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lunes, 1 de junio de 2026

Crónicas del club de la silla eterna

Puede ser que haya visto muchas películas de superhéroes, suspenso y acción, pero la siguiente imagen me remite, ineludiblemente, a la entrada de un villano y sus secuaces en escena:

La entrada de José María Bermúdez en la RAE, tomado de la página oficial. 

Sin embargo, no se trata de ningún villano —al menos, no por ahora—, sino del nuevo ocupante de la silla K en la Real Academia Española, en su ingreso a esta algo extraña organización, que a veces se parece más a los Magios de Los Simpson que a una comunidad académica propiamente dicha.

Capítulo: Homer the Great (Homero el grande en Latinoamérica). Temporada 6, episodio 12. Disney.

Bermúdez llegó en 2022 a ocupar la silla que había dejado vacante Federico Corriente Córdoba, lexicógrafo y arabista nacido en Granada, debido a la sencilla razón de su fallecimiento, en plena pandemia de la COVID-19. Resulta entonces claro que la forma más común de encontrar un “puestico” libre en la prestigiosa RAE es que quien lo ocupaba haya partido de este mundo. Así de especial es esta organización.

Desde la llegada del nuevo ocupante de la silla K, también han sido ocupadas otras: la i, en 2022; la X, la d y la q, en 2023; y la R y la A, en 2024. Al momento de publicar estas líneas, se encuentran vacantes las sillas o y L —esta última ampliamente recordada por haber sido ocupada por el gran Mario Vargas Llosa, quien, como todos sabemos, la dejó vacante al dejar de respirar—. 

Pero, para entender todo este asunto de las exclusivas butacas, debemos primero comprender cómo se organiza la benemérita Real Academia Española: 46 sillas, denominadas con letras del alfabeto, inicialmente en mayúscula y luego ampliadas a las minúsculas. Sin embargo, hay ocho que aún no tienen ocupante: las minúsculas v, w, xy (ye), y la z, y las mayúsculas Ñ, W y Y, todas ellas esperando, con paciencia académica, a su futuro ocupante.

Los académicos que llegan a ocupar estas sillas son elegidos por voto secreto por los demás miembros —muy al estilo del cónclave romano, aunque sin el característico humo blanco—, y su permanencia, como ya se mencionó, es vitalicia —por lo que el material del que están hechas estas sillas debe ser bastante duradero—.

Un viejo debate

Precisamente, reflexionando sobre esta organización, recuerdo una charla que tuve hace unos años con un colega en la Universidad de Boyacá, justamente sobre la naturaleza prescriptiva o descriptiva de la Academia.

Hace poco (enero de 2026), Arturo Pérez-Reverte, uno de los ocupantes de estas famosas sillas, criticaba cómo la Real Academia Española ha ido perdiendo su rol prescriptivo —normativo, fijador de reglas— y ha cedido terreno a la simple descripción de la lengua; es decir, que ya no “limpia, fija y da esplendor” —lema adoptado en 1715—, sino que cede ante presiones sociales, políticas, el lenguaje inclusivo, los anglicismos, entre otros fenómenos.

Esto, aunque no es un debate nuevo, ha generado un notable eco al interior de la organización, al punto de que la propia RAE ha planteado la necesidad de llevar la discusión al seno de sus plenarias. Todo esto ocurre en un año en el que se elegirá un nuevo director de la Academia. Espero que las famosas sillas sean tipo mecedora, porque, al parecer, la agenda estará bastante agitada.

Como me imaginaba que serían las sesiones en la RAE. Creada con OpenAI ChatGPT.

Seguramente, para dinosaurios conservadores y puritanos de la lengua, como yo y otros nostálgicos, no se puede ceder al “todo vale” —palabras de Pérez-Reverte—; pero tampoco se trata de desconocer que la RAE debe estar a la altura de los nuevos tiempos y no limitarse a observar, añadir y describir. Me niego, eso sí, a dejar de tildar los diacríticos, con o sin ambigüedad.

