Mostrando entradas con la etiqueta Tolima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tolima. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de agosto de 2024

Por los caminos del Sumapaz

A veces, como cuando se rueda en compañía, lo que importa más es el camino que no el destino. 

Y precisamente eso, es lo que subyace en el presente relato, que no pretende nada diferente, sino contar a ustedes, lectores asiduos y visitantes esporádicos, uno de mis últimos viajes, que me representó conocer algunos sitios hermosos, únicos y muy cercanos a Bogotá. 

El primer trayecto, correspondiente de Zipaquirá a Arbelaez, tiene un recorrido de aproximadamente 133 kilómetros. Ya que atravesamos Bogotá hacia las 6 de la mañana, de un domingo, el recorrido no tomó mucho más tiempo que el previsto. Estamos hablando de una duración de 3 horas y media. 

Tomado de Google Maps

El trayecto presenta una carretera en excelente condiciones (concesionada, por lo que se tendrá que pagar peaje), por lo menos hasta Fusagasugá, ya que desde Fusa y hasta Arbelaez, la vía empieza a mostrar algunos sectores que necesitan intervención urgente. Sin embargo, esto no impide llevar una buena velocidad y disfrutar de unos paisajes verdes que solamente profetizan lo que será el resto del recorrido. 

Parque Principal de Arbelaez, Cundinamarca. Fuente Propia.


El rinconcito cálido de Cundinamarca

Respecto de Arbelaez, recuerdo que hace varios años, cuando inicié mis estudios de pregrado, la universidad nos envió en salida pedagógica precisamente, a Fusagasugá y Arbelaez, en esta provincia del Sumapaz. Unos días después, para el reporte de esa salida, mis compañeros me encargaron escribir sobre esta población, a la que denominé como el rinconcito cálido de Cundinamarca. Reconozco que en ese tiempo era más romántico y soñador, pero ahora, en retrospectiva, creo que en aquel entonces le di un sobrenombre correcto. Arbelaez se llama así por Vicente Arbelaez, cuyo mayor mérito fue ser Arzobispo de Bogotá y morirse justo para los tiempos en que el municipio fue erigido como tal, en 1886.

Arbeláez es hoy un gran productor agrícola, especialmente de café, panela, mora y cítricos, esto gracias a su ubicación en la falda de la montaña, que le permite contar con diferentes pisos térmicos. Así mismo, está desarrollando proyectos de ecoturismo, contando con sus senderos, pozos, miradores y cascadas que le dan una belleza extraordinaria. Después de unos minutos en el municipio de Arbelaez, nos dispusimos a continuar nuestro viaje, ahora hacia el municipio de San Bernardo, también en Cundinamarca. Por una carretera que paulatinamente se iba degradando un poco, aunque conservando el pavimento en toda su extensión. Un trayecto que bien puede ser recorrido en carro pequeño.


Tomado de Google Maps. 
El San Bernardo faraónico

En San Bernardo, tuvimos la "buena fortuna" de encontrarnos con un pueblo en plenas ferias y fiestas... el lector entenderá el porqué de mis comillas, pero bueno, el objetivo de la llegada a este municipio era el de conocer sus momias. 


Por supuesto que lo primero en que se piensa cuando se habla de San Bernardo, es en sus momias. Un fenómeno que ha permitido que este pequeño poblado, del sur de Cundinamarca, sea una atracción turística un poco diferente a los otros municipios de la zona. Y aunque es mucho lo que se ha dicho al respecto, aún no hay una explicación certera y universalmente aceptada por la comunidad científica, de las razones de este interesante fenómeno. Por lo pronto, podemos decir que la visita obligada es al cementerio del pueblo, a unos 7 minutos caminando del parque principal. Allí, la iglesia construyó un mausoleo con las momias de algunos habitantes que se exhumaron y, al encontrarse en estas condiciones de preservación, los familiares los "donaron" para exponerlos. 

El municipio cuenta también con innumerables atractivos turísticos, propios de su geografía: el Cerro de Paquilo, la piedra del sol, el Mirador de Portones, varias cuevas naturales, entre otros. Así mismo, su principal renglón económico es la agricultura, ya que es considerado como uno de esos municipios “despensa de Colombia”. 

Más sobre Las Momias de San Bernardo. (artículos periodísticos recomendados)

De San Bernardo, fue necesario devolvernos un tramo hacia Arbelaez, pero a mitad de camino, tomamos una vía que se desviaba hacia la derecha (Sentido Arbelaez-San Bernardo) con dirección al municipio de Pandi, en Cundinamarca aún. A pesar de tratarse de una vía sin pavimentar, nos encontramos con un camino bastante transitable y de fácil recorrido. Una vez más, los paisajes se presentaban hermosos y las montañas majestuosas, de hecho, es en este trayecto en donde el viajero podrá encontrarse en una vía surrealista, en donde la montaña domina por completo el paisaje, haciendo que en un momento, se encuentre a poco centímetros de un gigantesco abismo (no apto para personas con vértigo o acrofobia), pero repito, de una belleza increíble. 


