Ésta es la tercera entrega de las seis que componen la serie Rarezas. En este artículo se presenta una historia que fue vivida hace varios años en las riberas del río Magdalena, en lo que hoy son los municipios de Flandes y Girardot.
La figura en la oscuridad
Cuando un pueblo y una sociedad subyacente no han evolucionado lo suficiente, se presentan ciertas costumbres que hoy se nos harían extrañas, pero obviamente, lógicas a la luz de la época que se vive. Aún hoy existen referencias cercanas hacia estas cosas que al parecer hubieran quedado en el pasado. Una de estas costumbres era, debido a la falta de acueducto, lavar la ropa y demás objetos que lo necesitaran, en las aguas corrientes del río.Y era ésta una de esas actividades que debía hacerse a altas horas de la madrugada, gracias a todos los otros quehaceres domésticos que por supuesto, requerían más tiempo del que se emplearía hoy.
Esta historia fue vivida por mi abuela, la mamá de mi mamá, una mujer fuerte de infancia campesina que se acostumbró a vivir cosas con las cuales no podríamos vivir ahora.
Esa madrugada ella se acercó como todos los días a la ribera del río. El clima cálido contrastaba con la frescura de la madrugada creando un ambiente templado envuelto en el ensordecerdor ruido de los grillos, las luces intermitentes de las luciérnagas y todo ese sobrecogedor panorama de los insectos, calor y húmedad que caracteriza este tipo de lugares. Ya en la orilla, mi abuela, que era una joven mujer entonces, se dispuso a preparar las prendas centenarias que debían ser lavadas.
Como eran muchas las familias que cumplían con este ritual de limpieza, eran también muchas las caras conocidas que estaban juntas en aquel momento y como la oscuridad es la reina a esta hora, se había dispuesto una hoguera general que alumbraba débilmente a estas mujeres.
Todo transcurría en la normalidad de la monotonía, las mujeres que terminaban simplemente se retiraban hacia sus hogares, las otras quedaban allí mientras varios pescadores también iniciaban sus labores diarias. De pronto algo turbó la paz de este grupo. Los pescadores se retiraban remando lo más rápido que podían; del otro lado del río, en su parte cundinamarquesa, se escuchaban gritos y rezos mientras se veía la gente correr hacia el interior del pueblo.
Y no era difícil ver de qué huían: era un niño dorado que caminaba por esta orilla, con no más de un metro de estatura, complexión delgada y grandes y brillantes ojos rojos. Parecía deambular sin rumbo alguno, a veces corría, se detenía, se arrodillaba e iba de aquí para allá sin preocupaciones, parecía jugar como un verdadero niño. Pero por supuesto, nadie se quedó a ver cómo lo hacía.
La totalidad de la gente dejó en esos lugares la ropa y demás enseres que había llevado. Ya habría tiempo después para recogerlos, por ahora sólo la protección de la Virgen a través del rosario, los podría proteger de cualquier eventualidad paranormal. Cabe recordar que en esta época la gente era muy devota y el catolicismo era la religión dominante, por eso no se hace extraño que muchas de las soluciones a todo lo que se presentara vengan por este camino.
Después se diría que este niño era la representación matutina del mítico Mohán, alejado de las complicaciones de su vejez y la hojarasca que tradicionalmente se le atribuyen. Al parecer, dicen muchos, de este río, el más importante de Colombia en cuanto a recursos, caudal, etc., surgió este ser que fue castigado y condenado a vivir en los afluentes alejando o ahogando a quien se atreva a acercarse y retar sus dominios.
El niño nunca más fue visto.
2 historias?? yo solo lei una viejito, ademas eso del CATOLOCISMO es verdad aunque en la actualidad existan muchisimas alternativas.
ResponderEliminarFe de erratas:
ResponderEliminar- No son dos historias, es una no más.
- No es Catolocismo, es catolicismo.
Gracias por su comentario. Ya se corrigieron los dos errores. Sería interesante que la próxima vez firmara viejito. Ahí nos vidrios lámpara.
ese anónimo no es uno que parece cruce entre Sasquatch y el Mohán?
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