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domingo, 1 de marzo de 2026

Entre estoraques, montañas y campanarios

Relatos desde la frontera: segunda entrega

Relatos desde la frontera: primera entrega

Mucho se ha mencionado en este blog sobre la iniciativa de los Pueblos Patrimonio (Ver: El Repitente: Lo que hizo el puente Navarro - Primera Parte) y, por supuesto, ello también influyó en la elección de Norte de Santander como un destino para visitar con prontitud.

En ese panorama aparece una joya enclavada en las montañas del departamento fronterizo: un espacio que, como otros pueblos de esta red, parece haberse abstraído de la evolución urbanística y conservar la belleza y la aparente sutileza de la arquitectura colonial de los siglos XVIII y XIX. Hablamos por supuesto, de La Playa de Belén.

Las callecitas de La Playa de Belén. Fuente propia. 

La Playa de Belén es parte de la provincia de Ocaña y reconocido como uno de los pueblos más hermosos de Colombia. Fue fundado el 4 de diciembre de 1862 y elevado a municipio en 1913, consolidándose como un importante centro agrícola y cultural de la región. Su historia está ligada al desarrollo campesino y al intercambio comercial con Ocaña, conservando hasta hoy una arquitectura tradicional que le ha valido el reconocimiento como Bien de Interés Cultural de la Nación, además de ser parte de la mencionada Red de Pueblos Patrimonio.

Su casco urbano, con calles empedradas y casas blancas de estilo colonial, ofrece una experiencia tranquila y auténtica. La Playa de Belén combina historia, naturaleza y patrimonio arquitectónico, convirtiéndose en un destino ideal para quienes buscan paisajes extraordinarios y tradición nortesantandereana.

Parroquia San José, La Playa de Belén. Fuente propia.

Y si de paisajes extraordinarios hablamos, es precisamente este pequeño municipio el que alberga uno de los escenarios más increíbles y majestuosos de la geografía nacional: el Área Natural Única Los Estoraques. En honor a la verdad, su denominación es tan singular como su belleza: “Área Natural Única” es una categoría exclusiva en el país, otorgada por Parques Nacionales Naturales, la entidad estatal encargada de proteger y administrar las áreas protegidas en Colombia. No existe otra área con esta designación.

El término “estoraques” proviene, según se dice, de una planta que habría existido en la zona y que desapareció con el desarrollo humano. Hoy, al menos en Colombia, la palabra se asocia a formaciones rocosas en forma de columnas erosionadas.

Los Estoraques conforman un laberinto de columnas, agujas y figuras de roca moldeadas por el viento y el agua durante siglos, como si la naturaleza hubiera querido levantar allí una catedral de arena petrificada.

Área Natural Única de Los Estoraques. Fuente propia.

Caminar entre sus senderos es adentrarse en un territorio casi irreal, donde la luz dibuja sombras caprichosas sobre las formaciones y el horizonte se tiñe de tonos ocres y dorados. Columnas, pedestales y cuevas se convierten en espacios de contemplación, asombro y respeto, donde la tierra cuenta su propia historia sin necesidad de palabras. Tan irreal es el paisaje que sirvió de inspiración para la habitación de Bruno en la película Encanto, la misteriosa oveja negra de la familia de la que “no se habla, no, no, no”.

El sitio que sirvió de inspiración para la habitación de
Bruno, en Encanto (Disney, 2021). Fuente propia.

El regreso al oriente

En el camino que conduce de Ocaña a Cúcuta, a lado y lado de la cadena montañosa que separa la provincia de Oriente de la provincia Norte, se encuentran Ábrego y Sardinata: dos poblaciones hermanas, ambas ubicadas en valles fértiles y de temperaturas agradables, pero separadas por los caprichos de la Cordillera Oriental.

Ábrego fue fundado el 12 de marzo de 1810, en el contexto de los movimientos independentistas del entonces Virreinato de la Nueva Granada. Su consolidación administrativa se dio durante el siglo XIX, cuando fue erigido como municipio en el período republicano. Inicialmente se llamó La Cruz, pero luego recibió su nombre actual en honor a Mercedes Ábrego, vinculada a la causa independentista, quien brindó información relevante a los patriotas y ayudó a bordar el traje de brigadier de nada menos que el Libertador Simón Bolívar. Fue fusilada por el ejército español.

Monumento a Mercedes Ábrego en el patíbulo.
Parque principal de Ábrego. Fuente propia.

Ubicado en la provincia de Ocaña, al occidente de Norte de Santander, el municipio se ha destacado históricamente por su vocación agrícola, especialmente en la producción de cebolla, fríjol y café. Su entorno montañoso y su tradición campesina han sido fundamentales en el desarrollo económico y cultural del territorio.

Y, por otro lado —literalmente al otro lado de la montaña—, se encuentra Sardinata.

Sardinata fue fundada en 1876, en una zona estratégica del entonces Estado de Santander, que ya contaba con asentamientos rurales dedicados a la agricultura y la ganadería. Fue erigida como municipio a finales del siglo XIX, consolidándose como un importante centro productivo del departamento. Su nombre proviene del río Sardinata, eje natural fundamental para el desarrollo económico y social del territorio, y que, según la tradición, contaba con abundancia de sardinas en sus aguas.

Parque principal de Sardinata. Fuente propia.


Ubicada en la subregión del Catatumbo, Sardinata se caracteriza por su riqueza agrícola, especialmente en el cultivo de cacao, palma de aceite y productos de pancoger. Sus paisajes combinan zonas montañosas y valles cálidos atravesados por ríos y quebradas, elementos esenciales de su identidad campesina y cultural.

