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domingo, 1 de marzo de 2026

Entre estoraques, montañas y campanarios

Relatos desde la frontera: segunda entrega

Relatos desde la frontera: primera entrega

Mucho se ha mencionado en este blog sobre la iniciativa de los Pueblos Patrimonio (Ver: El Repitente: Lo que hizo el puente Navarro - Primera Parte) y, por supuesto, ello también influyó en la elección de Norte de Santander como un destino para visitar con prontitud.

En ese panorama aparece una joya enclavada en las montañas del departamento fronterizo: un espacio que, como otros pueblos de esta red, parece haberse abstraído de la evolución urbanística y conservar la belleza y la aparente sutileza de la arquitectura colonial de los siglos XVIII y XIX. Hablamos por supuesto, de La Playa de Belén.

Las callecitas de La Playa de Belén. Fuente propia. 

La Playa de Belén es parte de la provincia de Ocaña y reconocido como uno de los pueblos más hermosos de Colombia. Fue fundado el 4 de diciembre de 1862 y elevado a municipio en 1913, consolidándose como un importante centro agrícola y cultural de la región. Su historia está ligada al desarrollo campesino y al intercambio comercial con Ocaña, conservando hasta hoy una arquitectura tradicional que le ha valido el reconocimiento como Bien de Interés Cultural de la Nación, además de ser parte de la mencionada Red de Pueblos Patrimonio.

Su casco urbano, con calles empedradas y casas blancas de estilo colonial, ofrece una experiencia tranquila y auténtica. La Playa de Belén combina historia, naturaleza y patrimonio arquitectónico, convirtiéndose en un destino ideal para quienes buscan paisajes extraordinarios y tradición nortesantandereana.

Parroquia San José, La Playa de Belén. Fuente propia.

Y si de paisajes extraordinarios hablamos, es precisamente este pequeño municipio el que alberga uno de los escenarios más increíbles y majestuosos de la geografía nacional: el Área Natural Única Los Estoraques. En honor a la verdad, su denominación es tan singular como su belleza: “Área Natural Única” es una categoría exclusiva en el país, otorgada por Parques Nacionales Naturales, la entidad estatal encargada de proteger y administrar las áreas protegidas en Colombia. No existe otra área con esta designación.

El término “estoraques” proviene, según se dice, de una planta que habría existido en la zona y que desapareció con el desarrollo humano. Hoy, al menos en Colombia, la palabra se asocia a formaciones rocosas en forma de columnas erosionadas.

Los Estoraques conforman un laberinto de columnas, agujas y figuras de roca moldeadas por el viento y el agua durante siglos, como si la naturaleza hubiera querido levantar allí una catedral de arena petrificada.

Área Natural Única de Los Estoraques. Fuente propia.

Caminar entre sus senderos es adentrarse en un territorio casi irreal, donde la luz dibuja sombras caprichosas sobre las formaciones y el horizonte se tiñe de tonos ocres y dorados. Columnas, pedestales y cuevas se convierten en espacios de contemplación, asombro y respeto, donde la tierra cuenta su propia historia sin necesidad de palabras. Tan irreal es el paisaje que sirvió de inspiración para la habitación de Bruno en la película Encanto, la misteriosa oveja negra de la familia de la que “no se habla, no, no, no”.

El sitio que sirvió de inspiración para la habitación de
Bruno, en Encanto (Disney, 2021). Fuente propia.

El regreso al oriente

En el camino que conduce de Ocaña a Cúcuta, a lado y lado de la cadena montañosa que separa la provincia de Oriente de la provincia Norte, se encuentran Ábrego y Sardinata: dos poblaciones hermanas, ambas ubicadas en valles fértiles y de temperaturas agradables, pero separadas por los caprichos de la Cordillera Oriental.

Ábrego fue fundado el 12 de marzo de 1810, en el contexto de los movimientos independentistas del entonces Virreinato de la Nueva Granada. Su consolidación administrativa se dio durante el siglo XIX, cuando fue erigido como municipio en el período republicano. Inicialmente se llamó La Cruz, pero luego recibió su nombre actual en honor a Mercedes Ábrego, vinculada a la causa independentista, quien brindó información relevante a los patriotas y ayudó a bordar el traje de brigadier de nada menos que el Libertador Simón Bolívar. Fue fusilada por el ejército español.

Monumento a Mercedes Ábrego en el patíbulo.
Parque principal de Ábrego. Fuente propia.

Ubicado en la provincia de Ocaña, al occidente de Norte de Santander, el municipio se ha destacado históricamente por su vocación agrícola, especialmente en la producción de cebolla, fríjol y café. Su entorno montañoso y su tradición campesina han sido fundamentales en el desarrollo económico y cultural del territorio.

Y, por otro lado —literalmente al otro lado de la montaña—, se encuentra Sardinata.

Sardinata fue fundada en 1876, en una zona estratégica del entonces Estado de Santander, que ya contaba con asentamientos rurales dedicados a la agricultura y la ganadería. Fue erigida como municipio a finales del siglo XIX, consolidándose como un importante centro productivo del departamento. Su nombre proviene del río Sardinata, eje natural fundamental para el desarrollo económico y social del territorio, y que, según la tradición, contaba con abundancia de sardinas en sus aguas.

Parque principal de Sardinata. Fuente propia.


Ubicada en la subregión del Catatumbo, Sardinata se caracteriza por su riqueza agrícola, especialmente en el cultivo de cacao, palma de aceite y productos de pancoger. Sus paisajes combinan zonas montañosas y valles cálidos atravesados por ríos y quebradas, elementos esenciales de su identidad campesina y cultural.

