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viernes, 5 de mayo de 2017

A propósito del Necronomicón y otros bestsellers

En realidad, este artículo no trata sobre el Necronomicón como tal, sino que se refiere más bien, a su autor, Howard Philips Lovecraft, quien es muy reconocido como un escritor de Terror, o aún más allá, de terror mezclado con fantasía y mitología.

Sin embargo, pienso que sí es importante comenzar hablando del Necronomicón, que es el libro más famoso de H.P. Lovecraft y que, curiosamente, no fue escrito por él. El Necronomicón es un libro mágico, antiquísimo y prohibido, que contenía todo el conocimiento sobre los demonios que habitaban el mundo y que buscan ahora recuperarlo. Hasta el momento, pura ciencia ficción. 


A propósito de este libro, encontré esta reseña en Google Books:
Aunque los escépticos afirman que El Necronomicón es un tomo fantástico creado por H.P. Lovecraft, los auténticos investigadores de los misterios esotéricos del mundo saben la verdad: El Necronomicón es un volumen blasfemo de conocimiento prohibido escrito por el árabe loco Abdul Alhazred. Incluso hoy, a pesar de las tentativas por destruir todas las copias en cualquier idioma a lo largo de los siglos, aún existen algunos ejemplares, escondidos. Dentro de este libro encontrarás historias, ensayos y diferentes versiones acerca del libro blasfemo. A través de los testimonios de Robert Silverberg, Frederick Pohl, John Brunner y el propio Lovecraft, entre otros, ahora tú también puedes aprender el verdadero saber de Abdul Alhazred y conocer de primera mano el ignoto poder que se encuentra entre sus páginas.  
De acuerdo a esto, el Necronomicón no solamente existió (y existe en la actualidad) sino que Lovecraft lo conocía y lo utilizó de manera subrepticia en sus obras. Pura teoría de la conspiración, a mi gusto, y sin fundamentos reales. 

Pero volviendo a lo importante, Lovecraft se hizo su propia fama, al construir todo un mundo de seres extraños y repugnantes (palabra que él mismo usa bastante en sus relatos), y de este mundo, tal vez el más famoso de los monstruos, es Cthulhu (pronunciado como Tululu en South Park -Sí, tan famoso que fue parodiado en South Park).

Se trata de un horrendo demonio del interior de la Tierra, que "mide unos 10 kilómetros de altura), con cabeza de pulpo o calamar, y abotargado cuerpo de dragón, con sus respectivas alas rudimentarias. Tiene la capacidad de alterar su forma, aunque siempre es básicamente la misma. Su cuerpo escamoso está compuesto por una sustancia distinta a las que se encuentran en nuestro planeta, una especie de masa gelatinosa que lo hace prácticamente indestructible. De todos modos, incluso si su cuerpo físico es destruido por completo (cosa muy improbable), su naturaleza extraterrenal lo haría volver a formarse en horas. Fue uno de los conquistadores de la Tierra y dominó desde las profundidades del océano." (De Wikipedia)


Y precisamente, debido a sus características, se convirtió en el personaje central (pero nunca protagonista) de la obra de Lovecraft, al punto de que ha tenido apariciones en cientos de series de TV, películas, cómics, video juegos y hasta música.
 
Cthulhu (nombre cuya pronunciación correcta también es objeto de debates, ya que Lovecraft tiende a la ambigüedad en estos aspectos) se ha hecho más famoso que su mismo creador. Pero bueno, volviendo a éste, es interesante leer sus obras, la mayoría, cuentos cortos llenos de elementos fantásticos y aterradores, en donde definitivamente se nota la influencia de otro grande, Edgar Allan Poe. 

Su lectura no es fácil, pero sí muy interesante y decididamente, un punto de encuentro de la literatura universal, que nos permite entender el porqué de muchas corrientes actuales en creaciones literarias y otras como  el cine y el cómic. 

