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jueves, 19 de junio de 2025

Turismo con filtro: entre la historia y el decorado

Un viaje entre lo auténtico y lo escenográfico, donde las fotos perfectas a veces esconden relatos imperfectos.

Hace unos años, conversando con algunos conocidos sobre Reto Colombia, me preguntaban:

—¿Por qué no te tomas las fotos con los avisos de letras gigantes en lugar de la iglesia?

La verdad es que, cuando empecé el reto, la mayoría de los municipios no contaban con un aviso de letras llamativas en la plaza, hecho de concreto, piedra o metal. De hecho, incluso hoy en día no existe una uniformidad en este sentido, y muchas poblaciones todavía no disponen de ese punto “fotografiable”.

Avisos como el de Mesetas, Meta, en enero de 2025. Fuente propia.

Pero en realidad, la respuesta que siempre doy es que no hay un lugar tan auténtico y único como la iglesia central de cada municipio. Un poco de historia, algo de arquitectura, fe —por supuesto—, pero, sobre todo, autenticidad. 

Parroquia de la Inmaculada Concepción, en Cepitá, Santander. Fuente propia.


¿De qué hablamos cuando hablamos de turismo?

Siento, precisamente, que es la autenticidad lo que convierte a un sitio turístico en algo valioso y patrimonial.

Seguramente hemos escuchado sobre los distintos tipos de atractivos turísticos, y podríamos fácilmente aventurarnos a crear una lista de ejemplos, basada en nuestras propias experiencias: podemos pensar en el turismo de aventura, con lugares como el Cañón del río Güejar, tan de moda ahora, o el Cañón del Chicamocha, tan de moda siempre; el turismo religioso, con destinos como el Santuario de Las Lajas o la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá; y el turismo cultural e histórico, como La Candelaria en Bogotá o San Francisco, en Mompox. Cada uno de estos destinos evoca actividades, comidas, vestimentas y una disposición distintas por parte del viajero. Y de eso, precisamente, se trata la autenticidad.

Por otro lado, el turismo —como bien sabemos— es una industria que mueve enormes cantidades de dinero y que, en un mundo ideal, debería traer progreso y bienestar a las comunidades locales. Hablamos de los famosos empleos directos e indirectos: alojamiento, restaurantes, transporte, artesanías, entre otros. Por eso, resulta comprensible que las comunidades busquen posicionar y popularizar sus destinos turísticos, con la esperanza de garantizar un flujo constante de visitantes e ingresos.

En este maravilloso contexto, llegaron las redes sociales.

Y, por supuesto, trajeron consigo un gran impulso publicitario para muchos sitios turísticos que antes permanecían en el anonimato, restringidos por el desconocimiento popular. Algo similar ocurrió con la apertura de zonas del país que, durante años, fueron consideradas zonas rojas por el conflicto armado. Aunque dicho conflicto no ha cesado del todo, al menos permitió imaginar una diversificación económica para muchos colombianos que habitan esos territorios.

Ahora bien, con la aparición de nuevos y exóticos destinos, surgió también la necesidad de "repotenciar" los ya existentes. Una verdadera marejada de alas de mariposa, alas de ángel, arcos en forma de corazón, letreros gigantes, miradores con forma de mano, casas al revés —cuento al menos tres en diferentes departamentos al momento de escribir este texto—, rodaderos o toboganes pintados con los colores del arcoíris… todo esto comenzó a aparecer en medio de verdes parajes.

Y como consecuencia, otra marejada inundó las redes sociales: miles de fotos iguales, donde solo cambia el viajero. De hecho, hay un spot turístico en el desierto de la Tatacoa que, literalmente, se llama Tatacoa Selfies.

Tomado de Caracol Radio Armenia, publicación en Instagram.


Excelente por el turismo, por la visibilidad de nuevos espacios, por los ingresos (nuevamente: ojalá para las comunidades locales). Pero no estoy tan seguro de que sea igual de excelente para la autenticidad de la experiencia del viajero.

¿Es importante lo auténtico entonces?