Tomado de Google Maps.

Algo de gastronomía en Pandi

Al llegar a Pandi, nos encontramos con un municipio tranquilo, algunos turistas, un clima muy agradable y una deliciosa comida llamada Fiambre, un plato típico de las zonas montañosas de clima templado del departamento de Cundinamarca, que consiste en una presa de gallina, arroz, plátano cocido, papá y yuca, todo sazonado envuelto en una hoja de plátano, donde también se sirve y por supuesto, se come. Imaginen ustedes el panorama: un clima cálido refrescado con una brisa suave, un parque principal de un municipio muy agradable, una comida típica y deliciosa y unas lugareños muy amables con el turista. Suena perfecto, no?

Este pequeño municipio ha sido parte del Tolima y de Cundinamarca alternadamente, de acuerdo con los cambios políticos del país. Su clima es muy agradable y gracias a su ubicación, goza de una variada producción agrícola que alimenta su economía. Se erigió como municipio en 1815, luego de ser parte de Fusagasugá, Melgar, Arbeláez e Icononzo.

Al igual que otros municipios de la provincia del Sumapaz, sus atractivos turísticos son muchos y aún no muy explorados: Alto de Miraflores, Cuevas y petroglifos El Helechal, fuentes termales y caminos reales, sin embargo, su mayor atractivo es uno compartido con la vecina población de Icononzo, Tolima: El Puente Natural.  


Parque principal de Pandi, Cundinamarca. Fuente propia.

Pues bien, después de esta deliciosa y corta estadía, continuamos nuestro recorrido hacia el municipio de Icononzo, el primero que nos encontraríamos en otro departamento: salimos de Cundinamarca y entramos al Tolima.

Tomado de Google Maps.

Una pequeña maravilla de la naturaleza: una increíble historia de violencia

Pero antes de continuar, es necesario hacer la referencia a uno de los sitios más mágicos que vimos durante todo el viaje: el Puente natural de Icononzo - Pandi, un sitio mágico que definitivamente, debería ser visitado y admirado por todos los colombianos. Se trata de una formación natural que fue labrada por el río Sumapaz (que separa a Cundinamarca del Tolima) y que permitió la formación de un puente natural, de piedra, sobre el cual se construyó uno para que sirviera para el tránsito de vehículos. Pero lo más bello del lugar, no es tanto el puente como tal, sino el cañón, estrecho y profundo que el agua ha marcado (sitio no apto para personas con vértigo o con acrofobia (2)). Este sitio es simplemente majestuoso. 

"Puente San José de Pandi Aunque muchos lo conocen como el Puente de Icononzo el verdadero nombre de este viaducto es Puente San José de Pandi. Se construyó en 1924 encima de unas rocas que se utilizaron hasta esta fecha como puente natural, el cual unía a los departamentos de Cundinamarca y Tolima. Según la leyenda estas piedras fueron trasladadas hasta este lugar por el Diablo.
El viaducto está ubicado sobre el río Sumapaz que en este sitio forma un cañón de aproximadamente 250 metros.
En la época de la violencia entre partidos, los conservadores cometieron muchos asesinatos allí. Retenían a los liberales de la zona, los montaban en volquetas y los arrojaban desde el puente al vacío."
Tomado de El Tiempo. 17 de julio de 1999
Después de esta parada, en los límites entre Tolima y Cundinamarca, nos dirigimos por la vía que de todo el trayecto, se encontraba en el peor estado: sin pavimento y con muy poco mantenimiento, lo que representa una verdadera lástima. El abandono de estos circuitos viales son solo una de las muchas muestras de la corrupción que tanto nos afecta a los colombianos. 

Sin embargo, todo esto fue rápidamente olvidado cuando llegamos a Icononzo, el primer pueblo que nos encontramos en el Tolima y que se presenta acogedor, tranquilo, montañoso, cálido y rodeados de paisajes que parecen dibujado o mejor, esculpidos, a mano... Un parque principal agradable, con escaleras por todos lados, y con una tranquilidad que fácilmente envuelve al visitante. 

Gracias a su ubicación en la montaña, Icononzo es conocido como el balcón del Tolima. Al igual que muchos municipios de la zona, su nombre proviene de vocablos indígenas, y éste, en particular, significa “Susurro del agua”. En algún momento, estuvo bajo la jurisdicción de Cundinamarca.

Su principal renglón económico es la agricultura, especialmente café y frutales. Sin embargo, después de los oscuros tiempos de violencia, el municipio está tratando de sobresalir con la producción de otros bienes, como artículos de cuero. Así mismo, es un espacio con grandes potencialidades turísticas, comenzando, por supuesto, por el Puente Natural, que comparte con Pandi, Cundinamarca; cascadas, miradores, senderos y caminos reales, entre otros. 

Parque principal de Icononzo, Tolima. Fuente propia. 

Al salir de Icononzo, nos dirigimos hacia la población que da término a este recorrido, la muy conocida Melgar, llamada por algunos, el barrio caliente de Bogotá, por su cercanía a la capital y por la arraigada costumbre de los capitalinos, de visitarla cada fin de semana. 