Aunque Sardinata forma parte de los linderos del tristemente célebre Catatumbo, recorrer sus calles es un plan imperdible: sus atardeceres son verdaderas poesías de color, su gente es cálida y su comida, deliciosa.

El tiempo apremia. Debemos regresar a Cúcuta, porque nos espera el área metropolitana y, por supuesto, otra de las joyas históricas del viaje: la casa natal del general Francisco de Paula Santander.

En la ruta 70 nos vemos. Abrazo viajero. 

domingo, 1 de febrero de 2026

Cúcuta y Ocaña: primeras huellas del viaje

Relatos desde la frontera: primera entrega 

Había escuchado mucho sobre este departamento, lamentablemente, en su mayoría se trataba de malas noticias: subversión, corrupción, contrabando, abandono estatal, etc. Sin embargo, y gracias también a personas que he conocido en el desarrollo de mi profesión - colegas docentes y estudiantes, particularmente-, crecía en mí el deseo de conocer este inmenso e incluso enigmático departamento: Norte de Santander. 

¿Por qué hay dos Santanderes? 

Para entender porqué hoy tenemos dos departamentos con el apellido del General, debemos volver a 1857 cuando lo que ahora es nuestro país, se organizaba como Estados Unidos de Colombia, y precisamente, después de muchos ires y venires, se estableció el Estado (primero Federal y luego Soberano) de Santander. En este territorio, se incluia todo lo que hoy son los dos departamentos. 

Luego, en 1886, la nueva Constitución nacional designó a este territorio como departamento, y ya en 1910 las provincias del norte tomaron un nuevo camino,  al separarse oficialmente, manteniendo el nombre, pero con la indicación geográfica que lo identifica. Así nació Norte de Santander.  

Cúcuta, la perla del norte


Por supuesto que este viaje debe empezar desde la capital departamental, la hermosa -aunque no lo crean- San José de Cúcuta. Una ciudad con una gran historia, muchos retos, bastante protagonismo y una ansía de futuro que se respira en cada calle.

Parque Santander, al fondo la Catedral de San José, en Cúcuta.
Fuente propia.


Cúcuta es una ciudad llena de historia y dinamismo, conocida como la "Perla del Norte". Fundada en 1733 por Juana Rangel de Cuéllar, Cúcuta ha sido testigo de importantes eventos históricos, como el Congreso de 1821, donde se redactó la Constitución de Cúcuta que dio lugar a la Gran Colombia. Situada en la frontera con Venezuela, la ciudad se ha consolidado como un centro económico, comercial y cultural estratégico para la región.

Monumento Histórico de Cristo Rey, en Cúcuta. Fuente propia.


Entre los principales atractivos turísticos de Cúcuta destacan el Parque Santander, un emblemático punto de encuentro rodeado de edificios históricos, y el Malecón, un espacio a orillas del río Pamplonita ideal para el esparcimiento y la recreación. También es imprescindible visitar la Catedral de San José, un imponente símbolo de la ciudad, así mismo, el Monumento Histórico de Cristo Rey y el mirador del cerro de Jesús Nazareno. La cercanía de Cúcuta con los paisajes montañosos de Norte de Santander la convierte en un destino que combina historia, naturaleza y modernidad.

Como toda ciudad capital grande, es importante tener las precauciones normales en cuanto a seguridad.

Siguiente parada: la histórica Ocaña

El viaje entre Cucuta y Ocaña toma entre cuatro y seis horas, dependiendo de factores como el clima, el tráfico, la geografía y sí, hay que decirlo, el orden público (aunque esto no es un factor que afecte esta vía muy frecuentemente). Este trayecto recorre Norte de Santander de oriente a occidente, y atraviesa una cadena montañosa y varios rios. Los paisajes en esta vía son espectaculares, y si lo recorren, como yo, en horas tempranas de la tarde, y tienen buen clima, podrán disfrutar de increibles atardeceres al descender hacia Ábrego.  

Los paisajes montañosos entre Cúcuta y Ocaña. Fuente propia.


Ocaña es una ciudad profundamente histórica y con una diversidad cultural impresionante. Lo primero que se debe mencionar, sin duda, es que su rol en la formación de la república, la dejó para siempre plasmada en los libros de historia. Por esta razón, el primer lugar de interés que recomiendo visitar es el Complejo Histórico de la Gran Convención (El templo de San Francisco, el Convento y la Plazoleta), en donde se desarrolló en 1828 la Convención que buscaba modificar la Constitución de 1821 -que había creado a la Gran Colombia-.

En esta edificación, que data del siglo XVII, funcionó un convento, luego un par de instituciones educativas, y posteriormente fue declarado monumento nacional. Hoy, allí queda el Museo de la Gran Convención, la biblioteca municipal y las oficinas de la Academia de Historia de Ocaña. 


Así mismo, otro sitio histórico muy relevante para visitar en Ocaña es el Museo Antón García de Bonilla, llamado así en honor de un enconmendero español que fue relevante para la fundación del municipio y que además, está destinado a cabalgar eternamente por la hermosa Calle del Embudo y la de San Luis, esto debido a haber incumpido una promesa a Santa Risa de Cassia a propósito de la salud de sus hijas (Se dice que en realidad fueron tres generaciones de García de Bonilla, siendo el último, el condenado a vagar eternamente). 

