viernes, 11 de julio de 2008

Su compañía en la más absurda soledad

Talvez no parecía más que un medio desesperado de llegar hasta ellos, pero con el paso de los años se fue demostrando que efectivamente, funcionaban. Se convertían en haces de luz traspasando la horrible oscuridad a la que sin saber por qué, habían sido condenados.

Los que volvían lo describían como un rayo de esperanza, un catéter directo a aumentar los ya bajos niveles de optimismo, simplemente, una sonrisa leve entre profundas lágrimas. Con esto, quienes se encargaban de él, seguían cumpliendo su labor con más ahínco ya que se veían resultados de su, inicialmente, increíble labor.

Con el tiempo, otras personas quisieron sumarse a esta labor y aparecieron, más que competencias, muchas más opciones.

Voces del Secuestro, y sus similares de otras cadenas radiales coparon rapidamente los espacios entre la media noche y la madugrada, llegando con su señal hasta lo más profundo de las selvas, allí donde la esperaban sus más arraigados oyentes.

Confieso que no he escuchado más que un par de horas de estos programas, sobre todo, por el horario, pero he sido "testigo auditivo" -si me es permitido usar este término- de dramas familiares interminables.

Hoy, estos programas radiales han recibido muchos premios -periodísticos, nacionales de paz, de creatividad, etc.- pero si de proponer nobeles se trata, -ahora tan en boga- sin duda, postulo a sus creadores y realizadores. Ésta es una labor pacífica de inmensas proporciones.

1 comentario:

  1. De acuerdo compadre, ellos si se merecen ese premio, por que sinceramente y con todo respeto, ¿que hizo Ingrid Betancourt para que le sea otorgado?, en cambio la labor que cumplen estas personas si es muy admirable.

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