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domingo, 1 de marzo de 2026

Entre estoraques, montañas y campanarios

Relatos desde la frontera: segunda entrega

Relatos desde la frontera: primera entrega

Mucho se ha mencionado en este blog sobre la iniciativa de los Pueblos Patrimonio (Ver: El Repitente: Lo que hizo el puente Navarro - Primera Parte) y, por supuesto, ello también influyó en la elección de Norte de Santander como un destino para visitar con prontitud.

En ese panorama aparece una joya enclavada en las montañas del departamento fronterizo: un espacio que, como otros pueblos de esta red, parece haberse abstraído de la evolución urbanística y conservar la belleza y la aparente sutileza de la arquitectura colonial de los siglos XVIII y XIX. Hablamos por supuesto, de La Playa de Belén.

Las callecitas de La Playa de Belén. Fuente propia. 

La Playa de Belén es parte de la provincia de Ocaña y reconocido como uno de los pueblos más hermosos de Colombia. Fue fundado el 4 de diciembre de 1862 y elevado a municipio en 1913, consolidándose como un importante centro agrícola y cultural de la región. Su historia está ligada al desarrollo campesino y al intercambio comercial con Ocaña, conservando hasta hoy una arquitectura tradicional que le ha valido el reconocimiento como Bien de Interés Cultural de la Nación, además de ser parte de la mencionada Red de Pueblos Patrimonio.

Su casco urbano, con calles empedradas y casas blancas de estilo colonial, ofrece una experiencia tranquila y auténtica. La Playa de Belén combina historia, naturaleza y patrimonio arquitectónico, convirtiéndose en un destino ideal para quienes buscan paisajes extraordinarios y tradición nortesantandereana.

Parroquia San José, La Playa de Belén. Fuente propia.

Y si de paisajes extraordinarios hablamos, es precisamente este pequeño municipio el que alberga uno de los escenarios más increíbles y majestuosos de la geografía nacional: el Área Natural Única Los Estoraques. En honor a la verdad, su denominación es tan singular como su belleza: “Área Natural Única” es una categoría exclusiva en el país, otorgada por Parques Nacionales Naturales, la entidad estatal encargada de proteger y administrar las áreas protegidas en Colombia. No existe otra área con esta designación.

El término “estoraques” proviene, según se dice, de una planta que habría existido en la zona y que desapareció con el desarrollo humano. Hoy, al menos en Colombia, la palabra se asocia a formaciones rocosas en forma de columnas erosionadas.

Los Estoraques conforman un laberinto de columnas, agujas y figuras de roca moldeadas por el viento y el agua durante siglos, como si la naturaleza hubiera querido levantar allí una catedral de arena petrificada.

Área Natural Única de Los Estoraques. Fuente propia.

Caminar entre sus senderos es adentrarse en un territorio casi irreal, donde la luz dibuja sombras caprichosas sobre las formaciones y el horizonte se tiñe de tonos ocres y dorados. Columnas, pedestales y cuevas se convierten en espacios de contemplación, asombro y respeto, donde la tierra cuenta su propia historia sin necesidad de palabras. Tan irreal es el paisaje que sirvió de inspiración para la habitación de Bruno en la película Encanto, la misteriosa oveja negra de la familia de la que “no se habla, no, no, no”.

El sitio que sirvió de inspiración para la habitación de
Bruno, en Encanto (Disney, 2021). Fuente propia.

El regreso al oriente

En el camino que conduce de Ocaña a Cúcuta, a lado y lado de la cadena montañosa que separa la provincia de Oriente de la provincia Norte, se encuentran Ábrego y Sardinata: dos poblaciones hermanas, ambas ubicadas en valles fértiles y de temperaturas agradables, pero separadas por los caprichos de la Cordillera Oriental.

Ábrego fue fundado el 12 de marzo de 1810, en el contexto de los movimientos independentistas del entonces Virreinato de la Nueva Granada. Su consolidación administrativa se dio durante el siglo XIX, cuando fue erigido como municipio en el período republicano. Inicialmente se llamó La Cruz, pero luego recibió su nombre actual en honor a Mercedes Ábrego, vinculada a la causa independentista, quien brindó información relevante a los patriotas y ayudó a bordar el traje de brigadier de nada menos que el Libertador Simón Bolívar. Fue fusilada por el ejército español.

Monumento a Mercedes Ábrego en el patíbulo.
Parque principal de Ábrego. Fuente propia.

Ubicado en la provincia de Ocaña, al occidente de Norte de Santander, el municipio se ha destacado históricamente por su vocación agrícola, especialmente en la producción de cebolla, fríjol y café. Su entorno montañoso y su tradición campesina han sido fundamentales en el desarrollo económico y cultural del territorio.

Y, por otro lado —literalmente al otro lado de la montaña—, se encuentra Sardinata.

Sardinata fue fundada en 1876, en una zona estratégica del entonces Estado de Santander, que ya contaba con asentamientos rurales dedicados a la agricultura y la ganadería. Fue erigida como municipio a finales del siglo XIX, consolidándose como un importante centro productivo del departamento. Su nombre proviene del río Sardinata, eje natural fundamental para el desarrollo económico y social del territorio, y que, según la tradición, contaba con abundancia de sardinas en sus aguas.

Parque principal de Sardinata. Fuente propia.


Ubicada en la subregión del Catatumbo, Sardinata se caracteriza por su riqueza agrícola, especialmente en el cultivo de cacao, palma de aceite y productos de pancoger. Sus paisajes combinan zonas montañosas y valles cálidos atravesados por ríos y quebradas, elementos esenciales de su identidad campesina y cultural.