Tomado de Google Maps.

Lastimosamente, al llegar a este municipio, cálido y agradable, solo lo encontramos como lo primero: cálido... porque muy poco agradable. Debido al puente festivo (lunes feriado), la capital mundial de las piscinas -como es reconocido-, estaba atiborrado de personas que apenas permitían la circulación y movilidad. 

Gracias, pero no.  

Después de esto, solamente quedaba el regreso por la vía nacional 40. Una carretera concesionada que se presenta en excelente estado. Después de un largo día de viaje, lleno de recuerdos imborrables, haríamos un solo trayecto directo a casa. 

A mis compañeros de viaje, mil gracias. A mis lectores, mil gracias más. 

N.A. Originalmente escrito en Julio de 2016, con reedición en Agosto de 2024. 



martes, 20 de abril de 2021

Guamo: capital artesanal del Tolima

Municipio: #Guamo

Departamento: #Tolima

Fecha: Marzo de 201

Visita: 17/1140


Guamo ha sido objeto de chistes por el doble sentido que algunos le dan a su nombre; pero esta población tiene más de largo y ancho que esas bromas. Bueno, ahora sí en serio, para hablar de Guamo hay que hablar de su clima, de su gente y de su gastronomía, tal como se hace siempre que hablamos del Tolima.


Más allá de eso, Guamo es reconocida como la capital artesanal del Tolima, ya que sus productos artesanales pasan por lo tejido y llegan hasta el barro cocido: La palma real con la que se hacen sombreros y trajes en el barrio El Carmen, y las vasijas y utensilios de barro, en la vereda La Chamba, ambas tradiciones generacionales que perduran por años.

Pesebre hecho en barro cocido, en el Corregimiento La Chamba

Sebastián de Belalcazar, quien fundó ciudades de la talla de Cali, Popayán y hasta Quito, fue también el fundador de esta pequeña población tolimense. Por supuesto, hablar de la fundación hispánica no representa mayor mérito y más bien afrenta, si tenemos en cuenta las condiciones en que estos procesos de la conquista y colonia se dieron.

En palabras más amables, y volviendo a Guamo, como la mayoría de las poblaciones del Tolima Grande (Tolima y Huila), sus fiestas más importantes son el San Pedro y San Juan, a finales de Junio.

Sigue a Reto Colombia en Instagram y en Facebook

lunes, 5 de octubre de 2020

Lo que hizo el puente Navarro - Primera Parte

¿ La Ruta Mutis, del Tabaco o del Río Grande? 

IV

El Ministerio de Turismo, Industria y Comercio, como una medida para fomentar precisamente el turismo y el comercio, diseñó una estrategia, por allá a mediados de la década pasada, llamada Red de Pueblos Patrimonio de Colombia.

Logo de la Red de Pueblos Patrimonio
Tomado de Fontur.com

Se trata de una iniciativa, que cuenta también con el apoyo del Ministerio de Cultura y del Fondo Nacional de Turismo Fontur, para incentivar el patrimonio material e inmaterial colombiano - por material, todo lo físico como la arquitectura, monumentos y construcciones en general, y por inmaterial, todo lo que no toca al cuerpo pero sí al alma, como las técnicas, las costumbres, las expresiones y los saberes, entre otras cosas-. 

Dentro de esta red, que bien podría ser un Bucket List -una lista de chequeo para antes de morir- para cualquier colombiano, se encuentran joyas de la magnitud de Barichara, Villa de Leyva y Lorica. Son en total, 17 poblaciones destacadas por su belleza arquitectónica, sus expresiones culturales, entre ellas, la gastronomía, su fuerte carga histórica y por supuesto, su entorno natural. 

Por supuesto, la Ruta Mutis, no resulta ajena a la Red de Pueblos Patrimonio, de hecho, la colaboración de esta Ruta a la Red es significativa, aportando no uno sino dos grandes municipios: Honda y Guaduas, el primero en el Tolima, el segundo en Cundinamarca, y unidos inicialmente, por aquél que titula el presente escrito, el famoso puente Navarro, del que hablaremos más adelante. 

La Villa de San Bartolomé de las Palmas de Honda, posteriormente llamado solamente Municipio de Honda, es, hasta el momento, la única de las poblaciones del Tolima que pertenecen a la mencionada Red, y es que en conjunto, se presenta como una pintura llena de detalles que muestra, entre diversas mezclas y colores, el devenir de la historia por sus calles. No por nada, Honda fue en algún momento el puerto fluvial más importante del país, gracias a que en sus rápidos, conocido como el Salto de Honda, el río Magdalena se vuelve innavegable, lo que la convirtió en el punto de llegada de los vapores -inmensos barcos de pasajeros- desde Barranquilla, y por supuesto, punto de contacto entre la capital y el mundo a través del mar Caribe.  

De hecho, uno de los relatos más famosos de estos viajes, lo narra Gabriel García Márquez, cuando en 1943 viajó a Bogotá, en busca de la ansiada beca para estudiar y que lo llevaría al Liceo Nacional de Varones, en Zipaquirá, Cundinamarca. 