Pero volviendo al museo, podemos decir que es una hermosa casona del siglo XVII, propiedad del susodicho, y que hoy alberga una amplia colección de arte religioso, piezas precolombinas y elementos de la vida en épocas coloniales y republicanas, esto, por supuesto, buscando preservar la memoria histórica del municipio. 
Museo Antón García de Bonilla, Ocaña. Fuente propia.


Ya en la plaza principal de Ocaña, llamada 29 de mayo, se encuentra, entre otros, la Catedral de Santa Ana y la columna de la libertad de los esclavos, ambos sitios significativos y con una importancia histórica y cultural considerable. 

Frontis de la Catedral de Santa Ana, Ocaña. Fuente propia.

La plaza recibe su nombre de la fecha en la que se creó la Provincia de Ocaña en 1849, como parte de la entonces República de la Nueva Granada, para unos años después, convertirse en parte del Estado de Santander -del que ya habíamos hablado. 

La Catedral de Santa Ana data de 1576 y es sede de la Diócesis de Ocaña. En cuanto a la Columna de la libertad de los esclavos, hay un inmenso valor histórico y es que se trata de la única pieza física existente que conmemora la abolición de la esclavitud, de manera definitiva, por la promulgación en 1851 de la ley abolicionista por parte de José Hilario López, el entonces presidente. Esta columna fue erigida ese mismo año.   

La Columna de la Libertad de los Esclavos. Ocaña. Fuente Propia. 

Tuve también la fortuna de visitar el Santuario de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma, más conocido por los locales como el Santuario del Agua de la Virgen. Se dice que allí, en 1711, se apareció la Virgen María a una humilde familia campesina que buscaba madera. Este Santuario es un lugar hermoso, rodeado de naturaleza y con un ambiente sacro que verdaderamente llega al alma.

Santuario de Ntra Sra de las Gracias de Torcoroma, Ocaña. Fuente propia.

Y nada mejor que terminar el día con una vista espectacular: el atardecer ocañero desde el Cerro de Cristo Rey, con una estatua de más de 6 metros de altura, y desde donde se puede disfrutar de un panorámica de Ocaña, mientras el sol se oculta tras las montañas de Norte de Santander. 


Monumento de Cristo Rey. Ocaña. Fuente Propia.

Atardecer en Ocaña, desde el Cerro de Cristo Rey. Fuente propia. 

Tip: En Ocaña, hay que probar la famosa arepa ocañera. Vayan con hambre, es bastante llenadora. 

Agradecimiento: Jennifer Castro, exestudiante y quien me brindó su guía todo el tiempo. ¡Mil gracias!

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jueves, 31 de octubre de 2024

Soracá, Boyacá: la mansión regia de los soracaes

Apenas a unos 7 kilómetros de la ciudad de Tunja, se ubica Soracá, un pequeño municipio que en la actualidad, es muy reconocido por sus peregrinaciones marianas que atraen tantas personas, que sus calles se quedaron chicas para tales cantidades. 

Fuente y templo parroquial en el parque principal de Soracá, Boyacá. Colección propia.

Fundado en 1776, este pequeño pueblo es conocido por su tranquilidad y sus paisajes andinos. Su nombre, de origen muisca, significa "lugar de descanso del Sol", lo que refleja su conexión con la cultura indígena que habitaba la región antes de la llegada de los colonizadores españoles.

Soracá también es reconocido por su producción agrícola y minera y es un destino muy atrayente para las personas que practican ciclismo desde la capital departamental, debido a su corta distancia y a los ascensos y descensos en la vía, que por cierto, se encuentra en buenas condiciones. Este pequeño poblado fue declarado municipio a mediados del siglo XX, pero luego hizo parte de Tunja, como corregimiento, para ser elevado nuevamente a municipio 20 años después.

El parque principal de Soracá. Colección propia. 

Soracá ha conservado su carácter rural y sus tradiciones agrícolas, siendo un lugar donde predominan cultivos de papa, maíz y hortalizas, productos que son clave para la economía local.

Entre los principales atractivos turísticos de Soracá, destaca el Santuario de Nuestro Señor de la Columna, un importante sitio de peregrinación que recibe visitantes de toda la región, especialmente durante la Semana Santa. Sin embargo, su tradición más reconocida sucede siempre, el primer sábado de cada mes, cuando miles de fieles marianos, se reúnen en el municipio a orar a Nuestra Señora de la Salud y a participar de las misas de sanación de un reconocido sacerdote.

Una romería se reúne en las misas de sanación. Colección propia.

Además, el municipio ofrece bellos paisajes rurales, ideales para quienes disfrutan de caminatas al aire libre y la tranquilidad del campo boyacense. Un dato curioso es que Soracá es conocido por la devoción a su patrono, el Señor de la Salud, y su fiesta anual es un evento destacado en el calendario local, atrayendo a fieles y turistas que buscan no solo participar en las actividades religiosas, sino también disfrutar de la gastronomía y hospitalidad del lugar.

martes, 15 de octubre de 2024

De los Montes de María a la Depresión momposina

Precuela de Mompox: a veces soñamos con ella pero no existe

El trayecto entre Cartagena y Santa Cruz de Mompox tomó más tiempo del pensado, porque, como se mencionó anteriormente, media hora más de sueño, en la Heróica, hicieron que perdiera uno de los dos únicos buses directos que van hasta la perla del sur de Bolívar: uno a las 7 am y el otro a las 2 pm. Pero por supuesto, siempre habrá alguna alternativa.

