Eduardo BiancoDirector programa antitabaco, fundación interamericana del corazón.
Colombia ya forma parte del primer tratado mundial de salud pública: El Convenio Marco para el Control del tabaco, y se comprometió a aplicar medidas como aumentar el impuesto y el precio del tabaco, prohibir su publicidad, proteger a los no fumadores y poner advertencias sanitarias en las cajetillas.
Para disminuir el daño causado por el cigarrillo, es necesario desestimular el hábito social de fumar. Esto implica un conflicto de interés entre la salud pública y la industria tabacalera, cuyo objetivo es vender más.
El tratado cuestiona la conducta que la industria ha tenido durante décadas. Ha ocultado información y engañado a la gente y a los gobiernos, para favorecer su negocio a pesar de que su producto mata a la mitad de sus consumidores crónicos. Hoy se siente amenazada y pretende, con "la conspiración del silencio", seguir apareciendo como una empresa "socialmente responsable", "mecenas de las artes y de los deportes", para escapar a toda reglamentación.
A la industria tabacalera no le interesan los cerca de 30.000 colombianos que pierden la vida anualmente a causa del tabaco, ni el daño económico que para el país implica el costo del tratamiento de las enfermedades causadas por el hábito de fumar. (que supera por mucho lo que ingresa por impuestos al tabaco) y aún menos el daño moral y emocional, irreparable, a las familias de estas victimas.
Apelamos a la dignidad e inteligencia del pueblo de Colombia y sus gobernantes, para que rechacen la manipulación de esta industria y aprueben leyes que prioricen la vida por encima de intereses que privilegian el dinero y la muerte.
Publicación original el Lunes 30 de abril de 2007
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