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jueves, 19 de junio de 2025

Turismo con filtro: entre la historia y el decorado

Un viaje entre lo auténtico y lo escenográfico, donde las fotos perfectas a veces esconden relatos imperfectos.

Hace unos años, conversando con algunos conocidos sobre Reto Colombia, me preguntaban:

—¿Por qué no te tomas las fotos con los avisos de letras gigantes en lugar de la iglesia?

La verdad es que, cuando empecé el reto, la mayoría de los municipios no contaban con un aviso de letras llamativas en la plaza, hecho de concreto, piedra o metal. De hecho, incluso hoy en día no existe una uniformidad en este sentido, y muchas poblaciones todavía no disponen de ese punto “fotografiable”.

Avisos como el de Mesetas, Meta, en enero de 2025. Fuente propia.

Pero en realidad, la respuesta que siempre doy es que no hay un lugar tan auténtico y único como la iglesia central de cada municipio. Un poco de historia, algo de arquitectura, fe —por supuesto—, pero, sobre todo, autenticidad. 

Parroquia de la Inmaculada Concepción, en Cepitá, Santander. Fuente propia.


¿De qué hablamos cuando hablamos de turismo?

Siento, precisamente, que es la autenticidad lo que convierte a un sitio turístico en algo valioso y patrimonial.

Seguramente hemos escuchado sobre los distintos tipos de atractivos turísticos, y podríamos fácilmente aventurarnos a crear una lista de ejemplos, basada en nuestras propias experiencias: podemos pensar en el turismo de aventura, con lugares como el Cañón del río Güejar, tan de moda ahora, o el Cañón del Chicamocha, tan de moda siempre; el turismo religioso, con destinos como el Santuario de Las Lajas o la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá; y el turismo cultural e histórico, como La Candelaria en Bogotá o San Francisco, en Mompox. Cada uno de estos destinos evoca actividades, comidas, vestimentas y una disposición distintas por parte del viajero. Y de eso, precisamente, se trata la autenticidad.

Por otro lado, el turismo —como bien sabemos— es una industria que mueve enormes cantidades de dinero y que, en un mundo ideal, debería traer progreso y bienestar a las comunidades locales. Hablamos de los famosos empleos directos e indirectos: alojamiento, restaurantes, transporte, artesanías, entre otros. Por eso, resulta comprensible que las comunidades busquen posicionar y popularizar sus destinos turísticos, con la esperanza de garantizar un flujo constante de visitantes e ingresos.

En este maravilloso contexto, llegaron las redes sociales.

Y, por supuesto, trajeron consigo un gran impulso publicitario para muchos sitios turísticos que antes permanecían en el anonimato, restringidos por el desconocimiento popular. Algo similar ocurrió con la apertura de zonas del país que, durante años, fueron consideradas zonas rojas por el conflicto armado. Aunque dicho conflicto no ha cesado del todo, al menos permitió imaginar una diversificación económica para muchos colombianos que habitan esos territorios.

Ahora bien, con la aparición de nuevos y exóticos destinos, surgió también la necesidad de "repotenciar" los ya existentes. Una verdadera marejada de alas de mariposa, alas de ángel, arcos en forma de corazón, letreros gigantes, miradores con forma de mano, casas al revés —cuento al menos tres en diferentes departamentos al momento de escribir este texto—, rodaderos o toboganes pintados con los colores del arcoíris… todo esto comenzó a aparecer en medio de verdes parajes.

Y como consecuencia, otra marejada inundó las redes sociales: miles de fotos iguales, donde solo cambia el viajero. De hecho, hay un spot turístico en el desierto de la Tatacoa que, literalmente, se llama Tatacoa Selfies.

Tomado de Caracol Radio Armenia, publicación en Instagram.


Excelente por el turismo, por la visibilidad de nuevos espacios, por los ingresos (nuevamente: ojalá para las comunidades locales). Pero no estoy tan seguro de que sea igual de excelente para la autenticidad de la experiencia del viajero.

¿Es importante lo auténtico entonces?

En foros de viajeros, existe una vieja discusión entre el supuesto turista y el verdadero viajero, con una lista de ítems que, a mi parecer, carecen de verdadera importancia: que si la selfie, que si hostal, hotel o Airbnb, que si piscina o charco natural, que si Uber o transporte público.

