Un viaje entre lo auténtico y lo escenográfico, donde las fotos perfectas a veces esconden relatos imperfectos.
Hace unos años, conversando con algunos conocidos sobre Reto Colombia, me preguntaban:
—¿Por qué no te tomas las fotos con los avisos de letras gigantes en lugar de la iglesia?
La verdad es que, cuando empecé el reto, la mayoría de los municipios no contaban con un aviso de letras llamativas en la plaza, hecho de concreto, piedra o metal. De hecho, incluso hoy en día no existe una uniformidad en este sentido, y muchas poblaciones todavía no disponen de ese punto “fotografiable”.
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| Avisos como el de Mesetas, Meta, en enero de 2025. Fuente propia. |
Pero en realidad, la respuesta que siempre doy es que no hay un lugar tan auténtico y único como la iglesia central de cada municipio. Un poco de historia, algo de arquitectura, fe —por supuesto—, pero, sobre todo, autenticidad.
| Parroquia de la Inmaculada Concepción, en Cepitá, Santander. Fuente propia. |
¿De qué hablamos cuando hablamos de turismo?
Siento, precisamente, que es la autenticidad lo que convierte a un sitio turístico en algo valioso y patrimonial.
Seguramente hemos escuchado sobre los distintos tipos de atractivos turísticos, y podríamos fácilmente aventurarnos a crear una lista de ejemplos, basada en nuestras propias experiencias: podemos pensar en el turismo de aventura, con lugares como el Cañón del río Güejar, tan de moda ahora, o el Cañón del Chicamocha, tan de moda siempre; el turismo religioso, con destinos como el Santuario de Las Lajas o la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá; y el turismo cultural e histórico, como La Candelaria en Bogotá o San Francisco, en Mompox. Cada uno de estos destinos evoca actividades, comidas, vestimentas y una disposición distintas por parte del viajero. Y de eso, precisamente, se trata la autenticidad.
Por otro lado, el turismo —como bien sabemos— es una industria que mueve enormes cantidades de dinero y que, en un mundo ideal, debería traer progreso y bienestar a las comunidades locales. Hablamos de los famosos empleos directos e indirectos: alojamiento, restaurantes, transporte, artesanías, entre otros. Por eso, resulta comprensible que las comunidades busquen posicionar y popularizar sus destinos turísticos, con la esperanza de garantizar un flujo constante de visitantes e ingresos.
En este maravilloso contexto, llegaron las redes sociales.
Y, por supuesto, trajeron consigo un gran impulso publicitario para muchos sitios turísticos que antes permanecían en el anonimato, restringidos por el desconocimiento popular. Algo similar ocurrió con la apertura de zonas del país que, durante años, fueron consideradas zonas rojas por el conflicto armado. Aunque dicho conflicto no ha cesado del todo, al menos permitió imaginar una diversificación económica para muchos colombianos que habitan esos territorios.
Ahora bien, con la aparición de nuevos y exóticos destinos, surgió también la necesidad de "repotenciar" los ya existentes. Una verdadera marejada de alas de mariposa, alas de ángel, arcos en forma de corazón, letreros gigantes, miradores con forma de mano, casas al revés —cuento al menos tres en diferentes departamentos al momento de escribir este texto—, rodaderos o toboganes pintados con los colores del arcoíris… todo esto comenzó a aparecer en medio de verdes parajes.
Y como consecuencia, otra marejada inundó las redes sociales: miles de fotos iguales, donde solo cambia el viajero. De hecho, hay un spot turístico en el desierto de la Tatacoa que, literalmente, se llama Tatacoa Selfies.
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| Tomado de Caracol Radio Armenia, publicación en Instagram. |
Excelente por el turismo, por la visibilidad de nuevos espacios, por los ingresos (nuevamente: ojalá para las comunidades locales). Pero no estoy tan seguro de que sea igual de excelente para la autenticidad de la experiencia del viajero.
¿Es importante lo auténtico entonces?
En foros de viajeros, existe una vieja discusión entre el supuesto turista y el verdadero viajero, con una lista de ítems que, a mi parecer, carecen de verdadera importancia: que si la selfie, que si hostal, hotel o Airbnb, que si piscina o charco natural, que si Uber o transporte público.
