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A la defensa de nuestra identidad

Muy orgullosos como somos los colombianos, seguimos los partidos de la selección a pesar de los muchos malos resultados, defendemos a capa y espada los intereses nacionales al menos en cuanto a los videos nacionalistas que figuran en youtube, y contamos con innumerables accesorios como pulseras, collares, morrales y camisetas tricolores, entre otros; pero ¿Nos hemos preguntado cuán concientes u orgullosos de nuestra identidad verdaderamente somos?

Ejemplos hay muchos, como alguno que ya alguna vez mencioné en un artículo: la influencia de otros países en algo como la hinchada de un equipo de fútbol, de cualquier parte del país; donde se ven miles de seguidores forzando una voz para hacerla escuchar más argentinizada, como si nuestro acento no llegara hasta los jugadores. Pero esto es solo una pequeña muestra de lo que verdaderamente está pasando con nuestra identidad: es inocua o casi inexistente.

Alguna vez leí -siempre que argumento una idea con la de algún autor empiezo con estas líneas- que las clases sociales colombianas buscan parecerse a diferentes modelos, todos extranjeros: la clase alta, más adinerada, busca parecer europea; la clase media, americana (de Estados Unidos) y la baja, mexicana. Y es ésta una de las que más ha influenciado la vida cultural en mi país: la guerra por la culebrería de las telenovelas, el flagelo tristemente eterno del narcotráfico y la religiosidad falsa entre otros, son aspectos que comparten nuestras banderas. Pero más allá de problemas tercermundistas, me impresiona ver cómo las madres colombianas han olvidado el tiple y la bandola, por las trompetas y los guitarrones, las cumbias, pasillos y bundes, por las omnipresentes rancheras, al punto de crear híbridos amorfos como el ranchenato y otras ridiculeces. ¿Desde cuándo a las madres les encantan las rancheras más que cualquier otra música? ¿Será un delito cultural dar una serenata con joropo?

Aclaro, no tengo nada más que admiración hacia el país centroamericano, que en una difícil posición de frontera con la potencia por excelencia, y de liderazgo en Latinoamérica, ha sacado su cultura y su identidad por encima de cualquier proceso globalizador. Los niños de nombre Cuactemoc son prueba de ello, de un pueblo que conoce su historia y vive su presente sin influencias ajenas.

Esto me lleva a un caso particular que quisiera compartir con ustedes: un profesor de la universidad donde mi novia estudia, es argentino y se casó con una colombiana. Hace un par de meses nació su hijo, en Bogotá, y su nombre fue sacado de la cultura muisca (que habitó la región en períodos precolombinos) Nombre que no puedo escribir porque simplemente no lo recuerdo.
Una vez más, nuestra identidad es descubierta por extranjeros.

Así mismo, pululan en nuestras escuelas nombres cuyas letras no tienen el sonido castizo que el castellano le otorga, sino que se transforman en ridiculeces aún peores que ponerle a un niño, el nombre de un elemento químico, un Neón Ricardo no es tan difícil de encontrar, lo juro. Jhon, Jeisson, Harry, Harold y un largo etcétera son tan comunes que preguntar a su portador cómo se pronuncia o dónde lleva el acento, se ha vuelto una pregunta obligada cuando conocemos a alguien por escrito.

Por último, el desconocimiento de nuestra historia nos lleva a cometer errores que en otras culturas serían faltas gravísimas a la idiosincrasia.

Por ejemplo: ¿Sabe usted lo que significan las palabras Guache y Guaricha? Si usted no lo sabe, y no es colombiano, no se preocupe, pero si lo es, lea esto:
"Los españoles en su desprecio por nuestra cultura; en la epoca de la colonización en Colombia, denominaron Guache al patán o persona grocera, pero en nuestra lengua ancestral, la palabra Guache, quería decir un joven o adolecente y Guaricha, niña o joven mujer."
(Tomado de www.asihablamos.com)
¡Ahí nos vemos, guaches!

Comentarios

  1. si claro, al no tener una identidad propia, la buscamos a fuera, he hecho eso, lo confieso.

    la historia, no conocer la historia, aqui nadie quiere conocerla porque la histtoria de colombia es un HORRORO con mayusculas, dule muchisimo, y el colombiano en su naturaleza no esta dispuesto a confrontarse con su historia y mucho menos asentirla.

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  2. Que buen post este socio!!!! y en definitiva tienes toda la razón al respecto. ya también leí ese artículo (pero no recuerdo de quién es ni dónde lo leí) que hablaba de las clases sociales en Colombia y sus ínfulas de parecerse a los europeos, los gringos y los mexicanos. Es una lástima que nuestra identidad cultural sea únicamente la marca país y el resto nada.

    Por ejemplo, eso que hablas de los nombres es muy curioso, la imaginación de los padres para ponerle a sus hijos un nombre híbrido para que suene como extranjero, es inaudito. ¿es que acaso tenemos tan poca cultura, como para copiar la de otros? no es que no la tengamos, es que lamentablemente la hemos dejado perder. el desarraigo por lo autóctono ya transpasó los límites de nuestra propia identidad.

    Pd. curiosamente, estoy construyendo un post sobre el tema de la extranjerización de los nombres, lo que nos dice desde la cuma como quieren que seamos para el mundo. sólo que visto desde una perspectiva mas bien "irreverente" te aviso cuando lo publique.

    Saluditos Socio!!!!

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