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Lo que hizo el Puente Navarro - Segunda parte





¿La Ruta Mutis, del Río Grande o del Tabaco? VI 

Una vez que hemos vuelto a Cundinamarca, nos acercamos, entre montañas de caminos reales, a la población de Guaduas. 

Si hay un municipio que tenga un aporte especial y definitivo a la historia del país, seguramente será la Villa de Guaduas, y es que precisamente, el municipio en conjunto, fue declarado Monumento Nacional en 1959, en una época en la que la consciencia histórica era apenas incipiente. Por supuesto, muchos años después, Guaduas haría parte fundamental de la Red de Pueblos Patrimonio. 


Catedral de San Miguel Arcángel. Fuente propia. 


Hay tantas cosas que se pueden mencionar de esta bellísima población, que temo quedarme corto en este artículo, sin embargo, la idea principal de todo esto, es invitar al lector a que visite Guaduas, y no de pasada como suele suceder, cuando se va a Honda o más allá, Medellín u otros destinos turísticos.

Es importante que iniciemos mencionando que su nombre completo es Villa de San Miguel de Guaduas, por supuesto, bajo la tradición católica traída por los colonizadores mezclada con las características de la zona, en este caso, la presencia masiva de la guadua, una planta muy común en este tipo de regiones con este tipo de clima. 

La primera fundación de la población fue en 1572 a manos de Andrés Venero de Leyva, el mismo que más tarde fundara una población en Boyacá, que aún hoy lleva su apellido. Sin embargo, la población no tuvo mucho auge y fue abandonada. Más tarde, en 1610, un fraile franciscano de nombre Tomás de Morales, al fundar el Convento de la Soledad -Que aún hoy se mantiene- refundó la población. Aún así, no fue sino hasta 1644, es decir, 34 años después, que la población recibiera el nombre de Villa, lo que en la época de la colonia, la acreditaba como una ciudad, esto fue con la refundación por parte de Francisco Pérez de Guzmán. - ¿A nadie se le ha ocurrido llamarla la tres veces fundada Villa de San Miguel de las Guaduas? 

Guaduas es ampliamente recordada por varios hechos históricos, entre ellos, y como parte de este recorrido por la Ruta Mutis, es importante reconocer que fue en esta población donde se desarrolló gran parte de la Expedición Botánica, llevada a cabo por Mutis y su equipo. Aquí en Guaduas, se realizaron experimentos con semillas traídas de las Antillas y que hoy se convierte en uno de los cultivos más comunes de la zona. Sin embargo, el aporte más significativo de Guaduas a la Expedición Botánica, está en el nombre de Francisco Javier Matiz, guaduero que se encargó de registrar las especies de flora a través de sus dibujos, pinturas e ilustraciones. 

Entrada del colegio Miguel Samper. Fuente propia. 


Esta expedición comenzó en 1783 y duró aproximadamente, 30 años, es decir, hasta hacia 1813, y es que durante este tiempo, tuvo lugar otro acontecimiento histórico que en su momento, fue inadvertido, pero que luego, con los años, sería tan significativo para Guaduas, como su misma fundación: en 1795 nació, aquí, en la muy noble Villa de San Miguel de las Guaduas, una heroína nacional, Policarpa Salavarrieta. 

"La Pola" es como ha sido más conocida, porque de hecho, no hay certeza de que Policarpa haya sido su nombre real, e incluso, se comenta que en Tenjo, Cundinamarca, se encuentran unos documentos manuscritos de la época que confirmarían que fue bautizada allí. Sin embargo, su residencia, la residencia de la familia Salavarrieta Ríos, se conserva aún en Guaduas, apenas a una cuadra de la Plaza de la Constitución, y hoy está convertida en un museo. 

Desde joven, Policarpa se mostró a favor de la causa patriótica, incluso al punto de participar en espionaje y hasta compra de material bélico y reclutamiento de jóvenes. Al ser descubierta, fue apresada y condenada a morir en el patíbulo, en donde apenas unos segundos antes de morir fusilada pronunció su último discurso:

"Aunque mujer y joven― me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. No olvidéis este ejemplo [...] Muero por defender los derechos de mi patria."

