Recuerdo ahora esos tristes lamentos de los hinchas bogotanos cuando un equipo caleño se acercó peligrosamente a su título del "más veces campeón"... en aquel entonces, un abnegado y desconocido hincha azul -supongo yo, intencionadamente anónimo- me increpó con comentarios insultantes del tipo "provinciano" "vendido" etc. debido al hecho de ser hincha de equipo que no es de mi ciudad. Gran cosa. No voy a profundizar más en el tema, puesto que eso ya lo hice en otro artículo.

Pero la discusión, en ese momento, era también por la "legalidad" de esos campeonatos. -De hecho, el título con el que fui atacado en aquella ocasión fue 12 estrellas robadas y contando.
El hecho hoy, es la noticia de que al otro equipo tradicional capitalino, el Cardenal, también ingresaron dineros de dudosa procedencia -esto me parece bastante eufemístico si tenemos en cuenta que todos sabemos muy bien, de dónde carajos vinieron, pero bueno, así suena más publicitario-.
Hago entonces el ejercicio de recordar a algunos de esos equipos que tienen rabo de paja.
Comenzamos, por supuesto, por la vilipendiada banda del diablo del Valle del Cauca. Incluído desde hace varios años en la funesta lista Clinton (Alguna vez propuse que por ser Obama el nuevo presidente gringo, debería llamarse ahora Lista Negra, ¿no creen?).
Su historia, -la del equipo, no la del presidente- ha sido la más dura de todos los clubes que se han visto untado hasta las butacas de sus estadios por dineros con olor a baño jamaiquino. Tanto así, que al momento, se encuentra con uno de los déficit económicos más fuertes de cualquier empresa colombiana y en proceso de democratización.
Pero, por supuesto, los escarlatas no son los únicos. Basta recordar como el narcotraficante más rico del mundo (según dicen los documentalistas colombianos) hizo y deshizo con las arcas del equipo verde de Medellín. Siempre he dudado si originalmente el título de Rey de Copas, no era Rey de Compras y algún periodista paisa hábilmente lo maquilló. Pero bueno, son meras suposiciones de hincha contrario.
El onceno del corazón del Valle, el otro rojo de la zona, también incluído en la lista gringa y con problemas hasta en los hilos de las pantalonetas, pero luchándola todo el tiempo para no descender.
El equipo azul, claro. No se escapa... sin entrar a más detalles, más de la mitad del club pertenece a Estupefacientes. Con el nombre se dice todo.
Y ahora, el expreso rojo bogotano...
¿Qué nos espera entonces si nos encontramos con la mafia del narcotráfico en todos los ámbitos de nuestra sociedad?
Antes de atacarnos como barras bravas analfabetos, debemos sentarnos a pensar en nosotros y en lo que estamos haciendo de sociedad. Sería genial mirar más hacia nuestro interior que copiar terribles ejemplos de violencia del sur del continente.
Y esto no es solo para los hinchas; es, sobre todo, para los dirigentes del fútbol. El futuro de la sociedad depende, en gran medida, de la cantidad de jóvenes que el fútbol logre salvar.
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