Aunque Sardinata forma parte de los linderos del tristemente célebre Catatumbo, recorrer sus calles es un plan imperdible: sus atardeceres son verdaderas poesías de color, su gente es cálida y su comida, deliciosa.

El tiempo apremia. Debemos regresar a Cúcuta, porque nos espera el área metropolitana y, por supuesto, otra de las joyas históricas del viaje: la casa natal del general Francisco de Paula Santander.

En la ruta 70 nos vemos. Abrazo viajero. 

domingo, 1 de febrero de 2026

Cúcuta y Ocaña: primeras huellas del viaje

Relatos desde la frontera: primera entrega 

Había escuchado mucho sobre este departamento, lamentablemente, en su mayoría se trataba de malas noticias: subversión, corrupción, contrabando, abandono estatal, etc. Sin embargo, y gracias también a personas que he conocido en el desarrollo de mi profesión - colegas docentes y estudiantes, particularmente-, crecía en mí el deseo de conocer este inmenso e incluso enigmático departamento: Norte de Santander. 

¿Por qué hay dos Santanderes? 

Para entender porqué hoy tenemos dos departamentos con el apellido del General, debemos volver a 1857 cuando lo que ahora es nuestro país, se organizaba como Estados Unidos de Colombia, y precisamente, después de muchos ires y venires, se estableció el Estado (primero Federal y luego Soberano) de Santander. En este territorio, se incluia todo lo que hoy son los dos departamentos. 

Luego, en 1886, la nueva Constitución nacional designó a este territorio como departamento, y ya en 1910 las provincias del norte tomaron un nuevo camino,  al separarse oficialmente, manteniendo el nombre, pero con la indicación geográfica que lo identifica. Así nació Norte de Santander.  

Cúcuta, la perla del norte


Por supuesto que este viaje debe empezar desde la capital departamental, la hermosa -aunque no lo crean- San José de Cúcuta. Una ciudad con una gran historia, muchos retos, bastante protagonismo y una ansía de futuro que se respira en cada calle.

Parque Santander, al fondo la Catedral de San José, en Cúcuta.
Fuente propia.


Cúcuta es una ciudad llena de historia y dinamismo, conocida como la "Perla del Norte". Fundada en 1733 por Juana Rangel de Cuéllar, Cúcuta ha sido testigo de importantes eventos históricos, como el Congreso de 1821, donde se redactó la Constitución de Cúcuta que dio lugar a la Gran Colombia. Situada en la frontera con Venezuela, la ciudad se ha consolidado como un centro económico, comercial y cultural estratégico para la región.

Monumento Histórico de Cristo Rey, en Cúcuta. Fuente propia.


Entre los principales atractivos turísticos de Cúcuta destacan el Parque Santander, un emblemático punto de encuentro rodeado de edificios históricos, y el Malecón, un espacio a orillas del río Pamplonita ideal para el esparcimiento y la recreación. También es imprescindible visitar la Catedral de San José, un imponente símbolo de la ciudad, así mismo, el Monumento Histórico de Cristo Rey y el mirador del cerro de Jesús Nazareno. La cercanía de Cúcuta con los paisajes montañosos de Norte de Santander la convierte en un destino que combina historia, naturaleza y modernidad.

Como toda ciudad capital grande, es importante tener las precauciones normales en cuanto a seguridad.

Siguiente parada: la histórica Ocaña

El viaje entre Cucuta y Ocaña toma entre cuatro y seis horas, dependiendo de factores como el clima, el tráfico, la geografía y sí, hay que decirlo, el orden público (aunque esto no es un factor que afecte esta vía muy frecuentemente). Este trayecto recorre Norte de Santander de oriente a occidente, y atraviesa una cadena montañosa y varios rios. Los paisajes en esta vía son espectaculares, y si lo recorren, como yo, en horas tempranas de la tarde, y tienen buen clima, podrán disfrutar de increibles atardeceres al descender hacia Ábrego.  

Los paisajes montañosos entre Cúcuta y Ocaña. Fuente propia.


Ocaña es una ciudad profundamente histórica y con una diversidad cultural impresionante. Lo primero que se debe mencionar, sin duda, es que su rol en la formación de la república, la dejó para siempre plasmada en los libros de historia. Por esta razón, el primer lugar de interés que recomiendo visitar es el Complejo Histórico de la Gran Convención (El templo de San Francisco, el Convento y la Plazoleta), en donde se desarrolló en 1828 la Convención que buscaba modificar la Constitución de 1821 -que había creado a la Gran Colombia-.

En esta edificación, que data del siglo XVII, funcionó un convento, luego un par de instituciones educativas, y posteriormente fue declarado monumento nacional. Hoy, allí queda el Museo de la Gran Convención, la biblioteca municipal y las oficinas de la Academia de Historia de Ocaña. 


Así mismo, otro sitio histórico muy relevante para visitar en Ocaña es el Museo Antón García de Bonilla, llamado así en honor de un enconmendero español que fue relevante para la fundación del municipio y que además, está destinado a cabalgar eternamente por la hermosa Calle del Embudo y la de San Luis, esto debido a haber incumpido una promesa a Santa Risa de Cassia a propósito de la salud de sus hijas (Se dice que en realidad fueron tres generaciones de García de Bonilla, siendo el último, el condenado a vagar eternamente). 

Pero volviendo al museo, podemos decir que es una hermosa casona del siglo XVII, propiedad del susodicho, y que hoy alberga una amplia colección de arte religioso, piezas precolombinas y elementos de la vida en épocas coloniales y republicanas, esto, por supuesto, buscando preservar la memoria histórica del municipio. 
Museo Antón García de Bonilla, Ocaña. Fuente propia.