Como ya había pensado el itinerario, sabía que para llegar a destino debía pasar por varios municipios del departamento, entre los que estaban El Carmen de Bolívar y Magangué. Así que cuando un voceador me dijo que podía llevarme hasta este último, acepté sin dudarlo; el tiempo es oro en este tipo de trayectos.

Unas horas después, descubriría que ese bus en realidad iba para Sucre... Sincelejo, para ser más exactos, por lo que no llegaría hasta Magangué… simplemente me mantuve atento, mientras estuviéramos en la misma vía.

Y fue, por casualidad, que sería hasta El Carmen de Bolívar a donde este vehículo me transportaría, allí tuve que hacer trasbordo a otro (mucho más grande y cómodo, en realidad), para el recorrido faltante hasta Magangué. A partir de aquí, comencé a degustar de su cultura –literalmente hablando- ya que en el segundo bus, abordó un vendedor de las tradicionales galletas identitarias carmeras, las famosas chepacorinas – y es que fueron creadas por Josefa Corina Ríos, de nuevo por una casualidad ya que quien las preparaba inicialmente enfermó, y ella le agregó otros ingredientes-.

Vista lateral del Santuario de Ntra Sra del Carmen. Fuente Propia. 

El Carmen de Bolívar es un municipio con una rica historia y un fuerte legado cultural. Fundado en 1776, este lugar es parte de la subregión de los Montes de María, una zona conocida por su belleza natural y su importancia histórica durante las luchas independentistas. A lo largo de los años, El Carmen de Bolívar ha sido un centro agrícola y comercial clave, especialmente en la producción de tabaco, café y aguacate, productos que han impulsado la economía local. A pesar de los desafíos que la región ha enfrentado debido al conflicto armado en décadas pasadas, El Carmen de Bolívar ha resurgido como un símbolo de resiliencia y paz.

Caminar por las calles de El Carmen es sentir la historia, como estar en una escena de esas producciones costeñas de hace varias décadas, de casas históricas, de un calor sofocante, de la música de Lucho Bermúdez, y por supuesto, del sabor inigualable de las chepacorinas.  

Carmen querido, tierra de amores
Hay luz y ensueños bajo tu cielo
Y primavera siempre en tu suelo
Bajo tus soles llenos de ardores

Entre los principales atractivos turísticos de El Carmen de Bolívar, destaca el Parque Central y el hermoso Santuario Arquidiocésano de Nuestra Señora del Carmen, rodeado de edificios históricos y donde se celebran festividades y eventos culturales. Además, el municipio es famoso por su Semana Santa, que atrae a devotos y turistas por igual, quienes asisten a procesiones religiosas y celebraciones tradicionales. La belleza natural de los Montes de María también ofrece oportunidades para el ecoturismo, con rutas de senderismo y visitas a cascadas y miradores que permiten disfrutar del paisaje. Si tiene la oportunidad, no deje de visitar la Casa Museo Lucho Bermúdez, que funciona además, como Casa de la Cultura y Escuela de Música.

Tierra de placeres, de luz, de alegría
De lindas mujeres, Carmen tierra mía.
Lucho Bermudez, con su flauta en un mural en El Carmen De Bolívar. Fuente propia.

Del Carmen partí hacia Magangué, la segunda ciudad más grande y poblada del departamento de Bolívar, -obviamente después de Cartagena- y que se encuentra a orillas del majestuoso río Magdalena, lo que le otorga una importancia estratégica como puerto fluvial. Fundada en 1610, Magangué ha sido históricamente un punto clave para el comercio y el transporte en la región del Caribe colombiano. Su ubicación lo convierte en un centro de conexión entre las principales ciudades de la costa y el interior del país. A lo largo de los años, Magangué ha crecido como un núcleo comercial y agrícola, destacándose en la producción de arroz, yuca y pescado, actividades que han sido la base de su economía local.

Catedral de Ntra Sra de la Candelaria, en Magangué. Fuente propia.

Monumento del Pescador y la subienda. Magangué. Fuente propia.

Entre los atractivos turísticos de Magangué se encuentra su malecón, que ofrece vistas espectaculares del río Magdalena y es un lugar ideal para pasear y disfrutar de la gastronomía local, que incluye platos basados en pescados frescos -siendo mediodía ya, pude degustar de un tremendo bocachico, en un restaurante típico, apenas pasando la calle de La Catedral de Nuestra Señora de La Candelaria. Por cierto, ésta es otro punto de interés para quienes desean explorar la historia y la arquitectura del municipio. Magangué también es el punto de partida para quienes desean conocer la rica biodiversidad de la región, con tours por el río y sus alrededores. Un dato curioso es que Magangué se ubica en la zona con más ciénagas del país, y el puente Rocandor, construido hace no mucho, además de ser un hito de ingenieria -con una extensión de más de 2 kms - une la región de los Montes de María con la depresión momposina, y es que precisamente para hablar de la importancia de la estratégica ubicación de Magangué, es importante mencionar que cuenta con la terminal fluvial con mayor movimiento de todo el país.

Ahora, solamente queda esperar la salida de un carro particular, que me llevará hasta Santa Cruz de Mompox.


jueves, 8 de agosto de 2024

Por los caminos del Sumapaz

A veces, como cuando se rueda en compañía, lo que importa más es el camino que no el destino. 

Y precisamente eso, es lo que subyace en el presente relato, que no pretende nada diferente, sino contar a ustedes, lectores asiduos y visitantes esporádicos, uno de mis últimos viajes, que me representó conocer algunos sitios hermosos, únicos y muy cercanos a Bogotá. 