Tomado de Holidify.com

Por ejemplo —como plantea un artículo de Holidify.com—, hay quienes defienden que hospedarse en un hotel ofrece una experiencia más auténtica y cultural que hacerlo en un Airbnb, donde terminas trasladando tu rutina doméstica a otro espacio: cocinar, limpiar y organizar, pero en un lugar diferente a tu residencia habitual. Sin embargo, si ese mismo análisis se aplica a un hospedaje tipo hostal, con familia anfitriona incluida, entonces el hotel sería el que pierde puntos en términos de autenticidad.

Lo mismo ocurre con el clásico ejemplo de quien, al viajar, busca el McDonald’s o el Starbucks local. En últimas, termina comiendo exactamente lo mismo que en su ciudad de origen.

Entonces, ¿no sucede lo mismo con lo que he llamado “spots de turismo forzado”? Básicamente, esos sitios que han sido artificialmente creados para ser instagrameables, pero que no lo son de forma natural.

Claro, al final la experiencia debe ser disfrutada por quien viaja, así que las condiciones dependen de los gustos de cada persona. —Por supuesto, esto no aplica para el mal llamado “turismo sexual”: no, mil veces no—.

Y en cuanto a esta idea de autenticidad, surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto los atractivos naturales o históricos deben “modernizarse” para seguir siendo competitivos en la industria turística?

Recientemente tuve la fortuna de visitar el departamento de Norte de Santander. En Villa del Rosario, uno de mis sueños era conocer la casa natal del general Francisco de Paula Santander —cuyo nombre, por cierto, fue el emblema de este humilde blog durante más de 15 años—.

Allí, en el marco del llamado Parque Grancolombiano, se encuentra también el Templo Histórico del Congreso, aquel que fue escenario de una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia: la creación de la Gran Colombia, como unión de Venezuela, la Nueva Granada, Ecuador y Panamá.




Este es un buen ejemplo de lo mencionado anteriormente. Aunque la Casa Natal está allí, cualquier curioso sabrá que sus paredes no son, en realidad, las mismas que vieron crecer al joven Francisco de Paula. Tanto el templo como la casa fueron completamente destruidos por el terremoto de Cúcuta en 1875. La diferencia es que el templo no fue reconstruido —salvo su cúpula, con fines meramente simbólicos—.

Son, pero no son.

Ruinas del Templo del Congreso. Villa del Rosario, Norte de Santander. Enero de 2025. Fuente propia.

Esa tensión entre lo simbólico y lo auténtico no es exclusiva del norte del país; también puede verse en destinos icónicos del altiplano cundiboyacense.

Uno de los destinos más visitados en Boyacá es la noble Villa de Leyva, con su imponente Plaza Mayor, considerada una de las más grandes de América. Sin embargo, uno de los mayores engaños al respecto es su histriónico —aunque inconfundible— empedrado. Aunque la arquitectura de esta población es claramente colonial, con edificaciones de entre 200 y 400 años en pie, su característico y antivehicular empedrado no tiene ni siquiera un siglo de antigüedad: fue instalado a mediados del siglo XX, en un claro ejemplo de paisajismo deliberado, pero no de historia auténtica. 

No niego, por supuesto, que visitar Villa de Leyva sea siempre una experiencia increíble. 


Estas dos imágenes son de los años 60, se evidencia que la Plaza Mayor de Villa de Leyva, no tenía empedrado aún. Tomadas de Huellas de Territorio @historiatundama en X 

Para cerrar, reitero que viajar es un placer que siempre debe depender de quien lo vive: de sus gustos en hospedaje, comidas, actividades y, por supuesto, fotografías. No hay nada más valioso que una linda imagen, un bello recuerdo de ese lugar que alguna vez soñamos conocer y que, con fortuna, logramos visitar.

Al final —como en el Carnaval de Barranquilla—, quien lo vive es quien lo goza.

Abrazo viajero.

miércoles, 6 de julio de 2022

Villeta: capital panelera de Colombia

Municipio: #Villeta 

Departamento: #Cundinamarca 

Fecha: Septiembre de 2010 

Visita 044/1140 



La Capital Panelera de #Colombia está ubicada en la provincia de #Gualivá, muy cerca a #Bogotá y con una inmensa vocación turística, derivada también de su estupendo clima cálido. Su ubicación actual se debe a que, en este punto, el camino real que conducía a Santa Fe, se distanciaba del margen del Río Negro y buscaba el altiplano capitalino.  