Ya en la plaza principal de Ocaña, llamada 29 de mayo, se encuentra, entre otros, la Catedral de Santa Ana y la columna de la libertad de los esclavos, ambos sitios significativos y con una importancia histórica y cultural considerable. 

Frontis de la Catedral de Santa Ana, Ocaña. Fuente propia.

La plaza recibe su nombre de la fecha en la que se creó la Provincia de Ocaña en 1849, como parte de la entonces República de la Nueva Granada, para unos años después, convertirse en parte del Estado de Santander -del que ya habíamos hablado. 

La Catedral de Santa Ana data de 1576 y es sede de la Diócesis de Ocaña. En cuanto a la Columna de la libertad de los esclavos, hay un inmenso valor histórico y es que se trata de la única pieza física existente que conmemora la abolición de la esclavitud, de manera definitiva, por la promulgación en 1851 de la ley abolicionista por parte de José Hilario López, el entonces presidente. Esta columna fue erigida ese mismo año.   

La Columna de la Libertad de los Esclavos. Ocaña. Fuente Propia. 

Tuve también la fortuna de visitar el Santuario de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma, más conocido por los locales como el Santuario del Agua de la Virgen. Se dice que allí, en 1711, se apareció la Virgen María a una humilde familia campesina que buscaba madera. Este Santuario es un lugar hermoso, rodeado de naturaleza y con un ambiente sacro que verdaderamente llega al alma.

Santuario de Ntra Sra de las Gracias de Torcoroma, Ocaña. Fuente propia.

Y nada mejor que terminar el día con una vista espectacular: el atardecer ocañero desde el Cerro de Cristo Rey, con una estatua de más de 6 metros de altura, y desde donde se puede disfrutar de un panorámica de Ocaña, mientras el sol se oculta tras las montañas de Norte de Santander. 


Monumento de Cristo Rey. Ocaña. Fuente Propia.

Atardecer en Ocaña, desde el Cerro de Cristo Rey. Fuente propia. 

Tip: En Ocaña, hay que probar la famosa arepa ocañera. Vayan con hambre, es bastante llenadora. 

Agradecimiento: Jennifer Castro, exestudiante y quien me brindó su guía todo el tiempo. ¡Mil gracias!

Reto Colombia en Instagram

Reto Colombia en Tiktok

jueves, 19 de junio de 2025

Turismo con filtro: entre la historia y el decorado

Un viaje entre lo auténtico y lo escenográfico, donde las fotos perfectas a veces esconden relatos imperfectos.

Hace unos años, conversando con algunos conocidos sobre Reto Colombia, me preguntaban:

—¿Por qué no te tomas las fotos con los avisos de letras gigantes en lugar de la iglesia?

La verdad es que, cuando empecé el reto, la mayoría de los municipios no contaban con un aviso de letras llamativas en la plaza, hecho de concreto, piedra o metal. De hecho, incluso hoy en día no existe una uniformidad en este sentido, y muchas poblaciones todavía no disponen de ese punto “fotografiable”.

Avisos como el de Mesetas, Meta, en enero de 2025. Fuente propia.

Pero en realidad, la respuesta que siempre doy es que no hay un lugar tan auténtico y único como la iglesia central de cada municipio. Un poco de historia, algo de arquitectura, fe —por supuesto—, pero, sobre todo, autenticidad. 

Parroquia de la Inmaculada Concepción, en Cepitá, Santander. Fuente propia.


¿De qué hablamos cuando hablamos de turismo?

Siento, precisamente, que es la autenticidad lo que convierte a un sitio turístico en algo valioso y patrimonial.

Seguramente hemos escuchado sobre los distintos tipos de atractivos turísticos, y podríamos fácilmente aventurarnos a crear una lista de ejemplos, basada en nuestras propias experiencias: podemos pensar en el turismo de aventura, con lugares como el Cañón del río Güejar, tan de moda ahora, o el Cañón del Chicamocha, tan de moda siempre; el turismo religioso, con destinos como el Santuario de Las Lajas o la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá; y el turismo cultural e histórico, como La Candelaria en Bogotá o San Francisco, en Mompox. Cada uno de estos destinos evoca actividades, comidas, vestimentas y una disposición distintas por parte del viajero. Y de eso, precisamente, se trata la autenticidad.

Por otro lado, el turismo —como bien sabemos— es una industria que mueve enormes cantidades de dinero y que, en un mundo ideal, debería traer progreso y bienestar a las comunidades locales. Hablamos de los famosos empleos directos e indirectos: alojamiento, restaurantes, transporte, artesanías, entre otros. Por eso, resulta comprensible que las comunidades busquen posicionar y popularizar sus destinos turísticos, con la esperanza de garantizar un flujo constante de visitantes e ingresos.

En este maravilloso contexto, llegaron las redes sociales.

Y, por supuesto, trajeron consigo un gran impulso publicitario para muchos sitios turísticos que antes permanecían en el anonimato, restringidos por el desconocimiento popular. Algo similar ocurrió con la apertura de zonas del país que, durante años, fueron consideradas zonas rojas por el conflicto armado. Aunque dicho conflicto no ha cesado del todo, al menos permitió imaginar una diversificación económica para muchos colombianos que habitan esos territorios.

Ahora bien, con la aparición de nuevos y exóticos destinos, surgió también la necesidad de "repotenciar" los ya existentes. Una verdadera marejada de alas de mariposa, alas de ángel, arcos en forma de corazón, letreros gigantes, miradores con forma de mano, casas al revés —cuento al menos tres en diferentes departamentos al momento de escribir este texto—, rodaderos o toboganes pintados con los colores del arcoíris… todo esto comenzó a aparecer en medio de verdes parajes.

