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domingo, 1 de febrero de 2026

Cúcuta y Ocaña: primeras huellas del viaje

Relatos desde la frontera: primera entrega 

Había escuchado mucho sobre este departamento, lamentablemente, en su mayoría se trataba de malas noticias: subversión, corrupción, contrabando, abandono estatal, etc. Sin embargo, y gracias también a personas que he conocido en el desarrollo de mi profesión - colegas docentes y estudiantes, particularmente-, crecía en mí el deseo de conocer este inmenso e incluso enigmático departamento: Norte de Santander. 

¿Por qué hay dos Santanderes? 

Para entender porqué hoy tenemos dos departamentos con el apellido del General, debemos volver a 1857 cuando lo que ahora es nuestro país, se organizaba como Estados Unidos de Colombia, y precisamente, después de muchos ires y venires, se estableció el Estado (primero Federal y luego Soberano) de Santander. En este territorio, se incluia todo lo que hoy son los dos departamentos. 

Luego, en 1886, la nueva Constitución nacional designó a este territorio como departamento, y ya en 1910 las provincias del norte tomaron un nuevo camino,  al separarse oficialmente, manteniendo el nombre, pero con la indicación geográfica que lo identifica. Así nació Norte de Santander.  

Cúcuta, la perla del norte


Por supuesto que este viaje debe empezar desde la capital departamental, la hermosa -aunque no lo crean- San José de Cúcuta. Una ciudad con una gran historia, muchos retos, bastante protagonismo y una ansía de futuro que se respira en cada calle.

Parque Santander, al fondo la Catedral de San José, en Cúcuta.
Fuente propia.


Cúcuta es una ciudad llena de historia y dinamismo, conocida como la "Perla del Norte". Fundada en 1733 por Juana Rangel de Cuéllar, Cúcuta ha sido testigo de importantes eventos históricos, como el Congreso de 1821, donde se redactó la Constitución de Cúcuta que dio lugar a la Gran Colombia. Situada en la frontera con Venezuela, la ciudad se ha consolidado como un centro económico, comercial y cultural estratégico para la región.

Monumento Histórico de Cristo Rey, en Cúcuta. Fuente propia.


Entre los principales atractivos turísticos de Cúcuta destacan el Parque Santander, un emblemático punto de encuentro rodeado de edificios históricos, y el Malecón, un espacio a orillas del río Pamplonita ideal para el esparcimiento y la recreación. También es imprescindible visitar la Catedral de San José, un imponente símbolo de la ciudad, así mismo, el Monumento Histórico de Cristo Rey y el mirador del cerro de Jesús Nazareno. La cercanía de Cúcuta con los paisajes montañosos de Norte de Santander la convierte en un destino que combina historia, naturaleza y modernidad.

Como toda ciudad capital grande, es importante tener las precauciones normales en cuanto a seguridad.

Siguiente parada: la histórica Ocaña

El viaje entre Cucuta y Ocaña toma entre cuatro y seis horas, dependiendo de factores como el clima, el tráfico, la geografía y sí, hay que decirlo, el orden público (aunque esto no es un factor que afecte esta vía muy frecuentemente). Este trayecto recorre Norte de Santander de oriente a occidente, y atraviesa una cadena montañosa y varios rios. Los paisajes en esta vía son espectaculares, y si lo recorren, como yo, en horas tempranas de la tarde, y tienen buen clima, podrán disfrutar de increibles atardeceres al descender hacia Ábrego.  

Los paisajes montañosos entre Cúcuta y Ocaña. Fuente propia.


Ocaña es una ciudad profundamente histórica y con una diversidad cultural impresionante. Lo primero que se debe mencionar, sin duda, es que su rol en la formación de la república, la dejó para siempre plasmada en los libros de historia. Por esta razón, el primer lugar de interés que recomiendo visitar es el Complejo Histórico de la Gran Convención (El templo de San Francisco, el Convento y la Plazoleta), en donde se desarrolló en 1828 la Convención que buscaba modificar la Constitución de 1821 -que había creado a la Gran Colombia-.

En esta edificación, que data del siglo XVII, funcionó un convento, luego un par de instituciones educativas, y posteriormente fue declarado monumento nacional. Hoy, allí queda el Museo de la Gran Convención, la biblioteca municipal y las oficinas de la Academia de Historia de Ocaña. 


Así mismo, otro sitio histórico muy relevante para visitar en Ocaña es el Museo Antón García de Bonilla, llamado así en honor de un enconmendero español que fue relevante para la fundación del municipio y que además, está destinado a cabalgar eternamente por la hermosa Calle del Embudo y la de San Luis, esto debido a haber incumpido una promesa a Santa Risa de Cassia a propósito de la salud de sus hijas (Se dice que en realidad fueron tres generaciones de García de Bonilla, siendo el último, el condenado a vagar eternamente). 

Pero volviendo al museo, podemos decir que es una hermosa casona del siglo XVII, propiedad del susodicho, y que hoy alberga una amplia colección de arte religioso, piezas precolombinas y elementos de la vida en épocas coloniales y republicanas, esto, por supuesto, buscando preservar la memoria histórica del municipio. 
Museo Antón García de Bonilla, Ocaña. Fuente propia.


