Relatos desde la frontera: primera entrega
Había escuchado mucho sobre este departamento, lamentablemente, en su mayoría se trataba de malas noticias: subversión, corrupción, contrabando, abandono estatal, etc. Sin embargo, y gracias también a personas que he conocido en el desarrollo de mi profesión - colegas docentes y estudiantes, particularmente-, crecía en mí el deseo de conocer este inmenso e incluso enigmático departamento: Norte de Santander.
¿Por qué hay dos Santanderes?
Para entender porqué hoy tenemos dos departamentos con el apellido del General, debemos volver a 1857 cuando lo que ahora es nuestro país, se organizaba como Estados Unidos de Colombia, y precisamente, después de muchos ires y venires, se estableció el Estado (primero Federal y luego Soberano) de Santander. En este territorio, se incluia todo lo que hoy son los dos departamentos.
Luego, en 1886, la nueva Constitución nacional designó a este territorio como departamento, y ya en 1910 las provincias del norte tomaron un nuevo camino, al separarse oficialmente, manteniendo el nombre, pero con la indicación geográfica que lo identifica. Así nació Norte de Santander.
Cúcuta, la perla del norte
Por supuesto que este viaje debe empezar desde la capital departamental, la hermosa -aunque no lo crean- San José de Cúcuta. Una ciudad con una gran historia, muchos retos, bastante protagonismo y una ansía de futuro que se respira en cada calle.
| Parque Santander, al fondo la Catedral de San José, en Cúcuta. Fuente propia. |
Cúcuta es una ciudad llena de historia y dinamismo, conocida como la "Perla del Norte". Fundada en 1733 por Juana Rangel de Cuéllar, Cúcuta ha sido testigo de importantes eventos históricos, como el Congreso de 1821, donde se redactó la Constitución de Cúcuta que dio lugar a la Gran Colombia. Situada en la frontera con Venezuela, la ciudad se ha consolidado como un centro económico, comercial y cultural estratégico para la región.
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| Monumento Histórico de Cristo Rey, en Cúcuta. Fuente propia. |
Entre los principales atractivos turísticos de Cúcuta destacan el Parque Santander, un emblemático punto de encuentro rodeado de edificios históricos, y el Malecón, un espacio a orillas del río Pamplonita ideal para el esparcimiento y la recreación. También es imprescindible visitar la Catedral de San José, un imponente símbolo de la ciudad, así mismo, el Monumento Histórico de Cristo Rey y el mirador del cerro de Jesús Nazareno. La cercanía de Cúcuta con los paisajes montañosos de Norte de Santander la convierte en un destino que combina historia, naturaleza y modernidad.
Siguiente parada: la histórica Ocaña
El viaje entre Cucuta y Ocaña toma entre cuatro y seis horas, dependiendo de factores como el clima, el tráfico, la geografía y sí, hay que decirlo, el orden público (aunque esto no es un factor que afecte esta vía muy frecuentemente). Este trayecto recorre Norte de Santander de oriente a occidente, y atraviesa una cadena montañosa y varios rios. Los paisajes en esta vía son espectaculares, y si lo recorren, como yo, en horas tempranas de la tarde, y tienen buen clima, podrán disfrutar de increibles atardeceres al descender hacia Ábrego.
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| Los paisajes montañosos entre Cúcuta y Ocaña. Fuente propia. |
Ocaña es una ciudad profundamente histórica y con una diversidad cultural impresionante. Lo primero que se debe mencionar, sin duda, es que su rol en la formación de la república, la dejó para siempre plasmada en los libros de historia. Por esta razón, el primer lugar de interés que recomiendo visitar es el Complejo Histórico de la Gran Convención (El templo de San Francisco, el Convento y la Plazoleta), en donde se desarrolló en 1828 la Convención que buscaba modificar la Constitución de 1821 -que había creado a la Gran Colombia-.
En esta edificación, que data del siglo XVII, funcionó un convento, luego un par de instituciones educativas, y posteriormente fue declarado monumento nacional. Hoy, allí queda el Museo de la Gran Convención, la biblioteca municipal y las oficinas de la Academia de Historia de Ocaña.
Así mismo, otro sitio histórico muy relevante para visitar en Ocaña es el Museo Antón García de Bonilla, llamado así en honor de un enconmendero español que fue relevante para la fundación del municipio y que además, está destinado a cabalgar eternamente por la hermosa Calle del Embudo y la de San Luis, esto debido a haber incumpido una promesa a Santa Risa de Cassia a propósito de la salud de sus hijas (Se dice que en realidad fueron tres generaciones de García de Bonilla, siendo el último, el condenado a vagar eternamente).
La Catedral de Santa Ana data de 1576 y es sede de la Diócesis de Ocaña. En cuanto a la Columna de la libertad de los esclavos, hay un inmenso valor histórico y es que se trata de la única pieza física existente que conmemora la abolición de la esclavitud, de manera definitiva, por la promulgación en 1851 de la ley abolicionista por parte de José Hilario López, el entonces presidente. Esta columna fue erigida ese mismo año.
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| La Columna de la Libertad de los Esclavos. Ocaña. Fuente Propia. |
Tuve también la fortuna de visitar el Santuario de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma, más conocido por los locales como el Santuario del Agua de la Virgen. Se dice que allí, en 1711, se apareció la Virgen María a una humilde familia campesina que buscaba madera. Este Santuario es un lugar hermoso, rodeado de naturaleza y con un ambiente sacro que verdaderamente llega al alma.
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| Santuario de Ntra Sra de las Gracias de Torcoroma, Ocaña. Fuente propia. |
Y nada mejor que terminar el día con una vista espectacular: el atardecer ocañero desde el Cerro de Cristo Rey, con una estatua de más de 6 metros de altura, y desde donde se puede disfrutar de un panorámica de Ocaña, mientras el sol se oculta tras las montañas de Norte de Santander.
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| Atardecer en Ocaña, desde el Cerro de Cristo Rey. Fuente propia. |
Tip: En Ocaña, hay que probar la famosa arepa ocañera. Vayan con hambre, es bastante llenadora.
Agradecimiento: Jennifer Castro, exestudiante y quien me brindó su guía todo el tiempo. ¡Mil gracias!


















