Son esos momentos cuando el tiempo con sus poderes oxidantes y cicatrizantes, pasa su inexorable mano por aquéllo que un día fue tan sublime y hermoso. Atrás fue quedando la desidia por la vida, la imposibilidad de mirar que solo los ojos llorosos, plagados de nostalgia, padecen. Atrás quedó también, esa belleza inigualable que, aunque siga existiendo, ya no importa. Es momento entonces, de levantar la mirada y asir el corazón con ambas manos porque a veces, éste necesita urgentemente quien lo pueda soportar. Es momento de seguir. Adelante.