¡Nos leemos en una próxima! 

lunes, 18 de agosto de 2008

La culpa es de Bolívar

Amanecía el 17 de junio de 1826. El Libertador, fuertemente criticado por sus ideas de una constitución donde él mismo sería proclamado Presidente vitalicio de la Gran Colombia - es decir, Venezuela, Nueva Granada, Quito, el Alto y Bajo Perú-, se disponía a arribar a la capital, SantaFe, donde lo esperaba El Hombre de las Leyes y los granadinos, quienes además, esperaban una explicación ante tamaña y grotesca decisión.

La comitiva del Libertador llegaría a Mariquita, donde los recibiría la comitiva del Vicepresidente. Allí, en horas de la madrugada, se sintió uno de los más fuertes movimientos sísmicos que han afectado a la capital. Su epicentro fue en la población de Sopó, a escasos 30 kilómetros de la actual Bogotá.

Por supuesto, no hizo falta que muchos opositores culparan de lo sucedido a la llegada de Bolívar, que para entonces acababa de liberar a los actuales Perú y Bolivia.

Éste sería solo el comienzo de una serie de terremotos que azotarían al centro del país por casi un año. El más fuerte se presentó el 16 de noviembre de 1827, -con el que se cerró esa misteriosa cadena de movimientos telúricos- con epicentro en Timaná, Huila, que causó daños graves en las edificaciones capitalinas. Éste último fue considerado de intensidad VIII.

En una época en la que aún primaban las creencias sobrenaturales, todo este registro de sismos se presentó como una señal de los infiernos para separarnos, eternamente, de nuestros vecinos venezolanos. Sin embargo, todo esto no paró allí.

Uno de los personajes de la Bogotá secreta del siglo XIX, el sacerdote Francisco Margallo predijo:

El 31 de agosto,
de un año que no diré,
Sucesivos terremotos
destruirán a SantaFe.
No solo era un terrible anatema sino también un bonito verso con perfecta rima... Nos queda la pregunta si era la poesía la forma de asustar en el siglo antepasado, o si solamente era por elegancia. El hecho a tener en cuenta es que este verso fue dado a conocer hasta después de 1917, cuando precisamente el último día de agosto, hubo un terrible terremoto en Bogotá.

Cierto o no, queda el registro históricamente exacto de los terremotos. Hoy, con más o menos intensidad se siguen sintiendo estos movimientos en todo el país.

¿Esperamos entonces el cumplimiento de la predicción? Mejor que no coja confesados.

lunes, 21 de julio de 2008

Rarezas IV

El siguiente relato no presenta, como acostumbrábamos en el blog, una historia sino más bien, una costumbre o creencia.

El relato viene, como antes, del departamento del Tolima, en el centro del país, y es narrado, igual que antes, por tradición oral por parte de mi madre.

En una finca de la zona, donde mis antepasados cercanos vivían, y en toda la región, existía la creencia del cuidado de la naturaleza, digamos que por medios extrasensoriales.
En estas tierras de clima cálido y de fertilidad extrema, la producción de fruta es bastante alta y cualquiera que tenga un pedazo de tierra puede comprobarlo fácilmente.

Alguna vez, cuando estos árboles produjeron su fruto, la ingenuidad de la inocencia hizo que mis tías cortaran unos mangos e hicieran una especie de postre con ellos, algo que actualmente veríamos como normal. Incluso bastante más aceptable que "dejarlos perder", es decir, no comerlos y permitir que se dañen con el tiempo.

Sin embargo, a mi abuelo no le gustó mucho la idea; el enojo se apoderó de él aunque fue siempre un hombre muy tranquilo. Fue entonces cuando les contó lo que pasaba con la fruta que no se comía o no se hacía jugo:

Por mí, que se la coman, se la embarren o se la den a los animales, pero no hacer nada de esas cosas porque se engusana el palo, por eso no vendemos la fruta que sale de la finca.

Esta lapidaria sentencia establecía que si la fruta no se comía, se hacía jugo o se dejaba perder, al menos, no debía ser convertida en cualquier otra cosa... pasteles, postres, etc porque esto atacaba directamente al palo que lo producía, es decir, al árbol.