El primer trayecto, correspondiente de Zipaquirá a Arbelaez, tiene un recorrido de aproximadamente 133 kilómetros. Ya que atravesamos Bogotá hacia las 6 de la mañana, de un domingo, el recorrido no tomó mucho más tiempo que el previsto. Estamos hablando de una duración de 3 horas y media. 

Tomado de Google Maps

El trayecto presenta una carretera en excelente condiciones (concesionada, por lo que se tendrá que pagar peaje), por lo menos hasta Fusagasugá, ya que desde Fusa y hasta Arbelaez, la vía empieza a mostrar algunos sectores que necesitan intervención urgente. Sin embargo, esto no impide llevar una buena velocidad y disfrutar de unos paisajes verdes que solamente profetizan lo que será el resto del recorrido. 

Parque Principal de Arbelaez, Cundinamarca. Fuente Propia.


El rinconcito cálido de Cundinamarca

Respecto de Arbelaez, recuerdo que hace varios años, cuando inicié mis estudios de pregrado, la universidad nos envió en salida pedagógica precisamente, a Fusagasugá y Arbelaez, en esta provincia del Sumapaz. Unos días después, para el reporte de esa salida, mis compañeros me encargaron escribir sobre esta población, a la que denominé como el rinconcito cálido de Cundinamarca. Reconozco que en ese tiempo era más romántico y soñador, pero ahora, en retrospectiva, creo que en aquel entonces le di un sobrenombre correcto. Arbelaez se llama así por Vicente Arbelaez, cuyo mayor mérito fue ser Arzobispo de Bogotá y morirse justo para los tiempos en que el municipio fue erigido como tal, en 1886.

Arbeláez es hoy un gran productor agrícola, especialmente de café, panela, mora y cítricos, esto gracias a su ubicación en la falda de la montaña, que le permite contar con diferentes pisos térmicos. Así mismo, está desarrollando proyectos de ecoturismo, contando con sus senderos, pozos, miradores y cascadas que le dan una belleza extraordinaria. Después de unos minutos en el municipio de Arbelaez, nos dispusimos a continuar nuestro viaje, ahora hacia el municipio de San Bernardo, también en Cundinamarca. Por una carretera que paulatinamente se iba degradando un poco, aunque conservando el pavimento en toda su extensión. Un trayecto que bien puede ser recorrido en carro pequeño.


Tomado de Google Maps. 
El San Bernardo faraónico

En San Bernardo, tuvimos la "buena fortuna" de encontrarnos con un pueblo en plenas ferias y fiestas... el lector entenderá el porqué de mis comillas, pero bueno, el objetivo de la llegada a este municipio era el de conocer sus momias. 


Por supuesto que lo primero en que se piensa cuando se habla de San Bernardo, es en sus momias. Un fenómeno que ha permitido que este pequeño poblado, del sur de Cundinamarca, sea una atracción turística un poco diferente a los otros municipios de la zona. Y aunque es mucho lo que se ha dicho al respecto, aún no hay una explicación certera y universalmente aceptada por la comunidad científica, de las razones de este interesante fenómeno. Por lo pronto, podemos decir que la visita obligada es al cementerio del pueblo, a unos 7 minutos caminando del parque principal. Allí, la iglesia construyó un mausoleo con las momias de algunos habitantes que se exhumaron y, al encontrarse en estas condiciones de preservación, los familiares los "donaron" para exponerlos. 

El municipio cuenta también con innumerables atractivos turísticos, propios de su geografía: el Cerro de Paquilo, la piedra del sol, el Mirador de Portones, varias cuevas naturales, entre otros. Así mismo, su principal renglón económico es la agricultura, ya que es considerado como uno de esos municipios “despensa de Colombia”. 

Más sobre Las Momias de San Bernardo. (artículos periodísticos recomendados)

De San Bernardo, fue necesario devolvernos un tramo hacia Arbelaez, pero a mitad de camino, tomamos una vía que se desviaba hacia la derecha (Sentido Arbelaez-San Bernardo) con dirección al municipio de Pandi, en Cundinamarca aún. A pesar de tratarse de una vía sin pavimentar, nos encontramos con un camino bastante transitable y de fácil recorrido. Una vez más, los paisajes se presentaban hermosos y las montañas majestuosas, de hecho, es en este trayecto en donde el viajero podrá encontrarse en una vía surrealista, en donde la montaña domina por completo el paisaje, haciendo que en un momento, se encuentre a poco centímetros de un gigantesco abismo (no apto para personas con vértigo o acrofobia), pero repito, de una belleza increíble. 


Tomado de Google Maps.

Algo de gastronomía en Pandi

Al llegar a Pandi, nos encontramos con un municipio tranquilo, algunos turistas, un clima muy agradable y una deliciosa comida llamada Fiambre, un plato típico de las zonas montañosas de clima templado del departamento de Cundinamarca, que consiste en una presa de gallina, arroz, plátano cocido, papá y yuca, todo sazonado envuelto en una hoja de plátano, donde también se sirve y por supuesto, se come. Imaginen ustedes el panorama: un clima cálido refrescado con una brisa suave, un parque principal de un municipio muy agradable, una comida típica y deliciosa y unas lugareños muy amables con el turista. Suena perfecto, no?

Este pequeño municipio ha sido parte del Tolima y de Cundinamarca alternadamente, de acuerdo con los cambios políticos del país. Su clima es muy agradable y gracias a su ubicación, goza de una variada producción agrícola que alimenta su economía. Se erigió como municipio en 1815, luego de ser parte de Fusagasugá, Melgar, Arbeláez e Icononzo.