Y como consecuencia, otra marejada inundó las redes sociales: miles de fotos iguales, donde solo cambia el viajero. De hecho, hay un spot turístico en el desierto de la Tatacoa que, literalmente, se llama Tatacoa Selfies.

Tomado de Caracol Radio Armenia, publicación en Instagram.


Excelente por el turismo, por la visibilidad de nuevos espacios, por los ingresos (nuevamente: ojalá para las comunidades locales). Pero no estoy tan seguro de que sea igual de excelente para la autenticidad de la experiencia del viajero.

¿Es importante lo auténtico entonces?

En foros de viajeros, existe una vieja discusión entre el supuesto turista y el verdadero viajero, con una lista de ítems que, a mi parecer, carecen de verdadera importancia: que si la selfie, que si hostal, hotel o Airbnb, que si piscina o charco natural, que si Uber o transporte público.

Tomado de Holidify.com

Por ejemplo —como plantea un artículo de Holidify.com—, hay quienes defienden que hospedarse en un hotel ofrece una experiencia más auténtica y cultural que hacerlo en un Airbnb, donde terminas trasladando tu rutina doméstica a otro espacio: cocinar, limpiar y organizar, pero en un lugar diferente a tu residencia habitual. Sin embargo, si ese mismo análisis se aplica a un hospedaje tipo hostal, con familia anfitriona incluida, entonces el hotel sería el que pierde puntos en términos de autenticidad.

Lo mismo ocurre con el clásico ejemplo de quien, al viajar, busca el McDonald’s o el Starbucks local. En últimas, termina comiendo exactamente lo mismo que en su ciudad de origen.

Entonces, ¿no sucede lo mismo con lo que he llamado “spots de turismo forzado”? Básicamente, esos sitios que han sido artificialmente creados para ser instagrameables, pero que no lo son de forma natural.

Claro, al final la experiencia debe ser disfrutada por quien viaja, así que las condiciones dependen de los gustos de cada persona. —Por supuesto, esto no aplica para el mal llamado “turismo sexual”: no, mil veces no—.

Y en cuanto a esta idea de autenticidad, surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto los atractivos naturales o históricos deben “modernizarse” para seguir siendo competitivos en la industria turística?

Recientemente tuve la fortuna de visitar el departamento de Norte de Santander. En Villa del Rosario, uno de mis sueños era conocer la casa natal del general Francisco de Paula Santander —cuyo nombre, por cierto, fue el emblema de este humilde blog durante más de 15 años—.

Allí, en el marco del llamado Parque Grancolombiano, se encuentra también el Templo Histórico del Congreso, aquel que fue escenario de una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia: la creación de la Gran Colombia, como unión de Venezuela, la Nueva Granada, Ecuador y Panamá.




Este es un buen ejemplo de lo mencionado anteriormente. Aunque la Casa Natal está allí, cualquier curioso sabrá que sus paredes no son, en realidad, las mismas que vieron crecer al joven Francisco de Paula. Tanto el templo como la casa fueron completamente destruidos por el terremoto de Cúcuta en 1875. La diferencia es que el templo no fue reconstruido —salvo su cúpula, con fines meramente simbólicos—.

Son, pero no son.

Ruinas del Templo del Congreso. Villa del Rosario, Norte de Santander. Enero de 2025. Fuente propia.

Esa tensión entre lo simbólico y lo auténtico no es exclusiva del norte del país; también puede verse en destinos icónicos del altiplano cundiboyacense.

Uno de los destinos más visitados en Boyacá es la noble Villa de Leyva, con su imponente Plaza Mayor, considerada una de las más grandes de América. Sin embargo, uno de los mayores engaños al respecto es su histriónico —aunque inconfundible— empedrado. Aunque la arquitectura de esta población es claramente colonial, con edificaciones de entre 200 y 400 años en pie, su característico y antivehicular empedrado no tiene ni siquiera un siglo de antigüedad: fue instalado a mediados del siglo XX, en un claro ejemplo de paisajismo deliberado, pero no de historia auténtica. 

No niego, por supuesto, que visitar Villa de Leyva sea siempre una experiencia increíble. 


Estas dos imágenes son de los años 60, se evidencia que la Plaza Mayor de Villa de Leyva, no tenía empedrado aún. Tomadas de Huellas de Territorio @historiatundama en X 

Para cerrar, reitero que viajar es un placer que siempre debe depender de quien lo vive: de sus gustos en hospedaje, comidas, actividades y, por supuesto, fotografías. No hay nada más valioso que una linda imagen, un bello recuerdo de ese lugar que alguna vez soñamos conocer y que, con fortuna, logramos visitar.

Al final —como en el Carnaval de Barranquilla—, quien lo vive es quien lo goza.

Abrazo viajero.

lunes, 24 de febrero de 2025

El mito del buen salvaje

Cuando hablamos de historia, es común analizar los eventos desde una perspectiva actual, con valores y creencias propias del presente. Sin embargo, juzgar el pasado con los ojos del presente es un error peligroso. Esta tendencia se conoce como anacronía, un fenómeno que implica la falta de concordancia en la interpretación de eventos históricos. Esto puede manifestarse tanto en la asignación de características de un período a otro como en la distorsión de los procesos históricos que han dado forma a diversas sociedades.

El tiempo avanza igual para todos, pero algunos lo aprovechan mejor que otros [Meme].

Un claro ejemplo de anacronía es el mito del "buen salvaje", cuyos orígenes se han atribuido tanto a la literatura española del siglo XV, relacionada con el "descubrimiento" de América, como al pensamiento ilustrado de Jean-Jacques Rousseau. Este mito idealiza a las sociedades indígenas y primitivas, considerándolas moralmente superiores a las civilizaciones modernas. Rousseau popularizó la idea de que el ser humano es naturalmente bueno, pero la civilización y sus instituciones lo corrompen. Sin embargo, este concepto es una simplificación que ignora la complejidad de las culturas originarias y su diversidad.

