Mostrando entradas con la etiqueta Mochileando. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mochileando. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de junio de 2025

Turismo con filtro: entre la historia y el decorado

Un viaje entre lo auténtico y lo escenográfico, donde las fotos perfectas a veces esconden relatos imperfectos.

Hace unos años, conversando con algunos conocidos sobre Reto Colombia, me preguntaban:

—¿Por qué no te tomas las fotos con los avisos de letras gigantes en lugar de la iglesia?

La verdad es que, cuando empecé el reto, la mayoría de los municipios no contaban con un aviso de letras llamativas en la plaza, hecho de concreto, piedra o metal. De hecho, incluso hoy en día no existe una uniformidad en este sentido, y muchas poblaciones todavía no disponen de ese punto “fotografiable”.

Avisos como el de Mesetas, Meta, en enero de 2025. Fuente propia.

Pero en realidad, la respuesta que siempre doy es que no hay un lugar tan auténtico y único como la iglesia central de cada municipio. Un poco de historia, algo de arquitectura, fe —por supuesto—, pero, sobre todo, autenticidad. 

Parroquia de la Inmaculada Concepción, en Cepitá, Santander. Fuente propia.


¿De qué hablamos cuando hablamos de turismo?

Siento, precisamente, que es la autenticidad lo que convierte a un sitio turístico en algo valioso y patrimonial.

Seguramente hemos escuchado sobre los distintos tipos de atractivos turísticos, y podríamos fácilmente aventurarnos a crear una lista de ejemplos, basada en nuestras propias experiencias: podemos pensar en el turismo de aventura, con lugares como el Cañón del río Güejar, tan de moda ahora, o el Cañón del Chicamocha, tan de moda siempre; el turismo religioso, con destinos como el Santuario de Las Lajas o la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá; y el turismo cultural e histórico, como La Candelaria en Bogotá o San Francisco, en Mompox. Cada uno de estos destinos evoca actividades, comidas, vestimentas y una disposición distintas por parte del viajero. Y de eso, precisamente, se trata la autenticidad.

Por otro lado, el turismo —como bien sabemos— es una industria que mueve enormes cantidades de dinero y que, en un mundo ideal, debería traer progreso y bienestar a las comunidades locales. Hablamos de los famosos empleos directos e indirectos: alojamiento, restaurantes, transporte, artesanías, entre otros. Por eso, resulta comprensible que las comunidades busquen posicionar y popularizar sus destinos turísticos, con la esperanza de garantizar un flujo constante de visitantes e ingresos.

En este maravilloso contexto, llegaron las redes sociales.

Y, por supuesto, trajeron consigo un gran impulso publicitario para muchos sitios turísticos que antes permanecían en el anonimato, restringidos por el desconocimiento popular. Algo similar ocurrió con la apertura de zonas del país que, durante años, fueron consideradas zonas rojas por el conflicto armado. Aunque dicho conflicto no ha cesado del todo, al menos permitió imaginar una diversificación económica para muchos colombianos que habitan esos territorios.

Ahora bien, con la aparición de nuevos y exóticos destinos, surgió también la necesidad de "repotenciar" los ya existentes. Una verdadera marejada de alas de mariposa, alas de ángel, arcos en forma de corazón, letreros gigantes, miradores con forma de mano, casas al revés —cuento al menos tres en diferentes departamentos al momento de escribir este texto—, rodaderos o toboganes pintados con los colores del arcoíris… todo esto comenzó a aparecer en medio de verdes parajes.

Y como consecuencia, otra marejada inundó las redes sociales: miles de fotos iguales, donde solo cambia el viajero. De hecho, hay un spot turístico en el desierto de la Tatacoa que, literalmente, se llama Tatacoa Selfies.

Tomado de Caracol Radio Armenia, publicación en Instagram.


Excelente por el turismo, por la visibilidad de nuevos espacios, por los ingresos (nuevamente: ojalá para las comunidades locales). Pero no estoy tan seguro de que sea igual de excelente para la autenticidad de la experiencia del viajero.

¿Es importante lo auténtico entonces?

En foros de viajeros, existe una vieja discusión entre el supuesto turista y el verdadero viajero, con una lista de ítems que, a mi parecer, carecen de verdadera importancia: que si la selfie, que si hostal, hotel o Airbnb, que si piscina o charco natural, que si Uber o transporte público.