Si se impone, no funciona

La lengua es un ser extraño: evoluciona, cambia y vive a diario. Desde ese punto de vista, hablar de algo que se impone transmite un pesimismo que, probablemente, conduce al fracaso. ¿Podría ser este el caso del famoso Esperanto? Aunque, según se afirma, sobrevive, es fácil de aprender y cuenta con comunidades que lo usan —e incluso con hablantes nativos—, no llegó a ser lo que su creador pretendía: una lengua puente universal.

¿Qué ocurre entonces con los lenguajes de programación? Son sistemas creados artificialmente, en cierto modo impuestos, y restringidos a grupos específicos… —y allí comienzan a diluirse las diferencias—. Las lenguas de señas, por su parte, constituyen otro universo: evolucionan, presentan variaciones y responden a contextos propios; lo mismo ocurre con sistemas como la taquigrafía.

Al menos entre médicos y farmaceutas, parece haber un consenso en algo muy similar a la taquigrafía -si es que no lo es-. Tomado de Taquigrafía. Aprende a escribir rápido con estos símbolos


Siento que, a pesar de tener puntos de partida definidos, todos estos sistemas han sido moldeados por el paso del tiempo y por su interacción con distintos entornos culturales: las tecnologías, los préstamos lingüísticos y, por supuesto, las variaciones diastráticas, diatópicas y diafásicas de siempre.

Como suele suceder en este blog, son más las preguntas que se plantean que las que se responden. Finalmente, es a partir de la reflexión como se puede llegar a puntos de equilibrio… precisamente como el que, considero, debe lograr la RAE en su relación con el castellano vivo que un tercio del planeta usa a diario.

Un equilibrio entre el avance inevitable de la aldea global —con todo lo que implican las TIC— y el esplendor de una lengua bella y milenaria, que debería ser cuidada del constante maltrato que sociedades cada vez más descuidadas pueden ocasionarle.

¡Que la RAE los bendiga a todos!


De la Sección Beso de Lengua

viernes, 14 de octubre de 2022

Literalmente hablando

#BesoDeLengua 


Hace unos días, mientras veía la emisión de un noticiero en un canal de cobertura nacional, me encontré con el informe periodístico sobre una fundación en Medellín, que se dedica a proteger perritos de calle. Loable labor. 
Sin embargo, lo que más me llamó la atención, fue una expresión utilizada por la reportera:

(Al administrador de la fundación) Le ha tocado literalmente pararse en las pestañas para poder alimentar a todos estos animalitos.
No pude evitar imaginarme al mencionado, con sus pestañas contra el piso y sosteniendo todo el peso de su cuerpo en esos minúsculos cabellos que crecen en el borde del párpado, porque finalmente, eso es que lo que significa la expresión "literal" -del uso del adverbio "literalmente", hablaremos en un rato-. 

Recurro entonces a la definición que la RAE tiene del adjetivo literal:

adjetivo
  1. 1.
    [significado] Que es el primero que tienen las palabras.
    "toda disposición testamentaria deberá entenderse en el sentido literal de sus palabras"
  2. 2.
    Que respeta exactamente las palabras del modelo o la fuente original.
    "transcripción literal"

Es, entonces, el primer significado que tienen las palabras. Y de hecho, su etimología nos lleva al latín, papá de tantas lenguas romances, y que nos presenta la palabra "litteralis", que se refiere a la letra y no a lo literario -Que es otra confusión común-. 

Básicamente, estamos hablando de estar apegado a la letra, a lo que está escrito o dicho, sin otros significados ni interpretaciones. 

Por lo tanto, tener guayabo es poseer un árbol de la guayaba (literal), y no tener resaca (que ya sería su significado figurado). 


En este punto, no puedo dejar de recordar a mi mejor amiga en la universidad, cuando otra amiga le dijo que estaba "literalmente mamada"; trató de contener la risa mientras le soltaba un incomprendido: Uuuuy!

Al parecer, su significado ha mutado a un adverbio de modo, tal como "extremadamente" o "exageradamente".

Y en ese sentido, además de la común confusión en lo literal y lo figurado, hay una confusión extra entre el adjetivo y el adverbio: literal y literalmente, siendo que este último, siempre va a modificar a un verbo, un adjetivo u otro adverbio, por lo que lo correcto sería: "literalmente hablando..."