En el contexto de la colonización española de América, por ejemplo, los pueblos indígenas no eran sociedades puramente pacíficas ni carentes de conflictos internos. Existen evidencias de tradiciones belicosas como el uso de cabezas humanas en juegos rituales mayas, los sacrificios en las civilizaciones mesoamericanas y las constantes guerras tribales en Norte y Sudamérica. De esta manera, resulta problemático atribuir únicamente a la invasión europea la complejidad de la identidad mestiza latinoamericana, la cual, al igual que muchas otras en el mundo, es el resultado de múltiples factores históricos, sociales y culturales.

Esta misma lógica puede aplicarse al relacionar a los pueblos originarios con una visión idealizada del ambientalismo. Es un error asumir que la simple condición de "originarios" les otorgaba una relación armónica con la naturaleza. Aunque es cierto que el modelo de desarrollo industrial ha provocado una devastación sin precedentes, también lo es que el ser humano, desde tiempos remotos, ha alterado su entorno de manera significativa.

Conceptos como el cambio climático, la extinción de especies y la deforestación suelen asociarse con la Revolución Industrial y la contaminación urbana -Basta pensar en la Revolución Industrial y un montón de imágenes grises de chimeneas en Londres vienen a la cabeza-. No obstante, la destrucción ambiental por parte del Homo sapiens puede rastrearse hasta la Revolución Cognitiva. Desde su primera migración a otros continentes, la humanidad ha causado impactos catastróficos en la fauna y flora. Ejemplos de ello son la extinción de la megafauna en América, Australia e Indonesia, mientras que en regiones como Madagascar y las Islas Galápagos, la biodiversidad se conservó durante más tiempo únicamente porque el ser humano no había llegado aún.

El megaterio era un mamífero gigante de la familia de los perezosos actuales.
Vivió hasta que se encontró con los primeros humanos. 
Esta escultura está en Rivera, Huila. Fuente propia. 

Incluso, algunas teorías sugieren que la competencia entre Homo sapiens y Homo neanderthalensis contribuyó a la extinción de estos últimos. Según estudios paleoarqueológicos, ambos grupos se enfrentaron por el acceso a recursos como alimento y zonas de caza, además de desarrollar creencias colectivas en conflicto.

En conclusión, si hemos de juzgar al Homo sapiens como depredador de sus recursos naturales, hay suficiente evidencia para hacerlo. Sin embargo, esta responsabilidad recae sobre toda la especie, sin distinciones geográficas o temporales. En todo caso, si algunos grupos han sido menos depredadores que otros, lo han sido únicamente por falta de tiempo. 

De la sección Santander, el hombre de las leyes

martes, 23 de julio de 2024

Mompox: a veces soñamos con ella, pero no existe

Mompox es uno de esos destinos que siempre están en la mente de los viajeros, especialmente de aquéllos con afición histórica. Este lugar estaba de primeras en mi lista, luego de ir tachando otras maravillas, que también han sido recogidas en este espacio. 

Iglesia de la Inmaculada Concepción, en primer plano, la Plaza de Mercado.
Mompox, Bolívar. Fuente propia

- Yo ni sé, exactamente, dónde queda Mompox. Dijo mi hermana cuando le compartía experiencias del viaje a mi familia; y esta frase me quedó sonando en la cabeza, y de inmediato, se vinculó a otra que conocí por primera vez mientras caminaba por las calles de este pueblo bolivarense: 

"Mompox no existe, a veces soñamos con ella, pero no existe."

Esta oración, expresiva y estruendosa al mismo tiempo, se le adjudica a Simón Bolívar, según García Márquez, en "El General en su laberinto"; y expresa el sentimiento de quien llega por primera -o enésima- vez a pisar las calles empedradas de la Ciudad de Dios. Una sensación de teatralidad envuelta en cotidianidad, de algo mucho más grande y más antiguo que los propios sueños, y sin embargo, de sentirse parte, de alguna manera, de esa identidad, de lucha, de vida, de historia y de naturaleza. 

“Por Mompox no se pasa, a Mompox se llega" 

Es otra de las frases populares que describen a este rincón del departamento de Bolívar, y eso es fácilmente reconocible ahora, después de que a inicios del siglo XX, los sedimentos desviaran los fuertes caudales del Río Magdalena hacia el brazo de Loba -que pasa por Magangué-, y dejara el brazo de Mompox reducido, casi olvidado. De esta manera, Mompox fue perdiendo su "importancia comercial y hasta industrial" (las comillas son mías), dejándola detenida en el tiempo, como un tesoro en un cofre, o un mosquito en ámbar en una película de dinosaurios. Esa pérdida de importancia, le hizo, finalmente un gran favor, dejar inmaculada su esencia histórica y hacer que, a finales de siglo, fuera declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad, por la UNESCO.  

El Brazo Mompox, del Río Magdalena. Fuente propia.

Y bueno, por Mompox no se pasa... al punto que personalmente, tuve que tomar varios medios de transporte para llegar: por aire hasta Cartagena, por tierra hasta Carmen de Bolívar, otro hasta Magangué, y otro más, hasta Santa Cruz de Mompox - En este punto reconozco que unos minutos de sueño hicieron la diferencia, y me perdí el bus que me llevaba directamente desde Cartagena a Mompox, pero bueno, es más poético así-. 