Tomado de Holidify.com

Por ejemplo —como plantea un artículo de Holidify.com—, hay quienes defienden que hospedarse en un hotel ofrece una experiencia más auténtica y cultural que hacerlo en un Airbnb, donde terminas trasladando tu rutina doméstica a otro espacio: cocinar, limpiar y organizar, pero en un lugar diferente a tu residencia habitual. Sin embargo, si ese mismo análisis se aplica a un hospedaje tipo hostal, con familia anfitriona incluida, entonces el hotel sería el que pierde puntos en términos de autenticidad.

Lo mismo ocurre con el clásico ejemplo de quien, al viajar, busca el McDonald’s o el Starbucks local. En últimas, termina comiendo exactamente lo mismo que en su ciudad de origen.

Entonces, ¿no sucede lo mismo con lo que he llamado “spots de turismo forzado”? Básicamente, esos sitios que han sido artificialmente creados para ser instagrameables, pero que no lo son de forma natural.

Claro, al final la experiencia debe ser disfrutada por quien viaja, así que las condiciones dependen de los gustos de cada persona. —Por supuesto, esto no aplica para el mal llamado “turismo sexual”: no, mil veces no—.

Y en cuanto a esta idea de autenticidad, surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto los atractivos naturales o históricos deben “modernizarse” para seguir siendo competitivos en la industria turística?

Recientemente tuve la fortuna de visitar el departamento de Norte de Santander. En Villa del Rosario, uno de mis sueños era conocer la casa natal del general Francisco de Paula Santander —cuyo nombre, por cierto, fue el emblema de este humilde blog durante más de 15 años—.

Allí, en el marco del llamado Parque Grancolombiano, se encuentra también el Templo Histórico del Congreso, aquel que fue escenario de una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia: la creación de la Gran Colombia, como unión de Venezuela, la Nueva Granada, Ecuador y Panamá.




Este es un buen ejemplo de lo mencionado anteriormente. Aunque la Casa Natal está allí, cualquier curioso sabrá que sus paredes no son, en realidad, las mismas que vieron crecer al joven Francisco de Paula. Tanto el templo como la casa fueron completamente destruidos por el terremoto de Cúcuta en 1875. La diferencia es que el templo no fue reconstruido —salvo su cúpula, con fines meramente simbólicos—.

Son, pero no son.

Ruinas del Templo del Congreso. Villa del Rosario, Norte de Santander. Enero de 2025. Fuente propia.

Esa tensión entre lo simbólico y lo auténtico no es exclusiva del norte del país; también puede verse en destinos icónicos del altiplano cundiboyacense.

Uno de los destinos más visitados en Boyacá es la noble Villa de Leyva, con su imponente Plaza Mayor, considerada una de las más grandes de América. Sin embargo, uno de los mayores engaños al respecto es su histriónico —aunque inconfundible— empedrado. Aunque la arquitectura de esta población es claramente colonial, con edificaciones de entre 200 y 400 años en pie, su característico y antivehicular empedrado no tiene ni siquiera un siglo de antigüedad: fue instalado a mediados del siglo XX, en un claro ejemplo de paisajismo deliberado, pero no de historia auténtica. 

No niego, por supuesto, que visitar Villa de Leyva sea siempre una experiencia increíble. 


Estas dos imágenes son de los años 60, se evidencia que la Plaza Mayor de Villa de Leyva, no tenía empedrado aún. Tomadas de Huellas de Territorio @historiatundama en X 

Para cerrar, reitero que viajar es un placer que siempre debe depender de quien lo vive: de sus gustos en hospedaje, comidas, actividades y, por supuesto, fotografías. No hay nada más valioso que una linda imagen, un bello recuerdo de ese lugar que alguna vez soñamos conocer y que, con fortuna, logramos visitar.

Al final —como en el Carnaval de Barranquilla—, quien lo vive es quien lo goza.

Abrazo viajero.

jueves, 8 de agosto de 2024

Por los caminos del Sumapaz

A veces, como cuando se rueda en compañía, lo que importa más es el camino que no el destino. 

Y precisamente eso, es lo que subyace en el presente relato, que no pretende nada diferente, sino contar a ustedes, lectores asiduos y visitantes esporádicos, uno de mis últimos viajes, que me representó conocer algunos sitios hermosos, únicos y muy cercanos a Bogotá. 

El primer trayecto, correspondiente de Zipaquirá a Arbelaez, tiene un recorrido de aproximadamente 133 kilómetros. Ya que atravesamos Bogotá hacia las 6 de la mañana, de un domingo, el recorrido no tomó mucho más tiempo que el previsto. Estamos hablando de una duración de 3 horas y media. 