Efectivamente, a las pocas semanas, el palo'e mango estaba infestado de gusanos y no hubo otra solución que cortarlo de raíz, labor que hizo mi abuelo sin dilaciones.

No sé qué pase ni por qué se produzca este efecto. Confieso que cuando mi madre me lo contó fue la primera vez que escuché algo así, y es la tradición la que no me permite dudar de la veracidad de esta narración.

¿Por qué pasa esto entonces? si sabemos que no hay contacto directo entre la fruta y el palo luego de ser cosechada.

O talvez ese contacto directo es más fuerte de lo que pensamos, talvez, como el vínculo de madre e hijo. Seguirá entonces en el misterio familiar este suceso.

domingo, 8 de junio de 2008

Cuando ellos no se van

Videos como éstos, hay muchísimos en internet; sin embargo, muy pocos mantienen una seriedad digna de ser tenida en cuenta. Como siempre en estos temas, es mejor simplemente transmitir las imágenes y que sea el lector-espectador quien tome sus propias conclusiones.




miércoles, 30 de abril de 2008

La mente y el enigma

Semana Templaria


No es un enigma para nadie el saber que son los enigmas, los misterios y los temas que no alcanzamos a entender, lo que genera una mayor emoción en la complicada y retorcida mente humana.

Es así como se hacen frecuentemente populares temas como los fantasmas, los OVNI, los milagros, las levitaciones e incluso, las relaciones de gobiernos vecinos con grupos terroristas (cosas que simplemente no podemos entender). Pero ¿Cuál es el verdadero interés del hombre en todo esto?

Lo primero que podemos decir es que el saber o no saber sobre este tipo de misterios (entre ellos los históricos) no ayudan a la humanidad a vencer problemas reales como el calentamiento global, por ejemplo. Así que ¿Sera éste uno de esos placeres que el hombre se permite a pesar de no tener un fin práctico? Buena pregunta; a mi parecer, diría que sí, pero allí mismo surge otra pregunta: Si la mayoría de estos temas tienen que ver con historias que no nos dejan dormir ¿Por qué nos gustan? No me atrevo a dar una respuesta, o por lo menos, no ahora.

Seguramente, el avezado lector, se estará preguntando ¿Qué tiene esto que ver con el tema de la Semana Templaria? En este caso, le puedo responder: Si no lo ha visto, no es tan avezado como pensé; sin embargo, estoy seguro de que sabemos a dónde lleva todo esto. Sólo falta leer de nuevo, el lema del blog para esta semana -Esa pequeña frase debajo del título del blog- y sabremos que estamos hablando de uno de los temas más explorados por los historiadores medievales... La Maldición Templaria... (tan famosa como la maldición de Tutankamón, la maldición del Garabato, etc) pero por supuesto, éste es solo un artículo introductorio a ese complejo tema.

Volviendo pues, al tema que nos compete por ahora, intentaré apoyarme en un grande para tratar de decir porqué nos gusta tanto el misterio. Este grande se llama Carl Sagan, un científico estadounidense con aires de filósofo, que siempre busco las respuestas a todo mirando hacia arriba (literalmente, el hombre era astrónomo también). Este señor, mezcla de científico y medium, participó en un proyecto conocido como SETI (sigla que en inglés significa: Búsqueda de inteligencia extraterrestre -aunque en esto siempre le fue mejor a Steven Spielberg-). Según él, las personas buscan, necesitan y quieren el misterio; por lo que si no lo hay nos lo inventamos y muchas veces dejamos de prestar atención a misterios reales. Para Sagan, el misterio es lo deseado, tanto como una pasión por su mismo hecho de incógnito, de donde podemos deducir que si se revelase ya perdería todo su atractivo.

