Ir al contenido principal

Los niños del conjunto

Aura María acababa de llegar a su lugar de trabajo, un apartamento no muy grande en un conjunto cerrado de un lugar céntrico de la ciudad. Uno de esos sitios donde no es peligroso salir, pero es recomendable tener sus precauciones. Aura María es una mujer de unos 50 años, algo obesa y con más canas de las que debería tener alguien de su edad; una mujer que siempre luchó por su vida y su familia, tanto que a pesar del poco estudio que pudo realizar, nunca le faltó trabajo y hoy, cuenta con una buena ubicación como niñera en una familia acomodada.

Eran las seis de la mañana de uno de esos días que parecen no querer dejar ir la noche del todo, que, cubiertos por la niebla, ve cómo los pobres mortales luchan como ratones ciegos contra el frío y la pereza. Uno de esos típicos lunes.

Apenas hubo entrado en el apartamento, se inclinó a recoger el diario que todos los días llegaba media hora antes. Su deber ahora era despertar a Pablo, el único hijo de la familia. Cuando ella llegaba al apartamento todos los días, los señores Cortés, habían salido ya a trabajar: él en un concesionario de autos de una marca conocida y ella era publicista en una agencia que apenas comenzaba a ser nombrada. Les iba bien, pero lamentablemente, trabajaban tanto por Pablo que casi ni lo podían ver... un cupo en un costoso colegio y una mesada administrada por Aura María para útiles, onces y uno que otro premio si el muchacho lo ganaba, era el resumen del amor paternal que éste recibía.
Pablo entraba al colegio a las ocho de la mañana, la ruta lo recogía a las siete y media, y Aura María debía ayudarlo casi en todo a pesar de tener ya once años.

Esa mañana, con extrañeza descubrió que Pablo no estaba en su cama... jamás esto había sucedido, siempre era una lucha intensa el hacer que el pequeño se dispusiera para sus deberes; era altamente improbable que ya se hubiese levantado, sin embargo, sus padres le hubieran avisado si algún otro programa debía seguirse ese día... la duda se apoderó de su mente.

Recorrió el apartamento en busca de respuestas, todo parecía normal... la oscuridad de las cortinas invadía los rincones... pero cuando retiró el velo y la cortina pesada de la habitación del señor y la señora, descubrió horrorizada como dos pequeños pies blancos y pequeños colgaban afuera, golpeando levemente contra el cristal... la tráquea de Pablo se encontraba obstruida por una gruesa soga de halar automóviles, su corazón había dejado de latir hacía más o menos, media hora... Aura María se arrodilló y cubrió su rostro con sus manos temblorosas.

Comentarios

Publicar un comentario

¿Comentarios? Claro, éste es el espacio.