Tomado de Google Maps

El trayecto presenta una carretera en excelente condiciones (concesionada, por lo que se tendrá que pagar peaje), por lo menos hasta Fusagasugá, ya que desde Fusa y hasta Arbelaez, la vía empieza a mostrar algunos sectores que necesitan intervención urgente. Sin embargo, esto no impide llevar una buena velocidad y disfrutar de unos paisajes verdes que solamente profetizan lo que será el resto del recorrido. 

Parque Principal de Arbelaez, Cundinamarca. Fuente Propia.


El rinconcito cálido de Cundinamarca

Respecto de Arbelaez, recuerdo que hace varios años, cuando inicié mis estudios de pregrado, la universidad nos envió en salida pedagógica precisamente, a Fusagasugá y Arbelaez, en esta provincia del Sumapaz. Unos días después, para el reporte de esa salida, mis compañeros me encargaron escribir sobre esta población, a la que denominé como el rinconcito cálido de Cundinamarca. Reconozco que en ese tiempo era más romántico y soñador, pero ahora, en retrospectiva, creo que en aquel entonces le di un sobrenombre correcto. Arbelaez se llama así por Vicente Arbelaez, cuyo mayor mérito fue ser Arzobispo de Bogotá y morirse justo para los tiempos en que el municipio fue erigido como tal, en 1886.

Arbeláez es hoy un gran productor agrícola, especialmente de café, panela, mora y cítricos, esto gracias a su ubicación en la falda de la montaña, que le permite contar con diferentes pisos térmicos. Así mismo, está desarrollando proyectos de ecoturismo, contando con sus senderos, pozos, miradores y cascadas que le dan una belleza extraordinaria. Después de unos minutos en el municipio de Arbelaez, nos dispusimos a continuar nuestro viaje, ahora hacia el municipio de San Bernardo, también en Cundinamarca. Por una carretera que paulatinamente se iba degradando un poco, aunque conservando el pavimento en toda su extensión. Un trayecto que bien puede ser recorrido en carro pequeño.


Tomado de Google Maps. 
El San Bernardo faraónico

En San Bernardo, tuvimos la "buena fortuna" de encontrarnos con un pueblo en plenas ferias y fiestas... el lector entenderá el porqué de mis comillas, pero bueno, el objetivo de la llegada a este municipio era el de conocer sus momias. 


Por supuesto que lo primero en que se piensa cuando se habla de San Bernardo, es en sus momias. Un fenómeno que ha permitido que este pequeño poblado, del sur de Cundinamarca, sea una atracción turística un poco diferente a los otros municipios de la zona. Y aunque es mucho lo que se ha dicho al respecto, aún no hay una explicación certera y universalmente aceptada por la comunidad científica, de las razones de este interesante fenómeno. Por lo pronto, podemos decir que la visita obligada es al cementerio del pueblo, a unos 7 minutos caminando del parque principal. Allí, la iglesia construyó un mausoleo con las momias de algunos habitantes que se exhumaron y, al encontrarse en estas condiciones de preservación, los familiares los "donaron" para exponerlos. 

El municipio cuenta también con innumerables atractivos turísticos, propios de su geografía: el Cerro de Paquilo, la piedra del sol, el Mirador de Portones, varias cuevas naturales, entre otros. Así mismo, su principal renglón económico es la agricultura, ya que es considerado como uno de esos municipios “despensa de Colombia”. 

Más sobre Las Momias de San Bernardo. (artículos periodísticos recomendados)

De San Bernardo, fue necesario devolvernos un tramo hacia Arbelaez, pero a mitad de camino, tomamos una vía que se desviaba hacia la derecha (Sentido Arbelaez-San Bernardo) con dirección al municipio de Pandi, en Cundinamarca aún. A pesar de tratarse de una vía sin pavimentar, nos encontramos con un camino bastante transitable y de fácil recorrido. Una vez más, los paisajes se presentaban hermosos y las montañas majestuosas, de hecho, es en este trayecto en donde el viajero podrá encontrarse en una vía surrealista, en donde la montaña domina por completo el paisaje, haciendo que en un momento, se encuentre a poco centímetros de un gigantesco abismo (no apto para personas con vértigo o acrofobia), pero repito, de una belleza increíble. 


Tomado de Google Maps.