Aparecen entonces tipos de misterios, como los naturales (¿Qué sucede al interior de un hoyo negro?) Que competería al ingenio de un científico; los paranormales (Fantasmas y seres legendarios) Que seguramente serán buscados por espirititas, mediums y aventureros; unos un poco más religiosos (milagros) que competen a clérigos y jerarcas de la iglesia. Todos estos y muchas más clases -esta clasificiación es de lo más arbitraria- son siempre vigiladas celosamente por cada uno de los miembros que mencionamos... así se genera ese recelo propio de quien los defiende a punta de fe, de quien cree en las energías invisibles o de aquellos que no se conforman al ver que la ciencia no alcanza a dar explicaciones convincentes.

Para finalizar, me gustaría recomendar a quien interese, un programa de Caracol Radio llamado Enigmas del mundo, todos los domingos a las 11 p.m. en los 100.9 Mhz. Lo recomiendo porque se maneja con la seriedad periodística y lejos de utilizar el morbo que tanto venden otros medios de comunicación, busca manejar la información con un enfoque bien interesante.

Sea lo que fuere... el hecho de que nos guste el misterio, los enigmas, el morbo y el susto es otro enigma en sí mismo... o si no ¿Por qué pagamos para entrar en un castillo del terror o en una montaña rusa?

lunes, 1 de octubre de 2007

Rarezas III

Ésta es la tercera entrega de las seis que componen la serie Rarezas. En este artículo se presenta una historia que fue vivida hace varios años en las riberas del río Magdalena, en lo que hoy son los municipios de Flandes y Girardot.

La figura en la oscuridad


Cuando un pueblo y una sociedad subyacente no han evolucionado lo suficiente, se presentan ciertas costumbres que hoy se nos harían extrañas, pero obviamente, lógicas a la luz de la época que se vive. Aún hoy existen referencias cercanas hacia estas cosas que al parecer hubieran quedado en el pasado. Una de estas costumbres era, debido a la falta de acueducto, lavar la ropa y demás objetos que lo necesitaran, en las aguas corrientes del río.

Y era ésta una de esas actividades que debía hacerse a altas horas de la madrugada, gracias a todos los otros quehaceres domésticos que por supuesto, requerían más tiempo del que se emplearía hoy.

Esta historia fue vivida por mi abuela, la mamá de mi mamá, una mujer fuerte de infancia campesina que se acostumbró a vivir cosas con las cuales no podríamos vivir ahora.

Esa madrugada ella se acercó como todos los días a la ribera del río. El clima cálido contrastaba con la frescura de la madrugada creando un ambiente templado envuelto en el ensordecerdor ruido de los grillos, las luces intermitentes de las luciérnagas y todo ese sobrecogedor panorama de los insectos, calor y húmedad que caracteriza este tipo de lugares. Ya en la orilla, mi abuela, que era una joven mujer entonces, se dispuso a preparar las prendas centenarias que debían ser lavadas.

Como eran muchas las familias que cumplían con este ritual de limpieza, eran también muchas las caras conocidas que estaban juntas en aquel momento y como la oscuridad es la reina a esta hora, se había dispuesto una hoguera general que alumbraba débilmente a estas mujeres.

Todo transcurría en la normalidad de la monotonía, las mujeres que terminaban simplemente se retiraban hacia sus hogares, las otras quedaban allí mientras varios pescadores también iniciaban sus labores diarias. De pronto algo turbó la paz de este grupo. Los pescadores se retiraban remando lo más rápido que podían; del otro lado del río, en su parte cundinamarquesa, se escuchaban gritos y rezos mientras se veía la gente correr hacia el interior del pueblo.

Y no era difícil ver de qué huían: era un niño dorado que caminaba por esta orilla, con no más de un metro de estatura, complexión delgada y grandes y brillantes ojos rojos. Parecía deambular sin rumbo alguno, a veces corría, se detenía, se arrodillaba e iba de aquí para allá sin preocupaciones, parecía jugar como un verdadero niño. Pero por supuesto, nadie se quedó a ver cómo lo hacía.