Honda se conoce actualmente, y desde hace largo tiempo, como la ciudad de los puentes, ya que al encontrarse en el punto donde se unen el Río Magdalena, el río Gualí y Quebrada Seca, conectar las orillas siempre se ha hecho necesario. Precisamente, Honda tiene una relación tan cercana con los puentes que desde el Puente Navarro y hasta el así llamado Nuevo Puente de Honda -Nombre que merece un premio Óscar a la originalidad y creatividad- podemos encontrar más de 40 de estos vínculos geográficos en la ciudad. 

Al respecto, podemos mencionar al que titula este escrito, el Puente Navarro, construido entre 1894 y 1898, y que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1994, y por supuesto, con sobradas razones: se trata del primer puente metálico de Suramérica, y el primero en unir las dos mitades de Colombia, separadas por el Magdalena. Este puente tiene muchos datos interesantes, además de los ya mencionados, entre ellos, que fue un boyacense quien se puso en la titánica tarea de su gestión y construcción, el tunjano, Bernardo Navarro, quien pidió y obtuvo el permiso del Congreso de ese entonces, para la instalación de la estructura. 

Anuncio de los puentes ofrecidos por la San Francisco Bridge Company.

Navarro se puso en contacto con la San Francisco Bridge Company de Nueva York, para la adquisición de la estructura metálica. Esta compañía sería quien construiría, años después, el Golden Gate en San Francisco, California. De hecho, el puente Navarro es mayor casi 40 años que el gigantesco puente californiano, y apenas unos 15 años menor que el encopetado Brooklyn Bridge que une a Manhattan con Brooklyn, en Nueva York. De estas dimensiones es la importancia histórica del Navarro Bridge, en Honda. Así mismo, y en un ambiente más local, Navarro pidió asesoría a otro experto en cuestión de puentes, el sopetranero José María Villa Villa -la palabra sopetranero suena a ser uno de esos términos paisas, relacionados con empuje y verraquera, y en cierta forma lo es, si tenemos en cuenta a genios criollos como el mencionado Villa Villa-. En realidad, el término se refiere a los nacidos en Sopetrán, Antioquia, el pueblo frutero del occidente. 

Este señor, José María Villa Villa, matemático e ingeniero, fue quien construyó el Puente de Occidente, también Monumento Nacional y por supuesto, una de las construcciones más hermosas e icónicas de Colombia.

El Puente Navarro es actualmente visitado por muchos turistas locales e internacionales, que encuentran en sus estructuras metálicas, la nostalgia de una Honda. símbolo de progreso de finales de siglo XIX y principios del XX, y por supuesto, más de 120 años después, sigue cumpliendo fielmente el propósito para el que levantado, conectar a Cundinamarca con Honda, para las personas de a pie.

Dentro de toda la historia hondana, varios puentes cuentan varias historias, entre ellos, el puente Luis Ignacio Andrade, tal vez el más visitado del municipio, y no precisamente por su belleza arquitectónica o su interesante historia, sino porque desde 1950 ha sido el principal motor de desarrollo y comercio en la región, es el puente vehicular de acceso al municipio y hasta antes de la apertura del Puente Nuevo, conectaba a Bogotá con el norte y el occidente del país. 

Otros puentes relevantes de esta población tolimense, son el puente Alfonso López y el Agudelo, sobre el río Gualí, y llamados así por importantes personalidades nacidas en el municipio. El primero fue presidente de Colombia y el segundo, corresponde a un escritor reconocido. Esto hace que el llamar al puente nuevo, como Nuevo Puente, no sea lo más creativo del mundo. Seguramente hay otras personas hondanas que merezcan ser recordadas en esa nomenclatura.  

Ahora, ya que Honda se reconoce como un sitio turístico por su excelente ubicación y clima, y además, como hemos visto, por su historia, no es de extrañarse que tenga espacios dedicados a este aspecto. Honda cuenta con al menos dos grandes museos que son sumamente interesantes: Uno es la Casa Museo Alfonso López Pumarejo, donde vivieron los padres del expresidente y él mismo, durante su niñez y adolescencia: una bella casona del siglo XVIII, restaurada para resistir el paso del tiempo y llena de objetos de la época, no solamente de la familia López, sino de la usanza general. Un clásico museo para observar la historia a través de objetos personales.  

Museo del Río Magdalena. Fuente propia. 

Por otro lado, y como una de las grandes recomendaciones de este artículo, es el Museo del Río Magdalena. Un espacio destinado a la memoria del río... no solamente desde un enfoque teórico, sino también cultural e interactivos sobre sus costumbres, sus habitantes, su fauna y un montón de cosas increíbles para los que somos Magdalenalovers

Ya para finalizar, la gran invitación a Honda se hace para los finales de febrero, en el llamado Festival de la Subienda (otro hijo del matrimonio del gigante con la ciudad). Se trata de la temporada festiva del municipio, a partir del desove de las principales especies de peces que suben por el río hasta esta población y que se convierte en sustento de pescadores y motivo de fiesta para propios y visitantes. Así, mismo, el reinado, los concursos y las verbenas acompañan al delicioso concurso del viudo de pescado (principalmente de Capaz), que mencionamos en el artículo A Solas con el gigante, y que sin duda, es uno de los mejores atractivos de las poblaciones rivereñas. 