Aunque Sardinata forma parte de los linderos del tristemente célebre Catatumbo, recorrer sus calles es un plan imperdible: sus atardeceres son verdaderas poesías de color, su gente es cálida y su comida, deliciosa.

El tiempo apremia. Debemos regresar a Cúcuta, porque nos espera el área metropolitana y, por supuesto, otra de las joyas históricas del viaje: la casa natal del general Francisco de Paula Santander.

En la ruta 70 nos vemos. Abrazo viajero. 

jueves, 19 de junio de 2025

Turismo con filtro: entre la historia y el decorado

Un viaje entre lo auténtico y lo escenográfico, donde las fotos perfectas a veces esconden relatos imperfectos.

Hace unos años, conversando con algunos conocidos sobre Reto Colombia, me preguntaban:

—¿Por qué no te tomas las fotos con los avisos de letras gigantes en lugar de la iglesia?

La verdad es que, cuando empecé el reto, la mayoría de los municipios no contaban con un aviso de letras llamativas en la plaza, hecho de concreto, piedra o metal. De hecho, incluso hoy en día no existe una uniformidad en este sentido, y muchas poblaciones todavía no disponen de ese punto “fotografiable”.

Avisos como el de Mesetas, Meta, en enero de 2025. Fuente propia.

Pero en realidad, la respuesta que siempre doy es que no hay un lugar tan auténtico y único como la iglesia central de cada municipio. Un poco de historia, algo de arquitectura, fe —por supuesto—, pero, sobre todo, autenticidad. 

Parroquia de la Inmaculada Concepción, en Cepitá, Santander. Fuente propia.


¿De qué hablamos cuando hablamos de turismo?

Siento, precisamente, que es la autenticidad lo que convierte a un sitio turístico en algo valioso y patrimonial.

Seguramente hemos escuchado sobre los distintos tipos de atractivos turísticos, y podríamos fácilmente aventurarnos a crear una lista de ejemplos, basada en nuestras propias experiencias: podemos pensar en el turismo de aventura, con lugares como el Cañón del río Güejar, tan de moda ahora, o el Cañón del Chicamocha, tan de moda siempre; el turismo religioso, con destinos como el Santuario de Las Lajas o la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá; y el turismo cultural e histórico, como La Candelaria en Bogotá o San Francisco, en Mompox. Cada uno de estos destinos evoca actividades, comidas, vestimentas y una disposición distintas por parte del viajero. Y de eso, precisamente, se trata la autenticidad.

Por otro lado, el turismo —como bien sabemos— es una industria que mueve enormes cantidades de dinero y que, en un mundo ideal, debería traer progreso y bienestar a las comunidades locales. Hablamos de los famosos empleos directos e indirectos: alojamiento, restaurantes, transporte, artesanías, entre otros. Por eso, resulta comprensible que las comunidades busquen posicionar y popularizar sus destinos turísticos, con la esperanza de garantizar un flujo constante de visitantes e ingresos.

En este maravilloso contexto, llegaron las redes sociales.

Y, por supuesto, trajeron consigo un gran impulso publicitario para muchos sitios turísticos que antes permanecían en el anonimato, restringidos por el desconocimiento popular. Algo similar ocurrió con la apertura de zonas del país que, durante años, fueron consideradas zonas rojas por el conflicto armado. Aunque dicho conflicto no ha cesado del todo, al menos permitió imaginar una diversificación económica para muchos colombianos que habitan esos territorios.

Ahora bien, con la aparición de nuevos y exóticos destinos, surgió también la necesidad de "repotenciar" los ya existentes. Una verdadera marejada de alas de mariposa, alas de ángel, arcos en forma de corazón, letreros gigantes, miradores con forma de mano, casas al revés —cuento al menos tres en diferentes departamentos al momento de escribir este texto—, rodaderos o toboganes pintados con los colores del arcoíris… todo esto comenzó a aparecer en medio de verdes parajes.

Y como consecuencia, otra marejada inundó las redes sociales: miles de fotos iguales, donde solo cambia el viajero. De hecho, hay un spot turístico en el desierto de la Tatacoa que, literalmente, se llama Tatacoa Selfies.

Tomado de Caracol Radio Armenia, publicación en Instagram.


Excelente por el turismo, por la visibilidad de nuevos espacios, por los ingresos (nuevamente: ojalá para las comunidades locales). Pero no estoy tan seguro de que sea igual de excelente para la autenticidad de la experiencia del viajero.

¿Es importante lo auténtico entonces?

En foros de viajeros, existe una vieja discusión entre el supuesto turista y el verdadero viajero, con una lista de ítems que, a mi parecer, carecen de verdadera importancia: que si la selfie, que si hostal, hotel o Airbnb, que si piscina o charco natural, que si Uber o transporte público.

Tomado de Holidify.com

Por ejemplo —como plantea un artículo de Holidify.com—, hay quienes defienden que hospedarse en un hotel ofrece una experiencia más auténtica y cultural que hacerlo en un Airbnb, donde terminas trasladando tu rutina doméstica a otro espacio: cocinar, limpiar y organizar, pero en un lugar diferente a tu residencia habitual. Sin embargo, si ese mismo análisis se aplica a un hospedaje tipo hostal, con familia anfitriona incluida, entonces el hotel sería el que pierde puntos en términos de autenticidad.