La totalidad de la gente dejó en esos lugares la ropa y demás enseres que había llevado. Ya habría tiempo después para recogerlos, por ahora sólo la protección de la Virgen a través del rosario, los podría proteger de cualquier eventualidad paranormal. Cabe recordar que en esta época la gente era muy devota y el catolicismo era la religión dominante, por eso no se hace extraño que muchas de las soluciones a todo lo que se presentara vengan por este camino.

Después se diría que este niño era la representación matutina del mítico Mohán, alejado de las complicaciones de su vejez y la hojarasca que tradicionalmente se le atribuyen. Al parecer, dicen muchos, de este río, el más importante de Colombia en cuanto a recursos, caudal, etc., surgió este ser que fue castigado y condenado a vivir en los afluentes alejando o ahogando a quien se atreva a acercarse y retar sus dominios.

El niño nunca más fue visto.

viernes, 24 de agosto de 2007

Rarezas II

Galope

Fue mi madre quien me relató este aterrador suceso que vivió en su adolescencia.
Esta historia toma lugar en las calles de Fontibón, un municipio que lleva un tiempo reciente como localidad de la capital. Amanece un día como cualquier otro, un domingo nublado y sin grandes expectativas, era un 19 de octubre. Mi madre recibe la orden de ir hasta la panadería por el acompañamiento del desayuno. Y por supuesto, no hay motivos para hacer tardar el cumplimiento de la orden.

Todo parecía normal a excepción de una romería presente en frente de una casa apenas a media cuadra. Pero el deber no daba paso a la curiosidad, sería necesario ir y volver. Así se hizo y de esta forma se hicieron evidentes los hechos acaecidos en aquel lugar, donde la policía ya había acordonado el lugar sólo unos pocos minutos después.

La noticia que circuló por las voces de los vecinos era narrada así:

El esposo, un hombre muy conocido en el barrio, llegó borracho esta mañana, eran las seis aproximadamente. La abuela se había ido a misa, en casa se encontraba su esposa, que ya se había levantado y estaba en la cocina preparando fríjoles en tulpas (método predecesor a la olla pitadora que consistía en poner la olla sobre una base de tres piedras y alimentar el fuego con leña, por supuesto, era un sistema que requería bastante tiempo) mientras tanto, los niños aún dormían. Eran cuatro varones, fruto de esta unión conyugal.

Cuentan las voces que ella ni siquiera alcanzó a saludar cuando una bala le atravesó el alma. La preparación del almuerzo quedó interrumpida para siempre. Él, su esposo, no quiso que todo siguiera como antes. Después de esto, se dirigió a los cuartos de los niños donde les borró su infancia con otros sendos balazos. Ellos quedaron allí, acostados y soñando eternamente, sin saber si quiera si su padre había vuelto o no. Y como sucede cuando ocurren estos casos, él mismo, en su desvarío etílico, talvez sin comprender en realidad lo que acababa de hacer, se voló la parte superior del cráneo con lo que quedaba en su revólver. Cuando la abuela volvío, nunca más fue la misma, ya no había nada de lo que tenía esta mañana.

Horas después, la casa quedó vacía, Medicina legal sacaba en hombros los restos mortales de las seis personas. Como es de esperar, la casa quedó abandonada con su trágico pasado reciente.

La noticia siguió volando de boca en boca por el barrio y por sus alrededores. Cada cual lo contaba una y otra vez, le agregaban y le quitaban detalles, pero no perdía el increíble interés que sólo despierta la muerte en grandes proporciones.

A la semana exacta de sucedido, en la noche, comenzó a sentirse un hecho extraño que no tenía aparente explicación. Era la medianoche y el silencio de la oscuridad era interrumpido por el galope desesperado de un caballo que atravesaba la calle de esquina a esquina, desde el extremo de la cuadra hasta la casa de mi abuela, la casa esquinera. En este punto, el equino paraba y relinchaba con estridente fragor, después no se volvía a escuchar.