Nuestro recorrido se acerca al final, pero aún nos queda una de las grandes joyas. Atravesaremos el Puente Navarro o el Luis Ignacio Andrade y nos dirigimos a la Villa de San Miguel de Guaduas.   




viernes, 20 de diciembre de 2019

A solas con el gigante

Reto Colombia

Es uno de los nombres más conocidos en el país. El Río Grande de la Magdalena ha estado ligado a la historia y al desarrollo del país, desde mucho antes de la conquista. Hoy, el río Magdalena es un referente geográfico y cultural.

En El Hombre de las Leyes - Reto Colombia, me encontraba en deuda de hacer un artículo sobre éste, uno de mis sitios favoritos en el país, que en términos generales, abarcaría un cuarto de país, no solamente por la distancia que recorre - los casi nada 1540 kms- sino por la extensión de su cuenca hidrográfica que de acuerdo con datos oficiales, es de 257.438 km².

En términos sencillos, la cuenca hidrográfica de un río es todo el territorio que de alguna forma, le vierte agua a su cauce. Por ejemplo, toda el agua que se produce en la capital y que recoge el río Bogotá, y que luego se une al Magdalena en Ricaurte, Cundinamarca, hace que Bogotá sea parte de la cuenca hidrográfica del Magdalena... ¿Tremendo, no?

Cuenca hidrográfica del Rio Magdalena
Tomada de http://magdalenaextremo.blogspot.com/

Así mismo, el río toca a 18 departamentos y en su mayor parte, se convierte en un límite natural entre estos. Eso habla no solamente de su importancia geográfica sino también política y administrativa. Sin embargo, uno de los aspectos que más me fascinan del río, es su condición social y cultural con todo lo que incluye: gastronomía, industria, comercio, historia y por supuesto, turismo.

Algunos datos

Nace en el Huila, en el páramo de las papas ubicado en el Macizo Colombiano, la estrella fluvial mas importante del país. -Una estrella fluvial es un sitio en donde nacen muchos rios. Esta sola definición habla de su importancia.

Estrecho del Magdalena. San José de Isnos, Huila. Fuente Propia. 
Tuve la oportunidad de conocer el Estrecho del Magdalena en el año 2010, mide 2.20 metros y su fuerza hace que el respeto por este hermoso monstruo aumente. Como dato antagónico, en Plato, Magdalena, su ancho es de 1073 metros -Sí, más de un kilómetro de ancho. Haga usted cuentas de aproximadamente 10 cuadras en su barrio.- Así de hermoso, así de único, así de respetable.

Son muchas las veces en las que me he reunido con el Río, como quien visita a un familiar, con ganas de verlo y de escucharlo, de hablar con él, y es precisamente este afecto filial el que heredé del lado materno, de una familia profundamente tolimense y con un centenar de historias en donde el gigante era protagonista.

Gracias a este enorme afecto que me despierta, muchas de las rutas y circuitos de Reto Colombia llevan a sus riveras. Lo recuerdo muy especialmente en rutas a La Dorada y Norcasia (Caldas), en la Ruta Mutis (Publicada en varios artículos en este blog), Guaduas-Honda, en recorrido histórico y paisajístico,  y mas recientemente en la ruta a los municipios de Nariño, Guataquí y Jerusalén, de donde nace el título del presente artículo.

Carretera que conduce a San Juan de Rioseco, Cundinamarca. Al fondo, el valle del rio Magdalena.
Fuente Propia.

Mi compañera de viajes, atravesando el Magdalena en Ferry, entre Beltrán y Ambalema.
Fuente propia.  

Desembarcada en Ambalema, en su primer viaje fluvial.
Fuente propia.

Vista desde el embarcadero sobre el Río, en Honda, Tolima. 
Fuente propia.

El valle del Magdalena desde el Mirador de Piedra Capira, en Guaduas, Cundinamarca.
Fuente propia.

Vista entre Flandes, Tolima y Giradot, Cundinamarca.
Fuente propia.

Los restaurantes flotantes en las riveras del rio, en Flandes, Tolima.
Fuente propia.

Panorámica en el puente de la variante de Girardot.
Fuente propia. 

Panorámica en el embalse de Betania, sur del Huila.
Fuente propia. 

A solas con el gigante. Vía Girardot - Nariño, Cundinamarca.
Fuente propia.


En la vía que conduce de Girardot a Nariño, en Cundinamarca, se puede disfrutar de una perspectiva diferente del río Magdalena: es una carretera que no es tan transitada, en excelente estado (vía concesionada) y además, que sigue la margen del río. Es un sitio hermoso, que permite vistas igualmente preciosas del rio y de sus lomas circundantes, un momento perfecto para sentir la majestuosidad de la naturaleza, a solas con el gigante.