Es todo lo que tenía que decir al respecto, literalmente (?). 







domingo, 11 de julio de 2021

¿Por qué debemos valorar un "buenos días"?

Beso de Lengua

Contrario a lo que puede sugerir el título del presente escrito, éste no trata de mensajes de autoayuda o de coaching de desempeño, es simplemente una pequeña ilustración sobre uno los elementos lingüísticos que tiene nuestro idioma español, y que lo enriquecen permanentemente, estamos hablando del "plural expresivo". 


Básicamente, se trata de una figura muy especial y muy propia de la lengua de Cervantes, en la que se suele utilizar una expresión en plural para enfatizar su intensidad, y no necesariamente, su cantidad -que es la función principal del plural en todas las lenguas-. 

De esta forma, cuando se dice: Buenos días, no es que se esté hablando de varios días, sino, por supuesto, del único día en el que estamos saludando, pero lo hacemos como los hispanoparlantes nos gusta hacerlo: con efusividad e intensidad.

Casos hay muchos: vacaciones, saludos, felicitaciones, condolencias... etc... 

Así que, no te dejes llevar por los extranjerismos (ya que en otros idiomas generalmente se usa el singular: good morning, bon jour, etc) y cuando saludes, hazlo con el plural expresivo. 

¡Muchos éxitos!



sábado, 14 de diciembre de 2019

Constructivismo: ¿epistemología más que educación?



De acuerdo con Delval (2001), el constructivismo se ha convertido en una moda que llega a ser justificada por la gran mayoría de las instituciones educativas, pero que muy pocas llegan a entender en realidad. A partir de un detallado análisis, Delval presenta al constructivismo como una corriente epistemológica y no como una metodología pedagógica, lo que presenta grandes diferencias.

La imagen corresponde al constructivismo ruso, un movimiento especialmente dedicado al arte y a la arquitectura.
Tomada de: https://www.disup.com/clasicos-el-constructivismo-ruso/

En este sentido, es Piaget (1979), quien se define como preocupado por el origen del conocimiento: “el problema del conocimiento y de su origen, cómo conocemos y cómo pasamos de estados de conocimiento de menor validez a estados de conocimiento de mayor validez.” (Capítulo 5: El enfoque constructivista de Piaget)

Esta misma postura es apoyada por Barreto y otros (2006), al afirmar que el constructivismo es un conjunto de posturas de tipo epistemológico, y que como teoría educativa, puede llegar a ser verdaderamente polémico.

Así mismo, es válido entrar a discutir sobre la verdadera forma en como se construye (o adquiere) el conocimiento, ya que en este ámbito, bien podemos encontrar al conductismo, aparentemente enfrentado a los principios del constructivismo. De acuerdo con Delval (2001), el conductismo podría explicar la forma en la que se adquieren algunos hábitos (especialmente operativos), pero no podría explicar cómo funciona el cerebro de acuerdo a las edades, a la abstracción, etc, lo que sí podría tomarse como un modelo pedagógico. 

Aspectos ampliamente discutidos en las aulas de formación de docentes, y que siguen dando de qué hablar. 

 Referencias
Barreto, y otros. (2006) Límites del constructivismo pedagógico. En la revista: Educador y Educadores, No. 1 Vol. 9. Universidad de La Sabana.a
Delval, Juan, Hoy todos son constructivistas. Educere [en linea] 2001, 5 (octubre-diciembre) : [Fecha de consulta: 5 de abril de 2019] Disponible en: ISSN 1316-4910
Piaget (1979) Capítulo 5: El enfoque constructivista de Piaget- (No más datos disponibles)

jueves, 21 de noviembre de 2019

Fortalezas y limitaciones de "La Escuela Nueva"


La primera gran fortaleza de la Escuela Nueva es definitivamente la posibilidad de hacerse real en los diferentes contextos sociales del país. Es decir, llevar a cabo una verdadera relación de la educación con los medios y necesidades de los estudiantes.