Algo de gastronomía en Pandi

Al llegar a Pandi, nos encontramos con un municipio tranquilo, algunos turistas, un clima muy agradable y una deliciosa comida llamada Fiambre, un plato típico de las zonas montañosas de clima templado del departamento de Cundinamarca, que consiste en una presa de gallina, arroz, plátano cocido, papá y yuca, todo sazonado envuelto en una hoja de plátano, donde también se sirve y por supuesto, se come. Imaginen ustedes el panorama: un clima cálido refrescado con una brisa suave, un parque principal de un municipio muy agradable, una comida típica y deliciosa y unas lugareños muy amables con el turista. Suena perfecto, no?

Este pequeño municipio ha sido parte del Tolima y de Cundinamarca alternadamente, de acuerdo con los cambios políticos del país. Su clima es muy agradable y gracias a su ubicación, goza de una variada producción agrícola que alimenta su economía. Se erigió como municipio en 1815, luego de ser parte de Fusagasugá, Melgar, Arbeláez e Icononzo.

Al igual que otros municipios de la provincia del Sumapaz, sus atractivos turísticos son muchos y aún no muy explorados: Alto de Miraflores, Cuevas y petroglifos El Helechal, fuentes termales y caminos reales, sin embargo, su mayor atractivo es uno compartido con la vecina población de Icononzo, Tolima: El Puente Natural.  


Parque principal de Pandi, Cundinamarca. Fuente propia.

Pues bien, después de esta deliciosa y corta estadía, continuamos nuestro recorrido hacia el municipio de Icononzo, el primero que nos encontraríamos en otro departamento: salimos de Cundinamarca y entramos al Tolima.

Tomado de Google Maps.

Una pequeña maravilla de la naturaleza: una increíble historia de violencia

Pero antes de continuar, es necesario hacer la referencia a uno de los sitios más mágicos que vimos durante todo el viaje: el Puente natural de Icononzo - Pandi, un sitio mágico que definitivamente, debería ser visitado y admirado por todos los colombianos. Se trata de una formación natural que fue labrada por el río Sumapaz (que separa a Cundinamarca del Tolima) y que permitió la formación de un puente natural, de piedra, sobre el cual se construyó uno para que sirviera para el tránsito de vehículos. Pero lo más bello del lugar, no es tanto el puente como tal, sino el cañón, estrecho y profundo que el agua ha marcado (sitio no apto para personas con vértigo o con acrofobia (2)). Este sitio es simplemente majestuoso. 

"Puente San José de Pandi Aunque muchos lo conocen como el Puente de Icononzo el verdadero nombre de este viaducto es Puente San José de Pandi. Se construyó en 1924 encima de unas rocas que se utilizaron hasta esta fecha como puente natural, el cual unía a los departamentos de Cundinamarca y Tolima. Según la leyenda estas piedras fueron trasladadas hasta este lugar por el Diablo.
El viaducto está ubicado sobre el río Sumapaz que en este sitio forma un cañón de aproximadamente 250 metros.
En la época de la violencia entre partidos, los conservadores cometieron muchos asesinatos allí. Retenían a los liberales de la zona, los montaban en volquetas y los arrojaban desde el puente al vacío."
Tomado de El Tiempo. 17 de julio de 1999
Después de esta parada, en los límites entre Tolima y Cundinamarca, nos dirigimos por la vía que de todo el trayecto, se encontraba en el peor estado: sin pavimento y con muy poco mantenimiento, lo que representa una verdadera lástima. El abandono de estos circuitos viales son solo una de las muchas muestras de la corrupción que tanto nos afecta a los colombianos. 

Sin embargo, todo esto fue rápidamente olvidado cuando llegamos a Icononzo, el primer pueblo que nos encontramos en el Tolima y que se presenta acogedor, tranquilo, montañoso, cálido y rodeados de paisajes que parecen dibujado o mejor, esculpidos, a mano... Un parque principal agradable, con escaleras por todos lados, y con una tranquilidad que fácilmente envuelve al visitante. 

Gracias a su ubicación en la montaña, Icononzo es conocido como el balcón del Tolima. Al igual que muchos municipios de la zona, su nombre proviene de vocablos indígenas, y éste, en particular, significa “Susurro del agua”. En algún momento, estuvo bajo la jurisdicción de Cundinamarca.

Su principal renglón económico es la agricultura, especialmente café y frutales. Sin embargo, después de los oscuros tiempos de violencia, el municipio está tratando de sobresalir con la producción de otros bienes, como artículos de cuero. Así mismo, es un espacio con grandes potencialidades turísticas, comenzando, por supuesto, por el Puente Natural, que comparte con Pandi, Cundinamarca; cascadas, miradores, senderos y caminos reales, entre otros. 

Parque principal de Icononzo, Tolima. Fuente propia. 