Aunque es mucho lo que se puede contar de La Pola, no es el motivo de este artículo, por lo tanto, solo queda invitar al lector a consultar obras como Biografía de Policarpa Salavarrieta, escrita por el mismísimo Jorge Eliecer Gaitán, o Memorias, del expresidente José Hilario lópez, o un montón de compendios bibliográficos sobre colombianos ilustres, donde el nombre de la Pola, seguramente aparecerá en letras grandes. Así mismo, hay una producción de televisión nacional que en 200 capítulos narra su vida, y aunque, por supuesto, Sergio Cabrera se da algunas licencias históricas en pro del dramatismo, es bastante acertada con los datos históricos conocidos, y por supuesto, de una gran calidad audiovisual. Por otro lado, Bavaria, creó, por allá a inicios del siglo XX, una cerveza que llamó La Pola, y que de hecho, presentaba a la imagen de la guaduera en su etiqueta. Desde entonces, el término Pola se ha normalizado para referirse a esta bebida, creo yo, sin lugar a confusiones en cualquier parte del país.  

Mencionamos la cercanía de la casa de los Salavarrieta con la Plaza de la Constitución, el sitio central que sirvió de encuentro para los fundadores y primeros pobladores, y que hoy es coronada con una estatua de la mencionada heroína. Esta plaza puede verse en el billete de 10mil pesos antiguo, en su anverso, y en su frente, la imagen de la Pola. Aunque el billete se encuentra en desuso, ya que fue reemplazado por un nueva familia de billetes, hay varias referencias en diferentes puntos turísticos de la plaza.  

Policarpa Salavarrieta, estatua en el Plaza de la Constitución. Fuente propia.

Y si hablamos de la Plaza de la Constitución, es necesario mencionar algunos aspectos que resultan por de más, interesantes. Uno de estos aspectos, es que la Catedral de San Miguel Arcángel, fue diseñada por Fray Domingo de Petrés, algo así como un rockstar en cuestión de construir catedrales, ya que dirigió la construcción de la casi nada Catedral Primada de Bogotá, la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en esta población boyacense, y por supuesto, de camino, le quedó tiempo para diseñar la Catedral Diocesana de Zipaquirá, Cundinamarca. Aunque este religioso arquitecto no diseñó solamente templos (que hay más de los aquí mencionados), sino también acueductos, puentes, e incluso, el Observatorio Astronómico Nacional, hoy en inmediaciones de la Casa de Nariño y bajo administración de la Universidad Nacional de Colombia. Este observatorio, y con este dato prometo no alejarme más del tema central de este escrito, fue una iniciativa de José Celestino Mutis, sí, el mismo de la Expedición Botánica y que le da nombre a la ya conocida Ruta que estamos recorriendo.

Todo estos recorridos, en su momento, se hacían a través de los llamados caminos reales, que eran construcciones creadas en piedra en la colonia, y su función era unir dos ciudades importantes. Como hemos visto, el Río Magdalena era el principal medio de entrada al país de todo lo llegado del exterior (tanto personas como objetos), y estos debían llegar a lomo de mula a Bogotá (o a Santafé, para ser más precisos). Esto hizo que el camino real entre Honda Y Santafé fuera el más importante en su momento, y hoy, es uno de los que se encuentran en mejor estado. Por cierto, si se encuentra en guaduas y tiene la posibilidad de recorrer el camino real, ármese de protector solar y lleve líquido, pero no se pierda esta oportunidad eco-turístico-histórica, si me es permitida la acuñación del término, de recorrerlo, y ojalá hasta un punto que es increible, hermoso e incluso, impresionante, el mirador de la Piedra Capira.  

Camino Real de Guaduas a Honda. Fuente propia. 


A este mirador se llega después de aproximadamente un par de horas de caminata en ascenso, por el camino real. Se trata de una inmensa piedra ubicada en lo alto de uno de los cerros aledaños, y que permite una imagen impactante del Valle del Magdalena, y con suerte, los nevados del Tolima, del Ruiz y Santa Isabel.  


