lunes, 21 de julio de 2008

Rarezas IV

El siguiente relato no presenta, como acostumbrábamos en el blog, una historia sino más bien, una costumbre o creencia.

El relato viene, como antes, del departamento del Tolima, en el centro del país, y es narrado, igual que antes, por tradición oral por parte de mi madre.

En una finca de la zona, donde mis antepasados cercanos vivían, y en toda la región, existía la creencia del cuidado de la naturaleza, digamos que por medios extrasensoriales.
En estas tierras de clima cálido y de fertilidad extrema, la producción de fruta es bastante alta y cualquiera que tenga un pedazo de tierra puede comprobarlo fácilmente.

Alguna vez, cuando estos árboles produjeron su fruto, la ingenuidad de la inocencia hizo que mis tías cortaran unos mangos e hicieran una especie de postre con ellos, algo que actualmente veríamos como normal. Incluso bastante más aceptable que "dejarlos perder", es decir, no comerlos y permitir que se dañen con el tiempo.

Sin embargo, a mi abuelo no le gustó mucho la idea; el enojo se apoderó de él aunque fue siempre un hombre muy tranquilo. Fue entonces cuando les contó lo que pasaba con la fruta que no se comía o no se hacía jugo:

Por mí, que se la coman, se la embarren o se la den a los animales, pero no hacer nada de esas cosas porque se engusana el palo, por eso no vendemos la fruta que sale de la finca.

Esta lapidaria sentencia establecía que si la fruta no se comía, se hacía jugo o se dejaba perder, al menos, no debía ser convertida en cualquier otra cosa... pasteles, postres, etc porque esto atacaba directamente al palo que lo producía, es decir, al árbol.

Efectivamente, a las pocas semanas, el palo'e mango estaba infestado de gusanos y no hubo otra solución que cortarlo de raíz, labor que hizo mi abuelo sin dilaciones.

No sé qué pase ni por qué se produzca este efecto. Confieso que cuando mi madre me lo contó fue la primera vez que escuché algo así, y es la tradición la que no me permite dudar de la veracidad de esta narración.

¿Por qué pasa esto entonces? si sabemos que no hay contacto directo entre la fruta y el palo luego de ser cosechada.

O talvez ese contacto directo es más fuerte de lo que pensamos, talvez, como el vínculo de madre e hijo. Seguirá entonces en el misterio familiar este suceso.

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