lunes, 28 de marzo de 2016

En moto hacia Villeta

Hace unos días, me aventuré en un paseo con mi moto, una scooter automática, y realicé un pequeño circuito en el centro del país, que recomiendo a través de este artículo. 


La ruta la inicié en Zipaquirá, y tomando hacia el sur, evité el tráfico de Chía, Cota y Siberia saliendo a través de los municipios de Tabio, Subachoque y El Rosal, con esto no solo se puede evitar al menos 30 minutos de recorrido sino también un peaje. Después del Rosal, llegué a la Autopista a Medellín, una carretera nacional concesionada que se encuentra en un excelente estado, además de su doble calzada). Sin embargo, siendo el destino el municipio de Villeta, preferí tomar una ruta que no conocía en moto, llegar a Facatativá y bajar por el municipio de Albán. Fue una excelente decisión. 

Después de atravesar Facatativá, la carretera (una sola calzada, excelente estado de pavimentación, tráfico pesado) empieza a descender entre montañas y pequeños puentes y túneles de ferrocarriles que otrora prestaron sus servicios a la capital y que hoy son solamente un bello elemento que complementa los paisajes de esta parte de Cundinamarca. Después de unos minutos y un leve aumento de la temperatura, llegué a Albán, un pequeño pueblo, tranquilo y no muy poblado, que al parecer, es ignorado por la inmensa mayoría de los que toman esta vía para llegar a Villeta o a los departamentos vecinos. Después de un pequeño recorrido por el municipio, tomé la antigua vía (la que tienen todos los pueblos que llegan al parque principal y que luego salen a la carretera nacional) y me dirigí hacia la siguiente parada: Sasaima. 

A mitad de camino, me encontré con la Ye, que dividía el camino hacia Guayabal de Siquima hacia la izquierda y Sasaima, a la derecha. En este punto, adquirí un nuevo compromiso conmigo mismo y con mi moto... por allí habremos de recorrer en una futura escapada.

Al llegar a Sasaima, el aumento en la temperatura ambiente es bastante más notable, y así mismo como en Albán, la carretera nacional se desvía para dar paso a un camino angosto, que lleva directamente al parque principal. Este sitio, acogedor y lleno de interesantes figuras en algo que parece barro (pero que no me atrevo a afirmarlo) que relatan en forma circular, la historia patria, desde el auge de las culturas aborígenes, la conquista, la independencia y todo enmarcado en la cultura campesina de esta región. Así mismo, este municipio cuenta con una muy buena oferta turística en hoteles, fincas, balnearios, etc. aunque para este viaje, no era ése el propósito. 


Después de salir de Sasaima, me dirigí hacia mi destino, Villeta, uno de los sitios más visitados por los capitalinos cuando buscan escapar del frío de la ciudad. 

Llegar a Villeta fue una sensación de victoria y alegría que solo conocen los que gustan de viajar y que además, tratan de disfrutar de lo poco y de lo simple. Villeta, con más población, turismo y comercio, se presenta con muchas formas y perspectivas, la influencia del turismo, su cercanía y clima, hacen de este pueblo un sitio muy visitado y por lo tanto, muy mezclado en aspectos culturales y económicos. Por supuesto que esto no es una excusa para no disfrutar una estadía, así fuera corta. 

El camino de regreso sería por la vía Autopista Medellín (Calle 80), que es la más transitada de este sector del departamento. En ese orden, el ascenso empieza al salir de Villeta y unirse a la autopista por un sistema de puentes y túneles que permiten llegar una doble calzada que hace disfrutar aún más el recorrido. Después de unos minutos y un peaje, se llega al municipio de La Vega, famoso por sus roscones resobados y su tradición panelera (en realidad, toda esta región es conocida por este producto). 

Por el camino que conduce hacia Bogotá, se encuentra un desvío (a mano izquierda si vas subiendo) que conduce a un pequeño pueblo llamado San Franciso de Sales, enclavado entre montañas y con la carretera que de este recorrido, tenía el peor estado, sin embargo, totalmente transitable en moto y aún más en carro). Al retomar la carretera hacia Bogotá, y en el puente que desvía hacia el Rosal, el camino de mi paseo volvió a unirse con el de la ida, de allí a casa fue otro paso. 



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