Este fue el titular con el que el periódico El Tiempo de Bogotá, informaba la mañana del jueves 12 de mayo de 2005, sobre lo ocurrido la noche anterior en el estadio Nemesio Camacho El Campín, de esa ciudad.
El presente trabajo pretende argumentar con un hecho verídico diferentes factores sobre la temática del Chivo expiatorio, con un relato de una persona que estuvo en el estadio esa noche (el escritor), y los artículos periodísticos del diario El Tiempo de las ediciones de los días 12, 13, 14 y 15 de mayo de ese año.
Para comenzar, debemos dejar en claro que en una reunión de hinchas en un estadio se pueden ver las diferentes connotaciones que se le suelen dar a una muchedumbre: tribu, rebaño, etc. Un grupo muy amplio de gente, en su mayoría jóvenes que no tienen más bandera que la de los colores de su equipo, que al menos por esas dos horas, lo representan todo para cada uno de ellos. Aquí ya tenemos un elemento grande: la forma colectiva; en este punto no hay individualidades, no existe la conciencia de cada uno sino una general con el nombre de la barra “la Guardia Albi roja Sur” (Santa Fe) o “Disturbio Rojo Bogotá” (América de Cali).
“Cinco minutos después de comenzar el partido, el clima era frenético y en la cancha se jugaba a gran velocidad. Pero a las 9.20 la algarabía era hostilidad en los sectores agresivos de las “Barras Bravas”. América ganaba por goleada, la frustración entre los hinchas de Santa Fe se multiplicaba y el arbitraje de Fernando Panesso se rechazaba.” [1]Por el lado de la barra local se comenzó a experimentar la desazón producida por la derrota de su equipo, y aquí cualquier motivo de contrariedad que se tuviera o incluso, que se trajera desde fuera del estadio ayudaba para crear en cada hincha una sensación de desespero. No hay pruebas de ello, aclaro, son sólo hipótesis. Pero ¿En quién se podrían exculpar cuando el equipo que estaba perdiendo este partido, dominaba en el torneo? Eso indica que no es problema de las directivas (presidente del club, gerente deportivo, Cuerpo técnico, etc), porque de ser así el problema no sería sólo de este juego. Entonces ¿Cuál podría ser el factor decisivo?
“Pasadas las 10, un fanático entró a la cancha desde oriental y golpeó a Panesso. Nadie lo detuvo y escapó”[2]Por supuesto, el árbitro, ese personaje vestido de negro que desde siempre se ha visto como el némesis de las intenciones de cualquier equipo, y no sólo en este caso, sino en el fútbol en general.
Pero debemos ver otros factores que ayudaron a que esta trágica jornada se llevara a cabo: Ya hablamos del condicionante colectivo, éste permitió que la violencia, ampliamente condenada por la sociedad, se izara en un momento como justa y necesaria. La colectividad decidió esto. Además, según el texto “Veo a Satán caer como un relámpago” : “la cólera y el resentimiento no pueden saciarse en el objeto que directamente los excita”[3], los hinchas no podrían desquitar su desaire con el marcador del partido como tal, éste es abstracto, ésta allí pero no lo podían tocar, y al mirar a la cancha sólo estaban los jugadores de los dos equipos y por supuesto, el árbitro.
“Durante el intermedio del juego los fanáticos de Santa fe se enfrentaron en Sur, Jeison Leonardo, de 24 años, fue golpeado masiva y brutalmente, apuñalado tres veces y lanzado al vacío desde el segundo piso. Otros más fueron heridos. ¿Por qué?”[4]
Ahora, “El campo de los objetos susceptibles de satisfacer el apetito de violencia se amplía proporcionalmente a la intensidad de la cólera”[5] por lo tanto, los otros hinchas, no sólo del equipo contrario, sino también de sub-hinchadas del mismo conjunto, se convirtieron en estos objetos susceptibles, en donde de una forma u otra se descargaría la ira.
