
Alfonso Bonilla Aragón. El País, enero 21 de 1977.
Historiadores han dado a febrero o noviembre de 1927 como meses fundacionales del América.
Me conmueve tanta precisión. La mayor parte de las fechas del corazón son inciertas. Y América no es una entidad deportiva, sino algo que se lleva cocido en el alma.
Quince jóvenes del ‘El Vallano’, quisieron asociarse en un club deportivo que cifrara su anhelante voluntad de ser. Y así nació el América. Ninguno de ellos pensó que estaba haciendo historia. Por eso no llevaron notario.
Seguramente me hallaba con ellos, pues aunque menor de edad, eran de mi barrio y yo andaba por esos vericuetos como estribero de mi hermano mayor. Pero no podría jurar si la escritura que nació vestida de rojo, como rojo son el corazón y la sangre que lo inunda, fue sacada de la pila en el portón de la casa de Pepe Piedrahita Castro, quien vivía en la calle 14 entre carreras 4 y 5, limites del barrio San Pedro, tradicional y señorito, con el Vallano, bullanguero y levantisco, o en una banca de la antigua Plaza de Armas, bajo la mirada del sargento Patiño, ordenanza que había sido del General Lucio Velasco.
Por eso es mas cuerdo que se diga que América nació en 1927. El fútbol fue traído a Cali por unos jóvenes de ‘El Empedrado’, cuyos padres los habían enviado a estudiar a Londres, Alfonso Giraldo, los Lalindes, los Caicedo. Para completar el quórum de los veintidós indispensables, explicaron los ministerios del extraño rito a unos muchachos que habían sido compañeros suyos en Santa Librada o en San Luis, Gustavo Lotero, los Franco Caicedo y otros.
Así nacieron el ‘Bolívar’, el primer América, los varios ‘Calis’ que no fueron hoy la poderosa institución que fundaron hacia 1946 el ‘Che’ Córdoba, Juan Bellini, Manuel Bonilla Tenorio, y otros olvidados adalides, con el nombre de Deportivo Cali. Con el arribo de algunos jóvenes europeos, el fútbol tuvo su primera expansión. Surgieron los Goetas, los alemanes Murle, Gerding, Bieler, el ecuatoriano Yagual, los españoles Mollinari, Ruiz, Graelis, el brasilero Gari, posteriormente Pepe Lago y el ingles Hardwich. Y tantos otros que se escapan a esta memoria que flaquea con los años y la distancia, Pero fueron los primeros juegos Nacionales de 1925 los de los samarios Pimienta, Mier Wellman, Granados, los que creación la pasión masiva por el fútbol.
Aunque ya existían los equipos de barrio como el nuestro. Con el América tuvo mi pueblo su gran pasión deportiva, Como pasión llena de alegrías, de frustraciones de angustias, de dolor. Quiero recordar a pepe Piedrahita, a Arturo Salazar, al ‘Mochito’ Perlaza, a Daniel Solarte, a Luis Carlos Otero, a Benjamín Urrea, el de la Maldición de Garabato, a Daniel Barahona y al primer arquero Ramón Antonio Bonilla Aragón, muerto a los 19 años de edad cuando la vida sonreía a su postura, su inteligencia y su simpatía.
¿Cómo entró el América tan hondamente en el corazón del pueblo? A poco de su fundación y cuando ya habían ingresado futbolistas que hicieron historia, Celimo, Canuto, Guayaquil, Rojas, González, Angarita, Villalobos, nos visitaron los primeros equipos peruanos: el “Ciclista Lima Asociación” y el Chancay. Nos maravillaron y los muchachos del América asimilaron sus enseñanzas. Y mi equipo fue el primero en Colombia que practicó un juego basado en la habilidad y la técnica y no en los pelotazos, la resistencia, la velocidad, los tiros fuertes, y los golpes más violentos aun.
Mi pueblo tiene mucho sentido innato de lo rítmico, los convirtió en sus ídolos, aún ve las ‘palomitas’ de Canuto, la maestría de Celimo, las cortadas de Guayaquil. He escuchado en el ‘Pascual Guerrero, cuando un alero no alcanza una pelota, decir “Esa era como para Dimas”.
Lo más importante es que América ha presentado hasta ahora, la ambición insatisfecha del pueblo, así se ha convertido en una especie de amor imposible tanto más ardiente y leal cuanto más esquivo. América, como Moisés y como el pueblo, alcanzó a ver la tierra prometida, sin llegar a ella. Es el verdadero amor que cantó el poeta por ser sin esperanza. Porque incluso la victoria no satisface a sus partidarios, apenas los divierte. Sobre todo cuando es lograda sobre los que, en el juego y en la vida están acostumbrados a ganar.