Hoy, Villeta cuenta con numerosos sitios turísticos, no solamente balnearios, sino también de renombre histórico, tal como la casa donde murió el presidente Miguel Sanclemente, quien gobernó desde esta población ya que por su avanzada edad, el frío de Bogotá no le hacía bien. Por otro lado, hay también numerosos atractivos naturales, como los Saltos de los Micos, El Salto Caiquero, y varios senderos y miradores debido a su particular relieve.  


Es muy sencillo llegar a Villeta ya que se consigue suficiente transporte público, no solamente directo, sino en rutas que van hacia el Tolima y hacia las ciudades de Medellín y Manizales, principalmente.

martes, 1 de junio de 2021

Bello puerto de mar, mi Buenaventura

Municipio: #Buenaventura
Departamento: #ValleDelCauca
Fecha: Diciembre de 2019
Visita: 199/1140

En el Bulevar del Centro, un ancla y de fondo, el Palacio Nacional. Fuente propia.



Así como con la mayoría de poblaciones del pacífico colombiano, Buenaventura es fácilmente reconocible por sus muchas características, tanto buenas como no tan buenas. 

Catedral de San Buenaventura. Fuente propia. 

Uno de los deseos que me había acompañado por muchos años, era el de poder conocer el océano Pacífico desde mi país natal, Colombia -irónicamente, había visitado por primera vez playas sobre este océano, en otros países suramericanos, pero nunca desde mi patria. Así que la posibilidad se dio, cuando después de muchos años, tuve la oportunidad de acompañar nuevamente en la cancha del Pascual Guerrero, al América de Cali, el equipo de fútbol que he seguido toda la vida. Por esta razón, y aprovechando la cercanía del puerto con la capital valluna, y por supuesto, habiendo comprado el vuelo de regreso a Bogotá para un día después, decidí que invertiría esta jornada posterior al partido, en conocer el mayor puerto marítimo del país, el Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico de Buenaventura, en el Valle del Cauca. 

Antesala de la Catedral de San Buenaventura. Fuente Propia.

Sabiendo que se trataba de un recorrido de unas dos horas por carretera, podría conocer algo de la ciudad y seguramente, alguna de sus muchas playas paradisiacas, que sin embargo, al parecer no son tan conocidas para muchos colombianos, por lo que, por supuesto, aquí va la invitación para que las visiten y conozcan.

Ya en el bus intermunicipal, me encontré con la cara bella de Colombia, su gente. Gente que iba de Cali a Buenaventura por diversas razones, pero al parecer, solo yo lo hacía por turismo. Su gente "de alegría siempre en el rostro", me llevó a la siguiente gran alegría del viaje, 2 horas, completicas, escuchando salsa. Lo disfruté enormemente. 

Había escuchado historias sobre Buenaventura, su inseguridad, su calor, su humedad, su gente... y debo decir, que después de este cortísimo viaje, quedé ampliamente enamorado de este puerto, a pesar de las evidentes dificultades sociales que se presentan. 

Uno de los íconos de la ciudad es el Faro, ubicado en el Malecón de la Bahía. Fuente propia. 
Me dirigí inmediatamente al centro de la ciudad, tuve la oportunidad de encontrar la Catedral, que no podía tener una advocación diferente que a San Buenaventura. Allí, encontré a un grupo de adolescentes afro acompañadas de una religiosa italiana, que vendían unas artesanías; me contaron sobre su fundación, sobre el trabajo artístico y artesanal que realizan, y como todo lo que recaudan, paga sus estudios de educación superior. Hoy, dos pequeños lienzos adornan la sala de mi casa: no podía irme ese día, sin llevarme algo de esa belleza para mí. 
Los lienzos comprados en la Catedral de San Buenaventura. Fuente propia.


Esta catedral se ubica justo en el Bulevar del Centro, una alameda que adorna este sector de la ciudad, dándole un aire de tranquilidad paisajística que, considero yo, está algo menospreciada por el turismo. Comienza, precisamente en el templo, y termina en el parque José Prudencio Padilla, junto al Hotel Estación (uno de los más icónicos de la ciudad), concentrando en su marco al Palacio Nacional, construido en 1934 y en donde hoy funciona el Palacio de Justicia, y también el Edificio de la Aduana Nacional, de 1930 aproximadamente, y que por supuesto, hoy es administrado por la DIAN. Mucha historia en un par de cuadras. Definitivamente, un lugar para caminar y conocer. 


