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Chávez tenía razón

Sí, así como lo leen. Chávez, el magnánimo presidente de la República Bolivariana de Venezuela, tenía razón cuando se dio a entender como la reencarnación del Libertador Simón Bolívar, aquel estratega militar, en todo el sentido de la palabra, que dio la preciada independencia a 5 naciones latinoamericanas del despótico dominio colonialista de España.

Pero antes de entrar en el tema, echemos un vistazo a lo que fue la vida de Bolívar a partir de 1821, cuando el 6 de Agosto se ratificó, en La Villa del Rosario de Cucutá, lo decretado en el Congreso de Angostura de 1819: La creación de la República de Colombia con la unión de los departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca y además, el nombramiento del Libertador como su presidente.

A partir de este momento, Bolívar se dirigió a Guayaquil donde se reunió con José de San Martín para discutir temas sobre la independencia del Perú y el Alto Perú. Nunca se supo con exactitud qué pasó allí, pero Bolívar se dirigió entonces, a liberar estas tierras del domino realista.


En Junín, el 6 de agosto y Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, y en compañía de Sucre, Bolívar liberó al Perú y se creó, en su honor, la República de Bolivia.

Mientras todo esto ocurría, en Santa Fe, Santander, ejerciendo como vicepresidente de la Gran Colombia, resistía los embates que sufría la joven república, primero buscando los muchos recursos económicos que pedía la guerra independista del Perú; segundo, tratando de organizar la república en cuanto a leyes sobre economía, educación, abolición de la esclavitud, entre otros; y tercero, tratando de controlar las conspiraciones que nacían en Caracas bajo el liderazgo de Páez, que en últimas, determinó la secesión de la Gran Colombia por su sed separatista.

Bolívar, mientras tanto, había redactado él mismo, la Constitución Bolivariana -Especial connotación a este término, por favor- donde se creaba un estilo de gobierno monocrático, que lo definía a él como presidente vitalicio de la República, pero además, de carácter hereditario.

Nuestro glorioso Libertador había perdido el rumbo. Y no solo por este hecho: queda comprobado en la correspondencia sostenida con el mencionado Páez, como un señor de nombre Leocadio Guzmán, viajaría desde Caracas hasta Lima y Quito (y obviamente Santa Fe) y por el camino, por orden de Bolívar, debía recolectar las firmas de miles de campesinos que apenas sí sabían escribir, todo para justificar la implantación de la nueva constitución. Por otro lado, la correspondencia sostenida con el vicepresidente, demostraba que, al menos en el papel, Bolívar aparentaba tener otros planes. Su vida se volvió, a partir de allí, una lucha por la dictadura, llena de contradicciones y de ataques contras las leyes que él mismo estableciera en congresos anteriores.

Cuando en 1826, regresó a Santa Fe, su constitución había generado tal revuelo a lo largo y ancho del país, que no pudo llevarla a cabo y por el contrario, derrotó su sueño de ver a una Hispanoamérica unida y poderosa. Renunció entonces a la presidencia y enfermo y débil, se retiró a Santa Marta, donde murió el 17 de diciembre de 1830.

Simón Bolívar, grande entre los grandes, tiene el honor ganado y la gratitud de todos los hijos de estas tierras que debemos a él, y a su astucia militar, la libertad tan añorada. Lamentablemente, esta astucia militar no se comparaba con sus ímpetus políticos que le hicieron cometer algunos errores que, a fin de cuentas, también marcaron lo que somos hoy como países andinos.
Hoy, al parecer, Hugo Chávez tiene razón en creerse la reencarnación de Bolívar: Pero tomó a ese débil personaje de 1827 a 1830. Un hombre que limitó su grandeza al no ver ya nada que libertar. Un hombre que quiso perpetuarse en el poder, con características monásticas; cuando fue eso, precisamente, contra lo que tanto había combatido apenas unos años atrás. Un gran militar sin duda, pero un terrible dirigente político.
Hugo Chávez pudo haber sido la reencarnación del Bolívar grande de Angostura, de la Sociedad Patriótica, de la Carta de Jamaica o del Manifiesto de Cartagena, todas sin duda, muestra de la grandeza de este hombre.

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