Ya en la plaza principal de Ocaña, llamada 29 de mayo, se encuentra, entre otros, la Catedral de Santa Ana y la columna de la libertad de los esclavos, ambos sitios significativos y con una importancia histórica y cultural considerable. 

Frontis de la Catedral de Santa Ana, Ocaña. Fuente propia.

La plaza recibe su nombre de la fecha en la que se creó la Provincia de Ocaña en 1849, como parte de la entonces República de la Nueva Granada, para unos años después, convertirse en parte del Estado de Santander -del que ya habíamos hablado. 

La Catedral de Santa Ana data de 1576 y es sede de la Diócesis de Ocaña. En cuanto a la Columna de la libertad de los esclavos, hay un inmenso valor histórico y es que se trata de la única pieza física existente que conmemora la abolición de la esclavitud, de manera definitiva, por la promulgación en 1851 de la ley abolicionista por parte de José Hilario López, el entonces presidente. Esta columna fue erigida ese mismo año.   

La Columna de la Libertad de los Esclavos. Ocaña. Fuente Propia. 

Tuve también la fortuna de visitar el Santuario de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma, más conocido por los locales como el Santuario del Agua de la Virgen. Se dice que allí, en 1711, se apareció la Virgen María a una humilde familia campesina que buscaba madera. Este Santuario es un lugar hermoso, rodeado de naturaleza y con un ambiente sacro que verdaderamente llega al alma.

Santuario de Ntra Sra de las Gracias de Torcoroma, Ocaña. Fuente propia.

Y nada mejor que terminar el día con una vista espectacular: el atardecer ocañero desde el Cerro de Cristo Rey, con una estatua de más de 6 metros de altura, y desde donde se puede disfrutar de un panorámica de Ocaña, mientras el sol se oculta tras las montañas de Norte de Santander. 


Monumento de Cristo Rey. Ocaña. Fuente Propia.

Atardecer en Ocaña, desde el Cerro de Cristo Rey. Fuente propia. 

Tip: En Ocaña, hay que probar la famosa arepa ocañera. Vayan con hambre, es bastante llenadora. 

Agradecimiento: Jennifer Castro, exestudiante y quien me brindó su guía todo el tiempo. ¡Mil gracias!

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jueves, 19 de junio de 2025

Turismo con filtro: entre la historia y el decorado

Un viaje entre lo auténtico y lo escenográfico, donde las fotos perfectas a veces esconden relatos imperfectos.

Hace unos años, conversando con algunos conocidos sobre Reto Colombia, me preguntaban:

—¿Por qué no te tomas las fotos con los avisos de letras gigantes en lugar de la iglesia?

La verdad es que, cuando empecé el reto, la mayoría de los municipios no contaban con un aviso de letras llamativas en la plaza, hecho de concreto, piedra o metal. De hecho, incluso hoy en día no existe una uniformidad en este sentido, y muchas poblaciones todavía no disponen de ese punto “fotografiable”.

Avisos como el de Mesetas, Meta, en enero de 2025. Fuente propia.

Pero en realidad, la respuesta que siempre doy es que no hay un lugar tan auténtico y único como la iglesia central de cada municipio. Un poco de historia, algo de arquitectura, fe —por supuesto—, pero, sobre todo, autenticidad. 

Parroquia de la Inmaculada Concepción, en Cepitá, Santander. Fuente propia.


¿De qué hablamos cuando hablamos de turismo?

Siento, precisamente, que es la autenticidad lo que convierte a un sitio turístico en algo valioso y patrimonial.

Seguramente hemos escuchado sobre los distintos tipos de atractivos turísticos, y podríamos fácilmente aventurarnos a crear una lista de ejemplos, basada en nuestras propias experiencias: podemos pensar en el turismo de aventura, con lugares como el Cañón del río Güejar, tan de moda ahora, o el Cañón del Chicamocha, tan de moda siempre; el turismo religioso, con destinos como el Santuario de Las Lajas o la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá; y el turismo cultural e histórico, como La Candelaria en Bogotá o San Francisco, en Mompox. Cada uno de estos destinos evoca actividades, comidas, vestimentas y una disposición distintas por parte del viajero. Y de eso, precisamente, se trata la autenticidad.

Por otro lado, el turismo —como bien sabemos— es una industria que mueve enormes cantidades de dinero y que, en un mundo ideal, debería traer progreso y bienestar a las comunidades locales. Hablamos de los famosos empleos directos e indirectos: alojamiento, restaurantes, transporte, artesanías, entre otros. Por eso, resulta comprensible que las comunidades busquen posicionar y popularizar sus destinos turísticos, con la esperanza de garantizar un flujo constante de visitantes e ingresos.

En este maravilloso contexto, llegaron las redes sociales.

Y, por supuesto, trajeron consigo un gran impulso publicitario para muchos sitios turísticos que antes permanecían en el anonimato, restringidos por el desconocimiento popular. Algo similar ocurrió con la apertura de zonas del país que, durante años, fueron consideradas zonas rojas por el conflicto armado. Aunque dicho conflicto no ha cesado del todo, al menos permitió imaginar una diversificación económica para muchos colombianos que habitan esos territorios.