Al igual que otros municipios de la provincia del Sumapaz, sus atractivos turísticos son muchos y aún no muy explorados: Alto de Miraflores, Cuevas y petroglifos El Helechal, fuentes termales y caminos reales, sin embargo, su mayor atractivo es uno compartido con la vecina población de Icononzo, Tolima: El Puente Natural.  


Parque principal de Pandi, Cundinamarca. Fuente propia.

Pues bien, después de esta deliciosa y corta estadía, continuamos nuestro recorrido hacia el municipio de Icononzo, el primero que nos encontraríamos en otro departamento: salimos de Cundinamarca y entramos al Tolima.

Tomado de Google Maps.

Una pequeña maravilla de la naturaleza: una increíble historia de violencia

Pero antes de continuar, es necesario hacer la referencia a uno de los sitios más mágicos que vimos durante todo el viaje: el Puente natural de Icononzo - Pandi, un sitio mágico que definitivamente, debería ser visitado y admirado por todos los colombianos. Se trata de una formación natural que fue labrada por el río Sumapaz (que separa a Cundinamarca del Tolima) y que permitió la formación de un puente natural, de piedra, sobre el cual se construyó uno para que sirviera para el tránsito de vehículos. Pero lo más bello del lugar, no es tanto el puente como tal, sino el cañón, estrecho y profundo que el agua ha marcado (sitio no apto para personas con vértigo o con acrofobia (2)). Este sitio es simplemente majestuoso. 

"Puente San José de Pandi Aunque muchos lo conocen como el Puente de Icononzo el verdadero nombre de este viaducto es Puente San José de Pandi. Se construyó en 1924 encima de unas rocas que se utilizaron hasta esta fecha como puente natural, el cual unía a los departamentos de Cundinamarca y Tolima. Según la leyenda estas piedras fueron trasladadas hasta este lugar por el Diablo.
El viaducto está ubicado sobre el río Sumapaz que en este sitio forma un cañón de aproximadamente 250 metros.
En la época de la violencia entre partidos, los conservadores cometieron muchos asesinatos allí. Retenían a los liberales de la zona, los montaban en volquetas y los arrojaban desde el puente al vacío."
Tomado de El Tiempo. 17 de julio de 1999
Después de esta parada, en los límites entre Tolima y Cundinamarca, nos dirigimos por la vía que de todo el trayecto, se encontraba en el peor estado: sin pavimento y con muy poco mantenimiento, lo que representa una verdadera lástima. El abandono de estos circuitos viales son solo una de las muchas muestras de la corrupción que tanto nos afecta a los colombianos. 

Sin embargo, todo esto fue rápidamente olvidado cuando llegamos a Icononzo, el primer pueblo que nos encontramos en el Tolima y que se presenta acogedor, tranquilo, montañoso, cálido y rodeados de paisajes que parecen dibujado o mejor, esculpidos, a mano... Un parque principal agradable, con escaleras por todos lados, y con una tranquilidad que fácilmente envuelve al visitante. 

Gracias a su ubicación en la montaña, Icononzo es conocido como el balcón del Tolima. Al igual que muchos municipios de la zona, su nombre proviene de vocablos indígenas, y éste, en particular, significa “Susurro del agua”. En algún momento, estuvo bajo la jurisdicción de Cundinamarca.

Su principal renglón económico es la agricultura, especialmente café y frutales. Sin embargo, después de los oscuros tiempos de violencia, el municipio está tratando de sobresalir con la producción de otros bienes, como artículos de cuero. Así mismo, es un espacio con grandes potencialidades turísticas, comenzando, por supuesto, por el Puente Natural, que comparte con Pandi, Cundinamarca; cascadas, miradores, senderos y caminos reales, entre otros. 

Parque principal de Icononzo, Tolima. Fuente propia. 

Al salir de Icononzo, nos dirigimos hacia la población que da término a este recorrido, la muy conocida Melgar, llamada por algunos, el barrio caliente de Bogotá, por su cercanía a la capital y por la arraigada costumbre de los capitalinos, de visitarla cada fin de semana. 

Tomado de Google Maps.

Lastimosamente, al llegar a este municipio, cálido y agradable, solo lo encontramos como lo primero: cálido... porque muy poco agradable. Debido al puente festivo (lunes feriado), la capital mundial de las piscinas -como es reconocido-, estaba atiborrado de personas que apenas permitían la circulación y movilidad. 

Gracias, pero no.  

Después de esto, solamente quedaba el regreso por la vía nacional 40. Una carretera concesionada que se presenta en excelente estado. Después de un largo día de viaje, lleno de recuerdos imborrables, haríamos un solo trayecto directo a casa. 

A mis compañeros de viaje, mil gracias. A mis lectores, mil gracias más. 

N.A. Originalmente escrito en Julio de 2016, con reedición en Agosto de 2024. 



martes, 23 de julio de 2024

Mompox: a veces soñamos con ella, pero no existe

Mompox es uno de esos destinos que siempre están en la mente de los viajeros, especialmente de aquéllos con afición histórica. Este lugar estaba de primeras en mi lista, luego de ir tachando otras maravillas, que también han sido recogidas en este espacio. 