En foros de viajeros, existe una vieja discusión entre el supuesto turista y el verdadero viajero, con una lista de ítems que, a mi parecer, carecen de verdadera importancia: que si la selfie, que si hostal, hotel o Airbnb, que si piscina o charco natural, que si Uber o transporte público.

Tomado de Holidify.com

Por ejemplo —como plantea un artículo de Holidify.com—, hay quienes defienden que hospedarse en un hotel ofrece una experiencia más auténtica y cultural que hacerlo en un Airbnb, donde terminas trasladando tu rutina doméstica a otro espacio: cocinar, limpiar y organizar, pero en un lugar diferente a tu residencia habitual. Sin embargo, si ese mismo análisis se aplica a un hospedaje tipo hostal, con familia anfitriona incluida, entonces el hotel sería el que pierde puntos en términos de autenticidad.

Lo mismo ocurre con el clásico ejemplo de quien, al viajar, busca el McDonald’s o el Starbucks local. En últimas, termina comiendo exactamente lo mismo que en su ciudad de origen.

Entonces, ¿no sucede lo mismo con lo que he llamado “spots de turismo forzado”? Básicamente, esos sitios que han sido artificialmente creados para ser instagrameables, pero que no lo son de forma natural.

Claro, al final la experiencia debe ser disfrutada por quien viaja, así que las condiciones dependen de los gustos de cada persona. —Por supuesto, esto no aplica para el mal llamado “turismo sexual”: no, mil veces no—.

Y en cuanto a esta idea de autenticidad, surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto los atractivos naturales o históricos deben “modernizarse” para seguir siendo competitivos en la industria turística?

Recientemente tuve la fortuna de visitar el departamento de Norte de Santander. En Villa del Rosario, uno de mis sueños era conocer la casa natal del general Francisco de Paula Santander —cuyo nombre, por cierto, fue el emblema de este humilde blog durante más de 15 años—.

Allí, en el marco del llamado Parque Grancolombiano, se encuentra también el Templo Histórico del Congreso, aquel que fue escenario de una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia: la creación de la Gran Colombia, como unión de Venezuela, la Nueva Granada, Ecuador y Panamá.




Este es un buen ejemplo de lo mencionado anteriormente. Aunque la Casa Natal está allí, cualquier curioso sabrá que sus paredes no son, en realidad, las mismas que vieron crecer al joven Francisco de Paula. Tanto el templo como la casa fueron completamente destruidos por el terremoto de Cúcuta en 1875. La diferencia es que el templo no fue reconstruido —salvo su cúpula, con fines meramente simbólicos—.

Son, pero no son.

Ruinas del Templo del Congreso. Villa del Rosario, Norte de Santander. Enero de 2025. Fuente propia.

Esa tensión entre lo simbólico y lo auténtico no es exclusiva del norte del país; también puede verse en destinos icónicos del altiplano cundiboyacense.

Uno de los destinos más visitados en Boyacá es la noble Villa de Leyva, con su imponente Plaza Mayor, considerada una de las más grandes de América. Sin embargo, uno de los mayores engaños al respecto es su histriónico —aunque inconfundible— empedrado. Aunque la arquitectura de esta población es claramente colonial, con edificaciones de entre 200 y 400 años en pie, su característico y antivehicular empedrado no tiene ni siquiera un siglo de antigüedad: fue instalado a mediados del siglo XX, en un claro ejemplo de paisajismo deliberado, pero no de historia auténtica. 

No niego, por supuesto, que visitar Villa de Leyva sea siempre una experiencia increíble. 


Estas dos imágenes son de los años 60, se evidencia que la Plaza Mayor de Villa de Leyva, no tenía empedrado aún. Tomadas de Huellas de Territorio @historiatundama en X 

Para cerrar, reitero que viajar es un placer que siempre debe depender de quien lo vive: de sus gustos en hospedaje, comidas, actividades y, por supuesto, fotografías. No hay nada más valioso que una linda imagen, un bello recuerdo de ese lugar que alguna vez soñamos conocer y que, con fortuna, logramos visitar.