Como recomendación final, cuando visites cualquier pueblo o corregimiento cercano al rio Magdalena, te recomiendo enormemente, probar el viudo de capaz. Se trata de un cocido de pescado (generalmente Capaz o Bocachico), acompañado de papa, yuca, plátano y el colombianísimo hogao: un guiso de cebolla, tomates y otras especias.

Un abrazo fluvial.

jueves, 18 de octubre de 2018

Entre el intenso calor y la historia

¿La Ruta Mutis, la del Tabaco o la del Río Grande? Parte 4



Al norte del Tolima se dibuja una población llena de historia, como tantas otras de esta Ruta, y llena de turismo, también como tantas otras de la región. Hemos llegado a San Sebastián de Mariquita, Tolima. 

Esta población, además de compartir muchos espacios de recreo para los turistas, -además por estar casi equidistante entre la capital departamental, Ibagué, y la capital de la república, Bogotá-, tiene también varios atractivos naturales e históricos, que valen la pena ser visitados, admirados y preservados. 

Mariquita, cuyo nombre se ha prestado desde hace décadas para chistes sosos en ambientes escolares y familiares, tiene una temperatura promedio de 28 grados, por lo que una de las mejores formas de recorrerla, es definitivamente, una motocicleta. 


Esta ciudad en crecimiento cuenta con sitios de reconocida historia, para todos aquéllos a quienes más que el plan piscina, también le llama la atención el plan trascendente. Entre ellos, uno de los primeros sitios a visitar es la Casa de la Moneda, que actualmente es un museo muy interesante, en donde se dice que a pesar de su nombre, allí nunca se acuñó moneda sino que se fundieron los metales preciosos, como el oro, para su envío a la madre patria... (y todavía se quieren llevar el tesoro del San José...). En este mismo lugar, hay algunos túneles que alimentan la leyenda de una amplia red subterránea que unía a Falan con Mariquita y Honda, y que servía de escape a los indígenas en el período colonial.


/

Por otro lado, y solamente por motivos históricos, se recomienda visitar los sitios de referencia al fundador de Bogotá, el cruel Gonzalo Jiménez de Quesada, quien vivió en esta población tolimense los últimos años de su vida, y en donde se conservaron sus restos durante muchos años. Allí, es posible visitar la estatua de su cadáver (suena raro, pero así es. Es una estatua de él, yaciendo en una cama fúnebre) y que está ubicada en la base del campanario de la Iglesia de San Sebastián. 








Iglesia de San Sebastián: fuente propia

Foto tomada de http://www.uff.travel/informacion-local/mariquita/atractivos-turisticos

Mariquita tiene muchos otros lugares para conocer, de hecho, es una de las poblaciones con mayores atractivos para los amantes de la historia, la naturaleza y la mezcla de estas dos, que mágicamente se unen en uno de los proyectos más grandes y ambiciosos llevados a cabo en nuestra tierra: la Expedición Botánica (de la que hemos hablado en otras publicaciones previamente). Respecto a esta expedición, en Mariquita se pueden visitar la Casa de la Expedición Botánica, La Casa de los Pintores (donde se hospedaron y trabajaron los que le hicieron los dibujos de los hallazgos a Mutis) y el Bosque, aledaño a la población, y que fue punto de partida e inspiración. 

Y, tal vez uno de los más emblemáticos lugares para visitar aquí, es la Ermita. Una hermosa edificación religiosa del sigo XVI, de cuando La Corona imponía su religión y creencias, y dejaba, entre otras cosas, arquitectura digna de admiración. 





La Ermita, Mariquita, Tolima. Fuente propia.

¿Hacen falta más razones para invitar al lector a visitar a esta ciudad? No hay problema, hay aún muchas cosas por descubrir y explorar en San Sebastián de Mariquita.


CACH

lunes, 8 de enero de 2018

Colombia: Reto Nacional

Un desafío de por vida


Nació como un despreocupado pasatiempo, amarrado a la siempre sana pasión por viajar. Se trata, simplemente, de completar una colección de fotografías que relacionen a todos y cada uno de los municipios de nuestro país. 

Desde que empecé a realizar este registro, o coleccionar iglesias, como algunos amigos me han dicho, muchas personas me han manifestado su apoyo y les parece una idea al menos, diferente, sin embargo, otros me han preguntado si se debe a un fanatismo religioso hacia el catolicismo; la respuesta que siempre doy es que, a pesar de sí ser católico, no se trata de un asunto religioso, sino de un reconocimiento de la arquitectura colombiana, en la que la avanzada española enmarcó en el país, nuestras ciudades y pueblos, en torno a un espacio abierto, donde la población pudiera reunirse respecto a temas de gobierno, mercado y religión, y por esta razón, en las plazas o parques principales se repiten constantemente las mismas características: una iglesia y una sede del gobierno. Y dentro de este marco, es notable el hecho de que ninguna iglesia, por más similar que sea, será idéntica de un municipio al otro

A propósito de todo esto, no será fácil establecer cuál es el porcentaje de municipios alcanzados, si tenemos en cuenta que no podemos decir con exactitud, cuál es el número real de municipios en el país. Parece increíble, pero así es. Esto se debe a que este dato varía dependiendo de la fuente que se consulte: DANE, la Registraduría, la panadería, etc. Por lo tanto, tomaremos como base, el número que maneja el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, que es el de 1103.  

