Caminar cerca al muelle turístico en el Malecón en Buenaventura, es una invitación a que un montón de operadores turísticos y capitanes de pequeñas embarcaciones, se acerquen ofreciendo mil planes y destinos cercanos a la ciudad. Como siempre, es importante tener precaución porque así como hay gente buena y trabajadora, hay personas que buscan sacar provecho ilegal del turista. Yo recomiendo ingresar a las oficinas del Muelle y comprar pasajes o contratar planes, directamente con las pequeñas agencias.
A propósito de estos planes, los más comunes son los pasadías en las playas de la bahía, aunque hay otros igualmente interesantes, como acercarse vía marítima a los grandes buques, a las grúas del puerto y a toda esta operación. Yo opté por una playa, por supuesto, ya que la geografía maravillosa del lugar lo ameritaba.
Como en otras ocasiones, ya tenía pensada una playa en particular. Aunque no era la más popular en las búsquedas de grupos de viajeros en redes sociales, me pareció interesante por su oferta y sobre todo, por su cercanía, ya que no podía olvidar que solamente tenía un día para visitar la zona. Así que mi elección fue Piangüita.
Camino al paraíso
El viaje tomó alrededor de 25 minutos, y algo que me impactó fue ver que estas embarcaciones, tipo lancha rápida, no son dedicadas exclusivamente al turismo, sino que son usadas principalmente por los habitantes de estas playas que van a la ciudad a mercar, a servicios médicos y demás. Por lo tanto, la experiencia seguía siendo muy cultural para mí.
| Grandes y pequeñas embarcaciones dan vida al puerto de Buenaventura. Fuente propia. |
Uno de estos pequeños poblados, es conocido como Bocana, que fue la única parada de nuestro transporte antes de llegar a destino, y en donde la mayoría de pasajeros locales se bajaron. Este sitio tiene un gran potencial ecoturístico y, como en tantos otros, presenta grandes contrastes entre la miseria y la opulencia de sus habitantes.
¡Por fin, mi playa en el pacífico!
Muy cerca de Bocana, se encuentra la playa de Piangüita: a primera vista, una línea de construcciones de madera, con restaurantes y hospedajes que le dan la cara al mar; y por supuesto, con muchos de sus habitantes ofreciendo sus servicios, particularmente, comida. Como ya era hora de almorzar, me decidí empezar por aquí mi corta estadía en Piangüita.
Y ahora... ¡a comer!
Muy tradicional es el famoso Coco Loco, que jamás había probado, así que valía la pena celebrar el día, el destino y la alegría consecuente, con esta popular bebida. Eso sí, la recomendación en todos estos paradisiacos sitios turísticos de Colombia, es preguntar por los precios, antes de consumir un producto o un servicio; Esto puede librarnos de experiencias desagradables y viralizaciones en redes sociales.
El popular Coco Loco. Fuente Propia
Por otro lado, es bien sabido que junto al mar, los platos siempre tienden a tener sus frutos como ingrediente principal, así que una buena sopa de pescado será la entrada perfecta. ¿Y el plato fuerte? Claro, pescado también... o al menos eso pensé cuando me ofrecieron piangua como obvia opción. He de reconocer que este nombre solamente representaba para mí, a esta hermosa playa. Con algo de vergüenza, debo seguir admitiendo que, cuando vi un guisado de algo oscuro, con deliciosos aliños y vegetales, creí que se trataba de pescado picado... o algo así. Lo sé... me falta mundo.
Sudado de piangua. Fuente propia.
La piangua realmente es un molusco, muy similar a los mejillones, y aunque son poco conocidos en el centro del país, -que esto me sirva de excusa-, son un apetecido plato en el litoral pacífico de nuestro país, al punto de ser reconocido como parte de la identidad cultural de estos pueblos. Adicionalmente, su valor nutricional es inmenso y su sabor, es una experiencia indescriptible. Definitivamente, agradezco a la vida, y a los habitantes de Piangüita (la playa), la casualidad que me permitió conocer esta delicia del Pacífico.
| Tomada de una investigación de Agronegocios e Industria de Alimentos de la Universidad de los Andes. |
Indio comido...
Era hora de aprovechar el hermoso sol, caminar por una playa increíblemente hermosa y disfrutar las maravillas de la naturaleza en un sitio tan único como paradisiaco. La arena, no tan blanca como las del Caribe, tiene su propio sabor y textura. La infraestructura hotelera y de servicios es bastante buena, pero lo mejor de todo, sin lugar a dudas, fue la tranquilidad de encontrar un espacio verdaderamente disfrutable, esto es, sin el excesivo peso del turismo de impacto depredador, que podríamos encontrar en lugares similares en otras locaciones.
Piangüita, con su belleza al atardecer. Fuente propia.
Además de todo lo mencionado, hay un aspecto que fue el que definitivamente marcó mi enamoramiento de esta playa, y son las caprichosas formas de la naturaleza, en ese punto donde la tierra encuentra al mar, sin toparse con una playa. Estoy hablando de los increíbles acantilados de la Bahía de Buenaventura y que enmarcan cada una de las playas y caseríos. Un espectáculo que ruge al recibir al agua y que brilla al sentir el sol.
Hora del regreso
A media tarde, había que decir adiós a este mágico lugar. El regreso a Buenaventura me sorprendió con un malecón cargado de mucho más movimiento que en horas matutinas: familias completas disfrutando los espacios públicos, helados y bebidas frías, pescadores artesanales y bañistas aficionados, todo conjugado para decirle gracias a una ciudad "donde se aspira siempre la brisa pura".
Quedaba tiempo para una última aventura: ver la magnífica panorámica de la ciudad, del puerto y de la bahía, desde su más icónico mirador, el Faro. Desde este punto me convenzo de la veracidad de las palabras de Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero, más conocido como Petronio Álvarez, cuando decía: "Siempre que siento penas en mi poblado, miro tu lindo cielo y quedo aliviado".
Vista de la Bahía de Buenaventura desde el Faro. Fuente propia.
| Vista de la ciudad desde el Faro, a la izquierda, el puerto. Fuente propia. |
| Vista desde el faro. Fuente propia. |
La nostalgia de despedirme de Buenaventura, se atenúa con la alegría de saber que vuelvo a la Sultana del Valle, es hora de regresar a Santiago de Cali.
Webgrafía
https://agronegocios.uniandes.edu.co/2011/03/investigacion-de-la-piangua-en-el-pacifico-colombiano/
https://www.las2orillas.co/la-piangua-una-delicia-de-la-cocina-tradicional-del-pacifico-litoral/
Letras de:
Mi Buenaventura. Escrita por Petronio Álvarez.
Buenaventura y Caney. Escrita por Jairo Varela (Grupo Niche).
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