De la no tan triste enfermedad abstracta, melancólica y romántica matizada de letras centelleantes que se funden al unísono entre diáfanos pétalos de realidad... o el Mal de Montano
Cuando se hablaba de la invención de la imprenta, se mencionó que la literatura había sufrido una verdadera revolución, y no es para menos puesto que las letras habían aparecido en el panorama mundial de forma industrial por primera vez en la historia. Y aunque recordemos el aparato de Guthember como una vieja anécdota histórica, hemos de ser sinceros con que este fue, a la par de muchos otros, uno de los inventos que más ha beneficiado a la humanidad.
Las letras comenzaron a circular y la mente dejo de caminar para disponerse a correr. En un momento en que los dueños del poder vieron cómo éste se les escapaba de sus avaras manos y buscaron cientos de formas para que la luz del pensamiento no llegase con plenitud a un mundo oscuro, se fueron abriendo caminos las ideas a través de la clandestinidad y fue, irónicamente, gracias a la prohibición como el mal de Montano se fue extendiendo como epidemia silenciosa por los recodos mundiales.
A pesar de ser un cuento viejo solo se le ha asignado nombres nuevos y es que, como vimos, esta enfermedad se ha presentado desde que los moldes untados de tinta dejaron huellas marcadas en los papeles medievales pero solo fue hasta Juan Carlos Onetti cuando recibió por primera vez el mote de Literatosis... -si a esta altura el lector no sabe aún de qué hablo, le recomiendo que siga leyendo, con tranquilidad... por supuesto, de eso se trata- y es que se debe tomar con un sufijo que represente ese estado anormal de las cosas, es decir, de enfermedad, ahora ¿Cuán cierto es que se trate de una enfermedad?
Años después surgió un escritor español llamado Enrique Vila-Matas que escribió la novela titulada El Mal de Montano, que después daría nombre al cuento aquel del que hablamos... -sí, el lector lo sabe con precisión ahora, sino... igual, siga leyendo- y fue en este relato donde se presentó la vida de los hombres Montano, un padre y su hijo con muchas relaciones con los textos literarios -No les cuento mucho porque la idea es que la leamos... bueno, ahora sigamos leyendo- y con un entretenido entretejido de circunstancias rayanas en la locura más cuerda o en la realidad más ficticia se propone este término para designar a todas aquellas situaciones que sin duda, nos movieron la vida en un momento dado... ese día cuando no pudimos dejar ese libro, cuando soñamos con las aventuras narradas o cuando una noche de insomnio nos hacía prometer escribir nuestras propias historias... ahora sí, señoras y señores, de esto se trata el Mal de Montano.
Se ha tomado como definición de una patología clínica (seguramente psicológica) que afecta a las grandes minorías resistentes a la pereza mental que invade nuestros espacios. El mal de Montano se presenta como una enfermedad en todo el sentido de la palabra, pero como dicen quienes lo padecen: Al igual que el amor, se sabe que se tiene pero no se quiere ser curado. Claro, en esto completamente de acuerdo.
Desdichado aquel que en su vida no ha tenido la oportunidad de tomar un libro de la vieja biblioteca de la casa, porque seamos honestos: en todas las casas hay una biblioteca con tomos que en otros contextos pueden representar una fortuna y en el contexto que nos compete, realmente la vale; y que éste libro haya sido tomado por la fuerza divina de la voluntad propia sin que ningún profesor de bachillerato nos lo prohibiera... -¿alguna vez lo hicimos? ¿alguna vez leímos un libro completo sin que nadie nos exhortara a ello? o bajo recomendación ¿seguimos el consejo? Cualquier respuesta afirmativa es un paso importante y sumamente valioso.-
Pero aquellos a quienes el mal ha consumido son los que aparte de tener una biblioteca personal, en ella poseen tomos que aún tiene los empaques de plástico con los que fueron comprados (irónicamente), tienen tomos con hojas amarillas, han hecho arreglos a libros viejos con el fin de conservarlos un poco más y claro, cuando van de compras no pueden dejar pasar la oportunidad de comprar una obra nueva (aunque no lo sea) y es que el afán de consumir letras supera el tiempo que este proceso toma... creando una necesidad insaciable de buscar más y más... es, a mi parecer, la gula o la lujuría literaria. Ése sería mi término.
Y quiero finalizar con una frase extraída del recital "El caballero y la Princesa" de Cha y Cosqui: "No permitamos que los duendes, caballeros, castillos y princesas sean dibujados en nuestra mente... mejor dibujémoslos nosotros mismo a través de la literatura" ya que los medios nos cohartan la imaginación, y cualquier espacio donde podamos entrenar nuestra mente nos hará más grandes y fuertes, mejor que cualquier aceite de hígado de bacalao...-si el lector se imaginó el logotipo de Emulsión de Scott al leer esta frase, ahora entenderá mejor lo que acabó de decir sobre la imagen mental-.
"Los límites de tu lenguaje son los límites de tu mundo" y de eso ya hablamos antes.
Ahora que mencionas lo de la gula y la lujuria literaria creo que me he contagiado totalmente, eres la influencia que me ata a cometer pecado literario.
ResponderEliminarMuy bueno tu articulo, pero cuando lo publiques leelo antes para corregir algunos errores a la hora de digitarlo.
ResponderEliminarY aunque espero llegar a sufrir del mal de Montano, me siento enferma de mal de amor y espero contagiartelo.