Al final —como en el Carnaval de Barranquilla—, quien lo vive es quien lo goza.

Abrazo viajero.

jueves, 31 de octubre de 2024

Soracá, Boyacá: la mansión regia de los soracaes

Apenas a unos 7 kilómetros de la ciudad de Tunja, se ubica Soracá, un pequeño municipio que en la actualidad, es muy reconocido por sus peregrinaciones marianas que atraen tantas personas, que sus calles se quedaron chicas para tales cantidades. 

Fuente y templo parroquial en el parque principal de Soracá, Boyacá. Colección propia.

Fundado en 1776, este pequeño pueblo es conocido por su tranquilidad y sus paisajes andinos. Su nombre, de origen muisca, significa "lugar de descanso del Sol", lo que refleja su conexión con la cultura indígena que habitaba la región antes de la llegada de los colonizadores españoles.

Soracá también es reconocido por su producción agrícola y minera y es un destino muy atrayente para las personas que practican ciclismo desde la capital departamental, debido a su corta distancia y a los ascensos y descensos en la vía, que por cierto, se encuentra en buenas condiciones. Este pequeño poblado fue declarado municipio a mediados del siglo XX, pero luego hizo parte de Tunja, como corregimiento, para ser elevado nuevamente a municipio 20 años después.

El parque principal de Soracá. Colección propia. 

Soracá ha conservado su carácter rural y sus tradiciones agrícolas, siendo un lugar donde predominan cultivos de papa, maíz y hortalizas, productos que son clave para la economía local.

Entre los principales atractivos turísticos de Soracá, destaca el Santuario de Nuestro Señor de la Columna, un importante sitio de peregrinación que recibe visitantes de toda la región, especialmente durante la Semana Santa. Sin embargo, su tradición más reconocida sucede siempre, el primer sábado de cada mes, cuando miles de fieles marianos, se reúnen en el municipio a orar a Nuestra Señora de la Salud y a participar de las misas de sanación de un reconocido sacerdote.

Una romería se reúne en las misas de sanación. Colección propia.

Además, el municipio ofrece bellos paisajes rurales, ideales para quienes disfrutan de caminatas al aire libre y la tranquilidad del campo boyacense. Un dato curioso es que Soracá es conocido por la devoción a su patrono, el Señor de la Salud, y su fiesta anual es un evento destacado en el calendario local, atrayendo a fieles y turistas que buscan no solo participar en las actividades religiosas, sino también disfrutar de la gastronomía y hospitalidad del lugar.

martes, 13 de abril de 2021

El Yopal, capital de Casanare e hijo de boyacenses

La capital del departamento de Casanare es una de las más jóvenes del país, fue fundada apenas en 1915, y convocando el título de este escrito, es hija del vecino departamento de Boyacá, no solamente porque antes de 1973, esta ciudad y todos estos territorios, a pesar de pertenecer administrativa a Boyacá, hacía parte los llamados Territorios Nacionales (tierra con poca población y alejados de Bogotá) y por otro lado, fueron precisamente los colonos boyacenses, principalmente de Sogamoso y Tunja, quienes fundaron literalmente, la ciudad casa a casa.
Yopal, Casanare. Enero de 2008. 

Yopal es especial en muchos aspectos, el primero, el origen de su nombre. El "yopo" es un árbol muy común en esta zona de los llanos orientales, y precisamente en el sitio en donde hoy se alza la ciudad, existía un bosque de este árbol, es decir un yopal -por eso se dice que su nombre es El Yopal y no solamente, Yopal-.

Así mismo, cuando empezó la ciudad, su emplazamiento era un corregimiento del entonces municipio de El Morro - a 16 kms en la vía que lleva a Labranzagrande, Boyacá- sin embargo, sus habitantes, viendo el progreso de Yopal, su ubicación privilegiada en el pie de monte llanero, y las comodidades en torno al comercio, ejercieron una lucha para trasladar la cabecera municipal de El Morro a Yopal: lucha que incluye el robo (o traslado no autorizado) de los sellos, carpetas y documentos, del primero al segundo, y luego de una lucha legal, en 1942, el reconocimiento oficial por parte de la Asamblea de Boyacá. 