Al salir de Icononzo, nos dirigimos hacia la población que da término a este recorrido, la muy conocida Melgar, llamada por algunos, el barrio caliente de Bogotá, por su cercanía a la capital y por la arraigada costumbre de los capitalinos, de visitarla cada fin de semana. 

Tomado de Google Maps.

Lastimosamente, al llegar a este municipio, cálido y agradable, solo lo encontramos como lo primero: cálido... porque muy poco agradable. Debido al puente festivo (lunes feriado), la capital mundial de las piscinas -como es reconocido-, estaba atiborrado de personas que apenas permitían la circulación y movilidad. 

Gracias, pero no.  

Después de esto, solamente quedaba el regreso por la vía nacional 40. Una carretera concesionada que se presenta en excelente estado. Después de un largo día de viaje, lleno de recuerdos imborrables, haríamos un solo trayecto directo a casa. 

A mis compañeros de viaje, mil gracias. A mis lectores, mil gracias más. 

N.A. Originalmente escrito en Julio de 2016, con reedición en Agosto de 2024. 



martes, 23 de julio de 2024

Mompox: a veces soñamos con ella, pero no existe

Mompox es uno de esos destinos que siempre están en la mente de los viajeros, especialmente de aquéllos con afición histórica. Este lugar estaba de primeras en mi lista, luego de ir tachando otras maravillas, que también han sido recogidas en este espacio. 

Iglesia de la Inmaculada Concepción, en primer plano, la Plaza de Mercado.
Mompox, Bolívar. Fuente propia

- Yo ni sé, exactamente, dónde queda Mompox. Dijo mi hermana cuando le compartía experiencias del viaje a mi familia; y esta frase me quedó sonando en la cabeza, y de inmediato, se vinculó a otra que conocí por primera vez mientras caminaba por las calles de este pueblo bolivarense: 

"Mompox no existe, a veces soñamos con ella, pero no existe."

Esta oración, expresiva y estruendosa al mismo tiempo, se le adjudica a Simón Bolívar, según García Márquez, en "El General en su laberinto"; y expresa el sentimiento de quien llega por primera -o enésima- vez a pisar las calles empedradas de la Ciudad de Dios. Una sensación de teatralidad envuelta en cotidianidad, de algo mucho más grande y más antiguo que los propios sueños, y sin embargo, de sentirse parte, de alguna manera, de esa identidad, de lucha, de vida, de historia y de naturaleza. 

“Por Mompox no se pasa, a Mompox se llega" 

Es otra de las frases populares que describen a este rincón del departamento de Bolívar, y eso es fácilmente reconocible ahora, después de que a inicios del siglo XX, los sedimentos desviaran los fuertes caudales del Río Magdalena hacia el brazo de Loba -que pasa por Magangué-, y dejara el brazo de Mompox reducido, casi olvidado. De esta manera, Mompox fue perdiendo su "importancia comercial y hasta industrial" (las comillas son mías), dejándola detenida en el tiempo, como un tesoro en un cofre, o un mosquito en ámbar en una película de dinosaurios. Esa pérdida de importancia, le hizo, finalmente un gran favor, dejar inmaculada su esencia histórica y hacer que, a finales de siglo, fuera declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad, por la UNESCO.  

El Brazo Mompox, del Río Magdalena. Fuente propia.

Y bueno, por Mompox no se pasa... al punto que personalmente, tuve que tomar varios medios de transporte para llegar: por aire hasta Cartagena, por tierra hasta Carmen de Bolívar, otro hasta Magangué, y otro más, hasta Santa Cruz de Mompox - En este punto reconozco que unos minutos de sueño hicieron la diferencia, y me perdí el bus que me llevaba directamente desde Cartagena a Mompox, pero bueno, es más poético así-. 

Por supuesto, el primer sitio deslumbrante, es la Plaza Real de la Concepción, que bien podría pensarse es el parque principal... pero con tantas plazas, iglesias y edificaciones históricas, no es fácil asegurarlo. Por ejemplo, en esta plaza la Iglesia de la Inmaculada Concepción te recuerda rápidamente la búsqueda rápida que hiciste en Google antes del viaje... pero la Alcaldía, es decir, la figura del poder administrativo (o sea el otro poder tradicional para definir una plaza principal), queda a un par de cuadras de allí, en otra bellísima plaza llamada De La Libertad. 

La Cruz de hierro y al fondo, la Plaza de Mercado.
Mompox, Bolívar. Fuente Propia.