Marcando los primeros diez años, de haber iniciado esta aventura, quiero compartir, con quien quiera seguir este reto, el enlace en Facebook:

https://www.facebook.com/RetoColombia1140/

Y la galería de los pueblos visitados hasta hoy.

Colombia: Reto Nacional

Espero lograr cumplir este reto algún día.

lunes, 27 de noviembre de 2017

La noche más larga

¿La Ruta Mutis, la del Tabaco o la del Río Grande? Parte 3


"Armero desapareció. ¿Cuántos habitantes tenía Armero? Pues ese es el número de muertos"

La radio resonaba. La voz provenía de una avioneta de fumigación, piloteada por Leopoldo Guevara, de la Defensa Civil de Venadillo, que en la mañana de ese 14 de noviembre de 1985, revelaba al país que la noche anterior, Armero, una de las ciudades más prósperas del Tolima, había desaparecido bajo el lodo. 


Son muchas las letras que se han escrito respecto a esta tragedia, que hoy, a más de 30 años de haber ocurrido, sigue como una herida abierta no solamente en sus sobrevivientes, sino también en todos los colombianos, por su magnitud, por la desidia de las autoridades, por sus halos de misterio, porque aún hoy, nos duele a todos.


Y es que parte de toda tragedia, es la historia que sus sobrevivientes cuentan, que recientemente, con la visita del Papa Francisco y la beatificación del Padre Pedro María Ramírez, vuelve a sonar con renovada fuerza: La leyenda de la maldición del padre, que fue asesinado a machetazos, en frente de su iglesia, el 10 de abril de 1948, dentro de los desórdenes sociales provocados por el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán, el día anterior. Pero todo esto da para otro artículo. 

Cuando sales de Ambalema, en dirección hacia el norte, te encuentras con inmensas planicies que circunscriben la rivera del Río Magdalena, fértiles y prósperas, y es que precisamente por ello, Armero, antes de ese fatídico 13 de noviembre, era una población grande y muy próspera, con cultivos de algodón como su principal renglón económico. 

Allí, en la Ye, los avisos te dirigen hacia el occidente, a los municipios de Líbano y Murillo, y hacia el norte, a Mariquita. En otros tiempos, este aviso nombraría, obligadamente, a Armero, pero ese nombre ya no aparece en el mapa vial. 
La Ye, entre Ambalema y la salida norte hacia Mariquita. Fuente propia.
Casi sin darte cuenta, te internas en el campo santo que antiguamente era Armero. El primero en recibirte, es una inmensa y fantasmagórica edificación que se encuentra inerte, sepultada hasta la mitad y a la orilla de la carretera. El Hospital de Armero aparece como un gigante que llora a diario su desgracia, entre la maleza que se apodera de sus viejas paredes y techos abandonados, y los recuerdos nostálgicos de quienes a diario pasan por allí. 


Hospital de Armero. Margen occidental de la carretera. Fuente propia. 

Las calles aún se distinguen en aquellas manzanas enteras que quedaron sepultadas, y se dibujan misteriosas y tristes, en todas esas otras cuadras que no recibieron el impacto de la avalancha, pero recibirían más tarde, otra de las tragedias que siempre agobian a nuestras desgracias después de ocurridas: el saqueo y la desidia. 


Mi medio de transporte, en el marco del parque central de Armero.
Fuente Propia

A pocas calles de la carretera nacional que une a Mariquita con Ibagué, se encuentra el que fuera el parque principal de Armero. Rescatado del lodo hasta sus andenes y baldosas originales, y donde se agrupan los turistas y el comercio informal que, indudablemente, siempre sobrevivirán.  

Silente, se encuentra una inmensa cruz, velada celosamente por una estatua de Juan Pablo II, quien visitó este sitio el año siguiente de la tragedia. 


Juan Pablo II junto a la cruz, en el parque central de Armero. Fuente Propia. 
En este mismo parque central, se encuentra, la cúpula del campanario de la Iglesia, en la esquina de un lote vacío, que hoy se presenta con baldosas casi intactas, y que tímidamente nos indica que allí se ubicaba el templo, hasta esa noche. Esta cúpula, fue arrastrada alrededor de 1230 mts de su ubicación original, y fue rescatada y reubicada muchos años después, como parte del programa de recuperar la memoria de Armero.
La esquina donde quedaba la iglesia, hoy presenta la cúpula rescatada y una pequeña valla
que recuerda como lucía en pie. 
Otro punto que se volvió tristemente célebre, es el sitio en donde Omaira Sánchez, de apenas 13 años, agonizó por cerca de 3 días, mientras cuerpos de socorro y toda la atención nacional se volcó sobre ella. No se pudo hacer nada por salvarla, y finalmente falleció allí, donde luchó. Hoy, la "Tumba de Omaira" es un monumento, donde reposan cientos de placas de personas agradecidas, por supuestos milagros realizados por la niña, además de juguetes y muñecas, que le son llevadas por turistas, creyentes y visitantes en general, en un acto de compasión que asemeja un panorama sombrío y de terror. La voz de Omaira atraviesa el aire de este lugar una y otra vez, proveniente de los videos que son vendidos en los puestos comerciales aledaños... su voz, su inocencia y su esperanza desgarran el corazón de cualquier curioso que se acerque a este lugar.