Algunos sitios para visitar

Hay muchos sitios interesantes para visitar en Yopal: por supuesto, La Catedral de San José, ubicada en el Parque Francisco de Paula Santander, en donde se concentra el movimiento de la ciudad, aunque irónicamente, no cuenta con la alcaldía en su marco, como sucede en la mayoría de las poblaciones colombianas. 
Monumento a Francisco de Paula Santander, en el Parque del mismo nombre.
A una cuadra del Parque Santander se encuentra la Gobernación de Casanare

Otro sitio de visita en El Yopal, es el Parque del Resurgimiento, que según cuenta la historia, era originalmente un aeródromo de la época de la violencia partidista en Colombia (mediados del siglo XX). Este sitio es hoy uno de los puntos más reconocidos de la ciudad y por supuesto, es el escogido para eventos públicos, por su concha acústica y amplios espacios para el deporte y el esparcimiento. Cuenta con algunos monumentos a los fundadores de la ciudad. 

Parque El Resurgimiento



Máquina de bomberos del Cuerpo Voluntario de Yopal



Cómo llegué a Yopal, Casanare

Cuando visité por primera vez la ciudad, en enero de 2008, lo hice con la compañía de mi hermano, ya que él debía visitar, por motivos laborales, el municipio de Maní, también en Casanare. Por supuesto, aproveché esta eventualidad para hacer algo de turismo y conocer un poco la zona. 

En el Terminal de Transportes Salitre en Bogotá, tomamos un bus interdepartamental, que nos llevaría a Yopal por la vía de Villavicencio, Meta. Sin embargo, la vía en ese entonces, como lo es ahora, presenta fallas geológicas, algunos derrumbes, derrames, etc y se encontraba bloqueada, así que con la decisión del conductor y la aprobación de los demás pasajero, decidimos hacer el recorrido por la vía de Sogamoso, Boyacá. -Lo que en retrospectiva, y con la ayuda de Google Maps, parece haber sido una buena idea. 

Tomada de Google Maps. 

viernes, 20 de diciembre de 2019

A solas con el gigante

Reto Colombia

Es uno de los nombres más conocidos en el país. El Río Grande de la Magdalena ha estado ligado a la historia y al desarrollo del país, desde mucho antes de la conquista. Hoy, el río Magdalena es un referente geográfico y cultural.

En El Hombre de las Leyes - Reto Colombia, me encontraba en deuda de hacer un artículo sobre éste, uno de mis sitios favoritos en el país, que en términos generales, abarcaría un cuarto de país, no solamente por la distancia que recorre - los casi nada 1540 kms- sino por la extensión de su cuenca hidrográfica que de acuerdo con datos oficiales, es de 257.438 km².

En términos sencillos, la cuenca hidrográfica de un río es todo el territorio que de alguna forma, le vierte agua a su cauce. Por ejemplo, toda el agua que se produce en la capital y que recoge el río Bogotá, y que luego se une al Magdalena en Ricaurte, Cundinamarca, hace que Bogotá sea parte de la cuenca hidrográfica del Magdalena... ¿Tremendo, no?

Cuenca hidrográfica del Rio Magdalena
Tomada de http://magdalenaextremo.blogspot.com/

Así mismo, el río toca a 18 departamentos y en su mayor parte, se convierte en un límite natural entre estos. Eso habla no solamente de su importancia geográfica sino también política y administrativa. Sin embargo, uno de los aspectos que más me fascinan del río, es su condición social y cultural con todo lo que incluye: gastronomía, industria, comercio, historia y por supuesto, turismo.

Algunos datos

Nace en el Huila, en el páramo de las papas ubicado en el Macizo Colombiano, la estrella fluvial mas importante del país. -Una estrella fluvial es un sitio en donde nacen muchos rios. Esta sola definición habla de su importancia.