Lo mismo ocurre con el clásico ejemplo de quien, al viajar, busca el McDonald’s o el Starbucks local. En últimas, termina comiendo exactamente lo mismo que en su ciudad de origen.

Entonces, ¿no sucede lo mismo con lo que he llamado “spots de turismo forzado”? Básicamente, esos sitios que han sido artificialmente creados para ser instagrameables, pero que no lo son de forma natural.

Claro, al final la experiencia debe ser disfrutada por quien viaja, así que las condiciones dependen de los gustos de cada persona. —Por supuesto, esto no aplica para el mal llamado “turismo sexual”: no, mil veces no—.

Y en cuanto a esta idea de autenticidad, surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto los atractivos naturales o históricos deben “modernizarse” para seguir siendo competitivos en la industria turística?

Recientemente tuve la fortuna de visitar el departamento de Norte de Santander. En Villa del Rosario, uno de mis sueños era conocer la casa natal del general Francisco de Paula Santander —cuyo nombre, por cierto, fue el emblema de este humilde blog durante más de 15 años—.

Allí, en el marco del llamado Parque Grancolombiano, se encuentra también el Templo Histórico del Congreso, aquel que fue escenario de una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia: la creación de la Gran Colombia, como unión de Venezuela, la Nueva Granada, Ecuador y Panamá.




Este es un buen ejemplo de lo mencionado anteriormente. Aunque la Casa Natal está allí, cualquier curioso sabrá que sus paredes no son, en realidad, las mismas que vieron crecer al joven Francisco de Paula. Tanto el templo como la casa fueron completamente destruidos por el terremoto de Cúcuta en 1875. La diferencia es que el templo no fue reconstruido —salvo su cúpula, con fines meramente simbólicos—.

Son, pero no son.

Ruinas del Templo del Congreso. Villa del Rosario, Norte de Santander. Enero de 2025. Fuente propia.

Esa tensión entre lo simbólico y lo auténtico no es exclusiva del norte del país; también puede verse en destinos icónicos del altiplano cundiboyacense.

Uno de los destinos más visitados en Boyacá es la noble Villa de Leyva, con su imponente Plaza Mayor, considerada una de las más grandes de América. Sin embargo, uno de los mayores engaños al respecto es su histriónico —aunque inconfundible— empedrado. Aunque la arquitectura de esta población es claramente colonial, con edificaciones de entre 200 y 400 años en pie, su característico y antivehicular empedrado no tiene ni siquiera un siglo de antigüedad: fue instalado a mediados del siglo XX, en un claro ejemplo de paisajismo deliberado, pero no de historia auténtica. 

No niego, por supuesto, que visitar Villa de Leyva sea siempre una experiencia increíble. 


Estas dos imágenes son de los años 60, se evidencia que la Plaza Mayor de Villa de Leyva, no tenía empedrado aún. Tomadas de Huellas de Territorio @historiatundama en X 

Para cerrar, reitero que viajar es un placer que siempre debe depender de quien lo vive: de sus gustos en hospedaje, comidas, actividades y, por supuesto, fotografías. No hay nada más valioso que una linda imagen, un bello recuerdo de ese lugar que alguna vez soñamos conocer y que, con fortuna, logramos visitar.

Al final —como en el Carnaval de Barranquilla—, quien lo vive es quien lo goza.

Abrazo viajero.

jueves, 31 de octubre de 2024

Soracá, Boyacá: la mansión regia de los soracaes

Apenas a unos 7 kilómetros de la ciudad de Tunja, se ubica Soracá, un pequeño municipio que en la actualidad, es muy reconocido por sus peregrinaciones marianas que atraen tantas personas, que sus calles se quedaron chicas para tales cantidades. 

Fuente y templo parroquial en el parque principal de Soracá, Boyacá. Colección propia.

Fundado en 1776, este pequeño pueblo es conocido por su tranquilidad y sus paisajes andinos. Su nombre, de origen muisca, significa "lugar de descanso del Sol", lo que refleja su conexión con la cultura indígena que habitaba la región antes de la llegada de los colonizadores españoles.

Soracá también es reconocido por su producción agrícola y minera y es un destino muy atrayente para las personas que practican ciclismo desde la capital departamental, debido a su corta distancia y a los ascensos y descensos en la vía, que por cierto, se encuentra en buenas condiciones. Este pequeño poblado fue declarado municipio a mediados del siglo XX, pero luego hizo parte de Tunja, como corregimiento, para ser elevado nuevamente a municipio 20 años después.

El parque principal de Soracá. Colección propia. 

Soracá ha conservado su carácter rural y sus tradiciones agrícolas, siendo un lugar donde predominan cultivos de papa, maíz y hortalizas, productos que son clave para la economía local.

Entre los principales atractivos turísticos de Soracá, destaca el Santuario de Nuestro Señor de la Columna, un importante sitio de peregrinación que recibe visitantes de toda la región, especialmente durante la Semana Santa. Sin embargo, su tradición más reconocida sucede siempre, el primer sábado de cada mes, cuando miles de fieles marianos, se reúnen en el municipio a orar a Nuestra Señora de la Salud y a participar de las misas de sanación de un reconocido sacerdote.

Una romería se reúne en las misas de sanación. Colección propia.