Omaira, como símbolo de la tragedia. Fuente propia.

Muchos creyentes agradecen, con placas, los milagros realizados por
Omaira Sánchez. Fuente propia.

En una extraña y sombría vigilia, juguetes y muñecas rodean la cruz que
marca el sitio de la agonía de Omaira. Fuente propia.
Armero, definitivamente, permanecerá en la memoria del país. Las dimensiones de la tragedia aún son difíciles de asimilar, y ha marcado la vida de cientos de colombianos, incluso aquellos que no se vieron directamente involucrados. Este año de 1985, que vio desaparecer a Armero, apenas una semana antes, había visto morir incineradas a 350 personas aproximadamente, en la Toma al Palacio de Justicia. 
De este año, rescato una imagen que vi en un libro, cuando era niño, y que me impresionó profundamente:


 
A propósito de toda esta tragedia, fue estrenada a nivel nacional, este año de 2017, una producción cinematográfica llamada Armero, que recomiendo ver, como homenaje a las víctimas, como impulso del cine nacional, y como muestra de buenas técnicas cinematográficas, como pocas que se producen en el país. 

Después de tanto silencio, de la noche más larga, y con el espíritu despierto. Dejamos lo que fue Armero, para dirigirnos a Armero Guayabal, que hasta 1986, era solamente Guayabal, un pequeño corregimiento de Armero, y que ahora tuvo que acoger a quienes sobrevivieron. 

Iglesia central, en Armero Guayabal. Fuente propia. 
Sigue el recorrido por la Ruta Mutis, entrando a una insignia histórica del departamento: Mariquita.

viernes, 14 de julio de 2017

La ciudad de las mil y un columnas

¿La Ruta Mutis, la del Tabaco o la del Río Grande? Parte 2


Carretera entre San Juan De Rioseco y Ambalema,
y al fondo el Valle del Magdalena. Fuente: propia
Uno de los espectáculos más hermosos, en una tierra de espectáculos hermosos, es ver el Valle del Magdalena desde las montañas de Cundinamarca. Este inmenso y serpenteante monstruo -lo del monstruo es solamente por su tamaño- es la arteria fluvial más importante del país y mide algo más de 1500 kms, atravesando gran parte del país de sur a norte.

Aquí, en este punto, se divisa a lo lejos el departamento del Tolima y de paso, y con buena suerte, los picos nevados más allá. 

El Río grande de la Magdalena, ha sido, desde siempre, un referente cultural, histórico y turístico del país. Y allí, junto a sus orillas se enfrentan dos poblaciones: Beltrán, en Cundinamarca, y Ambalema, en Tolima. Por supuesto que Beltrán se ha quedado rezagada en aspectos comerciales, turísticos y económicos, pero vale la pena hacer una pequeña visita, al menos para llegar a Ambalema de la mejor forma posible, atravesando el Magdalena en ferry: Puedes pasar tu carro o tu moto, no hay lío.  
Vista del río Magdalena en Ambalema, Tolima. Fuente: propia

Llegar a Ambalema es encontrar un hermoso pueblo, con historia y arquitectura que te devuelven en el tiempo. No por nada es llamada: la ciudad de las mil y un columnas:

Calle de Ambalema, Tolima. Fuente: Propia

Este pueblo fue muy importante en su momento, por su producción de tabaco y por haber sido esencial en el desarrollo de la Expedición botánica que duró 30 años desde 1793, y fue dirigida por José Celestino Mutis: básicamente, un gran inventario de flora y fauna en la Nueva Granada (lo que hoy es Colombia). Es un ambiente cargado de historia, arquitectura del siglo XIX y anteriores, un clima bastante cálido y una proyección fuerte hacia el turismo. Este es un destino increíblemente interesante para visitar en el centro del país.  

Después de una estadía en Ambalema, recorrer sus calles, el malecón sobre el río Magdalena, las casas históricas como la Casa Inglesa y la Estación del tren, comer un delicioso espécimen que haya vivido en las aguas del río, podremos continuar nuestro recorrido. 

Ahora todo cambia. Se avecinan los recuerdos de la tragedia más grande. En este recorrido, ahora nos recibe la desaparecida Armero. 

El más reciente

Crónicas del club de la silla eterna

Puede ser que haya visto muchas películas de superhéroes, suspenso y acción, pero la siguiente imagen me remite, ineludiblemente, a la entra...