Ahora bien, con la aparición de nuevos y exóticos destinos, surgió también la necesidad de "repotenciar" los ya existentes. Una verdadera marejada de alas de mariposa, alas de ángel, arcos en forma de corazón, letreros gigantes, miradores con forma de mano, casas al revés —cuento al menos tres en diferentes departamentos al momento de escribir este texto—, rodaderos o toboganes pintados con los colores del arcoíris… todo esto comenzó a aparecer en medio de verdes parajes.

Y como consecuencia, otra marejada inundó las redes sociales: miles de fotos iguales, donde solo cambia el viajero. De hecho, hay un spot turístico en el desierto de la Tatacoa que, literalmente, se llama Tatacoa Selfies.

Tomado de Caracol Radio Armenia, publicación en Instagram.


Excelente por el turismo, por la visibilidad de nuevos espacios, por los ingresos (nuevamente: ojalá para las comunidades locales). Pero no estoy tan seguro de que sea igual de excelente para la autenticidad de la experiencia del viajero.

¿Es importante lo auténtico entonces?

En foros de viajeros, existe una vieja discusión entre el supuesto turista y el verdadero viajero, con una lista de ítems que, a mi parecer, carecen de verdadera importancia: que si la selfie, que si hostal, hotel o Airbnb, que si piscina o charco natural, que si Uber o transporte público.

Tomado de Holidify.com

Por ejemplo —como plantea un artículo de Holidify.com—, hay quienes defienden que hospedarse en un hotel ofrece una experiencia más auténtica y cultural que hacerlo en un Airbnb, donde terminas trasladando tu rutina doméstica a otro espacio: cocinar, limpiar y organizar, pero en un lugar diferente a tu residencia habitual. Sin embargo, si ese mismo análisis se aplica a un hospedaje tipo hostal, con familia anfitriona incluida, entonces el hotel sería el que pierde puntos en términos de autenticidad.

Lo mismo ocurre con el clásico ejemplo de quien, al viajar, busca el McDonald’s o el Starbucks local. En últimas, termina comiendo exactamente lo mismo que en su ciudad de origen.

Entonces, ¿no sucede lo mismo con lo que he llamado “spots de turismo forzado”? Básicamente, esos sitios que han sido artificialmente creados para ser instagrameables, pero que no lo son de forma natural.

Claro, al final la experiencia debe ser disfrutada por quien viaja, así que las condiciones dependen de los gustos de cada persona. —Por supuesto, esto no aplica para el mal llamado “turismo sexual”: no, mil veces no—.

Y en cuanto a esta idea de autenticidad, surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto los atractivos naturales o históricos deben “modernizarse” para seguir siendo competitivos en la industria turística?

Recientemente tuve la fortuna de visitar el departamento de Norte de Santander. En Villa del Rosario, uno de mis sueños era conocer la casa natal del general Francisco de Paula Santander —cuyo nombre, por cierto, fue el emblema de este humilde blog durante más de 15 años—.

Allí, en el marco del llamado Parque Grancolombiano, se encuentra también el Templo Histórico del Congreso, aquel que fue escenario de una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia: la creación de la Gran Colombia, como unión de Venezuela, la Nueva Granada, Ecuador y Panamá.




Este es un buen ejemplo de lo mencionado anteriormente. Aunque la Casa Natal está allí, cualquier curioso sabrá que sus paredes no son, en realidad, las mismas que vieron crecer al joven Francisco de Paula. Tanto el templo como la casa fueron completamente destruidos por el terremoto de Cúcuta en 1875. La diferencia es que el templo no fue reconstruido —salvo su cúpula, con fines meramente simbólicos—.

Son, pero no son.

Ruinas del Templo del Congreso. Villa del Rosario, Norte de Santander. Enero de 2025. Fuente propia.

Esa tensión entre lo simbólico y lo auténtico no es exclusiva del norte del país; también puede verse en destinos icónicos del altiplano cundiboyacense.

Uno de los destinos más visitados en Boyacá es la noble Villa de Leyva, con su imponente Plaza Mayor, considerada una de las más grandes de América. Sin embargo, uno de los mayores engaños al respecto es su histriónico —aunque inconfundible— empedrado. Aunque la arquitectura de esta población es claramente colonial, con edificaciones de entre 200 y 400 años en pie, su característico y antivehicular empedrado no tiene ni siquiera un siglo de antigüedad: fue instalado a mediados del siglo XX, en un claro ejemplo de paisajismo deliberado, pero no de historia auténtica. 

No niego, por supuesto, que visitar Villa de Leyva sea siempre una experiencia increíble. 


Estas dos imágenes son de los años 60, se evidencia que la Plaza Mayor de Villa de Leyva, no tenía empedrado aún. Tomadas de Huellas de Territorio @historiatundama en X 

Para cerrar, reitero que viajar es un placer que siempre debe depender de quien lo vive: de sus gustos en hospedaje, comidas, actividades y, por supuesto, fotografías. No hay nada más valioso que una linda imagen, un bello recuerdo de ese lugar que alguna vez soñamos conocer y que, con fortuna, logramos visitar.

Al final —como en el Carnaval de Barranquilla—, quien lo vive es quien lo goza.

Abrazo viajero.

jueves, 31 de octubre de 2024

Soracá, Boyacá: la mansión regia de los soracaes

Apenas a unos 7 kilómetros de la ciudad de Tunja, se ubica Soracá, un pequeño municipio que en la actualidad, es muy reconocido por sus peregrinaciones marianas que atraen tantas personas, que sus calles se quedaron chicas para tales cantidades. 