Por supuesto, el primer sitio deslumbrante, es la Plaza Real de la Concepción, que bien podría pensarse es el parque principal... pero con tantas plazas, iglesias y edificaciones históricas, no es fácil asegurarlo. Por ejemplo, en esta plaza la Iglesia de la Inmaculada Concepción te recuerda rápidamente la búsqueda rápida que hiciste en Google antes del viaje... pero la Alcaldía, es decir, la figura del poder administrativo (o sea el otro poder tradicional para definir una plaza principal), queda a un par de cuadras de allí, en otra bellísima plaza llamada De La Libertad. 

La Cruz de hierro y al fondo, la Plaza de Mercado.
Mompox, Bolívar. Fuente Propia.

Es en esta primera plaza, la Real de La Concepción, donde se ve la enorme cruz de hierro que identifica al municipio, y justo al lado, la increible "plaza" de Mercado -Que como todo en Mompox, es diferente y deslumbrante, ya que no es una plaza, realmente, sino que se trata de una edificación inmensa, con dos plantas, y una vista magnífica al Río Magdalena -que a propósito, siempre como parte del relato, en su brazo de Mompox, y que por aquellas coincidencias de la vida, me permitió una de esas noches, un espectáculo de luna llena sobre su aguas, creando un paisaje deslumbrante-. 

Iglesia de Santa Bárbara, Mompox, Bolívar. Fuente propia
De las 7 iglesias momposinas, 6 funcionan como tales actualmente, la otra es la ubicada en la Plaza de la Libertad, en donde hoy queda la administración municipal. Todas ellas tienen una gran historia de muchos años sobre sus muros, proveniente de cada una de las órdenes religiosas que llegaron a la población en época de conquista y colonia, lo que nos cuenta, una vez más, sobre su gran relevancia en aquellos tiempos. Sin embargo, y como punto muy personal, siento una gran atracción hacia la Iglesia de Santa Bárbara (de la que hablaré más a profundidad en otro relato). 

Este templo, tan conocido por las postales, imágenes en buscadores de internet, perfiles de redes sociales de viajeros, etc. me maravilló desde que siguiendo las albarradas sobre el río, llegué hasta la plaza de Santa Bárbara, un poco más retirada de las mencionadas más arriba. Su característico color amarillo ocre, con bordes y alfajías blancos, pero más identitario aún su campanario (de los pocos que cuentan con un balcón en Colombia), me hizo recordar aquel sentimiento de maravillarse al ver, por fin presencialmente, algo que has visto muchas veces en fotos (de esas cosas que los andariegos entienden).  

Y aunque hay mucho por contar, y muchos sitios por referenciar en esta pequeña joya que es Mompox, quiero terminar este relato hablando de otro lugar que considero es un imperdible: La Casa de los Peñas Alvarado, que hoy alberga la Casa de la Cultura. Es una hermosa casa museo, que data del siglo XVI y que hoy cuenta con diferentes elementos de la vida colonial y republicana de la población, como fiel testigo de innumerables días y noches momposinas. 




Interior de la Casa de la Cultura, Mompox, Bolívar. Fuente propia.

Un último y tremendo dato: Mompox fue el primer territorio en declararse independiente de la Corona Española, el 2 de julio de 1810, al hacer huir a los representantes de la autoridad real, hacia Cartagena y Santafé. 

Cada calle, cada iglesia, cada paso se convirtieron en una gran remembranza y "me la voy a llevar a mi ranchito, porque es bonita mi rosa momposina".  


jueves, 25 de abril de 2024

Más allá del mapa: ¿Y ése por qué es famoso?

 Reflexión geográfica - 1era entrega

Algo que siempre me ha parecido muy interesante, es la etimología (origen de los nombres) de pueblos, ciudades y departamentos. En la mayoría de los casos, tiene riquísimas historias cargadas de tradición, geografía, luchas y folclor; en otros, esta etimología conlleva elementos de la casualidad y anécdotas, que no por eso, deja de ser llamativa y hasta divertida. 

Y es que no deja de ser inmensamente atrayente, la relación entre un algo y su nombre, es decir, entre su esencia y la forma como es llamado... 

Julieta, en la magistral obra de Shakespeare, se cuestiona sobre esto, ya que su amor se vuelve imposible, debido a su nombre y al de su pretendiente:

"¿Por qué no tomas otro nombre? La rosa no dejaría de ser rosa, tampoco dejaría de esparcir su aroma, aunque se llamara de otra manera." 

-Monólogo de Julieta, en Romeo y Julieta, de William Shakespeare-
Romeo y Julieta. En una posible adaptación musical. No sé, piénsalo.  

 Juan, el Pastor, se molesta por ser llamado F-48, al sentirse ignorado en su humanidad, en su verdadera dignidad. F-48 es sintético, pero Juan es humano.

"Mi nombre verdadero es Juan. Poca cosa, ¿verdad? ¡Pero humano, señor, humano! Millares de Juanes han escrito libros y han plantado árboles. Millones de mujeres han dicho alguna vez en cualquier rincón del mundo "te quiero, Juan". En cambio ¿quién ha querido nunca al "F-48"? Juan sabe a pueblo y a eternidad: es el hierro, la madera de roble, el pan de trigo. "F-48" es el nylon".
- El Pastor, en Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona. 


Esta reflexión ha acompañado a la humanidad por muchos años, tanto así que, -volviendo a Romeo y Julieta- Shakespeare inmortalizó una pregunta, entre muchas otras máximas: What's in a name? -Que de hecho, es parte del monólogo de Julieta que leímos más arriba-. 

Hoy, What's in a name? es reconocido como un refrán popular en la cultura anglosajona, que presenta la invitación a ir más allá de lo visible -el nombre- y reconocer a una persona por su verdadera esencia; e incluso, no queda limitado a las personas, sino que se convierte en una versión anglo del popular: "no juzgues a un libro por su portada". 