Iglesia de la Inmaculada Concepción, en primer plano, la Plaza de Mercado.
Mompox, Bolívar. Fuente propia

- Yo ni sé, exactamente, dónde queda Mompox. Dijo mi hermana cuando le compartía experiencias del viaje a mi familia; y esta frase me quedó sonando en la cabeza, y de inmediato, se vinculó a otra que conocí por primera vez mientras caminaba por las calles de este pueblo bolivarense: 

"Mompox no existe, a veces soñamos con ella, pero no existe."

Esta oración, expresiva y estruendosa al mismo tiempo, se le adjudica a Simón Bolívar, según García Márquez, en "El General en su laberinto"; y expresa el sentimiento de quien llega por primera -o enésima- vez a pisar las calles empedradas de la Ciudad de Dios. Una sensación de teatralidad envuelta en cotidianidad, de algo mucho más grande y más antiguo que los propios sueños, y sin embargo, de sentirse parte, de alguna manera, de esa identidad, de lucha, de vida, de historia y de naturaleza. 

“Por Mompox no se pasa, a Mompox se llega" 

Es otra de las frases populares que describen a este rincón del departamento de Bolívar, y eso es fácilmente reconocible ahora, después de que a inicios del siglo XX, los sedimentos desviaran los fuertes caudales del Río Magdalena hacia el brazo de Loba -que pasa por Magangué-, y dejara el brazo de Mompox reducido, casi olvidado. De esta manera, Mompox fue perdiendo su "importancia comercial y hasta industrial" (las comillas son mías), dejándola detenida en el tiempo, como un tesoro en un cofre, o un mosquito en ámbar en una película de dinosaurios. Esa pérdida de importancia, le hizo, finalmente un gran favor, dejar inmaculada su esencia histórica y hacer que, a finales de siglo, fuera declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad, por la UNESCO.  

El Brazo Mompox, del Río Magdalena. Fuente propia.

Y bueno, por Mompox no se pasa... al punto que personalmente, tuve que tomar varios medios de transporte para llegar: por aire hasta Cartagena, por tierra hasta Carmen de Bolívar, otro hasta Magangué, y otro más, hasta Santa Cruz de Mompox - En este punto reconozco que unos minutos de sueño hicieron la diferencia, y me perdí el bus que me llevaba directamente desde Cartagena a Mompox, pero bueno, es más poético así-. 

Por supuesto, el primer sitio deslumbrante, es la Plaza Real de la Concepción, que bien podría pensarse es el parque principal... pero con tantas plazas, iglesias y edificaciones históricas, no es fácil asegurarlo. Por ejemplo, en esta plaza la Iglesia de la Inmaculada Concepción te recuerda rápidamente la búsqueda rápida que hiciste en Google antes del viaje... pero la Alcaldía, es decir, la figura del poder administrativo (o sea el otro poder tradicional para definir una plaza principal), queda a un par de cuadras de allí, en otra bellísima plaza llamada De La Libertad. 

La Cruz de hierro y al fondo, la Plaza de Mercado.
Mompox, Bolívar. Fuente Propia.

Es en esta primera plaza, la Real de La Concepción, donde se ve la enorme cruz de hierro que identifica al municipio, y justo al lado, la increible "plaza" de Mercado -Que como todo en Mompox, es diferente y deslumbrante, ya que no es una plaza, realmente, sino que se trata de una edificación inmensa, con dos plantas, y una vista magnífica al Río Magdalena -que a propósito, siempre como parte del relato, en su brazo de Mompox, y que por aquellas coincidencias de la vida, me permitió una de esas noches, un espectáculo de luna llena sobre su aguas, creando un paisaje deslumbrante-. 

Iglesia de Santa Bárbara, Mompox, Bolívar. Fuente propia
De las 7 iglesias momposinas, 6 funcionan como tales actualmente, la otra es la ubicada en la Plaza de la Libertad, en donde hoy queda la administración municipal. Todas ellas tienen una gran historia de muchos años sobre sus muros, proveniente de cada una de las órdenes religiosas que llegaron a la población en época de conquista y colonia, lo que nos cuenta, una vez más, sobre su gran relevancia en aquellos tiempos. Sin embargo, y como punto muy personal, siento una gran atracción hacia la Iglesia de Santa Bárbara (de la que hablaré más a profundidad en otro relato). 

Este templo, tan conocido por las postales, imágenes en buscadores de internet, perfiles de redes sociales de viajeros, etc. me maravilló desde que siguiendo las albarradas sobre el río, llegué hasta la plaza de Santa Bárbara, un poco más retirada de las mencionadas más arriba. Su característico color amarillo ocre, con bordes y alfajías blancos, pero más identitario aún su campanario (de los pocos que cuentan con un balcón en Colombia), me hizo recordar aquel sentimiento de maravillarse al ver, por fin presencialmente, algo que has visto muchas veces en fotos (de esas cosas que los andariegos entienden).  

Y aunque hay mucho por contar, y muchos sitios por referenciar en esta pequeña joya que es Mompox, quiero terminar este relato hablando de otro lugar que considero es un imperdible: La Casa de los Peñas Alvarado, que hoy alberga la Casa de la Cultura. Es una hermosa casa museo, que data del siglo XVI y que hoy cuenta con diferentes elementos de la vida colonial y republicana de la población, como fiel testigo de innumerables días y noches momposinas. 




Interior de la Casa de la Cultura, Mompox, Bolívar. Fuente propia.

Un último y tremendo dato: Mompox fue el primer territorio en declararse independiente de la Corona Española, el 2 de julio de 1810, al hacer huir a los representantes de la autoridad real, hacia Cartagena y Santafé. 