Fuente y templo parroquial en el parque principal de Soracá, Boyacá. Colección propia.

Fundado en 1776, este pequeño pueblo es conocido por su tranquilidad y sus paisajes andinos. Su nombre, de origen muisca, significa "lugar de descanso del Sol", lo que refleja su conexión con la cultura indígena que habitaba la región antes de la llegada de los colonizadores españoles.

Soracá también es reconocido por su producción agrícola y minera y es un destino muy atrayente para las personas que practican ciclismo desde la capital departamental, debido a su corta distancia y a los ascensos y descensos en la vía, que por cierto, se encuentra en buenas condiciones. Este pequeño poblado fue declarado municipio a mediados del siglo XX, pero luego hizo parte de Tunja, como corregimiento, para ser elevado nuevamente a municipio 20 años después.

El parque principal de Soracá. Colección propia. 

Soracá ha conservado su carácter rural y sus tradiciones agrícolas, siendo un lugar donde predominan cultivos de papa, maíz y hortalizas, productos que son clave para la economía local.

Entre los principales atractivos turísticos de Soracá, destaca el Santuario de Nuestro Señor de la Columna, un importante sitio de peregrinación que recibe visitantes de toda la región, especialmente durante la Semana Santa. Sin embargo, su tradición más reconocida sucede siempre, el primer sábado de cada mes, cuando miles de fieles marianos, se reúnen en el municipio a orar a Nuestra Señora de la Salud y a participar de las misas de sanación de un reconocido sacerdote.

Una romería se reúne en las misas de sanación. Colección propia.

Además, el municipio ofrece bellos paisajes rurales, ideales para quienes disfrutan de caminatas al aire libre y la tranquilidad del campo boyacense. Un dato curioso es que Soracá es conocido por la devoción a su patrono, el Señor de la Salud, y su fiesta anual es un evento destacado en el calendario local, atrayendo a fieles y turistas que buscan no solo participar en las actividades religiosas, sino también disfrutar de la gastronomía y hospitalidad del lugar.

martes, 15 de octubre de 2024

De los Montes de María a la Depresión momposina

Precuela de Mompox: a veces soñamos con ella pero no existe

El trayecto entre Cartagena y Santa Cruz de Mompox tomó más tiempo del pensado, porque, como se mencionó anteriormente, media hora más de sueño, en la Heróica, hicieron que perdiera uno de los dos únicos buses directos que van hasta la perla del sur de Bolívar: uno a las 7 am y el otro a las 2 pm. Pero por supuesto, siempre habrá alguna alternativa.

Como ya había pensado el itinerario, sabía que para llegar a destino debía pasar por varios municipios del departamento, entre los que estaban El Carmen de Bolívar y Magangué. Así que cuando un voceador me dijo que podía llevarme hasta este último, acepté sin dudarlo; el tiempo es oro en este tipo de trayectos.

Unas horas después, descubriría que ese bus en realidad iba para Sucre... Sincelejo, para ser más exactos, por lo que no llegaría hasta Magangué… simplemente me mantuve atento, mientras estuviéramos en la misma vía.

Y fue, por casualidad, que sería hasta El Carmen de Bolívar a donde este vehículo me transportaría, allí tuve que hacer trasbordo a otro (mucho más grande y cómodo, en realidad), para el recorrido faltante hasta Magangué. A partir de aquí, comencé a degustar de su cultura –literalmente hablando- ya que en el segundo bus, abordó un vendedor de las tradicionales galletas identitarias carmeras, las famosas chepacorinas – y es que fueron creadas por Josefa Corina Ríos, de nuevo por una casualidad ya que quien las preparaba inicialmente enfermó, y ella le agregó otros ingredientes-.

Vista lateral del Santuario de Ntra Sra del Carmen. Fuente Propia. 

El Carmen de Bolívar es un municipio con una rica historia y un fuerte legado cultural. Fundado en 1776, este lugar es parte de la subregión de los Montes de María, una zona conocida por su belleza natural y su importancia histórica durante las luchas independentistas. A lo largo de los años, El Carmen de Bolívar ha sido un centro agrícola y comercial clave, especialmente en la producción de tabaco, café y aguacate, productos que han impulsado la economía local. A pesar de los desafíos que la región ha enfrentado debido al conflicto armado en décadas pasadas, El Carmen de Bolívar ha resurgido como un símbolo de resiliencia y paz.

Caminar por las calles de El Carmen es sentir la historia, como estar en una escena de esas producciones costeñas de hace varias décadas, de casas históricas, de un calor sofocante, de la música de Lucho Bermúdez, y por supuesto, del sabor inigualable de las chepacorinas.  

Carmen querido, tierra de amores
Hay luz y ensueños bajo tu cielo
Y primavera siempre en tu suelo
Bajo tus soles llenos de ardores

Entre los principales atractivos turísticos de El Carmen de Bolívar, destaca el Parque Central y el hermoso Santuario Arquidiocésano de Nuestra Señora del Carmen, rodeado de edificios históricos y donde se celebran festividades y eventos culturales. Además, el municipio es famoso por su Semana Santa, que atrae a devotos y turistas por igual, quienes asisten a procesiones religiosas y celebraciones tradicionales. La belleza natural de los Montes de María también ofrece oportunidades para el ecoturismo, con rutas de senderismo y visitas a cascadas y miradores que permiten disfrutar del paisaje. Si tiene la oportunidad, no deje de visitar la Casa Museo Lucho Bermúdez, que funciona además, como Casa de la Cultura y Escuela de Música.