Además, el municipio ofrece bellos paisajes rurales, ideales para quienes disfrutan de caminatas al aire libre y la tranquilidad del campo boyacense. Un dato curioso es que Soracá es conocido por la devoción a su patrono, el Señor de la Salud, y su fiesta anual es un evento destacado en el calendario local, atrayendo a fieles y turistas que buscan no solo participar en las actividades religiosas, sino también disfrutar de la gastronomía y hospitalidad del lugar.

jueves, 8 de agosto de 2024

Por los caminos del Sumapaz

A veces, como cuando se rueda en compañía, lo que importa más es el camino que no el destino. 

Y precisamente eso, es lo que subyace en el presente relato, que no pretende nada diferente, sino contar a ustedes, lectores asiduos y visitantes esporádicos, uno de mis últimos viajes, que me representó conocer algunos sitios hermosos, únicos y muy cercanos a Bogotá. 

El primer trayecto, correspondiente de Zipaquirá a Arbelaez, tiene un recorrido de aproximadamente 133 kilómetros. Ya que atravesamos Bogotá hacia las 6 de la mañana, de un domingo, el recorrido no tomó mucho más tiempo que el previsto. Estamos hablando de una duración de 3 horas y media. 

Tomado de Google Maps

El trayecto presenta una carretera en excelente condiciones (concesionada, por lo que se tendrá que pagar peaje), por lo menos hasta Fusagasugá, ya que desde Fusa y hasta Arbelaez, la vía empieza a mostrar algunos sectores que necesitan intervención urgente. Sin embargo, esto no impide llevar una buena velocidad y disfrutar de unos paisajes verdes que solamente profetizan lo que será el resto del recorrido. 

Parque Principal de Arbelaez, Cundinamarca. Fuente Propia.


El rinconcito cálido de Cundinamarca

Respecto de Arbelaez, recuerdo que hace varios años, cuando inicié mis estudios de pregrado, la universidad nos envió en salida pedagógica precisamente, a Fusagasugá y Arbelaez, en esta provincia del Sumapaz. Unos días después, para el reporte de esa salida, mis compañeros me encargaron escribir sobre esta población, a la que denominé como el rinconcito cálido de Cundinamarca. Reconozco que en ese tiempo era más romántico y soñador, pero ahora, en retrospectiva, creo que en aquel entonces le di un sobrenombre correcto. Arbelaez se llama así por Vicente Arbelaez, cuyo mayor mérito fue ser Arzobispo de Bogotá y morirse justo para los tiempos en que el municipio fue erigido como tal, en 1886.

Arbeláez es hoy un gran productor agrícola, especialmente de café, panela, mora y cítricos, esto gracias a su ubicación en la falda de la montaña, que le permite contar con diferentes pisos térmicos. Así mismo, está desarrollando proyectos de ecoturismo, contando con sus senderos, pozos, miradores y cascadas que le dan una belleza extraordinaria. Después de unos minutos en el municipio de Arbelaez, nos dispusimos a continuar nuestro viaje, ahora hacia el municipio de San Bernardo, también en Cundinamarca. Por una carretera que paulatinamente se iba degradando un poco, aunque conservando el pavimento en toda su extensión. Un trayecto que bien puede ser recorrido en carro pequeño.


Tomado de Google Maps. 
El San Bernardo faraónico

En San Bernardo, tuvimos la "buena fortuna" de encontrarnos con un pueblo en plenas ferias y fiestas... el lector entenderá el porqué de mis comillas, pero bueno, el objetivo de la llegada a este municipio era el de conocer sus momias. 


Por supuesto que lo primero en que se piensa cuando se habla de San Bernardo, es en sus momias. Un fenómeno que ha permitido que este pequeño poblado, del sur de Cundinamarca, sea una atracción turística un poco diferente a los otros municipios de la zona. Y aunque es mucho lo que se ha dicho al respecto, aún no hay una explicación certera y universalmente aceptada por la comunidad científica, de las razones de este interesante fenómeno. Por lo pronto, podemos decir que la visita obligada es al cementerio del pueblo, a unos 7 minutos caminando del parque principal. Allí, la iglesia construyó un mausoleo con las momias de algunos habitantes que se exhumaron y, al encontrarse en estas condiciones de preservación, los familiares los "donaron" para exponerlos. 

El municipio cuenta también con innumerables atractivos turísticos, propios de su geografía: el Cerro de Paquilo, la piedra del sol, el Mirador de Portones, varias cuevas naturales, entre otros. Así mismo, su principal renglón económico es la agricultura, ya que es considerado como uno de esos municipios “despensa de Colombia”. 

Más sobre Las Momias de San Bernardo. (artículos periodísticos recomendados)

De San Bernardo, fue necesario devolvernos un tramo hacia Arbelaez, pero a mitad de camino, tomamos una vía que se desviaba hacia la derecha (Sentido Arbelaez-San Bernardo) con dirección al municipio de Pandi, en Cundinamarca aún. A pesar de tratarse de una vía sin pavimentar, nos encontramos con un camino bastante transitable y de fácil recorrido. Una vez más, los paisajes se presentaban hermosos y las montañas majestuosas, de hecho, es en este trayecto en donde el viajero podrá encontrarse en una vía surrealista, en donde la montaña domina por completo el paisaje, haciendo que en un momento, se encuentre a poco centímetros de un gigantesco abismo (no apto para personas con vértigo o acrofobia), pero repito, de una belleza increíble. 


Tomado de Google Maps.