Es en esta primera plaza, la Real de La Concepción, donde se ve la enorme cruz de hierro que identifica al municipio, y justo al lado, la increible "plaza" de Mercado -Que como todo en Mompox, es diferente y deslumbrante, ya que no es una plaza, realmente, sino que se trata de una edificación inmensa, con dos plantas, y una vista magnífica al Río Magdalena -que a propósito, siempre como parte del relato, en su brazo de Mompox, y que por aquellas coincidencias de la vida, me permitió una de esas noches, un espectáculo de luna llena sobre su aguas, creando un paisaje deslumbrante-. 

Iglesia de Santa Bárbara, Mompox, Bolívar. Fuente propia
De las 7 iglesias momposinas, 6 funcionan como tales actualmente, la otra es la ubicada en la Plaza de la Libertad, en donde hoy queda la administración municipal. Todas ellas tienen una gran historia de muchos años sobre sus muros, proveniente de cada una de las órdenes religiosas que llegaron a la población en época de conquista y colonia, lo que nos cuenta, una vez más, sobre su gran relevancia en aquellos tiempos. Sin embargo, y como punto muy personal, siento una gran atracción hacia la Iglesia de Santa Bárbara (de la que hablaré más a profundidad en otro relato). 

Este templo, tan conocido por las postales, imágenes en buscadores de internet, perfiles de redes sociales de viajeros, etc. me maravilló desde que siguiendo las albarradas sobre el río, llegué hasta la plaza de Santa Bárbara, un poco más retirada de las mencionadas más arriba. Su característico color amarillo ocre, con bordes y alfajías blancos, pero más identitario aún su campanario (de los pocos que cuentan con un balcón en Colombia), me hizo recordar aquel sentimiento de maravillarse al ver, por fin presencialmente, algo que has visto muchas veces en fotos (de esas cosas que los andariegos entienden).  

Y aunque hay mucho por contar, y muchos sitios por referenciar en esta pequeña joya que es Mompox, quiero terminar este relato hablando de otro lugar que considero es un imperdible: La Casa de los Peñas Alvarado, que hoy alberga la Casa de la Cultura. Es una hermosa casa museo, que data del siglo XVI y que hoy cuenta con diferentes elementos de la vida colonial y republicana de la población, como fiel testigo de innumerables días y noches momposinas. 




Interior de la Casa de la Cultura, Mompox, Bolívar. Fuente propia.

Un último y tremendo dato: Mompox fue el primer territorio en declararse independiente de la Corona Española, el 2 de julio de 1810, al hacer huir a los representantes de la autoridad real, hacia Cartagena y Santafé. 

Cada calle, cada iglesia, cada paso se convirtieron en una gran remembranza y "me la voy a llevar a mi ranchito, porque es bonita mi rosa momposina".  


martes, 3 de enero de 2023

Guainía 1 - Tierra de muchas aguas

Un sueño hecho realidad es visitar el departamento de #Guainía, en #Colombia. 

Resulta corto todo lo que se puede ver en artículos de blogs y redes sociales, videos de viajeros y reseñas de sitios turísticos especializados, para cuando se llega a pisar la pista del aeropuerto César Gaviria Trujillo de la ciudad de #Inírida, la capital departamental, y se empieza a sentir a Guainía, su naturaleza, su cultura y su gente. 

Cuando una idea se mete en la cabeza y en el corazón

Aunque conocía la teoría de la organización política del país, las capitales departamentales (y los juegos de trivias que se hacían con compañeros del colegio al respecto), Guainía no despertaba un mayor interés en mí, más que por lo exótico y misterioso que pudiera resultar. Sin embargo, fue gracias a la pandemia y al confinamiento de 2020, con su consecuente crisis para empresas de ciertas áreas -entre ellas el turismo-, que tuve la oportunidad de conocer un poco más de cerca, lo que se convertiría más tarde en una obsesión: conocer el Guainía y sus principales atractivos naturales. Así que en ese marco de naciente solidaridad y resiliencia, me encontré con el anuncio de una operadora turística que, transmitiendo desde Inírida, haría un tour virtual por los majestuosos #CerrosdeMavecure y la #EstrellaFluvialDelOriente. Por supuesto, me animé a la idea, sabiendo que la inversión era corta y podría aprender mucho, y así fue. 

Este tour de un par de horas, resumió con fotos, videos y narración de anécdotas en primera persona, lo que en realidad es un viaje de al menos 4 días; pero más allá de eso, me motivó -vehementemente- a conocer en persona este inmenso tesoro natural y cultural de #Colombia. 