¿Qué hay en los nombres departamentales?

Pero antes de alejarnos más del tema central de este escrito, haremos un rápido recorrido por los nombres de los 32 departamentos de Colombia, para conocer sus orígenes. Iniciamos, con departamentos que tienen su nombre en honor a un héroe de la independencia.   

Bolívar: El primero en nuestra lista, es indudablemente, Bolívar. Cuyo nombre, por supuesto, rinde homenaje al Libertador de 6 naciones latinoamericanas, del yugo español. Bolívar no solamente cuenta con un departamento, sino con al menos, unos 5 municipios: En Santander, Antioquia, Cauca, Valle y El Carmen de Bolívar, por supuesto, en Bolívar. 

El Carmen de Bolívar, cuna del músico Lucho Bermúdez. Fuente propia. 


Caldas: El Sabio, como pasó a la historia Francisco José, participó en la planeación de los hechos del 20 de julio en Santafé, que a la postre, se convertiría en el Grito de Independencia de Colombia. Científico, astrónomo, botánico, ingeniero militar, entre otras, marcaron para siempre, el genio de este hombre. Caldas da nombre a un departamento y a dos municipios, uno en Boyacá y otro en Antioquia. 

Plaza de Bolívar, en Manizales, Caldas. Fuente propia. 


Córdoba: En memoria de José María Córdova. Héroe militar de la independencia, a quien se le atribuye, al parecer falsamente, haber cambiado la ortografía de su apellido, para que éste llevara la V de "victoria". En cambio, se dice que su apellido, al igual que otras muchas palabras, ha vivido la evolución del idioma afectando su ortografía original. 

Córdoba además identifica a 3 municipios: en Bolívar, Nariño y Quindío, y a un caso especial del mismo departamento Córdoba, que se llama "Los Córdobas", pero que no tiene nada que ver con el Héroe de Ayacucho, sino con una familia de colonos que llegaron a estas costas y cuya historia, también es merecedora de un relato.   

Parque de Bolívar, en Montería, capital de Córdoba. Fuente propia.


Santander y Norte de Santander: El Hombre de las Leyes, quien inspiró la creación de este blog hace ya 18 años, también cuenta con varios entes territoriales llamados así en su honor. Por supuesto, el primero corresponde a su lugar de nacimiento, que en ese momento era conocido como la provincia de Pamplona; luego, hacia 1857 se constituyó como el Estado de Santander, y ya en 1910 se dividió en los dos departamentos que conocemos hoy.

El único prócer de la independencia que cuenta con dos departamentos a su nombre, es irónicamente, el que cuenta con menos municipios: uno en Cauca y otro en Norte de Santander. Del primero, Santander de Quilichao, se dice que su apellido viene del idioma paez, del pueblo Naza y significa "Sueño del tigre"; el otro es Puerto Santander, muy cerca a Cúcuta y con su fundación ligada a la creación de una estación del ferrocarril.  

Monumento a José Antonio Galán, en Charalá, Santander. Fuente propia.


Nariño:  Don Antonio Amador José Nariño es conocido como el precursor de la independencia de América, y además, por su inconmensurable legado de haber traducido Los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1793 (recordemos que la Revolución Francesa, en donde surgieron, había ocurrido apenas 4 años atrás). 

Además del departamento cuya capital es Pasto, Nariño da nombre a 4 municipios: en Cundinamarca, Antioquia, Nariño (Sí, en el mismo departamento) y Amazonas, éste último el famoso Puerto Nariño, al que solamente se accede por vía fluvial, y que es el "otro único municipio" de este inmenso departamento. 

El ciego Manuel de Rivera, benefactor del Santuario de Las Lajas, en Ipiales, Nariño. Fuente propia.



Y para finalizar este primer recorrido, nos encontramos con otro Antonio.

Sucre: al igual que Bolívar, Antonio José de Sucre nació en lo que hoy es Venezuela, y hoy, el Estado donde se sitúa Cumaná (su ciudad de nacimiento) lleva su nombre. Por otro lado, en Colombia, además de un departamento, Sucre cuenta con 3 municipios: en Santander, Cauca y Sucre (mismo caso de Nariño, Nariño); sin embargo, lo más interesante de este último Sucre, es que allí vivió gran parte de su vida, el Nobel Gabriel García Márquez, y fue allí donde ocurrió la historia de los hermanos Pedro y Pablo Vicario, quienes cometieron el crimen narrado en Crónica de una muerte anunciada -otro ejemplo de una máxima literaria, que se convirtió en un modismo-.

Parque Santander, en Sincelejo, la capital de Sucre. Fuente propia


En una próxima entrega, recorreremos los departamentos con nombres a partir de vocablos indígenas y otros, a partir de nombres heredados de la conquista y la colonia española. En el camino nos vemos.  