Estrecho del Magdalena. San José de Isnos, Huila. Fuente Propia. 
Tuve la oportunidad de conocer el Estrecho del Magdalena en el año 2010, mide 2.20 metros y su fuerza hace que el respeto por este hermoso monstruo aumente. Como dato antagónico, en Plato, Magdalena, su ancho es de 1073 metros -Sí, más de un kilómetro de ancho. Haga usted cuentas de aproximadamente 10 cuadras en su barrio.- Así de hermoso, así de único, así de respetable.

Son muchas las veces en las que me he reunido con el Río, como quien visita a un familiar, con ganas de verlo y de escucharlo, de hablar con él, y es precisamente este afecto filial el que heredé del lado materno, de una familia profundamente tolimense y con un centenar de historias en donde el gigante era protagonista.

Gracias a este enorme afecto que me despierta, muchas de las rutas y circuitos de Reto Colombia llevan a sus riveras. Lo recuerdo muy especialmente en rutas a La Dorada y Norcasia (Caldas), en la Ruta Mutis (Publicada en varios artículos en este blog), Guaduas-Honda, en recorrido histórico y paisajístico,  y mas recientemente en la ruta a los municipios de Nariño, Guataquí y Jerusalén, de donde nace el título del presente artículo.

Carretera que conduce a San Juan de Rioseco, Cundinamarca. Al fondo, el valle del rio Magdalena.
Fuente Propia.

Mi compañera de viajes, atravesando el Magdalena en Ferry, entre Beltrán y Ambalema.
Fuente propia.  

Desembarcada en Ambalema, en su primer viaje fluvial.
Fuente propia.

Vista desde el embarcadero sobre el Río, en Honda, Tolima. 
Fuente propia.

El valle del Magdalena desde el Mirador de Piedra Capira, en Guaduas, Cundinamarca.
Fuente propia.

Vista entre Flandes, Tolima y Giradot, Cundinamarca.
Fuente propia.

Los restaurantes flotantes en las riveras del rio, en Flandes, Tolima.
Fuente propia.

Panorámica en el puente de la variante de Girardot.
Fuente propia. 

Panorámica en el embalse de Betania, sur del Huila.
Fuente propia. 

A solas con el gigante. Vía Girardot - Nariño, Cundinamarca.
Fuente propia.


En la vía que conduce de Girardot a Nariño, en Cundinamarca, se puede disfrutar de una perspectiva diferente del río Magdalena: es una carretera que no es tan transitada, en excelente estado (vía concesionada) y además, que sigue la margen del río. Es un sitio hermoso, que permite vistas igualmente preciosas del rio y de sus lomas circundantes, un momento perfecto para sentir la majestuosidad de la naturaleza, a solas con el gigante.

Como recomendación final, cuando visites cualquier pueblo o corregimiento cercano al rio Magdalena, te recomiendo enormemente, probar el viudo de capaz. Se trata de un cocido de pescado (generalmente Capaz o Bocachico), acompañado de papa, yuca, plátano y el colombianísimo hogao: un guiso de cebolla, tomates y otras especias.

Un abrazo fluvial.

lunes, 8 de enero de 2018

Colombia: Reto Nacional

Un desafío de por vida


Nació como un despreocupado pasatiempo, amarrado a la siempre sana pasión por viajar. Se trata, simplemente, de completar una colección de fotografías que relacionen a todos y cada uno de los municipios de nuestro país. 

Desde que empecé a realizar este registro, o coleccionar iglesias, como algunos amigos me han dicho, muchas personas me han manifestado su apoyo y les parece una idea al menos, diferente, sin embargo, otros me han preguntado si se debe a un fanatismo religioso hacia el catolicismo; la respuesta que siempre doy es que, a pesar de sí ser católico, no se trata de un asunto religioso, sino de un reconocimiento de la arquitectura colombiana, en la que la avanzada española enmarcó en el país, nuestras ciudades y pueblos, en torno a un espacio abierto, donde la población pudiera reunirse respecto a temas de gobierno, mercado y religión, y por esta razón, en las plazas o parques principales se repiten constantemente las mismas características: una iglesia y una sede del gobierno. Y dentro de este marco, es notable el hecho de que ninguna iglesia, por más similar que sea, será idéntica de un municipio al otro

A propósito de todo esto, no será fácil establecer cuál es el porcentaje de municipios alcanzados, si tenemos en cuenta que no podemos decir con exactitud, cuál es el número real de municipios en el país. Parece increíble, pero así es. Esto se debe a que este dato varía dependiendo de la fuente que se consulte: DANE, la Registraduría, la panadería, etc. Por lo tanto, tomaremos como base, el número que maneja el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, que es el de 1103.  