Otro de los pilares de la Escuela Nueva es el aprendizaje basado en la experiencia, con lo que los estudiantes ven su desarrollo a través de la práctica, del contacto y no necesariamente de teorías o conceptos memorizados.

Esto da un nuevo aire a la tradicional concepción de transmisión de conocimientos, y llevar a la educación a un practicismo y realidad que puede palparse en las habilidades y competencias que los estudiantes puedan desarrollar. Así mismo, es inevitable pensar en una constante relación con otros ámbitos de la vida y la sociedad, como la democracia, la especialización del trabajo, la economía, etc.

Para la presente intervención, me parece importante tomar los principios de Filho (1964, citado en Narvaez, 2006) en cuanto que la Escuela Nueva respeta la personalidad y libertad del estudiante, comprende la importancia funcional de la educación individual y social, así como del aprendizaje simbólico en situaciones de vida social y reconoce las diferencias de cada individuo respecto a su entorno.

Dentro de estos principios, es muy importante resaltar el enfoque que hacia la libertad se toma en la Escuela Nueva, y en particular, desde métodos como el Montessori. Es, precisamente en la libertad, en donde se busca una verdadera diferencia entre la educación tradicional, que solamente adapta al estudiante, y la escuela nueva, que busca su expansión en términos de desarrollo personal, social y profesional.

Dentro de las posibles falencias se puede encontrar que los espacios físicos y la capacitación del cuerpo docente en algunas regiones rurales, puede no ser la adecuada y puede no permitir el correcto desarrollo de esta forma de enseñanza.

¿Qué puede pasar en Colombia?

Aunque el artículo que se presenta es de ya hace unos años, la realidad del país dista poco de lo aquí presentado. Uno de los puntos que cabe la pena resaltar es el de la imposibilidad de contar con todos los espacios físicos, bien dotados y en buenas condiciones, para que la Escuela Nueva pueda ser una realidad, sin embargo, es evidente que estas escuelas presentan mejores condiciones generales que las escuelas tradicionales.
Así mismo, dado que la Escuela Nueva reconoce las necesidades de las comunidades, especialmente campesinas y rurales, que deben parar sus estudios en tiempos de siembra o cosecha, es válido traer a colación el índice de población rural en Colombia:
“Sin embargo, Colombia sigue siendo un país muy rural. Más del 30% de su población reside lejos de las grandes ciudades, en el campo, y es dependiente en su mayoría de economías relacionadas con el sector primario. Los municipios rurales, además, ocupan la vasta mayoría de la superficie del país.” (Tomado del Blog: Magnet. Recuperado de https://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/la-brecha-entre-la-colombia-rural-y-urbana-explicada-a-traves-de-9-graficos)

Por lo tanto, es válido afirmar que un proyecto educativo de Escuela Nueva en los ambientes rurales del país, tiene una gran importancia para el desarrollo de sectores que tradicionalmente se han visto afectados por conflictos armados y abandono estatal, a pesar de ser esenciales para el desarrollo económico de las grandes ciudades.

Referencias
Filho, L. (1964) Introducción al estudio de la Escuela Nueva. Buenos Aires: Editorial Kapelusz.
Narvaez, E. (2006) Una mirada a la Escuela Nueva. Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela.

viernes, 14 de julio de 2017

La ciudad de las mil y un columnas

¿La Ruta Mutis, la del Tabaco o la del Río Grande? Parte 2


Carretera entre San Juan De Rioseco y Ambalema,
y al fondo el Valle del Magdalena. Fuente: propia
Uno de los espectáculos más hermosos, en una tierra de espectáculos hermosos, es ver el Valle del Magdalena desde las montañas de Cundinamarca. Este inmenso y serpenteante monstruo -lo del monstruo es solamente por su tamaño- es la arteria fluvial más importante del país y mide algo más de 1500 kms, atravesando gran parte del país de sur a norte.

Aquí, en este punto, se divisa a lo lejos el departamento del Tolima y de paso, y con buena suerte, los picos nevados más allá. 

