lunes, 18 de agosto de 2008

La culpa es de Bolívar

Amanecía el 17 de junio de 1826. El Libertador, fuertemente criticado por sus ideas de una constitución donde él mismo sería proclamado Presidente vitalicio de la Gran Colombia - es decir, Venezuela, Nueva Granada, Quito, el Alto y Bajo Perú-, se disponía a arribar a la capital, SantaFe, donde lo esperaba El Hombre de las Leyes y los granadinos, quienes además, esperaban una explicación ante tamaña y grotesca decisión.

La comitiva del Libertador llegaría a Mariquita, donde los recibiría la comitiva del Vicepresidente. Allí, en horas de la madrugada, se sintió uno de los más fuertes movimientos sísmicos que han afectado a la capital. Su epicentro fue en la población de Sopó, a escasos 30 kilómetros de la actual Bogotá.

Por supuesto, no hizo falta que muchos opositores culparan de lo sucedido a la llegada de Bolívar, que para entonces acababa de liberar a los actuales Perú y Bolivia.

Éste sería solo el comienzo de una serie de terremotos que azotarían al centro del país por casi un año. El más fuerte se presentó el 16 de noviembre de 1827, -con el que se cerró esa misteriosa cadena de movimientos telúricos- con epicentro en Timaná, Huila, que causó daños graves en las edificaciones capitalinas. Éste último fue considerado de intensidad VIII.

En una época en la que aún primaban las creencias sobrenaturales, todo este registro de sismos se presentó como una señal de los infiernos para separarnos, eternamente, de nuestros vecinos venezolanos. Sin embargo, todo esto no paró allí.

Uno de los personajes de la Bogotá secreta del siglo XIX, el sacerdote Francisco Margallo predijo:

El 31 de agosto,
de un año que no diré,
Sucesivos terremotos
destruirán a SantaFe.
No solo era un terrible anatema sino también un bonito verso con perfecta rima... Nos queda la pregunta si era la poesía la forma de asustar en el siglo antepasado, o si solamente era por elegancia. El hecho a tener en cuenta es que este verso fue dado a conocer hasta después de 1917, cuando precisamente el último día de agosto, hubo un terrible terremoto en Bogotá.

Cierto o no, queda el registro históricamente exacto de los terremotos. Hoy, con más o menos intensidad se siguen sintiendo estos movimientos en todo el país.

¿Esperamos entonces el cumplimiento de la predicción? Mejor que no coja confesados.

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