El cartel de Buenaventura. Al fondo, la inmensa Bahía. Fuente propia.


Buenaventura tiene un gran ícono que aparece en cualquier búsqueda de la ciudad en Google, se trata de su Faro, ubicado en el Malecón Bahía de la Cruz. Aquí, en este lugar, la fotografía obligada es por supuesto, con el inmenso letrero de Buenaventura a solo unos pasos. El malecón es un sitio lleno de vida, con parques y senderos, puestos de venta de artesanías y comidas, el viento y el sonido del mar constantes, y por supuesto, la inmensidad de la Bahía de Buenaventura, que se convierte en una titánica autopista de inmensos buques cargueros, que son humildemente conducidos por pequeños remolcadores que le dan la bienvenida al territorio continental colombiano. 

Inmensas embarcaciones llegan permanentemente al Puerto de Buenaventura. Fuente Propia.

Y allí, en este punto, se encuentra también el Muelle Turístico, el de pequeñas embarcaciones, y el que me permitirá conocer, por ahora, una de las hermosas playas bonaverenses.  Eso será, en el próximo artículo. Hasta entonces. 

#RetoColombia: en El Repitente
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martes, 18 de mayo de 2021

Villavieja, Huila: Fósiles, Astros y Aventura

Municipio: Villavieja

Departamento: Huila

Fecha: Julio de 2010

Visita: 24/1140


Parroquia Nuestra Señora del Rosario. Fuente propia


No se puede hablar de #Villavieja, sin pensar en el #DesiertoDeLaTatacoa, y esto es porque esta población del norte del #Huila, es considerada la puerta de entrada a esta majestuosa maravilla natural. 

En el marco del Parque Principal de Villavieja, Huila. Fuente Propia.

Aunque es muy cerca a la capital, #Neiva, en un recorrido de unos 40 minutos, se observa un cambio en el paisaje, para adentrarse al bosque seco tropical -ya que realmente no es un desierto, en términos geológicos-. 

Villavieja goza de estar junto, no solamente al hermoso desierto, sino también al gigante conocido como #RíoMagdalena, siendo el paso por este río, en planchón desde el municipio de #Aipe, otro de sus muchos atractivos turísticos. 


Gran cantidad de fósiles del Mioceno, se han encontrado en Villavieja. Fuente propia. 

Debido a la composición del Desierto de la Tatacoa y de su ubicación geográfica, hay dos grandes actividades que se desarrollan allí, además del notorio y fuerte turismo, se trata de la astronomía -Con al menos dos grandes observatorios y varias actividades frecuentes- y de la paleontología, ya que se han encontrado fósiles del Mioceno, entre los que figuran tortugas, mamíferos y hasta peces. Por esta razón, Villavieja es considerada la Capital paleontológica y astronómica de Colombia.  

Desierto de la Tatacoa. Fuente propia

Además del Desierto, se recomienda visitar el Museo Paleontológico, que recoge una amplia muestra de los fósiles mencionados; La casa del Totumo, que básicamente es un centro artesanal de exhibición y venta de objetos relacionados con la cultura del norte del Huila, y por supuesto, la visita a la Capilla de Santa Bárbara, de la época colonial en la que la Villavieja fue fundada como la capital de la región, antes de ser arrasada por los aborígenes (lo que a la larga forzó el traslado a donde hoy es Neiva, y le dio su nombre a esta población), y finalmente, la parroquia de Nuestra Señora del Socorro, que es hoy, el tempo principal de la población. 
 
Capilla de Santa Bárbara. Fuente propia

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martes, 4 de mayo de 2021

Lo que hizo el Puente Navarro - Segunda parte





¿La Ruta Mutis, del Río Grande o del Tabaco? VI 

Una vez que hemos vuelto a Cundinamarca, nos acercamos, entre montañas de caminos reales, a la población de Guaduas. 

Si hay un municipio que tenga un aporte especial y definitivo a la historia del país, seguramente será la Villa de Guaduas, y es que precisamente, el municipio en conjunto, fue declarado Monumento Nacional en 1959, en una época en la que la consciencia histórica era apenas incipiente. Por supuesto, muchos años después, Guaduas haría parte fundamental de la Red de Pueblos Patrimonio. 


Catedral de San Miguel Arcángel. Fuente propia. 


Hay tantas cosas que se pueden mencionar de esta bellísima población, que temo quedarme corto en este artículo, sin embargo, la idea principal de todo esto, es invitar al lector a que visite Guaduas, y no de pasada como suele suceder, cuando se va a Honda o más allá, Medellín u otros destinos turísticos.