Algo de gastronomía en Pandi

Al llegar a Pandi, nos encontramos con un municipio tranquilo, algunos turistas, un clima muy agradable y una deliciosa comida llamada Fiambre, un plato típico de las zonas montañosas de clima templado del departamento de Cundinamarca, que consiste en una presa de gallina, arroz, plátano cocido, papá y yuca, todo sazonado envuelto en una hoja de plátano, donde también se sirve y por supuesto, se come. Imaginen ustedes el panorama: un clima cálido refrescado con una brisa suave, un parque principal de un municipio muy agradable, una comida típica y deliciosa y unas lugareños muy amables con el turista. Suena perfecto, no?

Este pequeño municipio ha sido parte del Tolima y de Cundinamarca alternadamente, de acuerdo con los cambios políticos del país. Su clima es muy agradable y gracias a su ubicación, goza de una variada producción agrícola que alimenta su economía. Se erigió como municipio en 1815, luego de ser parte de Fusagasugá, Melgar, Arbeláez e Icononzo.

Al igual que otros municipios de la provincia del Sumapaz, sus atractivos turísticos son muchos y aún no muy explorados: Alto de Miraflores, Cuevas y petroglifos El Helechal, fuentes termales y caminos reales, sin embargo, su mayor atractivo es uno compartido con la vecina población de Icononzo, Tolima: El Puente Natural.  


Parque principal de Pandi, Cundinamarca. Fuente propia.

Pues bien, después de esta deliciosa y corta estadía, continuamos nuestro recorrido hacia el municipio de Icononzo, el primero que nos encontraríamos en otro departamento: salimos de Cundinamarca y entramos al Tolima.

Tomado de Google Maps.

Una pequeña maravilla de la naturaleza: una increíble historia de violencia

Pero antes de continuar, es necesario hacer la referencia a uno de los sitios más mágicos que vimos durante todo el viaje: el Puente natural de Icononzo - Pandi, un sitio mágico que definitivamente, debería ser visitado y admirado por todos los colombianos. Se trata de una formación natural que fue labrada por el río Sumapaz (que separa a Cundinamarca del Tolima) y que permitió la formación de un puente natural, de piedra, sobre el cual se construyó uno para que sirviera para el tránsito de vehículos. Pero lo más bello del lugar, no es tanto el puente como tal, sino el cañón, estrecho y profundo que el agua ha marcado (sitio no apto para personas con vértigo o con acrofobia (2)). Este sitio es simplemente majestuoso. 

"Puente San José de Pandi Aunque muchos lo conocen como el Puente de Icononzo el verdadero nombre de este viaducto es Puente San José de Pandi. Se construyó en 1924 encima de unas rocas que se utilizaron hasta esta fecha como puente natural, el cual unía a los departamentos de Cundinamarca y Tolima. Según la leyenda estas piedras fueron trasladadas hasta este lugar por el Diablo.
El viaducto está ubicado sobre el río Sumapaz que en este sitio forma un cañón de aproximadamente 250 metros.
En la época de la violencia entre partidos, los conservadores cometieron muchos asesinatos allí. Retenían a los liberales de la zona, los montaban en volquetas y los arrojaban desde el puente al vacío."
Tomado de El Tiempo. 17 de julio de 1999
Después de esta parada, en los límites entre Tolima y Cundinamarca, nos dirigimos por la vía que de todo el trayecto, se encontraba en el peor estado: sin pavimento y con muy poco mantenimiento, lo que representa una verdadera lástima. El abandono de estos circuitos viales son solo una de las muchas muestras de la corrupción que tanto nos afecta a los colombianos. 

Sin embargo, todo esto fue rápidamente olvidado cuando llegamos a Icononzo, el primer pueblo que nos encontramos en el Tolima y que se presenta acogedor, tranquilo, montañoso, cálido y rodeados de paisajes que parecen dibujado o mejor, esculpidos, a mano... Un parque principal agradable, con escaleras por todos lados, y con una tranquilidad que fácilmente envuelve al visitante. 

Gracias a su ubicación en la montaña, Icononzo es conocido como el balcón del Tolima. Al igual que muchos municipios de la zona, su nombre proviene de vocablos indígenas, y éste, en particular, significa “Susurro del agua”. En algún momento, estuvo bajo la jurisdicción de Cundinamarca.

Su principal renglón económico es la agricultura, especialmente café y frutales. Sin embargo, después de los oscuros tiempos de violencia, el municipio está tratando de sobresalir con la producción de otros bienes, como artículos de cuero. Así mismo, es un espacio con grandes potencialidades turísticas, comenzando, por supuesto, por el Puente Natural, que comparte con Pandi, Cundinamarca; cascadas, miradores, senderos y caminos reales, entre otros. 

Parque principal de Icononzo, Tolima. Fuente propia. 

Al salir de Icononzo, nos dirigimos hacia la población que da término a este recorrido, la muy conocida Melgar, llamada por algunos, el barrio caliente de Bogotá, por su cercanía a la capital y por la arraigada costumbre de los capitalinos, de visitarla cada fin de semana. 

Tomado de Google Maps.

Lastimosamente, al llegar a este municipio, cálido y agradable, solo lo encontramos como lo primero: cálido... porque muy poco agradable. Debido al puente festivo (lunes feriado), la capital mundial de las piscinas -como es reconocido-, estaba atiborrado de personas que apenas permitían la circulación y movilidad. 

Gracias, pero no.  

Después de esto, solamente quedaba el regreso por la vía nacional 40. Una carretera concesionada que se presenta en excelente estado. Después de un largo día de viaje, lleno de recuerdos imborrables, haríamos un solo trayecto directo a casa. 