Tierra de placeres, de luz, de alegría
De lindas mujeres, Carmen tierra mía.
Lucho Bermudez, con su flauta en un mural en El Carmen De Bolívar. Fuente propia.

Del Carmen partí hacia Magangué, la segunda ciudad más grande y poblada del departamento de Bolívar, -obviamente después de Cartagena- y que se encuentra a orillas del majestuoso río Magdalena, lo que le otorga una importancia estratégica como puerto fluvial. Fundada en 1610, Magangué ha sido históricamente un punto clave para el comercio y el transporte en la región del Caribe colombiano. Su ubicación lo convierte en un centro de conexión entre las principales ciudades de la costa y el interior del país. A lo largo de los años, Magangué ha crecido como un núcleo comercial y agrícola, destacándose en la producción de arroz, yuca y pescado, actividades que han sido la base de su economía local.

Catedral de Ntra Sra de la Candelaria, en Magangué. Fuente propia.

Monumento del Pescador y la subienda. Magangué. Fuente propia.

Entre los atractivos turísticos de Magangué se encuentra su malecón, que ofrece vistas espectaculares del río Magdalena y es un lugar ideal para pasear y disfrutar de la gastronomía local, que incluye platos basados en pescados frescos -siendo mediodía ya, pude degustar de un tremendo bocachico, en un restaurante típico, apenas pasando la calle de La Catedral de Nuestra Señora de La Candelaria. Por cierto, ésta es otro punto de interés para quienes desean explorar la historia y la arquitectura del municipio. Magangué también es el punto de partida para quienes desean conocer la rica biodiversidad de la región, con tours por el río y sus alrededores. Un dato curioso es que Magangué se ubica en la zona con más ciénagas del país, y el puente Rocandor, construido hace no mucho, además de ser un hito de ingenieria -con una extensión de más de 2 kms - une la región de los Montes de María con la depresión momposina, y es que precisamente para hablar de la importancia de la estratégica ubicación de Magangué, es importante mencionar que cuenta con la terminal fluvial con mayor movimiento de todo el país.

Ahora, solamente queda esperar la salida de un carro particular, que me llevará hasta Santa Cruz de Mompox.


jueves, 8 de agosto de 2024

Por los caminos del Sumapaz

A veces, como cuando se rueda en compañía, lo que importa más es el camino que no el destino. 

Y precisamente eso, es lo que subyace en el presente relato, que no pretende nada diferente, sino contar a ustedes, lectores asiduos y visitantes esporádicos, uno de mis últimos viajes, que me representó conocer algunos sitios hermosos, únicos y muy cercanos a Bogotá. 

El primer trayecto, correspondiente de Zipaquirá a Arbelaez, tiene un recorrido de aproximadamente 133 kilómetros. Ya que atravesamos Bogotá hacia las 6 de la mañana, de un domingo, el recorrido no tomó mucho más tiempo que el previsto. Estamos hablando de una duración de 3 horas y media. 

Tomado de Google Maps

El trayecto presenta una carretera en excelente condiciones (concesionada, por lo que se tendrá que pagar peaje), por lo menos hasta Fusagasugá, ya que desde Fusa y hasta Arbelaez, la vía empieza a mostrar algunos sectores que necesitan intervención urgente. Sin embargo, esto no impide llevar una buena velocidad y disfrutar de unos paisajes verdes que solamente profetizan lo que será el resto del recorrido. 

Parque Principal de Arbelaez, Cundinamarca. Fuente Propia.


El rinconcito cálido de Cundinamarca

Respecto de Arbelaez, recuerdo que hace varios años, cuando inicié mis estudios de pregrado, la universidad nos envió en salida pedagógica precisamente, a Fusagasugá y Arbelaez, en esta provincia del Sumapaz. Unos días después, para el reporte de esa salida, mis compañeros me encargaron escribir sobre esta población, a la que denominé como el rinconcito cálido de Cundinamarca. Reconozco que en ese tiempo era más romántico y soñador, pero ahora, en retrospectiva, creo que en aquel entonces le di un sobrenombre correcto. Arbelaez se llama así por Vicente Arbelaez, cuyo mayor mérito fue ser Arzobispo de Bogotá y morirse justo para los tiempos en que el municipio fue erigido como tal, en 1886.

Arbeláez es hoy un gran productor agrícola, especialmente de café, panela, mora y cítricos, esto gracias a su ubicación en la falda de la montaña, que le permite contar con diferentes pisos térmicos. Así mismo, está desarrollando proyectos de ecoturismo, contando con sus senderos, pozos, miradores y cascadas que le dan una belleza extraordinaria. Después de unos minutos en el municipio de Arbelaez, nos dispusimos a continuar nuestro viaje, ahora hacia el municipio de San Bernardo, también en Cundinamarca. Por una carretera que paulatinamente se iba degradando un poco, aunque conservando el pavimento en toda su extensión. Un trayecto que bien puede ser recorrido en carro pequeño.