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| Tomado de Holidify.com |
Por ejemplo —como plantea un artículo de Holidify.com—, hay quienes defienden que hospedarse en un hotel ofrece una experiencia más auténtica y cultural que hacerlo en un Airbnb, donde terminas trasladando tu rutina doméstica a otro espacio: cocinar, limpiar y organizar, pero en un lugar diferente a tu residencia habitual. Sin embargo, si ese mismo análisis se aplica a un hospedaje tipo hostal, con familia anfitriona incluida, entonces el hotel sería el que pierde puntos en términos de autenticidad.
Lo mismo ocurre con el clásico ejemplo de quien, al viajar, busca el McDonald’s o el Starbucks local. En últimas, termina comiendo exactamente lo mismo que en su ciudad de origen.
Entonces, ¿no sucede lo mismo con lo que he llamado “spots de turismo forzado”? Básicamente, esos sitios que han sido artificialmente creados para ser instagrameables, pero que no lo son de forma natural.
Claro, al final la experiencia debe ser disfrutada por quien viaja, así que las condiciones dependen de los gustos de cada persona. —Por supuesto, esto no aplica para el mal llamado “turismo sexual”: no, mil veces no—.
Y en cuanto a esta idea de autenticidad, surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto los atractivos naturales o históricos deben “modernizarse” para seguir siendo competitivos en la industria turística?
Recientemente tuve la fortuna de visitar el departamento de Norte de Santander. En Villa del Rosario, uno de mis sueños era conocer la casa natal del general Francisco de Paula Santander —cuyo nombre, por cierto, fue el emblema de este humilde blog durante más de 15 años—.
Allí, en el marco del llamado Parque Grancolombiano, se encuentra también el Templo Histórico del Congreso, aquel que fue escenario de una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia: la creación de la Gran Colombia, como unión de Venezuela, la Nueva Granada, Ecuador y Panamá.
Este es un buen ejemplo de lo mencionado anteriormente. Aunque la Casa Natal está allí, cualquier curioso sabrá que sus paredes no son, en realidad, las mismas que vieron crecer al joven Francisco de Paula. Tanto el templo como la casa fueron completamente destruidos por el terremoto de Cúcuta en 1875. La diferencia es que el templo no fue reconstruido —salvo su cúpula, con fines meramente simbólicos—.
Son, pero no son.
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| Ruinas del Templo del Congreso. Villa del Rosario, Norte de Santander. Enero de 2025. Fuente propia. |
Esa tensión entre lo simbólico y lo auténtico no es exclusiva del norte del país; también puede verse en destinos icónicos del altiplano cundiboyacense.
Uno de los destinos más visitados en Boyacá es la noble Villa de Leyva, con su imponente Plaza Mayor, considerada una de las más grandes de América. Sin embargo, uno de los mayores engaños al respecto es su histriónico —aunque inconfundible— empedrado. Aunque la arquitectura de esta población es claramente colonial, con edificaciones de entre 200 y 400 años en pie, su característico y antivehicular empedrado no tiene ni siquiera un siglo de antigüedad: fue instalado a mediados del siglo XX, en un claro ejemplo de paisajismo deliberado, pero no de historia auténtica.
No niego, por supuesto, que visitar Villa de Leyva sea siempre una experiencia increíble.
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| Estas dos imágenes son de los años 60, se evidencia que la Plaza Mayor de Villa de Leyva, no tenía empedrado aún. Tomadas de Huellas de Territorio @historiatundama en X |
Para cerrar, reitero que viajar es un placer que siempre debe depender de quien lo vive: de sus gustos en hospedaje, comidas, actividades y, por supuesto, fotografías. No hay nada más valioso que una linda imagen, un bello recuerdo de ese lugar que alguna vez soñamos conocer y que, con fortuna, logramos visitar.
Al final —como en el Carnaval de Barranquilla—, quien lo vive es quien lo goza.
Abrazo viajero.






Me gustó mucho senti por un momento que viaje a estos lugares ineditos, esa es la magia del amor por la escritura que te transporta cómo si estuvieras soñando despierto. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias por tu bonito mensaje y por leerme. Un abrazo inmeso!
EliminarQue sigas escribiendo mucho más.
ResponderEliminarMuy buen artículo éste, como el profesor grandioso que eres, que siempre nos apoya y en quien encontramos un gran ejemplo de persona y profesional cómo es adentrarse a lectura de este artículo. Gracias por estos textos.
Bendiciones que sean muchos más.
Estimado/a estudiante. Mil gracias por tu mensaje y por leerme. Me llena de alegría tus bonitas palabras. Un abrazo!
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