Vista desde el Mirador Piedra Capira. Al fondo se observa la silueta del Río Magdalena.


De nuevo en el centro histórico de Guaduas, hay dos sitios muy especiales que quiero recomendar para su visita, uno de ellos es la llamada Casa del Moro o también conocido como Patio del Moro, una vivienda de mediados del siglo XVIII, que funcionó como hospedaje para caminantes hacia Santafé y que hoy es el Museo de Artes y Tradiciones, -Respecto al nombre de Moro, no hay una certeza del porqué, se cree que puede ser por su arquitectura morisca o por una raza de caballos de algún dueño en algún momento de su historia-, y de esta, hay bastante, hay historia en cada rincón y en cada objeto que guarda esta casa, incluso, dicen sus administradores, que cuentan con fantasma propio: un pobre enamorado que fue engañado por su mujer y cuya salida fue colgarse de una de las vigas que sostienen la segunda planta, hacia el patio interior. 

La otra recomendación no es histórica, para varias, sino meramente recreativa, se trata de la piscina municipal, a apenas dos cuadras de la Plaza de la Constitución. Esta no es una piscina tradicional, sino que es formada por el agua corriente del río San Francisco, lo que la convierte en un sitio diferente de descanso a escasos pasos del centro de la ciudad. Y con este río San Francisco, aguas abajo, encontraremos el Salto de Versalles, una caída de agua de unos 40 metros, que crean una piscina natural ideal para algo que debería estar en el patrimonio inmaterial colombiano, el paseo de olla. Tiene diferentes profundidades, tantos para los que no saben nadar, como para los expertos, y por supuesto, los más aventureros aprovechan las salientes de las piedras para hacer clavados. Aquí soy solo observador, no me atrevo a algo así.  

El recorrido por Guaduas termina, y con él, el recorrido por la Ruta Mutis. Pero por supuesto, no podíamos dejar de lado, otro hecho histórico de la mayor importancia, y que también tuvo lugar en este bello municipio cundinamarqués: se trata de la exhibición de la cabeza de José Antonio Galán. 

En este punto, resulta más que interesante cómo este recorrido de 6 artículos por la Ruta Mutis, inició con una relación a la rebelión de los Comuneros, y ahora, esta referencia es mucho más fuerte y cercana. Galán, prócer de la independencia y líder revolucionario de los Comuneros, fue apresado y sentenciado a muerte, y después de declararse infame su descendencia,  fue desmembrado, de forma que diferentes partes de su cuerpo fueran enviadas a poblaciones en donde fuera más significativo el escarnio. "Su cabeza será conducida a Guaduas, teatro de sus escandalosos insultos" Reza su sentencia de muerte, y es que en toda esta zona de Guaduas, Honda y Mariquita, Galán interceptó cargamentos de armas reales y liberó esclavos e indígenas de haciendas y encomiendas, y reclutó más y más adeptos a su causa. 

Plaza de la Constitución, Catedral de San Miguel. Fuente Propia.

Efectivamente, la cabeza del susodicho llegó a Guaduas en la noche del 3 de febrero de 1782  -Apenas unos 13 años antes del nacimiento de Salavarrieta-, y fue expuesta, por esa noche, en los calabozos de la Casa consistorial (La misma que sale en el billete de 10mil), y que hoy dice en placa en piedra, que la cabeza sería "exhibida en una escarpia a la salida de la ciudad sobre el Camino Real a Santafé", allí en ese punto, hoy se puede visitar un obelisco en memoria a este valiente. 

Monumento a Galán, en la Casa Consistorial de Guaduas. Fuente propia



Hemos visto que para visitar Guaduas hay muchas razones culturales, históricas, naturales y hasta gastronómicas, porque casi olvido mencionar los postres y bizcochos que se venden en la centenaria panadería El Néctar, también en la Plaza de la Constitución, y patrimonio de los guadueros. 

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