Tomado de Google Maps. 
El San Bernardo faraónico

En San Bernardo, tuvimos la "buena fortuna" de encontrarnos con un pueblo en plenas ferias y fiestas... el lector entenderá el porqué de mis comillas, pero bueno, el objetivo de la llegada a este municipio era el de conocer sus momias. 


Por supuesto que lo primero en que se piensa cuando se habla de San Bernardo, es en sus momias. Un fenómeno que ha permitido que este pequeño poblado, del sur de Cundinamarca, sea una atracción turística un poco diferente a los otros municipios de la zona. Y aunque es mucho lo que se ha dicho al respecto, aún no hay una explicación certera y universalmente aceptada por la comunidad científica, de las razones de este interesante fenómeno. Por lo pronto, podemos decir que la visita obligada es al cementerio del pueblo, a unos 7 minutos caminando del parque principal. Allí, la iglesia construyó un mausoleo con las momias de algunos habitantes que se exhumaron y, al encontrarse en estas condiciones de preservación, los familiares los "donaron" para exponerlos. 

El municipio cuenta también con innumerables atractivos turísticos, propios de su geografía: el Cerro de Paquilo, la piedra del sol, el Mirador de Portones, varias cuevas naturales, entre otros. Así mismo, su principal renglón económico es la agricultura, ya que es considerado como uno de esos municipios “despensa de Colombia”. 

Más sobre Las Momias de San Bernardo. (artículos periodísticos recomendados)

De San Bernardo, fue necesario devolvernos un tramo hacia Arbelaez, pero a mitad de camino, tomamos una vía que se desviaba hacia la derecha (Sentido Arbelaez-San Bernardo) con dirección al municipio de Pandi, en Cundinamarca aún. A pesar de tratarse de una vía sin pavimentar, nos encontramos con un camino bastante transitable y de fácil recorrido. Una vez más, los paisajes se presentaban hermosos y las montañas majestuosas, de hecho, es en este trayecto en donde el viajero podrá encontrarse en una vía surrealista, en donde la montaña domina por completo el paisaje, haciendo que en un momento, se encuentre a poco centímetros de un gigantesco abismo (no apto para personas con vértigo o acrofobia), pero repito, de una belleza increíble. 


Tomado de Google Maps.

Algo de gastronomía en Pandi

Al llegar a Pandi, nos encontramos con un municipio tranquilo, algunos turistas, un clima muy agradable y una deliciosa comida llamada Fiambre, un plato típico de las zonas montañosas de clima templado del departamento de Cundinamarca, que consiste en una presa de gallina, arroz, plátano cocido, papá y yuca, todo sazonado envuelto en una hoja de plátano, donde también se sirve y por supuesto, se come. Imaginen ustedes el panorama: un clima cálido refrescado con una brisa suave, un parque principal de un municipio muy agradable, una comida típica y deliciosa y unas lugareños muy amables con el turista. Suena perfecto, no?

Este pequeño municipio ha sido parte del Tolima y de Cundinamarca alternadamente, de acuerdo con los cambios políticos del país. Su clima es muy agradable y gracias a su ubicación, goza de una variada producción agrícola que alimenta su economía. Se erigió como municipio en 1815, luego de ser parte de Fusagasugá, Melgar, Arbeláez e Icononzo.

Al igual que otros municipios de la provincia del Sumapaz, sus atractivos turísticos son muchos y aún no muy explorados: Alto de Miraflores, Cuevas y petroglifos El Helechal, fuentes termales y caminos reales, sin embargo, su mayor atractivo es uno compartido con la vecina población de Icononzo, Tolima: El Puente Natural.  


Parque principal de Pandi, Cundinamarca. Fuente propia.

Pues bien, después de esta deliciosa y corta estadía, continuamos nuestro recorrido hacia el municipio de Icononzo, el primero que nos encontraríamos en otro departamento: salimos de Cundinamarca y entramos al Tolima.

Tomado de Google Maps.

Una pequeña maravilla de la naturaleza: una increíble historia de violencia

Pero antes de continuar, es necesario hacer la referencia a uno de los sitios más mágicos que vimos durante todo el viaje: el Puente natural de Icononzo - Pandi, un sitio mágico que definitivamente, debería ser visitado y admirado por todos los colombianos. Se trata de una formación natural que fue labrada por el río Sumapaz (que separa a Cundinamarca del Tolima) y que permitió la formación de un puente natural, de piedra, sobre el cual se construyó uno para que sirviera para el tránsito de vehículos. Pero lo más bello del lugar, no es tanto el puente como tal, sino el cañón, estrecho y profundo que el agua ha marcado (sitio no apto para personas con vértigo o con acrofobia (2)). Este sitio es simplemente majestuoso. 