Es importante que iniciemos mencionando que su nombre completo es Villa de San Miguel de Guaduas, por supuesto, bajo la tradición católica traída por los colonizadores mezclada con las características de la zona, en este caso, la presencia masiva de la guadua, una planta muy común en este tipo de regiones con este tipo de clima. 

La primera fundación de la población fue en 1572 a manos de Andrés Venero de Leyva, el mismo que más tarde fundara una población en Boyacá, que aún hoy lleva su apellido. Sin embargo, la población no tuvo mucho auge y fue abandonada. Más tarde, en 1610, un fraile franciscano de nombre Tomás de Morales, al fundar el Convento de la Soledad -Que aún hoy se mantiene- refundó la población. Aún así, no fue sino hasta 1644, es decir, 34 años después, que la población recibiera el nombre de Villa, lo que en la época de la colonia, la acreditaba como una ciudad, esto fue con la refundación por parte de Francisco Pérez de Guzmán. - ¿A nadie se le ha ocurrido llamarla la tres veces fundada Villa de San Miguel de las Guaduas? 

Guaduas es ampliamente recordada por varios hechos históricos, entre ellos, y como parte de este recorrido por la Ruta Mutis, es importante reconocer que fue en esta población donde se desarrolló gran parte de la Expedición Botánica, llevada a cabo por Mutis y su equipo. Aquí en Guaduas, se realizaron experimentos con semillas traídas de las Antillas y que hoy se convierte en uno de los cultivos más comunes de la zona. Sin embargo, el aporte más significativo de Guaduas a la Expedición Botánica, está en el nombre de Francisco Javier Matiz, guaduero que se encargó de registrar las especies de flora a través de sus dibujos, pinturas e ilustraciones. 

Entrada del colegio Miguel Samper. Fuente propia. 


Esta expedición comenzó en 1783 y duró aproximadamente, 30 años, es decir, hasta hacia 1813, y es que durante este tiempo, tuvo lugar otro acontecimiento histórico que en su momento, fue inadvertido, pero que luego, con los años, sería tan significativo para Guaduas, como su misma fundación: en 1795 nació, aquí, en la muy noble Villa de San Miguel de las Guaduas, una heroína nacional, Policarpa Salavarrieta. 

"La Pola" es como ha sido más conocida, porque de hecho, no hay certeza de que Policarpa haya sido su nombre real, e incluso, se comenta que en Tenjo, Cundinamarca, se encuentran unos documentos manuscritos de la época que confirmarían que fue bautizada allí. Sin embargo, su residencia, la residencia de la familia Salavarrieta Ríos, se conserva aún en Guaduas, apenas a una cuadra de la Plaza de la Constitución, y hoy está convertida en un museo. 

Desde joven, Policarpa se mostró a favor de la causa patriótica, incluso al punto de participar en espionaje y hasta compra de material bélico y reclutamiento de jóvenes. Al ser descubierta, fue apresada y condenada a morir en el patíbulo, en donde apenas unos segundos antes de morir fusilada pronunció su último discurso:

"Aunque mujer y joven― me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. No olvidéis este ejemplo [...] Muero por defender los derechos de mi patria."

Aunque es mucho lo que se puede contar de La Pola, no es el motivo de este artículo, por lo tanto, solo queda invitar al lector a consultar obras como Biografía de Policarpa Salavarrieta, escrita por el mismísimo Jorge Eliecer Gaitán, o Memorias, del expresidente José Hilario lópez, o un montón de compendios bibliográficos sobre colombianos ilustres, donde el nombre de la Pola, seguramente aparecerá en letras grandes. Así mismo, hay una producción de televisión nacional que en 200 capítulos narra su vida, y aunque, por supuesto, Sergio Cabrera se da algunas licencias históricas en pro del dramatismo, es bastante acertada con los datos históricos conocidos, y por supuesto, de una gran calidad audiovisual. Por otro lado, Bavaria, creó, por allá a inicios del siglo XX, una cerveza que llamó La Pola, y que de hecho, presentaba a la imagen de la guaduera en su etiqueta. Desde entonces, el término Pola se ha normalizado para referirse a esta bebida, creo yo, sin lugar a confusiones en cualquier parte del país.  

