
Se cumplen ya 15 años de la baja del capo más famoso de todos los tiempos. Pablo Escobar Gaviria se convirtió en leyenda aún en vida.
Para este aniversario (tanto de nacimiento como de muerte ya que cumplía años el 1 de diciembre) son muchos los que se han acercado a la tumba, arreglada y adornada como silletero en Batalla de flores, no solo a rendir homenaje, orar por el perdón de su alma y la de sus miles de victimas sino también, pedir milagros como a cualquier beato que haya dedicado su vida a enriquecerse a partir de acciones ilegales y comprar conciencias con obras sociales para los más pobres, como si esto fuera suficiente para expurgar sus culpas. (Cualquier parecido con Murcia Guzmán suena a coincidencia, pero aún así, miles lo siguen defendiendo).
Escuché a una señora decir que a ella no le constaba que Escobar fuera un asesino delincuente. Pensando así, a nadie vivo le consta la brutalidad de Nerón, de Atila o de Genghis Kan, por lo tanto, son todas almas de Dios.
Paz en su tumba, y esperemos algún día, paz en ese país que tanto golpeó por su afán de dinero.
Por cierto, ¿Qué pasó con el caso Galán?
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