Compra vuelos... luego veremos

Así que durante un par de años, estuve acariciando la idea de realizar el viaje, con algo de temor, debo confesar, ya que el destino aún me parecía lo suficientemente incógnito. Finalmente, compré los vuelos y me contacté con la Operadora turística que se encargaría de todo allá, de esta forma, me forzaría también a cumplir este sueño. 

Ya llegado el momento de viajar (y de cumplir con exacta fidelidad las recomendaciones de la agencia), llegó el esperado momento de la aventura, y mágicamente, todos los temores desaparecieron. Era solamente yo a punto de vivir una experiencia que estaba seguro, sería increíble. Efectivamente, así lo fue.

Río Guaviare, en cercanías a Inírida. Fuente propia

Y fue precisamente, antes de pisar la pista de aterrizaje del aeropuerto de Inírida, que la magia del lugar invadía el alma de quienes llegaban a ella por primera vez: inmensas extensiones de tierra forradas con un exuberante color verde, hasta donde llegaba la vista: no pueblos, no caseríos, no carreteras, solo selva. Eso sí, unos gigantescos y caudalosos cuerpos de agua, que extrañamente, algunos se veían marrón (como todos los ríos que yo conocía) y otros negros, profundamente negros, como si absorbieran la luz del sol y no la dejaran escapar. Más tarde entendería el porqué de esta diferencia. 

Saluda a la "tierra de muchas aguas"

Lentamente, mientras el pequeño avión Embraer de la empresa Satena, se acercaba a la pista, ya se podía divisar las motos, los pocos carros, las casas y cuadras, que componen a la ciudad de Inírida. El capitán nos daba la bienvenida y a partir de allí, la temperatura no bajaría nunca de los 30ºC. 

La pequeña aeronave que voló de Bogotá a Inírida. Fuente propia. 

Allí en el aeropuerto, la encargada de la agencia turística reuniría al grupo completo (que en gran cantidad veníamos en el mismo vuelo, y en menor porcentaje, había llegado a la ciudad unos días antes), un par de arreglos con los mototaxistas (que llaman Toritos, por la referencia que usa el fabricante de estos vehículos) para que nos llevaran, en pequeños grupos, hasta el puerto sobre el #RíoInírida, en donde una pequeña lancha a motor, nos llevaría en un recorrido de un poco más de dos horas, a nuestro primer destino: Los Cerros de Mavecure. 


Guainía significa "Tierra de muchas aguas", en idioma Ticuna-Yurí, y no podría pensar en otro nombre que le hiciera un mejor homenaje. 

Esto apenas comenzaba. 

    

miércoles, 6 de julio de 2022

Villeta: capital panelera de Colombia

Municipio: #Villeta 

Departamento: #Cundinamarca 

Fecha: Septiembre de 2010 

Visita 044/1140 



La Capital Panelera de #Colombia está ubicada en la provincia de #Gualivá, muy cerca a #Bogotá y con una inmensa vocación turística, derivada también de su estupendo clima cálido. Su ubicación actual se debe a que, en este punto, el camino real que conducía a Santa Fe, se distanciaba del margen del Río Negro y buscaba el altiplano capitalino.  


Hoy, Villeta cuenta con numerosos sitios turísticos, no solamente balnearios, sino también de renombre histórico, tal como la casa donde murió el presidente Miguel Sanclemente, quien gobernó desde esta población ya que por su avanzada edad, el frío de Bogotá no le hacía bien. Por otro lado, hay también numerosos atractivos naturales, como los Saltos de los Micos, El Salto Caiquero, y varios senderos y miradores debido a su particular relieve.  


Es muy sencillo llegar a Villeta ya que se consigue suficiente transporte público, no solamente directo, sino en rutas que van hacia el Tolima y hacia las ciudades de Medellín y Manizales, principalmente.

martes, 1 de junio de 2021

Bello puerto de mar, mi Buenaventura

Municipio: #Buenaventura
Departamento: #ValleDelCauca
Fecha: Diciembre de 2019
Visita: 199/1140

En el Bulevar del Centro, un ancla y de fondo, el Palacio Nacional. Fuente propia.



Así como con la mayoría de poblaciones del pacífico colombiano, Buenaventura es fácilmente reconocible por sus muchas características, tanto buenas como no tan buenas. 

Catedral de San Buenaventura. Fuente propia. 