A mis compañeros de viaje, mil gracias. A mis lectores, mil gracias más. 

N.A. Originalmente escrito en Julio de 2016, con reedición en Agosto de 2024. 



viernes, 12 de enero de 2024

Relato Samario 1: A Bolívar lo mató un yanki

El primer templo católico construido dentro de jurisdicción eclesiástica en América del Sur, fue la Catedral Basílica Menor de Santa Marta, menos conocida como Parroquia del Sagrario y San Miguel; por supuesto, estamos hablando de la hermosa edificación que custodia a Santa Marta, la ciudad capital del departamento del Magdalena. Aunque se dice que la iglesia más antigua construida en este suelo fue la de San Francisco, en la entonces Santa Fe y que hoy se llama solamente Bogotá. Pero bueno, ese puede sumarse a los muchos debates sobre "el más antiguo o el primero que..." -discusión que alimenta tuits e hilos en redes sociales, sobre aquellas interminables batallas regionalistas: el club de fútbol más antiguo, la primera ciudad en declararse independiente, el primer metro (no, esa no. Esa sí está clara)-. 

Volviendo a nuestro punto de partida, la Catedral Basílica de Santa Marta es uno de esos imperdibles cuando se visita la Perla de América. Construida hacia 1766, sirvió de morada a los restos del Libertador Simón Bolívar, por un período de 12 años -entre 1830 y 1842- y desde 1953, alberga los de Rodrigo de Bastidas, fundador de la ciudad y que reposaban anteriormente en República Dominicana.
 
Fachada de la Catedral Basílica de Santa Marta. Fuente propia. 

De su arquitectura hay mucho que se puede decir, pero como no soy arquitecto, solamente diré que tiene un solo campanario, con reloj, tres naves, y al fondo, en el crucero, una robusta cúpula que le da su catalogación como "renacentista". A propósito, al hablar de cruceros, en términos de iglesias, corresponde a ese espacio en donde se une la nave central con una "nave" transversal que hace que, en vista de dron, la iglesia se vea como una cruz desde arriba.

Torre campanario y reloj de la Catedral de Santa Marta. Fuente propia.

En este punto, seguramente el lector se estará preguntando por la relación de este artículo con el título del mismo, ya que apenas si se mencionó al Libertador como morador póstumo de este templo, pero aquí es donde se pone -aún- más interesante la historia.

La muerte del Libertador

De acuerdo con los relatos tradicionales de historia patria, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, Libertador de 3 naciones y consolidador de la independencia de otras 3, murió en una hacienda conocida como Quinta de San Pedro Alejandrino, nombrada así por un santo mártir español. Bolívar pasó allí sus últimos días, luchando contra la tuberculosis y la fiebre tifoidea, y posteriormente falleció el 17 de diciembre de 1830 -a los apenas 47 años, pero habiendo recorrido media Latinoamérica a lomo de caballo, y luchando por la independencia en cada viaje, creo que aguantó bastante-. Desde este año, y hasta 1842, fue el período en que sus restos mortales permanecieron en la Catedral de Santa Marta, para ser luego transportados al Panteón Nacional en su natal Caracas.    


Estatua de Simón Bolívar en su lecho de muerte, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, Santa Marta. Fuente propia.

Un hallazgo increíble

Sin embargo, el asunto que nos atañe hoy tiene que ver un descubrimiento reciente en la ciudad de la Bahía más linda de América: Apenas en 2022, en una misteriosa caja fuerte que estaba oculta en una de las paredes de la sacristía de la Catedral, fue hallado un libro de actas de defunciones, entre las que se encontraba la del Libertador, por supuesto, en manuscrita. Un descubrimiento inmenso, teniendo en cuenta que este documento estuvo extraviado por casi dos siglos. Se dice que un historiador de Plato, Magdalena, de nombre William Hernández, encontró una llave antigua entre un archivo de cosas igualmente antiguas, al interior de la sacristía. Luego de varios estudios, lectura de relatos, planos, etc, una pequeña muesca en la pared, le dio los indicios de que allí detrás, habría algo mucho más grande. 

En la Casa de la Aduana, en el "piso alto" fue velado el cadaver de Simón Bolívar.
Esta casa está a unos metros de la Catedral de Santa Marta. Fuente propia.
 

Gracias a Hernández y a un grupo de expertos, la caja y su contenido fueron extraídos, estudiados y restaurados. A partir de este hallazgo, la Registraduría Nacional del Estado Civil, entidad encargada del registro de la vida (y muerte) de los ciudadanos en Colombia, generó el registro civil de defunción oficial de Simón Bolívar, 192 años después de su muerte. Este documento cuenta con una apostilla internacional, y fue enviado a Venezuela, para que repose también, en el Panteón Nacional en Caracas, mientras que el documento histórico original, reposa en los archivos de la Diócesis de Santa Marta.  

Oleo sobre la muerte del Libertador, expuesta en la
Quinta de San Pedro Alejandrino. Fuente propia. 

¿Conspiración?

Como se mencionó arriba, la causa conocida de muerte de Simón Bolívar, era tuberculosis, principalmente, y fiebre tifoidea. Aunque en el documento encontrado no se hace referencia a las causas de muerte, se habla de su funeral, de los honores, y del sitio en el que sería sepultado, por supuesto, también en la Catedral Basílica de Santa Marta. 

Monumento de Simón Bolívar. Regalo de la República de 
Venezuela a la ciudad de Santa Marta. Fuente propia. 