Cada calle, cada iglesia, cada paso se convirtieron en una gran remembranza y "me la voy a llevar a mi ranchito, porque es bonita mi rosa momposina".  


jueves, 2 de marzo de 2023

Guainía 2 - Cerros de Mavecure, una leyenda de amor



 A partir del Puerto en Inírida y hasta la comunidad de El Remanso, habría alrededor de dos horas y media en lancha rápida. Los paisajes a izquierda y derecha se veían iguales: el inmenso río Inírida -ahora crecido por el invierno que atravesaba el país- chocaba con paredes inexpugnables de árboles gigantescos; sabíamos que a lado y lado, solo había selva. 


Río Inírida. Camino a la Comunidad El Remanso. Guainía, Colombia. 
Fuente propia. 

El Remanso es un resguardo indígena Puinave, que me ofreció más comodidades de las que creí que iba a encontrar, entre ellas,  electricidad durante casi todo el día. Además de esto, las personas de la comunidad nos recibieron con inmenso cariño, que casi nos hacía sentir en casa. Después de almorzar, lo que también sería una rica experiencia cultural, haríamos el primer ascenso a uno de los famosos Cerros de Mavecure, el Cerro Diablo.  

Comunidad El Remanso, Guainía. Fuente propia.














El ascenso fue absolutamente emocionante. Recuerdo como lentamente nos acercábamos a la inmensa formación rocosa y que en algunos puntos, se veía más vertical y difícil y en esos puntos, una inmensa soga colgaba de la montaña para ayudar a los que como yo, no son muy experimentados en este tipo de senderismo. Del Cerro Diablo, recuerdo particularmente una caída que sufrí, apenas un resbalón de menos de un metro, pero que me dejó un pequeña herida que sangró bastante. Hoy, esa pequeña cicatriz en mi brazo derecho, es uno de los recuerdos más bonitos que traje de ese viaje. 

Una pequeña caída, un gran recuerdo. 


Finalmente, al lograr la cima del cerro, la vista era simplemente espectacular. Hacia el sur, se divisaban los Cerros Pajarito y Mono, y hacia el norte, la inmensa llanura que marca el punto donde se unen la Orinoquia con la Amazonia. Para ser el primer día, me sentía más que satisfecho con esta pequeña hazaña personal. 

Vista desde la cima del Cerro Diablo.


Llegaba entonces el momento de descansar en unas inmensas malokas, solamente separadas por cortinas y algunos maderos. Después de un largo día, el descanso fue absolutamente reparador. 

El día siguiente me presentaba una hermosa experiencia, además del necesario cambio de calzado para evitar el accidente del día anterior. Este día cruzamos el río Inírida y nos dirigimos hacia el Cerro Mavicure, el único que queda al costado oriental del río y por el que todo el conjunto rocoso recibe su nombre; su ascenso fue un poco más exigente que el del Cerro Diablo, e incluso, en algunos sectores, era necesario el uso de escaleras planas hechas en madera y sogas en algunos sectores, sin embargo, nada demasiado complejo. 

Ascenso al Cerro Mavecure. Guainía, Colombia. Fuente propia. 


La vista allí es espectacular -Por cierto, es donde se toman las fotos más comunes en redes sociales, ya que desde la cima de Mavecure, se ven en frente los cerros Pajarito y Mono-. El sitio es tan especial, que fue escogido por Juan David, uno de los compañeros del tour, ¡para proponerle matrimonio a su novia Liliana! ¡Bendiciones, parcero!

Acompañado de mi guía, Jesualdo. 




Volviendo al tema, y como sucede con todos los sitios naturales que gozan de una belleza impresionante, su origen mítico está cargado de historias interesantes que los primeros pobladores creen. Esto mismo sucede con los Cerros de Mavecure. Aunque hay al menos unas cuatro versiones, todas coinciden en algunos elementos básicos:

Inírida era el nombre de una hermosa princesa, y la fama de su belleza llegó a otros pueblos originarios, particularmente del Vaupés, desde donde un joven guerrero llegó para enamorarla. Sin embargo, Inírida no estaba interesada en los asuntos del amor, sino que más bien, prefería disfrutar de la naturaleza: hablaba con los ríos y con los árboles. El joven, al ver que no contaba con la atención de la princesa, decidió preparar un brebaje a base de puzana, una hierba propia de esta zona, que despide un aroma delicioso, y que según dicen, hace que las personas se enamoren perdidamente. Sin embargo, tal vez debido a un mal calculo de cantidad, la princesa perdió la cordura y luego de deambular por los cerros días y noche, encontró refugio en el Cerro Pajarito, en donde ella y la montaña se hicieron uno solo. Los hilos de agua que bajan del cerro son, por supuesto, sus lágrimas, y su legado, son las hermosas flores de Inírida, endémicas de la zona. 
Según los pobladores, en el Cerro Pajarito se ve una especie de ventana,
que es donde mora la Princesa Inírida. Fuente propia. 

Ese mismo día, nos embarcamos hacia el llamado Caño San Joaquín. Este es un afluente del Río Inírida, y presenta unas aguas de tonos rojizos que se mezclan con el color negro propio de los ríos selváticos. Allí, por primera vez, vi a las famosas toninas, o delfines rosados, juguetear a unos cuantos metros. Un espectáculo de la naturaleza, y de la Orinoquia, que me permitían cerrar el día, de la mejor manera. 

El Caño San Joaquín es un afluente rojizo del Río Inírida.


Aún tenemos tiempo. Veremos qué más nos depara este hermoso departamento de muchas aguas. 

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