La situación se repetía una y otra vez cada noche, pero al acercarse a la ventana y levantar con temblorosa mano la cortina, mi madre no veía más que la calle vacía y una espesa neblina que indicaba el frío que se sentía en este lugar, pero nada que representara vida, tanto menos vida animal.

Los vecinos, quienes también se percataron de los hechos, sugirieron la idea de una misa, ya que literalmente no había quién la pudiera pedir. Después de varias semanas y varias eucaristías, pagadas por cada vecino, el suceso se interrumpió. Y jamás se volvió a escuchar el caballo de la muerte que había establecido en aquellas seis almas, el pálpito eterno de los decesos violentos. Ése que pide a los que aún están aquí que no olviden a los que partieron, y sobre todo, que dirijan una oración para que su alma no vague por siempre en los confines errantes de este mundo que no debían abandonar aún.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Rarezas I

Una secuela de Let Down

Las siguientes son historias reales, extraídas del patrimonio cultural familiar y transmitidas por personas que las vivieron. Hoy quiero compartirlas con ustedes. Se ha tratado de mantener fidelidad a tiempos y espacios, de acuerdo a la narración de los hechos. El resto es trabajo del escritor para organizar y realzar las ideas, nada es ficción.


El bebé de mamá

Cementerio de Girardot

Nos ubicamos en el municipio tolimense de Flandes, esta historia fue narrada por mi abuela a mi mamá y ella a mí. Son los principios del siglo XX y Flandes no cuenta aún como entidad territorial autónoma e independiente, por carecer de sitios como la inspección de policía, plaza de mercado, hospital e incluso cementerio. Las casas son pequeñas construcciones de un piso que abarcan un par de habitaciones, un baño y un inmenso solar donde se ubica todo lo demás.

Sucede que en una de estas calles polvorosas y doradas por el intenso sol, una madre comprueba el milagro de la vida al dar a luz a su primogénito, un bebé que a los pocos días encuentra en su cuerpo las secuelas de una enfermedad que no le augura un futuro. También, busca con desesperación tomar leche del pecho de su madre... ella, al saber de su padecimiento le permite saciar su apetito sin restringirle el uso de la manos. Según me cuentan, cuando una madre amamanta a su hijo no debe permitirle que éste la maltrate con su brazos y manos; ella debe disciplinarlo desde ese mismo momento.

Tristemente el niño muere y éste es sepultado en el cementerio de Girardot, ubicado sobre la entrada al municipio por la vía a Melgar. Unos días después del sepelio, la madre vuelve a éste con el fin de arreglar el pequeño sepulcro de la maleza y poner una lápida con el nombre que se quedó sin estrenar, pero descubre horrorizada que del lugar donde su hijo está descansando eternamente sale una mano que pálidamente saluda al sol...

Con los ojos cerrados y reconociendo en ese pequeño fragmento de cadáver al hijo a quien había dado vida, amplió el hueco por donde salía la extremidad y la acomodó de nuevo juento al pecho del infante. Pero esta situación volvióse tan recurrente que la noticia corría por las calles de los dos pueblos separados por el Magdalena.

La madre desesperada no sabía a quien recurrir, cuando recordó al sacerdote que había prestado sus servicios en el bautismo póstumo y posteriores exequias del niño. Aquel personaje no dudo un segundo en darle la solución.

Al amanecer la desconsolada madre regresó al cementerio donde con ojos ahogados por el llanto hizo lo que el sacerdote le había dicho. Al observar aquella mano fuera de su sepultura, ella se inclinó y con una correa (aunque algunos aseguran que fue con un palo) castigó por última vez a ese niño. Fue un castigo como cualquier otro de la época, con regaño y correazo, porque según se dijo en ese entonces, el niño no podría descansar hasta no haber recibido algo de disciplina de su madre.

Lentamente el pequeño antebrazo se fue fundiendo en la putrefacción y mientras era carcomido sucumbía ante la tierra a la cual debía regresar.

Ahora el niño y su madre descansan, porque lo que se debe hacer en vida no da plazo ni tiempo de espera.

Publicado el miércoles 18 de julio de 2007

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