¿Entonces, de dónde salió la información que establecía a la tuberculosis como la asesina del Libertador? Alejandro Reverend, boticario francés que cuidó a Bolívar en sus últimos días, dijo que se presume de la susodicha enfermedad, pero esto lo escribió en 1880 en sus memorias -50 añitos después del último viaje de Don Simón-. Esto, por supuesto, deja abierta la puerta para la conspiración histórica: ¡Simón Bolívar pudo haber sido letalmente intoxicado!

El mismo historiador William Hernández cree que el médico George Mcknight, tuvo que ver con la muerte de Bolívar. McKnight, médico de guerra de la Goleta Grampus, de Estados Unidos, fondeada en la Bahía de Santa Marta desde septiembre de 1830 (recuerde, lector, que la muerte fue el 17 de diciembre de ese año), recetó al boticario francés algunos elementos que se supone, ayudaría a las complicaciones respiratorias del enfermo.

Muchos años después, frente al pelotón de la corrección histórica, muchos elementos se entrelazarían para dar a la luz, una teoría sobre el papel de McKnight en lo que este pelotón considera fue un magnicidio:

  • En los restos del Libertador fueron hallados "arsénico y polvo de cantárida", sustancias que no son y nunca fueron usadas para combatir la tuberculosis.
  • McKnight estuvo por pocas semanas acompañando a Bolívar y a Reverend en Santa Marta y partió antes de la fatídica fecha; sin embargo, al parecer, su opinión médica, tuvo gran peso en las decisiones del boticario. -Al punto que se dice que fue demasiado optimista con la salud de Bolívar, y al pobre de Reverend le tocó asumir solo, la opinión pública sobre el evidente, crónico e irreversible deterioro del Libertador.  
  • En los diarios médicos de la goleta, casualmente, no se encuentra el diario de diciembre de 1830, pero sí el de los otros meses anteriores y posteriores.     
¿Fue intencionalmente mal diagnosticado? ¿Los tratamientos ofrecidos por el gringo y el francés eran los correctos para su mal -al menos para la época-? ¿Quería el imperio yankee deshacerse del moribundo Bolívar, a través del médico de guerra? 

Monumento al Libertador Simón Bolívar, en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Santa Marta, Magdalena, Colombia. Fuente propia.

Colección Reto Colombia

martes, 12 de diciembre de 2023

El baile cósmico


Sitios maravillosos y enigmáticos en Colombia, hay en grandes proporciones: algunos con paisajes surrealistas y exhuberantes, otros con muestras inconmesurables de diversidad cultural y natural, con características propias para el desarrollo de actividades turísticas, deportivas y hasta científicas. Y así mismo, hay sitios que reúnen todas estas características en sí mismos: El Desierto de la Tatacoa.
Los enigmáticos paisajes del Desierto de La Tatacoa

Este hermoso bosque tropical seco -porque en realidad no es un desierto- se ubica al norte del departamento del Huila, una inmesa extensión de tierra, recorrida por el río Magdalena, llena de paisajes increíbles, tales como sus miradores (la Mano del Gigante es tal vez el más famoso), y se ha convertido en un polo de atracción para astrónomos profesionales y aficionados. Sus múltiples observatorios, sus expertos con sus charlas nocturnas y por supuesto, su característica baja contaminación lumínica, hacen de este lugar casi que un templo para la observación astronómica. Así que, ¿Qué mejor lugar para observar un eclipse anular? 
La observación astronómica es una de las actividades preferidas por aficionados
 y profesionales que visitan el Desierto de la Tatacoa

En el vasto y misterioso desierto de la Tatacoa, un día se despliega con un aire especial. La brisa caliente arrastra consigo finos granos de arena, mientras el sol comienza su danza en el cielo. Sin embargo, en esta ocasión, algo extraordinario está por suceder: un eclipse anular solar.

El desierto, ya de por sí un lugar de maravillas y misterios, se sumerge en una atmósfera aún más enigmática. La luz del sol se atenúa gradualmente, al igual que la temperatura, que en pleno mediodía, se siente como una leve pero refrescante pausa a los acostumbrados 35°c. 

Visitantes de todo el país han llegado desde días anteriores, hasta pocos minutos antes del evento cósmico. Se reúnen en busca del mejor lugar para observar este espectáculo celestial. Un desfile de telescopios, filtros, gafas y cámaras, sorprenden por su avanzada tecnología, o por su humilde complejidad: variedad de materiales se ven acompañando costosos instrumentos de observación.
Observadores de diferentes partes del país, se preparan para el evento principal.
 
Mientras tanto, la naturaleza del desierto parece prepararse para el evento: los reptiles se esconden, las aves encuentran refugio en las grietas de las rocas y la flora se recoge, como si supiera que un momento de oscuridad temporal está por llegar.

En el momento álgido, la luna se interpone entre la Tierra y el sol, creando un anillo de luz brillante alrededor de su silueta oscura. La Tatacoa, que ya es un paisaje surrealista, se transforma en un escenario de contrastes extremos: la oscuridad momentánea se mezcla con la brillantez del anillo solar, creando un ambiente de gran misterio y asombro.
La Luna se interpone entre la Tierra y el Sol, solo se ve su anillo de fuego.

La temperatura desciende ligeramente, y un silencio reverencial parece abrazar el desierto. El anillo de luz solar se refleja en la superficie de las formaciones rocosas, creando destellos y sombras inusuales en la arena. Por un breve lapso, el cielo y la tierra se unen en un abrazo cósmico, invitando a todos a maravillarse ante la grandiosidad del universo.
Fascinación y asombro ante la grandiosidad del universo.