El Río grande de la Magdalena, ha sido, desde siempre, un referente cultural, histórico y turístico del país. Y allí, junto a sus orillas se enfrentan dos poblaciones: Beltrán, en Cundinamarca, y Ambalema, en Tolima. Por supuesto que Beltrán se ha quedado rezagada en aspectos comerciales, turísticos y económicos, pero vale la pena hacer una pequeña visita, al menos para llegar a Ambalema de la mejor forma posible, atravesando el Magdalena en ferry: Puedes pasar tu carro o tu moto, no hay lío.  
Vista del río Magdalena en Ambalema, Tolima. Fuente: propia

Llegar a Ambalema es encontrar un hermoso pueblo, con historia y arquitectura que te devuelven en el tiempo. No por nada es llamada: la ciudad de las mil y un columnas:

Calle de Ambalema, Tolima. Fuente: Propia

Este pueblo fue muy importante en su momento, por su producción de tabaco y por haber sido esencial en el desarrollo de la Expedición botánica que duró 30 años desde 1793, y fue dirigida por José Celestino Mutis: básicamente, un gran inventario de flora y fauna en la Nueva Granada (lo que hoy es Colombia). Es un ambiente cargado de historia, arquitectura del siglo XIX y anteriores, un clima bastante cálido y una proyección fuerte hacia el turismo. Este es un destino increíblemente interesante para visitar en el centro del país.  

Después de una estadía en Ambalema, recorrer sus calles, el malecón sobre el río Magdalena, las casas históricas como la Casa Inglesa y la Estación del tren, comer un delicioso espécimen que haya vivido en las aguas del río, podremos continuar nuestro recorrido. 

Ahora todo cambia. Se avecinan los recuerdos de la tragedia más grande. En este recorrido, ahora nos recibe la desaparecida Armero. 

jueves, 5 de enero de 2017

Aura o las violetas

Parece ser uno de los temas que más rápidamente se convierten en populares. Bien por el gusto de los lectores, bien por la gracia y magnitud con que es escrito. Se trata de las tradicionales historias de amor que por diversas razones, se vuelven inmortales debido a su imposibilidad. Tal vez, el primer ejemplo que se nos viene a la cabeza es la magistral obra de Shakespeare, Romeo y Julieta.




En algunos casos, estos amores no solo son una historia típica de romance dificultoso sino también comparten un sino trágico: terminan en muerte. -Por eso se me hace extraño cuándo tantos adolescentes publican en redes sociales que quieren amor a lo Romeo y Julieta... o las letras de las canciones del otro Romeo (Santos)... ¿Será que no conocen que se trata de un amor trágico, nunca consumado, corto y que termina con los pies por delante?-. Divago de nuevo.   

¿Cuál es entonces el motivo de escribir este artículo sobre tan trillado tema? Solo uno: leí Aura o las violetas, de José María de la Concepción Apolinar Vargas Vila Bonilla más conocido como José María Vargas Vila, y llegué a estas reflexiones.

Antes de seguir, es importante resaltar que el relato de 1887, es una obra magistral de la literatura colombiana, exquisita al ser leída y repensada. ¿Qué tiene de especial? En mi opinión, es un relato fresco de unas formas poéticas dignas de ser admiradas y extrañadas en nuestros tiempos. Ejemplo de esto es que mientras avanzaba en la lectura, iba tomando lista de frases notorias y poéticas, que se presentaban cada tanto. 
"Yo no he podido dudar nunca de la existencia de Dios, porque he visto sus reflejos en los ojos de mi madre. He tenido que forjarme la ilusión de un cielo, porque lo necesito para ella."
Aura o las violetas. José María Vargas Vila

Como dato que vale la pena agregar, Aura o las violetas se convirtió, en 1922, en la primera de la fila en la interminable discusión entre si es mejor el libro o la película: Aura o las violetas dio inicio al cine colombiano (en el momento en se escribe el presente artículo, se exhibe en cartelera El Paseo 4, así que mire usted, amable lector, a dónde hemos llegado).   


Vale la pena, entonces entregarse a los clásicos, a los autores de los que alguna vez hablamos en la clase de literatura del colegio, y descubrir, a través de sus letras inmortales, por qué se hicieron parte obligada de los currículos de la lengua castellana. Seguramente reconoceremos en Vargas Vila al autor más poético de Colombia.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Cuando un final es más que un final

O el síndrome del vacío existencial al terminar de leer un libro.