"Puente San José de Pandi Aunque muchos lo conocen como el Puente de Icononzo el verdadero nombre de este viaducto es Puente San José de Pandi. Se construyó en 1924 encima de unas rocas que se utilizaron hasta esta fecha como puente natural, el cual unía a los departamentos de Cundinamarca y Tolima. Según la leyenda estas piedras fueron trasladadas hasta este lugar por el Diablo.
El viaducto está ubicado sobre el río Sumapaz que en este sitio forma un cañón de aproximadamente 250 metros.
En la época de la violencia entre partidos, los conservadores cometieron muchos asesinatos allí. Retenían a los liberales de la zona, los montaban en volquetas y los arrojaban desde el puente al vacío."
Tomado de El Tiempo. 17 de julio de 1999
Después de esta parada, en los límites entre Tolima y Cundinamarca, nos dirigimos por la vía que de todo el trayecto, se encontraba en el peor estado: sin pavimento y con muy poco mantenimiento, lo que representa una verdadera lástima. El abandono de estos circuitos viales son solo una de las muchas muestras de la corrupción que tanto nos afecta a los colombianos. 

Sin embargo, todo esto fue rápidamente olvidado cuando llegamos a Icononzo, el primer pueblo que nos encontramos en el Tolima y que se presenta acogedor, tranquilo, montañoso, cálido y rodeados de paisajes que parecen dibujado o mejor, esculpidos, a mano... Un parque principal agradable, con escaleras por todos lados, y con una tranquilidad que fácilmente envuelve al visitante. 

Gracias a su ubicación en la montaña, Icononzo es conocido como el balcón del Tolima. Al igual que muchos municipios de la zona, su nombre proviene de vocablos indígenas, y éste, en particular, significa “Susurro del agua”. En algún momento, estuvo bajo la jurisdicción de Cundinamarca.

Su principal renglón económico es la agricultura, especialmente café y frutales. Sin embargo, después de los oscuros tiempos de violencia, el municipio está tratando de sobresalir con la producción de otros bienes, como artículos de cuero. Así mismo, es un espacio con grandes potencialidades turísticas, comenzando, por supuesto, por el Puente Natural, que comparte con Pandi, Cundinamarca; cascadas, miradores, senderos y caminos reales, entre otros. 

Parque principal de Icononzo, Tolima. Fuente propia. 

Al salir de Icononzo, nos dirigimos hacia la población que da término a este recorrido, la muy conocida Melgar, llamada por algunos, el barrio caliente de Bogotá, por su cercanía a la capital y por la arraigada costumbre de los capitalinos, de visitarla cada fin de semana. 

Tomado de Google Maps.

Lastimosamente, al llegar a este municipio, cálido y agradable, solo lo encontramos como lo primero: cálido... porque muy poco agradable. Debido al puente festivo (lunes feriado), la capital mundial de las piscinas -como es reconocido-, estaba atiborrado de personas que apenas permitían la circulación y movilidad. 

Gracias, pero no.  

Después de esto, solamente quedaba el regreso por la vía nacional 40. Una carretera concesionada que se presenta en excelente estado. Después de un largo día de viaje, lleno de recuerdos imborrables, haríamos un solo trayecto directo a casa. 

A mis compañeros de viaje, mil gracias. A mis lectores, mil gracias más. 

N.A. Originalmente escrito en Julio de 2016, con reedición en Agosto de 2024. 



viernes, 12 de enero de 2024

Relato Samario 1: A Bolívar lo mató un yanki

El primer templo católico construido dentro de jurisdicción eclesiástica en América del Sur, fue la Catedral Basílica Menor de Santa Marta, menos conocida como Parroquia del Sagrario y San Miguel; por supuesto, estamos hablando de la hermosa edificación que custodia a Santa Marta, la ciudad capital del departamento del Magdalena. Aunque se dice que la iglesia más antigua construida en este suelo fue la de San Francisco, en la entonces Santa Fe y que hoy se llama solamente Bogotá. Pero bueno, ese puede sumarse a los muchos debates sobre "el más antiguo o el primero que..." -discusión que alimenta tuits e hilos en redes sociales, sobre aquellas interminables batallas regionalistas: el club de fútbol más antiguo, la primera ciudad en declararse independiente, el primer metro (no, esa no. Esa sí está clara)-. 

Volviendo a nuestro punto de partida, la Catedral Basílica de Santa Marta es uno de esos imperdibles cuando se visita la Perla de América. Construida hacia 1766, sirvió de morada a los restos del Libertador Simón Bolívar, por un período de 12 años -entre 1830 y 1842- y desde 1953, alberga los de Rodrigo de Bastidas, fundador de la ciudad y que reposaban anteriormente en República Dominicana.
 
Fachada de la Catedral Basílica de Santa Marta. Fuente propia. 

De su arquitectura hay mucho que se puede decir, pero como no soy arquitecto, solamente diré que tiene un solo campanario, con reloj, tres naves, y al fondo, en el crucero, una robusta cúpula que le da su catalogación como "renacentista". A propósito, al hablar de cruceros, en términos de iglesias, corresponde a ese espacio en donde se une la nave central con una "nave" transversal que hace que, en vista de dron, la iglesia se vea como una cruz desde arriba.

Torre campanario y reloj de la Catedral de Santa Marta. Fuente propia.

En este punto, seguramente el lector se estará preguntando por la relación de este artículo con el título del mismo, ya que apenas si se mencionó al Libertador como morador póstumo de este templo, pero aquí es donde se pone -aún- más interesante la historia.