Mencionamos la cercanía de la casa de los Salavarrieta con la Plaza de la Constitución, el sitio central que sirvió de encuentro para los fundadores y primeros pobladores, y que hoy es coronada con una estatua de la mencionada heroína. Esta plaza puede verse en el billete de 10mil pesos antiguo, en su anverso, y en su frente, la imagen de la Pola. Aunque el billete se encuentra en desuso, ya que fue reemplazado por un nueva familia de billetes, hay varias referencias en diferentes puntos turísticos de la plaza.  

Policarpa Salavarrieta, estatua en el Plaza de la Constitución. Fuente propia.

Y si hablamos de la Plaza de la Constitución, es necesario mencionar algunos aspectos que resultan por de más, interesantes. Uno de estos aspectos, es que la Catedral de San Miguel Arcángel, fue diseñada por Fray Domingo de Petrés, algo así como un rockstar en cuestión de construir catedrales, ya que dirigió la construcción de la casi nada Catedral Primada de Bogotá, la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en esta población boyacense, y por supuesto, de camino, le quedó tiempo para diseñar la Catedral Diocesana de Zipaquirá, Cundinamarca. Aunque este religioso arquitecto no diseñó solamente templos (que hay más de los aquí mencionados), sino también acueductos, puentes, e incluso, el Observatorio Astronómico Nacional, hoy en inmediaciones de la Casa de Nariño y bajo administración de la Universidad Nacional de Colombia. Este observatorio, y con este dato prometo no alejarme más del tema central de este escrito, fue una iniciativa de José Celestino Mutis, sí, el mismo de la Expedición Botánica y que le da nombre a la ya conocida Ruta que estamos recorriendo.

Todo estos recorridos, en su momento, se hacían a través de los llamados caminos reales, que eran construcciones creadas en piedra en la colonia, y su función era unir dos ciudades importantes. Como hemos visto, el Río Magdalena era el principal medio de entrada al país de todo lo llegado del exterior (tanto personas como objetos), y estos debían llegar a lomo de mula a Bogotá (o a Santafé, para ser más precisos). Esto hizo que el camino real entre Honda Y Santafé fuera el más importante en su momento, y hoy, es uno de los que se encuentran en mejor estado. Por cierto, si se encuentra en guaduas y tiene la posibilidad de recorrer el camino real, ármese de protector solar y lleve líquido, pero no se pierda esta oportunidad eco-turístico-histórica, si me es permitida la acuñación del término, de recorrerlo, y ojalá hasta un punto que es increible, hermoso e incluso, impresionante, el mirador de la Piedra Capira.  

Camino Real de Guaduas a Honda. Fuente propia. 


A este mirador se llega después de aproximadamente un par de horas de caminata en ascenso, por el camino real. Se trata de una inmensa piedra ubicada en lo alto de uno de los cerros aledaños, y que permite una imagen impactante del Valle del Magdalena, y con suerte, los nevados del Tolima, del Ruiz y Santa Isabel.  


Vista desde el Mirador Piedra Capira. Al fondo se observa la silueta del Río Magdalena.


De nuevo en el centro histórico de Guaduas, hay dos sitios muy especiales que quiero recomendar para su visita, uno de ellos es la llamada Casa del Moro o también conocido como Patio del Moro, una vivienda de mediados del siglo XVIII, que funcionó como hospedaje para caminantes hacia Santafé y que hoy es el Museo de Artes y Tradiciones, -Respecto al nombre de Moro, no hay una certeza del porqué, se cree que puede ser por su arquitectura morisca o por una raza de caballos de algún dueño en algún momento de su historia-, y de esta, hay bastante, hay historia en cada rincón y en cada objeto que guarda esta casa, incluso, dicen sus administradores, que cuentan con fantasma propio: un pobre enamorado que fue engañado por su mujer y cuya salida fue colgarse de una de las vigas que sostienen la segunda planta, hacia el patio interior. 

La otra recomendación no es histórica, para varias, sino meramente recreativa, se trata de la piscina municipal, a apenas dos cuadras de la Plaza de la Constitución. Esta no es una piscina tradicional, sino que es formada por el agua corriente del río San Francisco, lo que la convierte en un sitio diferente de descanso a escasos pasos del centro de la ciudad. Y con este río San Francisco, aguas abajo, encontraremos el Salto de Versalles, una caída de agua de unos 40 metros, que crean una piscina natural ideal para algo que debería estar en el patrimonio inmaterial colombiano, el paseo de olla. Tiene diferentes profundidades, tantos para los que no saben nadar, como para los expertos, y por supuesto, los más aventureros aprovechan las salientes de las piedras para hacer clavados. Aquí soy solo observador, no me atrevo a algo así.  