Me conmueve tanta precisión. La mayor parte de las fechas del corazón son inciertas. Y América no es una entidad deportiva, sino algo que se lleva cocido en el alma.
Quince jóvenes del ‘El Vallano’, quisieron asociarse en un club deportivo que cifrara su anhelante voluntad de ser. Y así nació el América. Ninguno de ellos pensó que estaba haciendo historia. Por eso no llevaron notario.
Seguramente me hallaba con ellos, pues aunque menor de edad, eran de mi barrio y yo andaba por esos vericuetos como estribero de mi hermano mayor. Pero no podría jurar si la escritura que nació vestida de rojo, como rojo son el corazón y la sangre que lo inunda, fue sacada de la pila en el portón de la casa de Pepe Piedrahita Castro, quien vivía en la calle 14 entre carreras 4 y 5, limites del barrio San Pedro, tradicional y señorito, con el Vallano, bullanguero y levantisco, o en una banca de la antigua Plaza de Armas, bajo la mirada del sargento Patiño, ordenanza que había sido del General Lucio Velasco.
Por eso es mas cuerdo que se diga que América nació en 1927. El fútbol fue traído a Cali por unos jóvenes de ‘El Empedrado’, cuyos padres los habían enviado a estudiar a Londres, Alfonso Giraldo, los Lalindes, los Caicedo. Para completar el quórum de los veintidós indispensables, explicaron los ministerios del extraño rito a unos muchachos que habían sido compañeros suyos en Santa Librada o en San Luis, Gustavo Lotero, los Franco Caicedo y otros.
Así nacieron el ‘Bolívar’, el primer América, los varios ‘Calis’ que no fueron hoy la poderosa institución que fundaron hacia 1946 el ‘Che’ Córdoba, Juan Bellini, Manuel Bonilla Tenorio, y otros olvidados adalides, con el nombre de Deportivo Cali. Con el arribo de algunos jóvenes europeos, el fútbol tuvo su primera expansión. Surgieron los Goetas, los alemanes Murle, Gerding, Bieler, el ecuatoriano Yagual, los españoles Mollinari, Ruiz, Graelis, el brasilero Gari, posteriormente Pepe Lago y el ingles Hardwich. Y tantos otros que se escapan a esta memoria que flaquea con los años y la distancia, Pero fueron los primeros juegos Nacionales de 1925 los de los samarios Pimienta, Mier Wellman, Granados, los que creación la pasión masiva por el fútbol.
Aunque ya existían los equipos de barrio como el nuestro. Con el América tuvo mi pueblo su gran pasión deportiva, Como pasión llena de alegrías, de frustraciones de angustias, de dolor. Quiero recordar a pepe Piedrahita, a Arturo Salazar, al ‘Mochito’ Perlaza, a Daniel Solarte, a Luis Carlos Otero, a Benjamín Urrea, el de la Maldición de Garabato, a Daniel Barahona y al primer arquero Ramón Antonio Bonilla Aragón, muerto a los 19 años de edad cuando la vida sonreía a su postura, su inteligencia y su simpatía.
¿Cómo entró el América tan hondamente en el corazón del pueblo? A poco de su fundación y cuando ya habían ingresado futbolistas que hicieron historia, Celimo, Canuto, Guayaquil, Rojas, González, Angarita, Villalobos, nos visitaron los primeros equipos peruanos: el “Ciclista Lima Asociación” y el Chancay. Nos maravillaron y los muchachos del América asimilaron sus enseñanzas. Y mi equipo fue el primero en Colombia que practicó un juego basado en la habilidad y la técnica y no en los pelotazos, la resistencia, la velocidad, los tiros fuertes, y los golpes más violentos aun.
Mi pueblo tiene mucho sentido innato de lo rítmico, los convirtió en sus ídolos, aún ve las ‘palomitas’ de Canuto, la maestría de Celimo, las cortadas de Guayaquil. He escuchado en el ‘Pascual Guerrero, cuando un alero no alcanza una pelota, decir “Esa era como para Dimas”.
Lo más importante es que América ha presentado hasta ahora, la ambición insatisfecha del pueblo, así se ha convertido en una especie de amor imposible tanto más ardiente y leal cuanto más esquivo. América, como Moisés y como el pueblo, alcanzó a ver la tierra prometida, sin llegar a ella. Es el verdadero amor que cantó el poeta por ser sin esperanza. Porque incluso la victoria no satisface a sus partidarios, apenas los divierte. Sobre todo cuando es lograda sobre los que, en el juego y en la vida están acostumbrados a ganar.
Publicado originalmente el lunes 29 de enero de 2007
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