Uno de los deseos que me había acompañado por muchos años, era el de poder conocer el océano Pacífico desde mi país natal, Colombia -irónicamente, había visitado por primera vez playas sobre este océano, en otros países suramericanos, pero nunca desde mi patria. Así que la posibilidad se dio, cuando después de muchos años, tuve la oportunidad de acompañar nuevamente en la cancha del Pascual Guerrero, al América de Cali, el equipo de fútbol que he seguido toda la vida. Por esta razón, y aprovechando la cercanía del puerto con la capital valluna, y por supuesto, habiendo comprado el vuelo de regreso a Bogotá para un día después, decidí que invertiría esta jornada posterior al partido, en conocer el mayor puerto marítimo del país, el Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico de Buenaventura, en el Valle del Cauca. 

Antesala de la Catedral de San Buenaventura. Fuente Propia.

Sabiendo que se trataba de un recorrido de unas dos horas por carretera, podría conocer algo de la ciudad y seguramente, alguna de sus muchas playas paradisiacas, que sin embargo, al parecer no son tan conocidas para muchos colombianos, por lo que, por supuesto, aquí va la invitación para que las visiten y conozcan.

Ya en el bus intermunicipal, me encontré con la cara bella de Colombia, su gente. Gente que iba de Cali a Buenaventura por diversas razones, pero al parecer, solo yo lo hacía por turismo. Su gente "de alegría siempre en el rostro", me llevó a la siguiente gran alegría del viaje, 2 horas, completicas, escuchando salsa. Lo disfruté enormemente. 

Había escuchado historias sobre Buenaventura, su inseguridad, su calor, su humedad, su gente... y debo decir, que después de este cortísimo viaje, quedé ampliamente enamorado de este puerto, a pesar de las evidentes dificultades sociales que se presentan. 

Uno de los íconos de la ciudad es el Faro, ubicado en el Malecón de la Bahía. Fuente propia. 
Me dirigí inmediatamente al centro de la ciudad, tuve la oportunidad de encontrar la Catedral, que no podía tener una advocación diferente que a San Buenaventura. Allí, encontré a un grupo de adolescentes afro acompañadas de una religiosa italiana, que vendían unas artesanías; me contaron sobre su fundación, sobre el trabajo artístico y artesanal que realizan, y como todo lo que recaudan, paga sus estudios de educación superior. Hoy, dos pequeños lienzos adornan la sala de mi casa: no podía irme ese día, sin llevarme algo de esa belleza para mí. 
Los lienzos comprados en la Catedral de San Buenaventura. Fuente propia.


Esta catedral se ubica justo en el Bulevar del Centro, una alameda que adorna este sector de la ciudad, dándole un aire de tranquilidad paisajística que, considero yo, está algo menospreciada por el turismo. Comienza, precisamente en el templo, y termina en el parque José Prudencio Padilla, junto al Hotel Estación (uno de los más icónicos de la ciudad), concentrando en su marco al Palacio Nacional, construido en 1934 y en donde hoy funciona el Palacio de Justicia, y también el Edificio de la Aduana Nacional, de 1930 aproximadamente, y que por supuesto, hoy es administrado por la DIAN. Mucha historia en un par de cuadras. Definitivamente, un lugar para caminar y conocer. 


El cartel de Buenaventura. Al fondo, la inmensa Bahía. Fuente propia.


Buenaventura tiene un gran ícono que aparece en cualquier búsqueda de la ciudad en Google, se trata de su Faro, ubicado en el Malecón Bahía de la Cruz. Aquí, en este lugar, la fotografía obligada es por supuesto, con el inmenso letrero de Buenaventura a solo unos pasos. El malecón es un sitio lleno de vida, con parques y senderos, puestos de venta de artesanías y comidas, el viento y el sonido del mar constantes, y por supuesto, la inmensidad de la Bahía de Buenaventura, que se convierte en una titánica autopista de inmensos buques cargueros, que son humildemente conducidos por pequeños remolcadores que le dan la bienvenida al territorio continental colombiano. 

Inmensas embarcaciones llegan permanentemente al Puerto de Buenaventura. Fuente Propia.

Y allí, en este punto, se encuentra también el Muelle Turístico, el de pequeñas embarcaciones, y el que me permitirá conocer, por ahora, una de las hermosas playas bonaverenses.  Eso será, en el próximo artículo. Hasta entonces. 

#RetoColombia: en El Repitente
Sigue a Reto Colombia en Instagram y en Facebook

El más reciente

Crónicas del club de la silla eterna

Puede ser que haya visto muchas películas de superhéroes, suspenso y acción, pero la siguiente imagen me remite, ineludiblemente, a la entra...