¿Has tenido esa sensación de "malparidez" y desubicación al terminar de leer un libro y quedar como suspendido unos minutos u horas, en un limbo de tu vida que no pareciera tener futuro? La pregunta es larga, pero el sentimiento es muy conocido por cualquiera que, sin ser necesariamente un lector empedernido, disfruta de la lectura y devora unos buenos libros al año.


A propósito de este sentimiento, quiero recordar una frase que he escuchado muchas veces pero que no podría identificar un origen o autor claro:  
Después de leer un libro, uno no vuelve a ser el mismo.
 Y es que es muy cierto, el impacto que puede tener un libro sobre una persona, sobre su vida, pensamiento y particularmente, sentimientos. Esto aplica no solamente a los textos narrativos, sino también, y aunque parezca raro, a textos académicos, científicos, etc. Lo importante es cómo sea digerido por el lector. 

A propósito de este sentimiento, quiero añadir uno nuevo que podría ser llamado: El escalofrío de la última línea. ¿A qué se refiere o en que difiere del anterior? Simplemente en que el vacío existencial depende del libro completo, mientras que el escalofrío nace de un pico emotivo (giro dramático, dirían los expertos) en el final del libro (últimas líneas o último párrafo), que al ser totalmente inesperado, te crean una sensación de adrenalina que sientes la necesidad de compartir inmediatamente con alguien.


En esta misma línea, traigo el recuerdo de dos libros que me produjeron ese escalofrío: La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne,y más recientemente, La máquina del tiempo. de HG Wells. 

Por supuesto, solo se trata de una pequeñísima muestra de un universo gigantesco de vacíos existenciales y escalofríos de última línea. Y obviamente, no daré ningún "spoiler" sobre estas dos tramas. Pero recomiendo mucho, a quien no las haya leído, que las disfrute... y a quien conozca más vacíos y escalofríos, a compartir su experiencia conmigo y con los lectores. 

Trató de tener los ojos abiertos, pero lo quebrantó el sueño. Cayó hasta el fondo de una substancia sin tiempo y sin espacio, donde las palabras de su mujer tenían un significado diferente. Pero un instante después se sintió sacudido por el hombro.

-Contéstame.
El coronel no supo si había oído esa palabra antes o después del sueño. Estaba amaneciendo. La ventana se recortaba en la claridad verde del domingo. Pensó que tenía fiebre. Le ardían los ojos y tuvo que hacer un gran esfuerzo para recobrar la lucidez.
-Qué se puede hacer si no se puede vender nada -repitió la mujer.
-Entonces ya será veinte de enero -dijo el coronel, perfectamente consciente-. El veinte por ciento lo pagan esa misma tarde.
-Si el gallo gana -dijo la mujer-. Pero si pierde. No se te ha ocurrido que el gallo pueda perder.
-Es un gallo que no puede perder.
-Pero suponte que pierda.
-Todavía faltan cuarenta y cinco días para empezar a pensar en eso -dijo el coronel.
La mujer se desesperó.
«Y mientras tanto qué comemos», preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía.
-Dime, qué comemos.
El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:
-Mierda.
 El Coronel no tiene quien le escriba (Gabriel García Márquez)

Un abrazo lector. 



lunes, 25 de octubre de 2010

¿Sensible? Pero ni los dientes.