Marcando los primeros diez años, de haber iniciado esta aventura, quiero compartir, con quien quiera seguir este reto, el enlace en Facebook:

https://www.facebook.com/RetoColombia1140/

Y la galería de los pueblos visitados hasta hoy.

Colombia: Reto Nacional

Espero lograr cumplir este reto algún día.

martes, 13 de septiembre de 2016

Un espectáculo de la naturaleza... escondido

Quien no sabe, no llega... y sin embargo, está tan cerca que cualquiera podría hacerlo. Por eso, parte del objeto de este artículo es precisamente ése: dar a conocer un sitio que "no es creíble de lo hermoso", como dice Diana Uribe, en Historia de las Independencias. 

Se trata de la cascada o salto del Zorro Colgado, en las cercanías del municipio de Moniquirá, en Boyacá.

Para empezar, es importante mencionar que Moniquirá está ubicado en la región de Ricaurte, en la vía que lleva de Bogotá a Bucaramanaga, a 56 kms de Tunja, y tiene una temperatura muy agradable de más o menos de 18 a 20 grados (lo que llamamos en Colombia, clima templado).

Partiendo desde el parque principal de Moniquirá, se debe tomar la carretera que lleva a Bogotá alrededor de unos 4 kilómetros, y a la izquierda (vía Bogotá o derecha, vía Bucaramanga) encontrará la salida al municipio de Togüí, Boyacá, y apenas un par de kilómetros después, encontrará a la derecha, una salida veredal con placa-huella, (un tipo de estructura de placas de concreto que se usan especialmente en vías rurales, como la de la imagen de abajo).



Lo recomendable en este punto, es caminar buscando la cascada (la placa huella no dura más de un par de kilómetros y luego empieza la vía destapada, sin embargo, es transitable en carro). Si usted viaja en carro pequeño, puede preguntar en algunas de las casas del camino y dejarlo allí mientras regresa; el clima y el paisaje son razones de mucho peso para continuar caminando. Es una recarga total de energía.

Al subir, empezará a ver diferentes caminos. Es importante preguntar siempre a los pobladores y campesinos que hayan en el camino para no correr el riesgo de perderse. El mapa siguiente presenta la ruta que se debe seguir, sin embargo, ya en la realidad, es mejor siempre preguntar. Recuerde que preguntando se llega a Roma :)


Después de aproximadamente 30 a 40 minutos caminando, el ruido del agua cayendo te dará la bienvenida al Salto del Zorro Colgado (ignoro la razón del nombre, pero agradezco si algún lector puede ilustrarnos).

El sitio es mágico, pero no deja de ser impresionante gracias a la cantidad de agua y altura de la caída: 20 mts en un estrecho canal de apenas unos 3 metros. 

Al llegar al sitio, encontrará un viejísimo puente de concreto, donde podrá ver las primeras caídas de agua y cómo se forma un increíble pozo de aguas tranquilas, justo al lado de donde el agua se convierte en un rápido que termina llegando al salto. Todo un sitio para disfrutar, que de todos modos, es bastante seguro (teniendo las medidas obvias de precaución). 














¿Le interesa conocerlo? Puedo compartir mi experiencia. 

Un abrazo viajero y nos vemos en una próxima ruta.

lunes, 29 de agosto de 2016

El bello mar interior

A veces es difícil imaginar cómo llega a existir una playa de arena blanca, a orillas de unos de los lagos más hermosos del interior de Colombia. 