viernes, 29 de marzo de 2024

La peste

Hace cuatro años que la vida en el planeta cambió. Sucedió algo que nadie imaginó. Un virus que nadie conocía, vino para quedarse. Nuestra vida como la conocíamos, cambio 180 grados. Ahora somos otros. 
Pero a inicios de este año, me encuentro con un libro que se llama: “la historia de los perdedores”, uno de los mejores libros que he leído. Este libro me remite a otro, cómo pasa siempre con los buenos libros. Este libro se llama: “ el diario de la peste”, de Daniel Defoe. Y yo me pregunto… ¿qué hago leyendo un libro relacionado con la peste, una enfermedad que ocurrió sobre el siglo XVII y que se convirtió en pandemia? ¿Acaso no me bastó vivirla en carne propia, para dejarla atrás y continuar con mi vida? Y no contenta con esto, cae en mis manos otro libro relacionado con la pandemia de COVID, “el árbol de  Guayacán” de Dany Alejandro Hoyos, alias “el Suso”.
Estos tres libros y mi historia personal, hacen que mi deseo de escribir fluya, así como mi necesidad de ser leída. 
Cada quién tiene su propia historia, relacionada con la pandemia. Cada uno vivió lo bueno, lo malo, nuestros hábitos cambiaron. Durante la pandemia, creímos que íbamos a ser más empaticos, que ahora si no habrían más guerras, que íbamos a cuidar más el planeta, que nos íbamos a ayudar los unos a los otros… y qué pasó…? Nada… absolutamente nada…después de cuatro años, seguimos siendo los mismos, con todos los defectos, con nuestros egos, la deshumanización…  acaso no aprendimos de nuestros errores?
Así de rápido olvidamos lo que pasamos hace cuatro años… los seres queridos que dejaron de existir… como mi padre que murió por culpa de ese virus… como que se nos olvida… así como la historia… que tendemos a repetirla. 

Ahora que leo el diario de la peste, recuerdo cómo hace cuatro años, vivimos todo lo que se nombra en aquel libro. Las desesperanzas, la melancolía, la soledad, la tristeza, la indefensión, la falta de resilencia, la incomodidad. Lo que era tan común como ir a la tienda, o sacar la basura, se volvió en una salida para poder respirar, mirar el mundo como era y no cómo queríamos que fuera. 
Tales cosas que sucedieron en el pasado, cómo la peste bubónica, el COVID, la peste negra, etc… nos deberían haber dejado una gran enseñanza, pero al parecer todo sigue igual, el mundo sigue igual… a mi modo de ver no aprendimos nada. 
Solo me queda la pregunta, ¿aprendimos al menos a ser más resilientes, más humanos, más personas? 


jueves, 28 de marzo de 2024

La primera gran Liga de la Justicia de América

Mucho tiempo antes de las primeras apariciones de Superman en 1938, Batman en 1939, o Aquaman o Wonderwoman en 1941, y por supuesto, aún más de la aparición del grupo paramilitar conocido como la Liga de la Justicia de América, existió sobre el subcontinente donde hoy viven la hoja de maple y las barras y las estrellas, una Liga que tiene tanto de sabiduría ancestral como de legado para las sociedades modernas.  

Desde las historias de Pocahontas y la India Catalina, relatos amalgamados de realidad y ficción, fundidos con la bruma de épocas medianamente registradas, podemos reconocer mil y un crónicas sobre la amplísima narración del choque de dos mundos y del mestizaje. Por supuesto, me refiero al período de conquista y colonia de las Américas, por parte de las potencias europeas. 



La India Catalina, raptada por Diego de Nicuesia siendo una niña, y considerada como madre del mestizaje en Suramérica. Fuente propia. 
 

Por otro lado, también son muy conocidas las naciones originarias que lucharon con fiereza contra el asedio europeo: Caribes, Aztecas, Mapuches, Sioux, solo por mencionar algunos ejemplos y, sin embargo, hay una nación -o más bien, un grupo de naciones- que merece ser revalidada, se trata de la Liga de los Iroqueses, también conocida como Confederación de los Iroqueses.  

Esta Liga fue una alianza política y militar histórica formada por cinco naciones nativas americanas: los Mohawk, Oneida, Onondaga, Cayuga y Seneca. Posteriormente, se unió una sexta nación, los Tuscarora. Estas naciones eran parte de lo que ahora se conoce como el noreste de los Estados Unidos y el sureste de Canadá, por allá por los estados de Nueva York, Wisconsin, Michigan, entre otros. 

Vista del Lago Michigan, desde Milwaukee, Wisconsin. Uno de los territorios de la Liga de los Iroqueses. Fuente propia. 


La Liga de los Iroqueses fue creada alrededor del siglo XV, aunque algunos historiadores sugieren que su formación pudo haber ocurrido mucho antes. Se creó con el propósito de establecer una alianza política y militar para enfrentar amenazas comunes, resolver disputas internas y promover la paz entre las naciones iroquesas. Esto fue de una radical importancia para soportar y repeler, de cierta medida, el avance de los colonos ingleses en las tierras norteamericanas.

Uno de los aspectos más destacados de la Liga de los Iroqueses fue su estructura política y su sistema de gobierno democrático, que incluía un consejo de líderes de las naciones miembro que tomaban decisiones mediante el consenso. Sin embargo, uno de los aspectos que más me llamó la atención, es que la organización social de los iroqueses era matrilineal, donde la tradición se transmitía a través de las mujeres. Ellas, en grupos de consejeras, elegían a los nuevos jefes, y los hijos recibían el nombre del clan de la madre. Este sistema influenció en gran medida la forma en que se desarrolló la democracia en las colonias americanas y, más tarde, en los Estados Unidos, aunque hay expertos que dicen que el sistema de gobierno gringo es muy grecorromano, es indudable que hay cosas que se heredaron de esta confederación.

La Liga de los Iroqueses desempeñó un papel importante en la historia colonial de América del Norte, especialmente durante los conflictos entre las potencias coloniales europeas y los pueblos indígenas. Su influencia política y su habilidad para mantener la paz entre las naciones iroquesas les otorgaron un considerable poder y respeto en la región durante varios siglos. Irónicamente, fue el proceso de independencia estadounidense lo que fue llevando a la casi desaparición -aunque no total incluso hoy- de la Liga de los Iroqueses, ya que algunas de sus naciones apoyaron a los patriotas y otras, a los ingleses... 

Finalmente, fue como si Batman se aliara con Lex Luthor, y Superman con el Joker. 

¿Será este el fin de la Liga de la Justicia?


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