“En el epílogo de esta noche trágica, decenas de personas invadieron la cancha y los jugadores de ambos equipos y el árbitro debieron huir.”[6] Desde Oriental vi como volaban botellas plásticas y de vidrio desde ambos lados de la tribuna, otros objetos como pilas y bombombunes atravesaban el oscuro firmamento sin más blanco que la cabeza de un seguidor del equipo contrario, el sonido de los vidrios rompiéndose y el tumulto de gente tratando de abrirse paso por las estrechas salidas del estadio, enmarcaban la función tristemente circense. Una silla que surcaba el aire desde Oriental numerada (segundo piso) hacia Oriental General (Primer piso) y el impresionante trote de los hinchas de norte que habían traspasado la malla, para encontrarse con los de Sur, marcaron el comienzo del final de este sombrío episodio.
El Contagio mimético se había presentado, “Suele ocurrir que se pongan de acuerdo a expensas de una víctima cuya falta de responsabilidad es fácilmente comprobada por todos los observadores, siempre y cuando no pertenezcan al grupo perseguidor. Lo cual no indica que el grupo acusador considere a esa víctima, culpable”.[7]¿Qué pasa después? Las siguientes son las declaraciones “oficiales” de las barras involucradas en el conflicto: “La invasión se hizo para protestar por el arbitraje y para hacer que el partido se suspendiera. La gente estaba muy molesta por todo lo que había sucedido antes, incluso en otros juegos contra el mismo equipo (...) Además hubo jugadores del América que provocaron a la tribuna (...) aceptamos nuestra responsabilidad, pero teníamos que sentar un precedente”[8], es la declaración de uno de o voceros de la barra Guardia Albi Roja Sur. “En los hechos de la muerte del joven, los integrantes de la barra no tuvieron nada que ver en lo sucedido (...) tampoco tenemos conocimiento si realmente fue actor material un hincha americano o santafereño.”[9] Es la declaración de un vocero de Disturbio Rojo Bogotá. ¿Qué podemos observar de estas manifestaciones? Sólo otro punto que caracteriza el fenómeno, “Los acusados de participar en fenómenos de transferencia colectiva de violencia no dejan nunca de protestar acerca de su inocencia, con toda sinceridad”[10]. Es muy fácil ver que ninguna de las dos partes reconoce de forma completa la responsabilidad sobre el asunto, al contrario, ofrecen sus razones y las defienden. Desde adentro el mito es real.
Para concluir, si todo este proceso se apega de tal forma a las características del mecanismo psicológico de chivo expiatorio del que habla Giraud, vendrá un tiempo de relativa paz, de los hinchas con sus compañeros de barra, talvez hasta con miembros de otras hinchadas, pero llegará el momento de máximo clímax que puede o no ser producido por un simple error arbitral y todo comenzará una vez más.
¿Bases racionales? Personalmente no las vi. ¿Contagio mimético? En todo su esplendor. ¿Mecanismo psicológico del chivo expiatorio? Sin comentarios. Es momento de detenernos un momento y pensar en la función del fútbol en la sociedad, de pensar en éste como un espectáculo hecho exclusivamente para el entretenimiento, un algo que debe servir de excusa para acercarse a esos amigos que no vemos desde hace tiempo o para pasar una tarde divertida con la familia. El fútbol es un acto humano hecho para el hombre y no el hombre ni su vida para el fútbol.
Hay mucho en que pensar, cotidianamente juzgamos y acusamos, vemos el problema que está en el otro o en los otros, culpamos y criticamos, pero muy pocas veces nos detenemos a pensar qué parte de la responsabilidad recae sobre nosotros, en qué nos hemos equivocado y cómo podríamos hacer de nuestra existencia y de la convivencia con los otros, lo que debería ser, una búsqueda constante de la felicidad.
[1] EL TIEMPO. Viernes 13 de mayo de 2005
[2] IBÍD
[3] GIRAUD, René. Veo a Satán caer como un relámpago.
[4] Op cit. EL TIEMPO.
[5] Opus Cit. GIRAUD.
[6] Op. Cit. El Tiempo
[7] Op. Cit. GIRAUD.
[8] EL Tiempo. Sábado 14 de mayo de 2005
[9] IBÍD
[10] Op. Cit. GIRAUD.
publicado originalemente el miércoles 3 de enero de 2007

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