Se trata, específicamente, de eso: una playa de arena blanca, un lago hermoso en las montañas (3100 msnm) y un paisaje que pareciera ser pintado a mano por un excelente artista: se trata de Playa Blanca, en inmediaciones de Aquitania, Boyacá, sobre las orillas del Lago de Tota.

A este lugar se puede acceder por Sogamoso, siguiendo la ruta Sogamoso - El Crucero - Aquitania - Playa Blanca (con peaje y carretera en excelentes condiciones) o a través de la ruta Sogamoso - Iza - Cuítiva - Tota - Playa Blanca (sin peaje pero con algunos tramos muy cortos de la vía sin pavimentación).


Sin embargo, este sitio no necesita mayor presentación. Aquéllos que lo conocen saben de su belleza y aquéllos que aún no, seguramente habrán escuchado sobre él. Es un sitio de visita obligada en el interior del país.

Así mismo, cuando de turismo se trata, la región ofrece varias alternativas muy interesantes, como por ejemplo, Pueblito Boyacense, que a diferencia de lo que se puede pensar, no es una copia de Pueblito Paisa u otros pueblitos turísticos armados intencionalmente. Ubicado en Duitama, Pueblito Boyacense es toda una apuesta por un conjunto habitacional, cultural y artístico más allá que solamente turístico. (Muy recomendado, sobre todo, en eventos culturales y alumbrados de diciembre). La carretera pertenece a la concesión Briceño - Tunja - Sogamoso por lo que su estado es excelente). En cuanto a peajes, si se parte desde Bogotá, se encontrará 3: Gachancipá, Ventaquemada y Tunja.



¡En la vía nos vemos!


viernes, 31 de julio de 2015

El pueblo más lindo de Boyacá: Jenesano

De una extraña manera tuve la oportunidad de conocer uno de los pueblos más lindos de Boyacá (ya sé que se contrasta con el título de este artículo, pero al no tener una experiencia en todos los pueblos boyacenses, no me puedo unir al juicio que titula este relato). 


Resultó entonces que gracias a una recomendación rápida y poco profunda de un habitante del municipio, decidimos, con mi pareja, conocer esta población que según el mapa y la susodicha persona, no queda muy lejos de donde vivimos, y efectivamente, este municipio se encuentra a tan solo una hora y media de Bogotá, desviando de la vía que conduce a Tunja, unos cuanto kilómetros antes de llegar al Puente de Boyacá (destino obligado también!)

Al desviar de la carretera central (Bogotá-Tunja-costa atlántica), el paisaje cambia inmediatamente, una carretera en aceptable estado se adentra sinuosa entre montañas que dibujan las más caprichosas formas en los tonos de verdes y azules más disímiles. Hasta este punto, ya el paisaje hace que el viaje valga la pena. 

La carretera comienza a descender hacia el río Teatinos (famoso en las historias libertadoras) que es donde se unen las montañas, y el sitio donde se ubica la población. Este leve descenso geográfico, hace que haya un leve aumento en la temperatura, que hace la población tenga un clima agradable, que fluctúa entre lo templado y lo frío. 

A pesar de que llegamos en horas de la noche, la magia del parque principal del municipio nos envuelve en una atmósfera bohemia y tranquila, de suaves luces, pequeñas tiendas, cafés y bares que no irrumpen en la tranquilidad de un pequeño pueblo. Un pequeño recorrido a pie por su plaza y calles aledañas, impregnan a cualquiera de una tranquilidad poco fácil de encontrar en grandes ciudades. 

El Hotel que nos acogió es el Hotel Noncetá, (nombre derivado de la cultura indígena que pobló este lugar antiguamente). Un sitio acogedor y tranquilo que goza de todas las comodidades que un viajero no tan exigente puede esperar, incluso cuenta con el servicio de piscina, aunque le falta el de desayuno, lo que le resta algunos puntos. 

Durante el día, y si el clima lo permite, caminar por sus calles, senderos rurales, puentes característicos (los Enamorados y los Recuerdos de Ella), o simplemente disfrutar de un rato en la piscina, son un buen plan para un fin de semana relajante. 

Un sitio lindo para conocer y descansar. Recomendado. 

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