Se trata de uno de esos adjetivos que se popularizan entre adolescentes y que tratan de enmascarar esa cierta tendencia a llorar de forma casi inmediata frente a cualquier contrariedad.
Pero la pregunta es...¿Es justo llamar a una persona "sensible" cuando lo que parece en realidad es ser simplemente "llorona"?
Por supuesto, el primer paso al momento de escribir este artículo fue el de revisar el omnisapiente Diccionario de la Real Academia Española -No nos dejemos llevar por el nombre, ¡La RAE no queda en España como tal!- y en el quinto significado de este tiernísimo adjetivo me topé con:
5. adj. Dicho de una persona: Que se deja llevar fácilmente del sentimiento.
Lo que a forma de ver de muchos, justificaría el uso de esta palabra en los términos antes mencionados. Sin embargo, los sentimientos no son solamente aquellos que hacen lagrimear las mucosas y deprimir las venas de los antebrazos de los adolescentes. Es decir, una persona sensible, debe tener la misma tendencia a ser increíblemente feliz -o sonriente o alguna otra forma de mostrarlo físicamente- cuando algo, medianamente bueno, o "feliz", le sucede. Esto sería dejarse llevar fácilmente del sentimiento.
Así mismo, podemos entrar a discutir qué cosa es Dejarse llevar, porque simplemente llorar o reír a carcajadas puede no ser suficiente como para decir que alguien se dejó llevar por los sentimientos. De pronto, cometer actos suicidas, viajes extremadamente largos, perdonar infidelidades, aguantar interminables horas de vitrina en centro comercial o cargar los paquetes que tu pareja ha comprado, pueden ser muestras de una persona muy sensible -en otras palabras, está llevado del... sentimiento-.
Por otro lado, la persona sensible, según el DRAE, tiene que estar 100% conectado con los sentimientos y no solo los propios. Es decir que un(a) sensible, debe pasar horas enteras mirando y viendo obras de arte como la pintura, la escultura, el teatro, etc... que son todas, expresiones artísticas y por lo tanto, expresiones del sentimiento humano. Vaya uno a ver.
Y para cerrar... ¿Conocen ustedes el mito latinoamericano de La Llorona? ¿Podemos decir entonces, que este macabro ser que mató a sus hijos y sufre indecibles maldiciones eternas, es un ser muy sensible?
Mejor, nos quedamos con la duda.
Aclaración final: El término "sensible" en inglés, no corresponde a las voz española "Sensible" sino a "Sensato, prudente o razonable".

viernes, 30 de julio de 2010

De que hubieron, hubieron

Beso de lengua




Suena y resuena, lo dicen los chicos y lo repiten los grandes -aunque en menor medida-, es talvez, el gazapo más famoso de la historia y uno de los que mejor hace sentir a la gente cuando lo corrige a los demás. Es el siempre recordado, a veces traidor y nunca bien ponderado: Hubieron.

Y es que a quién no se le salió alguna vez este bizarro plural de un verbo que en su pasado no lo admite? Vamos, reconózcalo. Si no, Cómo carajos se enteró de que no se decía así?
Es absolutamente normal que el cerebro reconozca la regla de estas pluralizaciones y las aplique a todo lo que conozca. Son los casos de: Yo volo o Yo andé.

Lo que muchos olvidamos frecuentemente, es que así como el haber (existencia de algo) no admite plural en el pasado simple (pretérito perfecto simple según la RAE), tampoco lo admite en el imperfecto (Copretérito según Andrés Bello), es decir... ni se dice "Hubieron" ni se dice "Habían".

Pero recordemos, esto solo sucede cuando hablamos del verbo haber como existencia de algo, no como auxiliar de verbo en participio pasado: (pretérito perfecto compuesto o pretérito pluscuamperfecto). Y ya que esto es castizo español, vamos a referirlo en palabras menos técnicas:

  • Participio de un verbo:

Mordido
  • Auxiliar de participio

Haber mordido

  • Pretérito perfecto compuesto

Han mordido

  • Pretérito pluscuamperfecto

Habían mordido -Correcto, aquí sí sirve-

  • Pretérito anterior

Hubieron mordido -muchísimo menos común, pero también correcto-

Si con lo anterior lo que hice fue hacer más confuso el asunto, recomiendo recordar solo una regla:

Si se habla de haber antes de algo que termine en ido, ado, (participios de verbos) o to, cho, so (participios irregulares: roto, escrito, impreso) SI puede ir en plural (hubieron y habían) pero si se habla de algo que hubo y ya no hay, será en singular (Hubo y había).

Estoy seguro de que durante la lectura de este artículo no hubo (o hubieron?) dudas. O sí?

Imagen tomada del blog del Dr. Fuenmayor - www.mervyster.blogspot.com

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