Nacional

viernes, 23 de mayo de 2008
La noche de la Alianza Nacional
Hacía unos meses, Carlos I de Inglaterra había intentado introducir en Escocia, el nuevo libro de oraciones que era basado en el modelo inglés y por supuesto, Ernest sabía que todo lo que venía de Inglaterra quería introducir el Anglicanismo en un pueblo fuertemente Presbiteriano como era el escocés.
Aquella mañana, Ernest recordó, con cierto desagrado, ese texto que él mismo firmara meses atrás en la iglesia construida sobre lo que quedaba de un monasterio franciscano. Ese documento donde él y otros presbíteros que conformaban la llamada Alianza Nacional, juraron defender la independencia de su iglesia escocesa, de la tiranía de la inglesa. Un documento que incitaba a sus creyentes a la rebelión total en contra del Rey Carlos I y de su ministro en asuntos religiosos, un señor de apellido Laud.
Sabía que su firma, estampada en aquel documento, habría de traerle problemas, pero eran concientes de que estaban dispuestos a asumir esos problemas, por el bien de su causa. Los que ya habían desaparecido, eran firmantes también y sus nombres estaban escritos con anterioridad en la lista, así que si el rey siguiera ese orden, pronto sería su turno. Una especie de miedo y ansiedad se apoderó de sus debilitados huesos.
Como pudo se levantó de su cama, lavó su cara y se acomodó una túnica negra de cuello blanco, como acostumbraba hacer. Los oficios religiosos le esperaban y una pequeña cantidad de fieles le aguardaban en frente al recinto que servía de templo: una casa no muy grande de claro estilo inglés, un poco contradictorio pero que no se presentaba como una ironía digna de hilaridad, bien al contrario, pasaba desapercibida por los habitantes de este sector de Edimburgo.
El de hoy era un rito de bautismo, uno de los sacramentos más importantes según el credo presbiteriano y muchos jóvenes aguardaban con gris y parca ansiedad, su ingreso oficial a la iglesia de sus padres. Ya todo estaba dispuesto.
a no perder la compostura en ningún momento, sea cual fuere.El más reciente
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