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La noche de la Alianza Nacional

Primera entrega: La firma

Cuando Ernest Mount Mills despertó esa mañana, sintió un extraño presentimiento recorrer su espinal dorsal. El sol alumbraba con una tibieza envuelta en niebla a una ciudad escocesa que había visto pasar por sus calles, grandes momentos que habían definido el presente del país: Edimburgo.

Hacía unos meses, Carlos I de Inglaterra había intentado introducir en Escocia, el nuevo libro de oraciones que era basado en el modelo inglés y por supuesto, Ernest sabía que todo lo que venía de Inglaterra quería introducir el Anglicanismo en un pueblo fuertemente Presbiteriano como era el escocés.

Ernest contaba ya 65 años y su ferviente vida religiosa le había valido un lugar en las altas esferas de su iglesia Presbiteriana. Ésta es una iglesia episcopalmente independiente y era gobernada por presbíteros, que en griego significa literalmente ancianos.

Mount Mills había visto cómo misteriosamente habían desaparecidos de sus hogares, decenas de compañeros suyos, contradictores, como él, del gobierno despótico del débil y enfermizo rey inglés, que debido a una serie de alianzas fallidas con otras monarquías europeas, no tenía definido un claro horizonte religioso para el Reino Unido.

Aquella mañana, Ernest recordó, con cierto desagrado, ese texto que él mismo firmara meses atrás en la iglesia construida sobre lo que quedaba de un monasterio franciscano. Ese documento donde él y otros presbíteros que conformaban la llamada Alianza Nacional, juraron defender la independencia de su iglesia escocesa, de la tiranía de la inglesa. Un documento que incitaba a sus creyentes a la rebelión total en contra del Rey Carlos I y de su ministro en asuntos religiosos, un señor de apellido Laud.

Sabía que su firma, estampada en aquel documento, habría de traerle problemas, pero eran concientes de que estaban dispuestos a asumir esos problemas, por el bien de su causa. Los que ya habían desaparecido, eran firmantes también y sus nombres estaban escritos con anterioridad en la lista, así que si el rey siguiera ese orden, pronto sería su turno. Una especie de miedo y ansiedad se apoderó de sus debilitados huesos.

Como pudo se levantó de su cama, lavó su cara y se acomodó una túnica negra de cuello blanco, como acostumbraba hacer. Los oficios religiosos le esperaban y una pequeña cantidad de fieles le aguardaban en frente al recinto que servía de templo: una casa no muy grande de claro estilo inglés, un poco contradictorio pero que no se presentaba como una ironía digna de hilaridad, bien al contrario, pasaba desapercibida por los habitantes de este sector de Edimburgo.

El de hoy era un rito de bautismo, uno de los sacramentos más importantes según el credo presbiteriano y muchos jóvenes aguardaban con gris y parca ansiedad, su ingreso oficial a la iglesia de sus padres. Ya todo estaba dispuesto.

Al salir de sus aposentos, Ernest se vio frente a frente con lo que pensó, era la imagen de la muerte hecha humanidad, sin embargo, su larga experiencia en la vida le había enseñado a no perder la compostura en ningún momento, sea cual fuere.

- Míster -Increpó la anciana con sus ojos grisáceos dirigiéndose a dos lugares diferentes al mismo tiempo - Cuando descubra que el león viene por usted, no se entregue a la cruz... mejor... escúpala y las garras le dejarán ir.

Más allá de lo dicho, fue la atmósfera y la repugnante y maloliente anciana, lo que le habían revuelto las entrañas. Sin embargo, con un esfuerzo, esbozó una sonrisa socarrona y dejó de lado a este ser, salido al parecer, de los cuentos de M. R. James.

Este asunto quedó olvidado en la memoria del presbítero cuando frente a su templo, notó a dos señores que no eran fieles de su iglesia, al menos eso pensó Ernest ya que siendo pocos los recordaría a todos fácilmente. Supuso que pasaría lo que habría de pasar y nada más.

El Presbiterianismo dice que la predestinación es un dogma del que nadie se puede salvar.


El anterior es el primero de una serie de relatos de ficción histórica, lo que es decir, narraciones imaginarias fuertemente ligadas a hechos históricos reales.

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