La muerte del Libertador

De acuerdo con los relatos tradicionales de historia patria, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, Libertador de 3 naciones y consolidador de la independencia de otras 3, murió en una hacienda conocida como Quinta de San Pedro Alejandrino, nombrada así por un santo mártir español. Bolívar pasó allí sus últimos días, luchando contra la tuberculosis y la fiebre tifoidea, y posteriormente falleció el 17 de diciembre de 1830 -a los apenas 47 años, pero habiendo recorrido media Latinoamérica a lomo de caballo, y luchando por la independencia en cada viaje, creo que aguantó bastante-. Desde este año, y hasta 1842, fue el período en que sus restos mortales permanecieron en la Catedral de Santa Marta, para ser luego transportados al Panteón Nacional en su natal Caracas.    


Estatua de Simón Bolívar en su lecho de muerte, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, Santa Marta. Fuente propia.

Un hallazgo increíble

Sin embargo, el asunto que nos atañe hoy tiene que ver un descubrimiento reciente en la ciudad de la Bahía más linda de América: Apenas en 2022, en una misteriosa caja fuerte que estaba oculta en una de las paredes de la sacristía de la Catedral, fue hallado un libro de actas de defunciones, entre las que se encontraba la del Libertador, por supuesto, en manuscrita. Un descubrimiento inmenso, teniendo en cuenta que este documento estuvo extraviado por casi dos siglos. Se dice que un historiador de Plato, Magdalena, de nombre William Hernández, encontró una llave antigua entre un archivo de cosas igualmente antiguas, al interior de la sacristía. Luego de varios estudios, lectura de relatos, planos, etc, una pequeña muesca en la pared, le dio los indicios de que allí detrás, habría algo mucho más grande. 

En la Casa de la Aduana, en el "piso alto" fue velado el cadaver de Simón Bolívar.
Esta casa está a unos metros de la Catedral de Santa Marta. Fuente propia.
 

Gracias a Hernández y a un grupo de expertos, la caja y su contenido fueron extraídos, estudiados y restaurados. A partir de este hallazgo, la Registraduría Nacional del Estado Civil, entidad encargada del registro de la vida (y muerte) de los ciudadanos en Colombia, generó el registro civil de defunción oficial de Simón Bolívar, 192 años después de su muerte. Este documento cuenta con una apostilla internacional, y fue enviado a Venezuela, para que repose también, en el Panteón Nacional en Caracas, mientras que el documento histórico original, reposa en los archivos de la Diócesis de Santa Marta.  

Oleo sobre la muerte del Libertador, expuesta en la
Quinta de San Pedro Alejandrino. Fuente propia. 

¿Conspiración?

Como se mencionó arriba, la causa conocida de muerte de Simón Bolívar, era tuberculosis, principalmente, y fiebre tifoidea. Aunque en el documento encontrado no se hace referencia a las causas de muerte, se habla de su funeral, de los honores, y del sitio en el que sería sepultado, por supuesto, también en la Catedral Basílica de Santa Marta. 

Monumento de Simón Bolívar. Regalo de la República de 
Venezuela a la ciudad de Santa Marta. Fuente propia. 


¿Entonces, de dónde salió la información que establecía a la tuberculosis como la asesina del Libertador? Alejandro Reverend, boticario francés que cuidó a Bolívar en sus últimos días, dijo que se presume de la susodicha enfermedad, pero esto lo escribió en 1880 en sus memorias -50 añitos después del último viaje de Don Simón-. Esto, por supuesto, deja abierta la puerta para la conspiración histórica: ¡Simón Bolívar pudo haber sido letalmente intoxicado!

El mismo historiador William Hernández cree que el médico George Mcknight, tuvo que ver con la muerte de Bolívar. McKnight, médico de guerra de la Goleta Grampus, de Estados Unidos, fondeada en la Bahía de Santa Marta desde septiembre de 1830 (recuerde, lector, que la muerte fue el 17 de diciembre de ese año), recetó al boticario francés algunos elementos que se supone, ayudaría a las complicaciones respiratorias del enfermo.

Muchos años después, frente al pelotón de la corrección histórica, muchos elementos se entrelazarían para dar a la luz, una teoría sobre el papel de McKnight en lo que este pelotón considera fue un magnicidio:

  • En los restos del Libertador fueron hallados "arsénico y polvo de cantárida", sustancias que no son y nunca fueron usadas para combatir la tuberculosis.
  • McKnight estuvo por pocas semanas acompañando a Bolívar y a Reverend en Santa Marta y partió antes de la fatídica fecha; sin embargo, al parecer, su opinión médica, tuvo gran peso en las decisiones del boticario. -Al punto que se dice que fue demasiado optimista con la salud de Bolívar, y al pobre de Reverend le tocó asumir solo, la opinión pública sobre el evidente, crónico e irreversible deterioro del Libertador.  
  • En los diarios médicos de la goleta, casualmente, no se encuentra el diario de diciembre de 1830, pero sí el de los otros meses anteriores y posteriores.     
¿Fue intencionalmente mal diagnosticado? ¿Los tratamientos ofrecidos por el gringo y el francés eran los correctos para su mal -al menos para la época-? ¿Quería el imperio yankee deshacerse del moribundo Bolívar, a través del médico de guerra? 

Monumento al Libertador Simón Bolívar, en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Santa Marta, Magdalena, Colombia. Fuente propia.

Colección Reto Colombia

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