El recorrido por Guaduas termina, y con él, el recorrido por la Ruta Mutis. Pero por supuesto, no podíamos dejar de lado, otro hecho histórico de la mayor importancia, y que también tuvo lugar en este bello municipio cundinamarqués: se trata de la exhibición de la cabeza de José Antonio Galán. 

En este punto, resulta más que interesante cómo este recorrido de 6 artículos por la Ruta Mutis, inició con una relación a la rebelión de los Comuneros, y ahora, esta referencia es mucho más fuerte y cercana. Galán, prócer de la independencia y líder revolucionario de los Comuneros, fue apresado y sentenciado a muerte, y después de declararse infame su descendencia,  fue desmembrado, de forma que diferentes partes de su cuerpo fueran enviadas a poblaciones en donde fuera más significativo el escarnio. "Su cabeza será conducida a Guaduas, teatro de sus escandalosos insultos" Reza su sentencia de muerte, y es que en toda esta zona de Guaduas, Honda y Mariquita, Galán interceptó cargamentos de armas reales y liberó esclavos e indígenas de haciendas y encomiendas, y reclutó más y más adeptos a su causa. 

Plaza de la Constitución, Catedral de San Miguel. Fuente Propia.

Efectivamente, la cabeza del susodicho llegó a Guaduas en la noche del 3 de febrero de 1782  -Apenas unos 13 años antes del nacimiento de Salavarrieta-, y fue expuesta, por esa noche, en los calabozos de la Casa consistorial (La misma que sale en el billete de 10mil), y que hoy dice en placa en piedra, que la cabeza sería "exhibida en una escarpia a la salida de la ciudad sobre el Camino Real a Santafé", allí en ese punto, hoy se puede visitar un obelisco en memoria a este valiente. 

Monumento a Galán, en la Casa Consistorial de Guaduas. Fuente propia



Hemos visto que para visitar Guaduas hay muchas razones culturales, históricas, naturales y hasta gastronómicas, porque casi olvido mencionar los postres y bizcochos que se venden en la centenaria panadería El Néctar, también en la Plaza de la Constitución, y patrimonio de los guadueros. 

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martes, 27 de abril de 2021

Guasca: epicentro de historia y naturaleza en el Guavio

Municipio: Guasca

Departamento: Cundinamarca

Fecha: Abril de 2010

Visita: 23/1140


Guasca se ubica en Cundinamarca, cerca a Bogotá y en una provincia llamada Guavio. Como otros tantos municipios de la Sabana de Bogotá, Guasca cuenta con una fecha de fundación hispánica que se toma como la erección del municipio, ya que antes de la conquista, existía como una población indígena.

Historia precolombina en Guasca. Fuente: propia. 

Guasca tiene una interesante historia en términos de independencia, en donde los vecinos se organizaron en grupos rebeldes para atacar a los ejércitos reales, obteniendo algunas victorias importantes y decisivas, y más recientemente, fue el epicentro de una guerrilla conservadora que se enfrentaría a los liberales en la guerra civil de 1851.
Edificio de la Alcaldía. Fuente: propia


Hoy, esta población cuenta con varios sitios de interés, entre ellos, el templo de San Jacinto que conserva un estilo arquitectónico e historia que hicieron el Papa Francisco, la proclamara como Basílica Menor.

Basílica Menor de San Jacinto. Fuente: Propia

También se pueden visitar las Capillas y Las Lagunas de Siecha, en donde se dice que nació la Leyenda del Dorado, ya que a pesar de que en Sesquilé, la Lagua De Guatavita también cuenta con esta leyenda como propia, al parecer cada cacique realizaba esta ceremonia en una laguna local.

En este sector, y debido a la actividad de los antiguos pobladores, se originó también la construcción de tres capillas para evangelizar indios y que aún hoy pueden ser visitadas.

Por último, un plan que recomiendo bastante en Guasca, es ir a las Termales de Aguas Calientes -supongo que es el nombre más común en cuestión de baños termales en Latinoamérica-, ubicadas a pocos kilómetros de la población. Se puede caminar desde el pueblo o tomar un taxi para llegar en pocos minutos.

Escultura en el parque principal. Fuente: propia.
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