Conforme el eclipse llega a su fin, la luz del sol comienza a regresar, disipando la oscuridad temporal y devolviendo los colores y la vida al desierto. La Tatacoa retoma su esencia, pero la experiencia del eclipse anular solar queda grabada en la memoria de quienes presenciaron ese evento único en medio de la inmensidad y la quietud de este hermoso paisaje huilense.


Reto Colombia







lunes, 27 de marzo de 2023

martes, 1 de junio de 2021

Bello puerto de mar, mi Buenaventura

Municipio: #Buenaventura
Departamento: #ValleDelCauca
Fecha: Diciembre de 2019
Visita: 199/1140

En el Bulevar del Centro, un ancla y de fondo, el Palacio Nacional. Fuente propia.



Así como con la mayoría de poblaciones del pacífico colombiano, Buenaventura es fácilmente reconocible por sus muchas características, tanto buenas como no tan buenas. 

Catedral de San Buenaventura. Fuente propia. 

Uno de los deseos que me había acompañado por muchos años, era el de poder conocer el océano Pacífico desde mi país natal, Colombia -irónicamente, había visitado por primera vez playas sobre este océano, en otros países suramericanos, pero nunca desde mi patria. Así que la posibilidad se dio, cuando después de muchos años, tuve la oportunidad de acompañar nuevamente en la cancha del Pascual Guerrero, al América de Cali, el equipo de fútbol que he seguido toda la vida. Por esta razón, y aprovechando la cercanía del puerto con la capital valluna, y por supuesto, habiendo comprado el vuelo de regreso a Bogotá para un día después, decidí que invertiría esta jornada posterior al partido, en conocer el mayor puerto marítimo del país, el Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico de Buenaventura, en el Valle del Cauca. 

Antesala de la Catedral de San Buenaventura. Fuente Propia.

Sabiendo que se trataba de un recorrido de unas dos horas por carretera, podría conocer algo de la ciudad y seguramente, alguna de sus muchas playas paradisiacas, que sin embargo, al parecer no son tan conocidas para muchos colombianos, por lo que, por supuesto, aquí va la invitación para que las visiten y conozcan.

Ya en el bus intermunicipal, me encontré con la cara bella de Colombia, su gente. Gente que iba de Cali a Buenaventura por diversas razones, pero al parecer, solo yo lo hacía por turismo. Su gente "de alegría siempre en el rostro", me llevó a la siguiente gran alegría del viaje, 2 horas, completicas, escuchando salsa. Lo disfruté enormemente. 

Había escuchado historias sobre Buenaventura, su inseguridad, su calor, su humedad, su gente... y debo decir, que después de este cortísimo viaje, quedé ampliamente enamorado de este puerto, a pesar de las evidentes dificultades sociales que se presentan. 

Uno de los íconos de la ciudad es el Faro, ubicado en el Malecón de la Bahía. Fuente propia. 
Me dirigí inmediatamente al centro de la ciudad, tuve la oportunidad de encontrar la Catedral, que no podía tener una advocación diferente que a San Buenaventura. Allí, encontré a un grupo de adolescentes afro acompañadas de una religiosa italiana, que vendían unas artesanías; me contaron sobre su fundación, sobre el trabajo artístico y artesanal que realizan, y como todo lo que recaudan, paga sus estudios de educación superior. Hoy, dos pequeños lienzos adornan la sala de mi casa: no podía irme ese día, sin llevarme algo de esa belleza para mí. 
Los lienzos comprados en la Catedral de San Buenaventura. Fuente propia.


Esta catedral se ubica justo en el Bulevar del Centro, una alameda que adorna este sector de la ciudad, dándole un aire de tranquilidad paisajística que, considero yo, está algo menospreciada por el turismo. Comienza, precisamente en el templo, y termina en el parque José Prudencio Padilla, junto al Hotel Estación (uno de los más icónicos de la ciudad), concentrando en su marco al Palacio Nacional, construido en 1934 y en donde hoy funciona el Palacio de Justicia, y también el Edificio de la Aduana Nacional, de 1930 aproximadamente, y que por supuesto, hoy es administrado por la DIAN. Mucha historia en un par de cuadras. Definitivamente, un lugar para caminar y conocer. 


El cartel de Buenaventura. Al fondo, la inmensa Bahía. Fuente propia.


Buenaventura tiene un gran ícono que aparece en cualquier búsqueda de la ciudad en Google, se trata de su Faro, ubicado en el Malecón Bahía de la Cruz. Aquí, en este lugar, la fotografía obligada es por supuesto, con el inmenso letrero de Buenaventura a solo unos pasos. El malecón es un sitio lleno de vida, con parques y senderos, puestos de venta de artesanías y comidas, el viento y el sonido del mar constantes, y por supuesto, la inmensidad de la Bahía de Buenaventura, que se convierte en una titánica autopista de inmensos buques cargueros, que son humildemente conducidos por pequeños remolcadores que le dan la bienvenida al territorio continental colombiano. 

Inmensas embarcaciones llegan permanentemente al Puerto de Buenaventura. Fuente Propia.

Y allí, en este punto, se encuentra también el Muelle Turístico, el de pequeñas embarcaciones, y el que me permitirá conocer, por ahora, una de las hermosas playas bonaverenses.  Eso será, en el próximo artículo. Hasta entonces. 

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