Escritor invitado: Fernando Ávila.
De su libro Ortografía comparada con el inglés. Intermedio Editores. Bogotá D.C.: 2010
La historia de la palabra fútbol es simpática. Cuando se incorporó por primera vez al Diccionario de la Lengua Española, en 1927, se escribió fútbol. Pronto llovieron las protestas de argentinos y uruguayos que alegaron que no se decía fútbol, grave, acento en fut, sino futbol, aguda, acento en bol.

¡Cómo podía la Academia desconocer la opinión de quienes saben más sobre este deporte!
Se cobró la falta, y en la siguiente edición la Academia escribió futbol, aguda. Entonces, protestaron en Colombia y México. No es futbol, aguda, sino fútbol, grave.
Esta vez el árbrito decidió declarar empate, y en la edición de 1952 aparecieron las dos formas: fútbol y futbol. Desde entonces, el Diccionario registra las dos versiones, y en cada país se usa una u otra según el gusto popular.
En 1960, por presión de algunos académicos se incorporó al Diccionario la voz Balompié, que desde entonces convive con las otras denominaciones de este deporte, pero es menos usual entre los aficionados.
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